EL ESPIRITU DE LOS DE ATOCHA

enero 19, 2017

40-abogados-atochaNo es frecuente, en estos tiempos de alto consumo y fuerte materialismo, escuchar a alguien pronunciar la palabra espíritu. Como si ese nombre ya sólo pudiera ser utilizado con propiedad en ámbitos religiosos, o transustanciado en espiritualidad en determinados fenómenos esotéricos. Y, sin embargo, lo escucho con bastante frecuencia, casi como una  reivindicación que no hubiera de ser olvidada, en boca de Alejandro Ruiz-Huerta.

Pero Alejandro no es de estos tiempos. Como no lo eran Luis Ramos, ni Miguel Sarabia y aún menos Lola González Ruiz, los otros tres compañeros de Alejandro, que sobrevivieron al asesinato terrorista y brutal que ejecutó una banda de ultraderechistas en el despacho laboralista de la calle de Atocha, número 55.

Alejandro aún vive. Los otros tres han fallecido en estos últimos años. Pero digo que no son de estos tiempos, porque algo de ellos quedó impregnado para siempre entre las paredes de Atocha, entre los restos de sangre y los casquillos de bala desperdigados por la estancia, incrustados en las paredes. Algo de ellos quedó entre los cuerpos inertes, o aún agonizantes, de sus compañeros de despacho. Desde aquel día fueron cumpliendo años, pero de otra manera, como en órbitas espirales alrededor de un agujero negro, cuyo influjo y poder sólo ellos podían sentir en todas sus dimensiones y con todas las consecuencias.

Lo cuenta Alejandro en su libro La memoria incómoda. Es profesor de derecho constitucional y trabaja en Córdoba. Ha escrito diversos libros, artículos, publicaciones. En alguno de ellos ha  analizado los Ángulos Ciegos de la transición española. Un texto esencial para que podamos hacernos una idea de lo que quedó escrito y por escribir en ese momento histórico tan complejo. Pero es en La Memoria Incómoda dónde el análisis deja paso a la memoria que se ancla en un momento. El recuerdo cada día, durante años, de la misma escena.

El dolor, los sentidos golpeados, el cuerpo que resiente cada herida y presiente las heridas de los que han fallecido, la vida que se desmorona, la necesidad de olvidar lo que no se puede dejar de revivir. El silencio reparador, el sueño alterado por cada nuevo disparo, noche tras noche. La incapacidad de escribir y el dolor de escribir, pese a los años transcurridos. Cuarenta años ya. Cuarenta años y como ayer.

Siguieron viviendo. Tuvieron parejas. Algunos tuvieron hijos, o hijas. Ejercieron su profesión. Miguel, creó una academia. Alejandro, pasó a la docencia. Pero siempre fueron, son, serán los de Atocha. No por decisión suya, ni por voluntad nuestra. Lo eran, lo son, lo serán. No lo eligieron. Eran jóvenes y realizaron unos estudios, iniciaron una profesión. Decidieron ejercerla siguiendo la estela de María Luisa Suárez, Pepe Jiménez de Parga, Antonio Montesinos, fundadores del primer despacho laboralista madrileño de la calle de la Cruz.

Ellos eran los más jóvenes. La nueva hornada de abogados y abogadas, recién salidos de la facultad y deseosos de comenzar a defender a la clase trabajadora y a la ciudadanía, desde los nuevos despachos de Atocha, o Españoleto. Muchos de ellos venían de buenas familias, pero se sentían de izquierdas, del PCE y de las CCOO. Eran todo lo libres que podían ser en una dictadura y querían vivir en democracia. Por eso defendían en los tribunales de lo social, en los Tribunales de Orden Público, a quienes luchaban por los derechos laborales en las empresas y los derechos sociales en los barrios.

De aquel atentado no salieron vivos Enrique Valdelvira, Angel Rodríguez Leal, Francisco Javier Sauquillo, Serafín Holgado, Luis Javier Benavides. Cada año visitamos los cementerios de Madrid, junto a Alejandro. Lola pocas veces quería acompañarnos en este recorrido previo a concentrarnos en Antón Martín, ante el portal del despacho, hasta que en 2003 inauguramos el monumento realizado y cedido por Juan Genovés, que reproduce su famoso cuadro del Abrazo. Un símbolo de la lucha por la reconciliación, la amnistía, la libertad.

Pero es que Lola había sobrevivido al atentado, perdiendo a su esposo Francisco Javier Sauquillo en el mismo. Igual que había perdido pocos años antes, en 1969, a su novio Enrique Ruano, que murió mientras se encontraba detenido en dependencias de la Brigada Político Social, la policía secreta del régimen franquista. Había años en los que Lola no aparecía el 24 de enero. Pocos sabían, en esas ocasiones, dónde estaba Lola. En su refugio de Cantabria, en Roma, encerrada en su casa. Pocos lo sabían, todos lo comprendíamos.

Se cumplen 40 años del atentado que cambió la historia de España. El franquismo firmó con sangre su salida de nuestras vidas. La legalización inmediata del Partido Comunista y de las CCOO, fueron el preludio de un proceso histórico hacia la democracia, al que llamamos transición. Pero la lucha por esa democracia fue una historia sembrada de sangre hasta el final de la dictadura.

Se cumplen ahora 40 años y el Rey ha recibido al patronato de la Fundación Abogados de Atocha, que las CCOO de Madrid constituimos en 2005. Serán muchos los actos que recordarán a los de Atocha. Juan Genovés recibirá el premio anual Abogados de Atocha, concedido por la Fundación. Se acaba de reeditar La memoria incómoda de Alejandro. Presentaremos un libro sobre tres mujeres abogadas en aquellos despachos: Paquita Sauquillo, Cristina Almeida, Manuela Carmena.

Ojalá lo que no se ha estudiado, ni aún se estudia, en las aulas españolas, pase a ser uno de los patrimonios más limpios de los que toda la ciudadanía pueda sentirse orgullosa, en la que todas las gentes de bien puedan reconocerse. Porque pocas cosas hay tan limpias en nuestra historia, por triste y turbia que nuestra historia haya sido, como la vida de esos jóvenes abogados de Atocha que amaban la vida y la libertad. La de aquellos que perdieron la vida sin ver amanecer la libertad. Los que abrieron las puertas de un futuro mejor, de par en par, para que entrásemos en un país democrático, a costa de su sangre, al precio de su vida.

A estas cosas creo que hace referencia Alejandro cuando habla del espíritu de Atocha. El que impregnaba a los de Atocha. El que ha marcado de por vida a los sobrevivientes. El que no debemos olvidar nunca quienes hemos escuchado su historia y sabemos que no contarla es tanto como dejar que las pistolas vuelvan a romper su silencio una fría noche de invierno. Porque ese espíritu, el de los de Atocha, es uno de los valores más  firmes que nos permite mirar con ojos jóvenes y limpios el horizonte, por incierto que ese horizonte sea.

Francisco Javier López Martín

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POESIA EN CUNDINAMARCA

agosto 5, 2014

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Recibo un correo electrónico de la Red de Bibliotecas de Sopó. Dice así, Para la organización del XII Concurso de Poesía Eduardo Carranza, en Sopó, departamento de Cundinamarca, Colombia, es satisfactorio reportar a usted que ha sido el feliz ganador del primer puesto en la categoría General o adultos en esta XII versión del concurso.
No hay nada casual en esta vida, decía Indio Juan. Mi primer premio literario lo gané en una biblioteca de Hervás (Cáceres). Había escrito un cuento sobre los templarios en Hervás y el jurado creyó que el autor era alguien del pueblo. Existe una raza de bibliotecarios, enamorados de la escritura, a la que conciben como en ser vivo que termina por unir a los seres vivos entre sí y al que hay que cuidar y alimentar a base de lecturas, tertulias, encuentros con escritores, concursos literarios.
No es casual que estos bibliotecarios sean incansables servidores públicos. Defensores de lo público, de lo que es de todos, de cuanto nos une y acerca como seres humanos. Se adaptan a los nuevos tiempos. Mantienen blogs. Se adentran en las redes sociales. Abren sus convocatorias a manuscritos enviados por correo electrónico.
A través de una página web me enteré de la convocatoria y por correo electrónico mandé el poemario, junto a centenares de escritores de decenas de países de lengua hispana. Por correo electrónico me ha reportado el fallo del jurado Francy, bibliotecóloga de la biblioteca municipal Eduardo Carranza.
Ser premiado es cuestión de suerte. Seguro que muchos otros los hubieran merecido. Pero nada es casual. Cundinamarca es uno de esos departamentos de la Colombia acosada por la guerra y la dureza de las condiciones de vida de la ciudadanía, donde la Fundación Paz y Solidaridad de CCOO de Madrid mantiene proyectos de cooperación orientados al fortalecimiento de la actividad de la sociedad civil, de las organizaciones del movimiento social, en favor de la Paz y los Derechos Humanos.
Son estas Asambleas por La Paz las que han ido removiendo las dificultades para avanzar en el camino de La Paz y evitar que miles de personas sigan viviendo bajo la amenaza guerrillera, de las tropas del ejército, o de los grupos paramilitares. Miles de vidas humanas ha consumido esa guerra silenciada y silenciosa. Muchos de ellos sindicalistas de la CUT que han pagado con su vida la defensa de los mínimos derechos laborales y sociales en sus comunidades.
Estamos en verano. Es tiempo de vacaciones para muchas personas. Es momento para la lectura. Tal vez para recuperar la poesía. Esas vacaciones, esas lecturas aplazadas, esa poesía, esas músicas que nos acompañan. Cualquier forma de arte forma parte del esfuerzo de muchas personas en todo el planeta para mantener fortalecer cuanto nos une en la defensa de la libertad, la vida y los derechos.
Te dejo el poemario que un día mandé a Sopó, Cundinamarca y deseo que te ayude, sea cual sea tu situación en este verano. En una playa, en el campo, en el trabajo, en el paro, en un hospital, cuidando a los nietos… Que te ayude a sentirte parte de una lucha por seguir viviendo con dignidad y con decencia.

NEGRA

A

La tierra entera me niega.
La desértica faz que habéis construido
a fuerza de brújulas, de iones atómicos,
de domar los mares y alcanzar los cielos,
vive de espaldas al país del sufrimiento
de donde procedo.

Tus oídos son sordos
al clamor de mi torrente,
a la sangre que convoca
todas las aguas del mundo
en un solo manantial,
donde saciar la sed del fuego sagrado
que arde en las carnes rojas.

Bastarda,
escribiste con tu mente.
En mis papeles
tu mano escribió: extranjera.

Antes mi corazón
era una aldea de frescas sombras,
una hoguera en la noche.
Ansiaba tus manos, tus ojos y tu pelo.
Deseaba tu boca y tu falo.
Ahora mi corazón está frío,
mi alma es un hondo surco.

Has violado mi cuerpo todo.
Mi carne era hermosa,
ahora es amarga,
como toda entera la tierra de Africa.
Me siento sola, muy sola.
¡Tan sola aquí!

F

Reclamo la noche y los recuerdos
como si de una anciana se tratara.
Exijo los ruidos y las voces
de quien todo lo calla en la mañana.

Anuncio, como torpe visionaria,
que acudirán las sombras en tu busca
cuando no las esperes, y tus ojos
se cerrarán cansados, y tus manos
se aferrarán a las luces sin asirlas.

Grito a veces, cuando nadie me escucha,
y, sin embargo, el mundo se comporta
como si temiera mi locura
urgente y apremiante cuando sangra
desde cada nación un sucio Estado,
que destierra la vida y la proscribe.

Me acerco a las pequeñas hendiduras
desde donde me acechan ilusiones
pertinaces y ocultas, recurrentes
mensajes relegados al lugar
más oscuro de las mentes sometidas
al trabajo maquinal de ir elevando,
con ladrillos de muerte, la muralla
virtual de lo aparente.
Recurro
a las imágenes del sueño de un amor
imposible y decadente.
Me escondo
en lo más hondo de mi abismo
y, cuando me proclamo la hija
del Sur clarividente, no soy
más que un río desbordado,
que quisiera mirarse en unos ojos
ciegamente enamorados.

R

Negra.
Soy negra.
Invisible presencia
más allá de la línea de sombra.
Implacable destino
más allá de tu línea de sueños.

Hija del Sol,
vivo en la noche,
recluida en los turbios miedos
del agua ancestral
que anega el fondo de tu inconsciente.

El tuyo
el de todos los blancos,
el de todos los negros-blancos,
el de todos los hombres.

Mujer.
Soy mujer.
Invisible presencia
más allá de la historia de sombras.
Implacable destino,
más allá de tu imperio de sueños.

Hija de la Luna,
me adentro en el día,
sembrando el asfalto de tus sucias calles
con mis pies descalzos
y mi blanca risa, de dientes voraces,
rasga los volcanes
de sangre en tus sienes.

I

Negra,
como la ceguera
que nació con el parto mismo.
Aún antes vivida
en el vientre oscuro.

Negra,
como lo es
tu peor pensamiento,
y la toga hiriente
del juez que me expulsa
más allá del mar,
extirpando el sueño recurrente y dulce,
de una vida nueva
que venciera al tiempo.

C

DISCURSO DE BLANCO

Tus nalgas hermosas.
Tu pelo rizado.
Tus pechos son grandes
y tu risa blanca.
Tus labios carnosos.
Tus piernas columnas
que aguantan el cosmos.
Tus dientes marfil.
Tu sexo es ardiente.
Tus manos las garras
de fiera pantera.

Naciste en la choza.
Creciste en la selva.
Tu hablar es “negrito”.
Te hablamos “negrito”.

Tu alma es de tierra.
Con la tierra piensas.
Sufres con la carga
del dolor del mundo.

Algo hiciste mal,
o lo hicieron los tuyos,
tu raza o tu gente.

Andamos senderos partidos.

Tú tienes el ritmo
que interpreta el mundo.
Mía es la palabra
que creó en la nada.
Yo dicto la ley
y tuya es la danza.

Tus dioses son muchos,
tres en uno el mío.

Un día, el último,
se abrirá mi cielo,
arderá tu tierra.
Porque yo soy blanco
porque tú eres negra.

A

DISCURSO DE NEGRA

A Toni Morrison,
a Nadine Gordimer.

Señor de la Gran Barba Blanca
que pactaste con el semita
y hablaste por boca de tu hijo,
al hombre blanco diste tu furor.

Tu alcoba es grande
y está brillantemente iluminada.
Vives allí agasajado
y tu esposa, mujer y esclava,
sigue tus designios y vive
bajo el poderoso manto
de tu ley.

Desde tu inasible calma triangular,
anclado en la fortaleza de tus tres poderes,
escupes tu desprecio sobre mi cara
y tu voz de amo
me condena al silencio.

*****

Como alcohol en la herida,
como mi alma hundida
en los sombríos y antiguos ríos,
guardo en mí el recuerdo de Africa,
la tierra amarga y roja
y la carne ardiente del cielo,
la marisma y los brazos de arcilla,
la cabaña de mi abuela,
los perfumes del matorral,
la inaudible serenidad de los antepasados
y los espíritus que me guían
por caminos de tinieblas
hacia el vientre lunar de mi aldea.

*****

No guarda mi corazón
el amargo sabor del odio.
No temas por tus hijos,
aunque tus manos
estén rojas
a causa de mi sangre
y de la sangre de mi sangre.
El destino me ha unido a ti,
mi negrura no es una condena.
No seré ya más esclava
siempre obsequiosa y obediente.
Reniego de los maléficos tabúes
del color de la piel.
Jornalera blanca o negra,
el trabajo, la derrota y el dolor,
el amor, la rebelión y el deseo,
el reguero de las lágrimas
y los escombros de nuestras soledades
¿son acaso tan distintos?

*****

Se conmueve mi sangre
y he jurado que mis manos
amasarán la carne mestiza del mundo.
Mis brazos abarcarán
la superficie toda de la tierra.
Mis pechos serán silos
y mis pies danzarán
sobre las prisiones, las cadenas,
más allá de las fronteras
del río o la cordillera.
Al final nuestros cuerpos
se amarán y serán viento que danza
entre la Luna y el Sol,
en el lecho marino,
negro y brillante,
de las constelaciones.

*****


la tierra de los nadie 65 “poesia es …..

septiembre 6, 2013

foto: Fran Lorente


Poesía es sentimiento con ritmo y con metáfora,
una extraña tersura de color en el viento
que se adentra en mi calle redimiendo papeles
y se encela en las copas desnudas de los árboles
.

Francisco Javier López Martín
Del poemario “La tierra de los nadie” ganador del Angel Urrutia Iturbe VII Poesia Lehiaketaren Irabazleari, Lekumberriko Udaletxeak