Paca Aguirre, poeta de nuestra sangre

diciembre 3, 2018

Francisca Aguirre, Paca para cuantos la conocemos, acaba de recibir el magnifico reconocimiento del Premio Nacional de las Letras 2018. Poeta y no poetisa, como las llaman quienes buscan encasillar a las mujeres poetas en un mundo de sensiblería y ñoñería, muy alejado de la realidad de creación literaria que protagonizan las escritoras en nuestro tiempo.

Hace bien poco, leía un artículo que ponía de relieve la discriminación de la mujer, también en el mundo de la cultura y la creación poética. La presencia de mujeres en los jurados de premios de poesía se limita al 15 por ciento en las últimas décadas. Porcentaje que ha aumentado al 21 por ciento en los últimos diez años.

La divulgación, publicación, acceso a premios, de nuestras poetas sigue siendo un problema de poder acumulado por una serie de personajes que dominan y controlan el mundo literario, sostiene la autora del estudio. Una situación que va cambiando, pero muy lentamente.

El premio concedido a Paca Aguirre, precedido en 2011 por el Premio Nacional de Poesía, por su poemario Historia de una anatomía, viene a reconocer toda una trayectoria de creación poética que ha producido 11 poemarios y una reciente recopilación de su obra completa bajo el título Ensayo General.

El propio título da buena muestra de un trabajo poético marcado por la voluntad de experimentar con la palabra, para descubrir, el dolor, la pobreza, el exilio, la represión, la muerte, el vacío, la miseria del tiempo que le ha tocado vivir. Un tiempo que nació republicano, primero, dictatorial durante cuarenta años y finalmente democrático.

Los miembros del jurado destacan que Francisca Aguirre es la más machadiana de la generación de mediados del siglo pasado. Valoran su lucidez, su conciencia, su capacidad de mantener viva la memoria. No en vano, una de las primeras conciencias de Paca Aguirre proviene de aquel momento en el que atraviesa la frontera Francesa, camino del exilio, en 1939, cuando su padre le cuenta que marchan al destierro por el mismo lugar donde cruzó Antonio Machado.

Nació, Paca, en Alicante. Hija del pintor Lorenzo Aguirre, formado, al principio en su tierra y luego en Madrid y París. Su obra pictórica fue galardonada con numerosos premios repartidos por toda la geografía nacional. Tras aprobar una oposición para formar parte del Cuerpo General de Policía, durante la República, se mantuvo fiel al gobierno legítimo de la misma al estallar la Guerra Civil.

Al finalizar la contienda, se vio obligado a exiliarse en Francia. Volvió a España tras la invasión alemana, pensando que huía de la muerte nazi y terminó siendo ejecutado por los franquistas, en la cárcel de Porlier, en 1942. De aquellos tiempos recordará, más tarde, que “el hambre te vuelve loca. Yo me acuerdo”.

Con Paca Aguirre hemos compartido momentos inolvidables, casi siempre junto a su esposo, el también poeta Félix Grande. Nunca ha faltado a las citas en las que las trabajadoras y trabajadores hemos necesitado sentir la solidaridad, la compañía, el apoyo del “mundo de la cultura”.

Recuerdo su firma, junto a la de Félix, en aquel Manifiesto  que exigía la preservación del patrimonio natural, histórico y cultural de la Sierra de Guadarrama y su conversión en Parque Nacional. No faltaron tampoco en el homenaje que rendimos, en el Auditorio Marcelino Camacho, a uno de los más firmes defensores de la Memoria Histórica, Gervasio Puerta.

Allí estaban, en aquella Noche y Día contra la Reforma Laboral  que CCOO y UGT convocamos, en las inmediaciones del Congreso de los Diputados,  el 24 de mayo de 2012. Ese año en que convocamos hasta dos Huelgas Generales, el 29 de marzo y el 14 de noviembre. Son tan solo tres de los muchos momentos que la pareja poética nos regaló.

Paca Aguirre nunca quiso formar parte de clubs, conciliábulos, tertulias, generaciones, círculos, sociedades, ni colectivos poéticos. La he encontrado, sin embargo, en muchas ocasiones, participando en actividades organizadas por el sindicato, o en las tertulias literarias de nuestro Ateneo 1º de Mayo. Leyendo sus poemas, presentando sus nuevos libros, explicando el sentido de su poesía.

Con motivo de la concesión del Premio Nacional de Poesía, preparamos un homenaje en el Auditorio Marcelino Camacho, en el que participaron muchas y muchos de sus amigas y amigos como Manuel Rico, Juan Carlos Mestre, Julieta Valero, o Margarita Almela, junto a Félix y su hija Guadalupe, también poeta, entre otras muchas personas venidas de la poesía, la música, el teatro. Gentes de la cultura, amigas y amigos de la vida.

Paca Aguirre es nuestra poesía. La valentía de la mujer que escribe “para no andar a gritos y para no volverte loca”. Combatiente contra la desigualdad, contra la discriminación entre mujeres y hombres, ricos y pobres. Defensora incansable de la vida y la libertad. Paca Aguirre, una mujer que merece sobradamente el reconocimiento que recibe, con el Premio Nacional de las Letras, porque su poesía está hecha de la sangre que recorre nuestras venas.

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25N Contra la violencia de género

diciembre 3, 2018

Me invitaron los compañeros y compañeras de Castilla y León a participar, en Burgos, en una mesa redonda para reflexionar sobre las relaciones del movimiento feminista con el sindicalismo y con el resto de movimientos sociales. Acompaño a dos ponentes de lujo: Begoña San José y Paula Guisande.

Begoña comenzó en el trabajo doméstico, la contrataron más tarde en la fábrica Osram, militó en las clandestinas CCOO y en el PCE. Es detenida, despedida, se incorpora al Movimiento Democrático de Mujeres. Fue la primera Secretaria de la Mujer de CCOO de Madrid, en 1976 y de CCOO de España desde 1977, inaugurando así la andadura legal del sindicalismo español.

Estudia derecho, se prepara las oposiciones de Secretaria de Ayuntamiento y con ello se gana la vida. Dedica su tiempo al movimiento feminista y ha ocupado cargos como el de subdirectora de la Dirección General de la Mujer, o Presidenta del Consejo de la Mujer de Madrid.

Paula Guisande, por su parte, no se queda atrás. Ha sido Secretaria de Juventud, más tarde asumió también las Relaciones Internacionales en CCOO de Madrid y es actual Secretaria de Política Social y Movimientos Sociales de la Confederación de CCOO.  Tiene raíces en Italia, Francia, España, Brasil, Argentina y seguro que olvido algún país más. Acaba de traspasar esas raíces a un precioso niño. No hace ascos a nada porque como mujer y sindicalista, todo le interesa y todo le preocupa.

Qué pintaba yo en la intersección del futuro que hunde sus raíces en el pasado, con la memoria que se proyecta hacia adelante. La mesa tenía toda la pinta de convertirse en un agujero de gusano que me podía tragar en Burgos y devolverme en cualquier punto del espacio, o del tiempo, conocido o no. Os dais cuenta de que, en este aspecto, casi todos los hombres somos iguales. Desconcierto, cuando no miedo, de afrontar el reto y el papel que inevitablemente tenemos que asumir en el debate de la igualdad. No hay escapatoria.

Creo que es ese miedo el que justifica la mayoría de las operaciones de maquillaje, encubrimiento y falsificación de las políticas de género. Ese fraude generalizado, esa adulteración, que se produce gracias a procedimientos de utilización de clichés y espacios comunes que, funcionando como los repetitivos mantras, adormecen las conciencias y perpetúan la desigualdad, la discriminación y la violencia.

En estos días. en los que nuestra querida poeta (nunca ñoña poetisa) Paca Aguirre, ha recibido el Premio Nacional de las Letras, he leído, en este mismo diario, la noticia sobre un estudio que da cuenta de que poco más del 20 por ciento de los jurados de premios de poesía, son mujeres. Y eso se traduce en un desequilibrio, también en los premios concedidos. Se da el caso de un editor, asiduo miembro de jurados poéticos, que afirma que, por cada mujer regular de poesía, hay cinco hombres buenos. Como bien precisa la autora del estudio, Nieves Álvarez, la cuestión de base, es la lucha por el poder.

La discriminación, la desigualdad, la violencia, forman parte también del mundo de la cultura. De hecho, movimientos como Me Too, iniciado para denunciar el acoso, la agresión, la violencia de género, ha prendido en el mundo desde el microcosmos de las actrices de Hollywood.

Una vez más, la discriminación y la violencia se demuestran trasversales, interclasistas, multiprofesionales, multirraciales. Se producen en las clases bajas y entre las élites. Ocurre, que esa violencia, esa discriminación, adquieren tintes más trágicos, dolorosos y dramáticos, cuando convergen sobre la mujer de clase trabajadora, en riesgo de exclusión, perteneciente a una minoría étnica. Porque la desigualdad siempre empeora las cosas, muestra la peor cara de la condición humana.

Alguien argumentará que después del 8M nada volverá a ser igual y será verdad. Y alguien traerá a colación el consabido ungüento amarillo, que todo lo cura y nos explicará, por enésima vez, la importancia de la educación y será sólo una media verdad. Yo veo a las y los profesionales de la educación hablar, educar, practicar, enseñar igualdad. Es en los medios de entretenimiento más que de comunicación, en la sociedad, en las redes sociales, hasta en los videojuegos, también en las familias, donde siguen resistiendo atrincherados los estereotipos, modelos y comportamientos machistas.

Este 25 de Noviembre, volveremos a ratificar el compromiso de acabar con la violencia de género. Pero no lo conseguiremos si las mujeres y los hombres no enfrentamos las consecuencias de una cultura capitalista, globalizadora, competitiva y patriarcal, que nos condena a recluirnos en la trampa de las identidades aisladas y enfrentadas unas contra otras.

La unidad de lo diverso y plural, desde el respeto de nuestras identidades, siempre me ha parecido una apuesta segura y debe situarse por encima de cuanto nos ha separado y nos separa, si queremos que la cultura de la libertad, la igualdad, la solidaridad, impregne nuestras vidas de hoy y las de quienes nos sobrevivan mañana.


ARTEfacto en el vecindario

diciembre 3, 2018

De un tiempo a esta parte se ha desencadenado un intenso debate vecinal, en algunos barrios de Madrid, en torno al desarrollo de unos proyectos que se denominan ARTEfactos. Parece ser que el Ayuntamiento de Madrid ha contratado a una empresa para diseñar una serie de edificios que incorporen viviendas sociales para colectivos desfavorecidos, espacios comunes para quienes vivan allí y usos dotacionales para el barrio. Los barrios elegidos parece que son Carabanchel, San Blas, Valdebebas y, recientemente, se presentó uno de estos proyectos en Retiro.

La verdad es que me ha costado entender el concepto y desvanecer las reticencias que me suscita el riesgo de que la idea acabe por crear guetos. Hay quienes los denominan, despectivamente, comunas. He buceado en internet y he intentado aclararme a qué se refieren los autores del proyecto y qué nos proponen con los ya famosos ARTEfactos.

De entrada, parece que plantean una intervención urbanística que sintetiza arte y habitabilidad, edificios donde vivir que funcionen bien internamente y que se relacionen provechosamente con el entorno. El edificio como mucho más que una colmena de jaulas incomunicadas hacia el interior y aisladas del espacio exterior. La idea, en principio, no parece mala.

En realidad, creo que esta forma de entender el urbanismo debería impregnar cualquier proyecto de desarrollo de la ciudad. Nos evitaría muchos problemas de barrios invivibles, como muchos de los que se están desarrollando en las grandes ciudades. Una suma inmensa de individualidades aisladas, mal comunicadas, con deficientes transportes públicos, en entornos feos, artificiosos, sin los servicios mínimos necesarios y dependientes de un gran centro comercial en las inmediaciones.

Dicho esto, creo que el arte de la política consiste en combinar el egoísmo de cada uno de nosotros, que buscamos lo mejor para nosotros y para los nuestros, con la necesidad de colaborar, cooperar, ser solidarios, si queremos conseguir una convivencia en libertad, con niveles aceptables de seguridad y servicios públicos de atención de nuestras necesidades sociales, educativas, sanitarias, de desplazamiento, en un medio saludable.

No es fácil, porque ambos extremos no siempre están equilibrados, ni los intereses de mi egoísmo coinciden con los del tuyo. Informar, formar, debatir, vencer resistencias a los cambios, negociar, buscar equilibrios entre intereses muy diversos y concepciones muy plurales, es la misión de cualquiera que quiera liderar y gobernar las comunidades.

Pensar nuestros desarrollos urbanísticos en términos de desarrollo de ARTEfactos, creo que merece la pena si queremos conseguir espacios urbanos más habitables, más respetuosos con el medio ambiente, que promuevan la convivencia, la cooperación, la solidaridad.

Ni quienes se oponen a los ARTEfactos son fascistas, como he visto definirlos a alguno en las redes sociales, ni los impulsores y defensores del proyecto son perroflautas podemitas y carmenitas, como veo que afirman quienes se sitúan enfrente. Tal vez hemos comenzado mal. Como improvisando sobre la marcha. Sin información adecuada, ni suficiente. A veces no se han calculado bien ni los usos dotacionales que el Plan General de Ordenación Urbana otorgaba a los suelos sobre los que se querían construir viviendas sociales.

Tal vez hemos comenzado la casa por el tejado, en lugar de poner los cimientos para nuevos modelos de convivencia. Puede que haya que abrir las puertas a una participación real de la vecindad en la definición de los nuevos barrios y en la remodelación de aquellos otros que se han ido degradando, las dotaciones y equipamientos que quiere tener, cómo queremos vivir y convivir. Tal vez merece la pena que abandonemos los tópicos y lo intentemos. Eso sí que es hacer las cosas con arte.


Patriotismo de la cohesión

noviembre 18, 2018

El pasado mes de octubre hemos celebrado el Día del Trabajo Decente (7 de octubre) y el dedicado a la Erradicación de la Pobreza en el Mundo (el 17-O). La virtud de estos días mundiales, o internacionales, es que durante un día del año, las noticias, los eventos, los informes, ayudan a centrar la atención de mucha gente sobre un problema.

El inconveniente es que podemos perder la cuenta de los días y pasar de uno a otro sin solución de continuidad. Por ejemplo, el 16 de octubre se conmemora el Día de la Alimentación, el mismo 17 también el Día del Dolor y el 18 el Día de la Menopausia. No cabe duda de que cada día tiene su afán y que todos requieren atención. Nos acostumbramos a ello y nos habituamos a pensar o hacer algo que tenga que ver con cada día en cuestión. Mañana será otro día.

Por eso, para romper la monotonía de un día tras otro, para no aclimatarnos en exceso, me atrevo a volver al Día de la Pobreza, porque para muchas personas y familias, es todos y cada uno de los días. Pongamos un ejemplo, Madrid pasa por ser la región más rica de España. Nuestro Producto Interior Bruto per cápita se encuentra un 35% por encima del nacional. Por detrás de nosotros, comunidades como País Vasco, Navarra y Cataluña.

Y, sin embargo, en este capitalino, orondo y boyante, Madrid musulmán y comunero, de los Austrias y los Borbones, Republicano y obrero, franquista y democrático, una da cada cinco personas vive por debajo del umbral de la Pobreza, según un Informe recientemente presentado por CCOO de Madrid, titulado Marcadores de Pobreza, riesgo social y desigualdad en la población madrileña.

Muy desencaminado no debe andar el Informe cuando, inmediatamente, el Presidente del Gobierno Regional, en vivo y en directo, ha salido a contestar y matizar los datos. Pero los datos son tozudos. Ser pobre en Madrid significa vivir con menos de 8.522 euros al año en hogares de una persona y 17.896 euros para familias de 2 adultos y 2 niños. Así lo considera la Unión Europea, cuando fija el umbral de la pobreza por debajo del 60% de la mediana de ingresos por unidad de consumo.

La crisis ha golpeado duramente a la Región. Desde que comenzó, allá por 2008, cuando el responsable empresarial madrileño del momento decía que nuestra economía iba como un tiro, la pobreza en Madrid ha pasado del 16% al 20´6%, alcanzando picos del 21´7% en 2016.

Por muy ricos que nos creamos, casi 1´4 millones de personas viven en Madrid en situación de pobreza. 350.000 personas viven en situación de pobreza severa y 300.000 niños y niñas son pobres. Por muy ricos que quieran vendernos que somos, la pobreza y la desigualdad se enquistan y amenazan con convertirse en parte de la estructura social y económica de nuestro Madrid.

La crisis se ha cebado en las familias. Hogares con todos sus miembros en paro, o con muy baja intensidad de trabajo. Un tercio de las familias no pueden acometer gastos imprevistos y casi la mitad llega con muchas dificultades a fin de mes. Familias que no pueden comer carne, pollo, o pescado cada dos días. O las que tienen que pasar frío, porque no pueden pagar los precios de la energía. Aquellas que reducen o suprimen las vacaciones. Datos preocupantes, incontestables, que aparecen en el informe y que no pueden dejar indiferente a nadie.

Los riesgos de pobreza de una familia se incrementan hasta el 52% cuando una sola persona tiene que hacerse cargo de los hijos e hijas. Mientras tanto, nuestros gobernantes regionales se llenan la boca con el derecho a la vida y la protección a la familia. Otras regiones menos ricas, mientras tanto, presentan tasas de pobreza inferiores y menos riesgos de pobreza para las familias.

La democracia y el desarrollo de los derechos constitucionales, a lo largo de estos cuarenta años, nos han permitido ir estableciendo redes de protección, asentadas en derechos reconocidos por ley. La protección por desempleo, la Seguridad Social que garantiza el sistema de pensiones y las Pensiones No Contributivas (PNC), para quienes no reúnen los requisitos de contribución que permiten acceder a una pensión del sistema de Seguridad Social.

La sanidad pública universal y gratuita, la educación pública, obligatoria y gratuita en los niveles obligatorios, las Rentas Mínimas con diferentes tratamientos autonómicos, una red de servicios sociales muy importante, o la Ley de Atención a las situaciones de Dependencia. Y. sin embargo, la pobreza persiste y las desigualdades aumentan.

La única explicación que se me ocurre es que estos instrumentos, que han costado muchas reivindicaciones y hasta huelgas generales y que no han sido nunca regalos, se ven acosadas por los intereses privados, han nacido sin los recursos suficientes para garantizar la efectividad de los derechos, o han sido las primeras víctimas de los recortes neoliberales que intentaron ser justificados por la crisis económica.

Un motivo más para que la salida de la crisis tenga que notarse de inmediato en la reducción de las tasas de pobreza y de la desigualdad. Esa debería ser la tarea prioritaria a la que deberían aplicarse los gobiernos y los partidos de la oposición, buscando el consenso necesario para que la cohesión y la redistribución justa de la riqueza sustenten una convivencia libre y democrática. Ese es el auténtico patriotismo, el más heroico de los himnos y la mejor de las banderas.


Todo lo que puede empeorar

noviembre 4, 2018

Recuerdo la hilaridad que despertaba en algunos contertulios, la propuesta de la Ministra de Vivienda del Gobierno Zapatero, allá por el año 2005, de construir pisos de protección oficial de 25, o 30 metros cuadrados, para solucionar los problemas de vivienda de nuestra juventud.

Se ve que los responsables ministeriales se habían dado una vuelta por Europa y traían en la mochila la idea de construir viviendas modulares para jóvenes, ampliables al piso de al lado, si las circunstancias familiares cambiaban. Edificaciones con espacios comunes para lavandería, salas de usos múltiples y actividades comunes, portería… hasta espacios deportivos, o piscina comunitaria, podrían añadirse a los proyectos.

La Ministra, Trujillo se apellidaba, su nombre María Antonia, llegó a firmar un convenio con el ITEC (Instituto de Tecnología de la Construcción de Cataluña), con el fin de realizar un estudio sobre tipologías, características y requisitos de habitabilidad de estas casas protegidas.

La hilaridad con la que fue recibida la propuesta se completó cuando la Ministra se embarcó en otra idea aún más atrevida. Regalar unas zapatillas kelifinder para ayudar a nuestra juventud a patease las calles en busca de vivienda, Si la encontraban, podían acceder luego a algún tipo de ayuda para alcanzar su sueño.

Todo aquello nos parecía un poco desatinado, cuando menos, en aquellos momentos. Hasta que se desencadenó la crisis, con sus recortes y sus retrocesos sociales. Una crisis que convirtió la precariedad en entorno y paisaje estructural de nuestras vidas.

Ahora, una docena de años después, se nos presentan, como gran avance hacia la modernidad, los alojamientos colmena, las viviendas burbuja, los smart-zulos, las casas ataúd, las mini-houses. Soluciones de cubículo, habitáculo y covachuela, inspiradas en las habitaciones cápsula que tan acostumbrados estamos a ver en los documentales sobre hoteles japoneses.

Innovadoras empresas pretenden ofrecer, en nuestras grandes ciudades, antros, cuartuchos y cuchitriles de 2 metros de largo, por 120  centímetros de ancho y otros 120 de alto. No como alojamiento provisional, turístico, de paso, sino como residencia permanente para nuestros jóvenes. Eso sí, con derecho a un inestable somier elevable, para poder guardar maletas, ropa y enseres, ínfima mesa plegable, estantería exigua, un enchufe y un cargador USB, además de una cabecera-almacén.

Habrá espacios comunes de desahogo, para calentar comida, aseo personal y unas estrictas normas de convivencia que, al parecer, incorporan el control de ruidos y llamadas telefónicas molestas, la prohibición del consumo de sustancias ilegales, o el préstamo a amigos y familiares.

Alquileres baratos para personas con pocos recursos que quieran disponer de un chiscón, desván, almacén, garito, o leonera, donde aguardar en precario, siempre en precario, el momento de la muerte. El Ayuntamiento de Barcelona ha negado las licencias, por razones de habitabilidad e incumplimiento de la normativa, pero estas empresas cuentan con inversores poderosos y potentes abogados. El tiempo dirá.

Con todo, lo más alarmante es que, si en 12 años hemos pasado de “soluciones habitacionales” de 30 metros cuadrados a poco más de dos metros cuadrados y de rodillas, ¿qué terminaremos ofreciendo a nuestra juventud en 2030? Todo lo que puede empeorar, termina empeorando y ya sólo nos queda poner a trabajar a nuestros arquitectos de futuro en proyectos de cuartos-sarcófago, o féretros de diseño, desde donde nuestros precarizados y empobrecidos jóvenes, puedan asomar la cabeza y respirar la inmensa paz de esos grandes y bernanianos cementerios bajo la luna.


17 Octubre, menos pobres, menos iguales

octubre 18, 2018

Nicolás Sartorius, vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas, me remitió una invitación para asistir, en el Consejo Económico y Social, a la presentación del Informe sobre Desigualdad en España, en su tercera edición, que cuenta en esta ocasión con la colaboración de las Fundaciones Largo Caballero y 1º de Mayo.

Más allá de los datos que  aparecen en el Informe, accesible en la página web de la Fundación. Más allá de sus análisis sobre la estructura de rentas en nuestro país, las diferencias territoriales, de empleo, edad, sexo, o nivel formativo. Por encima de las consideraciones sobre el papel de los sistemas de protección social y su debilitamiento  durante la crisis, quisiera detenerme en unas cuantas conclusiones, muchas de las cuales han sido destacadas a lo largo de la presentación.

La pobreza es casi siempre relativa. En la mayor parte del mundo  una familia con 800 euros al mes no puede ser considerada, ni mucho menos, pobre. En España, con esos mismos ingresos, una familia puede ser pobre y vulnerable. En Francia, esa familia podría ser incluida en la categoría de pobreza severa. Por lo tanto, ser pobre no sólo tiene que ver con la cantidad de ingresos absolutos, sino con lo que puedes hacer con tus rentas. Siempre somos pobres, como dice un amigo, comparado con qué.

Es cierto que el nivel de rentas en un entorno puede ser uno de los primeros indicadores, pero eso sólo mide nuestra capacidad de comprar bienes o servicios. Es cierto que en un mundo-consumo este factor es determinante. Pero quedarnos ahí sería anodino y superficial. Por eso se utilizan hoy otras formas de medir la pobreza, como el Coeficiente de Gini, que valora cualquier forma de distribución desigual.

El Indicador AROPE (At-Risk-Of Poverty and/or social Exclusion), ha sido desarrollado y es cada vez más utilizado en la Unión Europea. Toma en consideración el factor de las rentas, pero sin olvidar la vivienda, las vacaciones, alimentación,  movilidad, empleo, entre otros. Por su parte, las Naciones Unidas cuentan con el Indice de Desarrollo Humano y el Indice de Pobreza Humana, más centrado en las carencias y privaciones que sufren las personas en cada país.

La crisis que hemos atravesado ha convertido las desigualdades en un fenómeno estructural. La recuperación no permite que las desigualdades se reduzcan. Ese ha sido uno de los efectos que ha producido la crisis financiera que se desencadenó con Lehman Brothers, que resultó no sólo financiera, sino que terminó por pudrir la economía mundial, doblegar la política y emponzoñar las relaciones sociales.

La crisis ha descalabrado y descabalado la democracia. Los rescates han debilitado a la política en su capacidad de redistribuir la riqueza y repartir las cargas. El ultraliberalismo del menos Estado, del más dejar hacer a quienes pueden hacer y el más dejar pasar el deterioro de la vida de la mayoría de la población, ha debilitado lo público, lo de todos, cuanto garantiza la cohesión social. Convendría rastrear por ahí el surgimiento de populismos y movimientos de ultraderecha.

La reforma laboral ha supuesto un mazazo a la capacidad de los trabajadores y las trabajadoras organizados en sindicatos de conseguir la redistribución de la riqueza allí donde se produce, en el seno de las empresas. El poder adquisitivo del salario se ha reducido y las diferencias salariales se han agudizado entre hombres y mujeres, temporales y fijos, jóvenes y mayores. El fenómeno de trabajar y ser pobre se extiende. La precariedad se ha convertido en ley de vida.

Hay quienes, desde los propios poderes económicos internacionales, avisan de que un aumento de las desigualdades terminará perjudicando las propias posibilidades de la economía, que es tanto como decir que los ricos serán devorados por su propia avaricia. Es el mismísimo Fondo Monetario Internacional quien avisa de que el aumento de la brecha social en un país provoca un freno para el crecimiento económico.

Perdidos como andamos en los escándalos de nuestros políticos, personales y colectivos, no queda tiempo para tomar en consideración que la libertad y la igualdad son las dos caras de la misma moneda. No existe la una sin la otra. Es imposible. Se llenan los políticos la boca de una España de personas libres e iguales. Pero son pocos los que trabajan de verdad a favor de la igualdad de oportunidades y muchos los que en nombre de la libertad condenan a demasiada gente al trabajo indecente y la vida en miseria.

Y precisamente ahora que nos encontramos en el entorno del 17 de octubre, Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza y cuando el 7 de octubre pasado hemos renovado nuestro compromiso con el Trabajo Decente, sería bueno que cualquiera que gobierne, o quiera gobernar este país, firme un contrato con la ciudadanía para que la libertad y la igualdad se conviertan en principios rectores de su actividad de gobierno. Un contrato para que la pobreza y la brutal desigualdad desaparezcan de España.

Es una bonita bandera y una causa patriótica que merece todo ese esfuerzo que se dilapida en ejercicios inútiles y estériles de banderías nacionales y nacionalistas, que sólo generan odio, confrontación y el triunfo de las bajas pasiones.  Porque no es de recibo que una de cada cinco personas en España sea pobre, mientras que, en plena crisis, el número de ricos aumenta. No es admisible que, tras la crisis, salir de la pobreza sea más difícil y la brecha de la desigualdad sea más insalvable.


La doctrina Casado

octubre 18, 2018

Me remite Antonio Rato, uno de los abogados de la estirpe de los de Atocha, un correo con algunas opiniones sobre el asunto de los títulos de Casado. Parte de algunas consideraciones sobre el desprestigio generalizado de la universidad, allá por los años 50, en sus tiempos de estudiante.

Tiempos, nos recuerda Antonio, en los que los titulares de las cátedras universitarias se encontraban en el exilio y los nuevos titulares no daban la talla, ni el nivel, exigibles. Tiempos en los que era de buen tono tener recomendaciones. Se presumía abiertamente de ello y no pocos sacaban a pasear, a las primeras de cambio, el consabido, ¡Vd. no sabe con quién está hablando!

Con 800 alumnos en el Aula Magna (porque alumnas sólo había 4),  no es extraño que los estudiantes fueran autodidactas, aprendieran casi de por libre en la biblioteca y se presentaran en las aulas para realizar los exámenes, o en todo caso para asistir a unas cuantas y poco habituales clases prácticas. Eran frecuentes los aprobados generales, o los aprobados selectivos.

Le asombra a mi amigo Rato (Antonio, no el otro), que hayan vuelto a algunas universidades, como la Rey Juan Carlos, esos modernos aprobados selectivos y discrecionales, esos aprobados generales, esa falta de aprecio por los claustros, la enseñanza oficial a la carta y de por libre.

Con todo, lo que más le asombra a nuestro compañero abogado es la pasividad del Tribunal Supremo a la hora de juzgar la concesión de títulos académicos en los que llaman la atención las facilidades pasmosas con las que se obtuvieron y que los vacían de contenido. Pese a todo lo cual, el Tribunal, a la vista de hechos tan evidentes, tan siquiera se atreve a declararlos títulos nulos.

Dicho de otra manera, Casado y algunas y algunos de sus compañeros y compañeras, que reconocieron haber obtenido el título sin haber hecho curso alguno, ni asistir a clase, podrán exhibir tranquilamente estos títulos en su currículum, acumulando méritos que falsearían cualquier selección de candidatos. Ahí quedan el mérito y la capacidad, reconocidos en nuestra Constitución, a la hora de obtener un puesto de trabajo.

El Tribunal no los declara nulos, ni mucho menos delictivos, cuando los hechos probados y reconocidos, me recuerda Antonio Rato, son subsumibles, de forma inconcusa, en el artículo 399 del Código Penal. Es decir, que los hechos son constitutivos de delito sin ningún tipo de duda.

El artículo viene a decir que, quien en el ejercicio de sus funciones comete falsedad, alterando documentos, o requisitos; o simula un documento en todo o en parte; o inventa la intervención de personas que no han intervenido, o las palabras de quien no dijo tales cosas; o falta a la verdad en la narración de los hechos, podrá ser condenado de 3 a 6 años de prisión, multas de 6 a 24 meses y a la inhabilitación de 2 a 6 años.

Habrá quien diga ahora que Casado no era funcionario, ni empleado público, ni  autor material del delito. Pero, es entonces cuando Rato nos recuerda que, o bien fue inductor, o cuando menos encubridor con beneficio personal de tales hechos. Aquí entra en acción el artículo 301, del mismo Código Penal, que castiga como encubridor a quien utilice bienes sabiendo que éstos tienen su origen en una actividad delictiva.

Devolver el prestigio a los títulos de posgrado. Recuperar la reputación de la Universidad. Resarcir a quienes han sido víctimas del engaño, al haber visto vulnerado su derecho a ostentar un título conseguido con esfuerzo personal y coste económico, exige reconocer que Casado ha participado, con el grado de responsabilidad que se determine, en el caso máster.

No puede existir una justicia para robagallinas y otra para robamillones. Prisión para unos y vías de fuga para otros. Se encarcela al político que se enriquece cobrando comisiones mientras se deja libre a quien las paga para obtener concesiones que le enriquecen ilegítimamente.

En procesos como el de las tarjetas black, los altos directivos que más gastaron se van de rositas, en otros casos quien roba niños resulta absuelto y si viene al caso y es necesario se inventa la doctrina Botín. Nunca he creído que todas y todos seamos iguales ante la ley. Ahora, a la vista de la doctrina Casado y los argumentos esgrimidos por Antonio Rato, sobradamente conocidos en los ámbitos jurídicos, aún menos.

Imagino que serán suposiciones mías, viejos rencores, pertinaces rencillas y envidia personal de lo bien que les va a algunos ante la justicia, mientras que otros sienten todo el peso, cada vez menos ciego, de la ley.