Turismo de calidad

noviembre 3, 2019

El turismo ha sido, desde los años 60, una de las locomotoras que han impulsado la economía nacional. Para poder desarrollar económicamente un país atrasado hay que buscar capitales para invertir. El franquismo los encontró, principalmente, de dos maneras. Mandando trabajadores al extranjero para que repatriaran dinero abundante con el que mantener a las familias que habían dejado atrás y aprovechando la única industria disponible y no obsoleta en España, el sol.

Así fue como el turismo, junto a la emigración, aportaron los capitales necesarios para afrontar inversiones en la construcción de viviendas, de instalaciones hoteleras, o infraestructuras de otro tipo. Carreteras, pantanos, vías ferroviarias. En menor medida, para la industrialización de España.

Pero la emigración ya no es lo que era. Quienes se fueron ya han retornado, o se han instalado definitivamente con sus familias en los países de acogida. Volverán tras jubilarse, si la atención a los nietos se lo permite. En cuanto a la industrialización tuvo su ascenso durante esta etapa de desarrollismo, sus procesos de reconversión y declive a partir de los años 80 y la globalización le ha dado la puntilla definitiva, quedando enquistada en valores bajos en comparación con países europeos con los que podríamos compararnos.

Para más inri, la industria es muy dependiente de las decisiones corporativas de las grandes multinacionales que pueden producir, deslocalizar, o instalar, sus factorías en cualquier lugar del planeta. Lo hemos visto recientemente con Coca-Cola. Esas decisiones condicionan el futuro de una ingente cantidad familias y de pequeñas y medianas empresas auxiliares industriales y de servicios.

La construcción, bien. Campeona de Europa. Es un sector tradicional que, a falta de industria textil, minera, metalúrgica, o electrónica, ha encontrado en el suelo, su recalificación, la edificación sobre el mismo, los servicios complementarios de mantenimiento, la base de negocio que permite la acumulación de capital en unas pocas manos. Hoy las antiguas grandes constructoras gestionan además jardinería, recogida de basuras, seguridad privada y hasta servicios sociales. Lee el resto de esta entrada »


Yo voto Formación permanente

junio 11, 2019

No es la primera vez que lo digo en un artículo. Llama la atención que la educación en general y la formación de los trabajadores y trabajadoras, en particular, sean relegados a un segundo plano en el debate electoral. El empleo, la vivienda, los transportes, las políticas sociales, la igualdad, la inmigración, la sanidad, los impuestos, entre otros temas, copan el debate.

La educación parece que sólo interesa para valorar cuánto dinero tiene que ir hacia la enseñanza concertada. Y, sin embargo, la educación de las personas es mucho más importante que eso. La Formación de las personas es el primer paso para asegurar la igualdad. Sin igualdad no habrá libertad real y la ninguna de las dos será posible si no empezamos por la educación.

Vamos hacia un mundo en el que una parte importante de los trabajos van a exigir mayor autonomía de las personas, un mayor empleo de las Técnicas de Información y Comunicación, menos rutina y más habilidades sociales. En definitiva, menos esfuerzo físico y más desarrollo intelectual. Lee el resto de esta entrada »


Aprender siempre de los mejores

mayo 7, 2019

Nos han vendido la idea de que hemos entrado en un momento de recuperación económica. Dicen que, tras la larga crisis, la economía se va fortaleciendo, el paro disminuye y los niveles de empleo se recuperan. Sin embargo no es oro todo lo que reluce. Europa es un buen ejemplo, en este momento en el que nos acercamos a la encrucijada de unas elecciones para elegir el Parlamento de la Unión.

Las crisis cíclicas del capitalismo, a las que nos habíamos acostumbrado van dejando paso a un estado de crisis permanente, compatible con momentos de recuperación y de recesión económica, aumento o disminución del desempleo y de las tasas de paro. Ese es el signo del nuevo mundo global que ha parido la crisis mundial en la que nos embarcamos en 2008.

Lo cierto es que esta misma globalización y la revolución tecnológica, van exigiendo nuevas destrezas, mientras emergen nuevos perfiles de empleo. Nuestra juventud se preocupa de adquirir altos niveles de cualificación por vías formales o no formales que pueden perfectamente ser desperdiciados si continúa la tendencia de promover empleos de muy baja calidad. Lee el resto de esta entrada »


La elección de la primavera

abril 5, 2019

Cada año es más difícil determinar el momento en que cambiamos realmente de estación. Dicen que es cosa del cambio climático. Inviernos con trazas de primavera, veranos que tardan en abrirse camino para luego, a última hora, desencadenar tsunamis de calor que se prolongan hasta bien entrado el otoño. Primaveras amilanadas, que van llegando como de prestado, ya florecidas y de repente se congelan entre copos de nieve, antes de dar frutos.

La primavera política nacional baila al ritmo que le marca el clima. Expatriada de sí misma, desatendida por sus cabecillas, menospreciada por los lugareños, arrinconada por quienes han aprendido a imponer su voluntad a golpe de talonario, maletín, sobre, puerta giratoria y correa, eso que en alemán se llama gürtel.

Allá por 1957, en su discurso ante la Academia de Estocolmo, que acababa de concederle el Nobel de literatura, Albert Camus, el incansable defensor de la verdad y la libertad, decía, cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no podrá hacerlo. Pero su tarea es quizás mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Lee el resto de esta entrada »


Vuelve el eterno pelotazo

abril 5, 2019

Vivimos en un país que ha hecho de la necesidad negocio. Una de esas necesidades es la de la vivienda, contemplada como derecho constitucional. Sobre esa necesidad se han construido inmensos negocios que han sostenido el crecimiento económico entre crisis y crisis.

Cuentan que la Regente María Cristina reunió a mediados del siglo XIX a los empresarios de la Villa y Corte, poco habituados a adentrarse en negocios mineros, siderúrgicos, comerciales, textiles, o de cualquier índole productiva y les vino a decir algo así como, Madrid no tiene industria, pero sí tiene mucho suelo disponible. Hagamos industria del suelo.

Hacía referencia a que los vascos, o los catalanes, habían buscado actividades sobre las que sustentar su crecimiento económico y social, mientras que la capital seguía siendo una ciudad de servicios a la Corte, cuarteles, talleres artesanos, manufacturas militares, aristócratas, criadas, pequeños comerciantes y mucha gente malviviendo y buscándose la vida en trapicheos varios. Lee el resto de esta entrada »


La igualdad empieza por el empleo

marzo 10, 2019

Las fake news, las noticias falsas, marcan el signo de nuestro tiempo. Cada día nos vemos sorprendidos por una batería de primicias inventadas y opiniones manipuladas, vertidas en las redes sociales, en tertulias televisivas o radiofónicas, en artículos de opinión y luego difundidas en conversaciones, grupos, barras de bar. Van creando tendencias negacionistas de la verdad, a base de repetir mentiras, o medias verdades, que calan en la sociedad y terminan por configurar realidades paralelas que nunca confluyen, fracturando la sociedad, cerrando las puertas a cualquier transacción, negociación, acuerdo, o diálogo.

Así parece ocurrir con la igualdad de la mujer en nuestra sociedad, especialmente cuando llegan fechas como el 8 de Marzo, que deberían permitir una confluencia de toda la ciudadanía en torno a unas cuantas ideas compartidas que harían posible dar pasos hacia la puesta en marcha de actuaciones políticas, sociales, personales, que resolvieran los problemas.

Es cierto que, año tras año, vamos asistiendo a avances, fruto de la constante reivindicación de mayores cotas de igualdad, pero no es menos cierto que esos avances son demasiado lentos en un mundo acelerado como el que vivimos. Por eso es necesario recordar unas cantas ideas que no pueden verse tapadas por el discurso negacionista, ni mucho menos por el postureo al uso, que tiñe de morado los perfiles de quienes poco hacen por alentar la igualdad. Lee el resto de esta entrada »


Los Mayos del 68 y 50 más

junio 3, 2018

Hay momentos en la historia, de esos que Antonio Gramci definía como de crisis, en los que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer, en este interregno se producen los más variados y morbosos fenómenos. De esos que Walter Benjamin formulaba como jetztzeit, el tiempo que se sitúa al margen del discurrir contínuo de la historia. Momentos en los que se concentra toda la energía dispuesta a dar un salto hacia el futuro.

Uno de esos momentos se produjo hace 50 años, en torno a mayo de 1968. Se desencadenó en muchos lugares del planeta, aunque lo hemos terminado ubicando mentalmente en París. He conocido a no pocos que presumían de haber vivido aquel mayo del 68, en vivo y en directo, en pleno Barrio Latino, aunque, probablemente, todo se limitase a su participación en alguno de esos viajes turísticos informales y espontáneos, organizados para recorrer la Rive Gauche del Sena, tomando copas en sus bares bohemios.

Mayo del 68 fue la versión francesa de algo más que la puesta de largo de la estética “bobo” (burguesa-bohemia) y que el preámbulo de la iconografía hippie que vino después. En 1967, el Ché había caído en Bolivia. En el 68, en Estados Unidos, son asesinados el líder de los derechos civiles, Martin Luther King y el candidato a la Presidencia, Robert F. Kennedy. Al tiempo que  impresionantes movilizaciones estudiantiles recorren todo el país, contra la Guerra de Vietnam.

En México, un periodo de movilizaciones por la libertad, los derechos y contra la corrupción institucional, acaba siendo sofocado a balazos, produciendo una matanza policial de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, de la que aún desconocemos el número real de víctimas.

En Alemania, los disturbios estudiantiles precedieron al mayo francés. En el Este, la Primavera de Praga es aplastada por los tanques soviéticos y, con ella, el intento de construir un socialismo de rostro humano. La ofensiva del Tet, desencadenada por el Vietcong acaba en derrota, pero Vietnam del Norte gana ampliamente la batalla política y mediática. Indochina es una trampa mortal, un matadero donde el pueblo estadounidense se desangra. No hay victoria, ni tan siquiera gloria en el horizonte.

No estuve en aquellos escenarios. Era un estudiante de 10 años. Sí recuerdo que muchas de estas noticias asaltaban los telediarios, se difundían en el Parte con el que puntualmente conectaban todas  las cadenas radiofónicas, las leí en algunos periódicos atrasados y en algún que otro análisis y artículo del Reader´s Digest. En las casas de los pobres la información de pago entraba como de contrabando, de segunda mano y sin selección alguna de las fuentes. Captabas al vuelo, aleatoriamente, de forma arbitraria, sin orden ni concierto, pero terminabas haciéndote una composición de lugar.

Si no lo entendí mal, el mundo  construido sobre las ruinas de la II Guerra Mundial se estaba agotando. Nuevas generaciones apuntaban maneras. Exigían protagonismo, libertad, respeto a sus derechos, acceso al consumo, a la riqueza mal distribuida que se estaba generando. No quieren morir en guerras lejanas que muy poco tienen que ver con la vida a la que aspiran. La clase trabajadora siente que ha trabajado en la reconstrucción de un mundo destrozado, pero que está perdiendo la batalla del reparto equitativo de la riqueza.

Existía una sensación de que los partidos políticos de la posguerra (incluidos los socialistas y comunistas) y sus líderes, habían dado de sí hasta un límite que ya han sobrepasado hace tiempo. Abunda el sentimiento de que los sindicatos se han limitado a defender a los sectores organizados (transportes, grandes industrias, administraciones públicas y poco más), pero han dejado de representar al conjunto de la clase trabajadora.

La representación de la sociedad se fragmenta y dispersa en pequeñas organizaciones feministas, estudiantiles, ecologistas de la primera hornada, actores, pacifistas, maoístas, artistas, trotskistas, anarquistas, intelectuales, gays y lesbianas, hippies, que se unen, se separan, discrepan, convocan asambleas, convocan actos, aparecen, desaparecen, confluyen o se diluyen, se fusionan, o emprenden agrias polémicas.

Creo que, desde entonces, el mundo se ha transformado profundamente, aunque no siempre a gusto de todos. Algunos aprendieron aquella lección y otros siguieron a lo suyo, como si nada hubiera pasado. Cambiaron las caras de los políticos, pero pronto los nuevos partidos fueron viejos y vuelta a empezar.

Las fuerzas que controlaban el poder económico tomaron buena nota y, durante 50 años, han ido imponiendo su libertad a base de consumo y mercado. Comprando, siempre que ha sido posible, domesticando a los rebeldes y, en el peor de los casos, eliminando cuantos intentos se han desencadenado para abrir las puertas a otro mundo, más o menos posible. Hasta China, sin dejar de ser maoísta y Rusia, sin dejar de ser imperial, forman ya parte de este paisaje.

La política ha pactado pequeños y limitados espacios de autonomía, siempre que no afecten a los grandes intereses del mercado. La izquierda, tras tímidos intentos de recomponer la figura, termina aplicando, no pocas veces, las políticas neoliberales, hasta con más fervor que la derecha.

Los sindicatos, que han modulado, moderado y resistido embates de todo tipo, siguen siendo víctimas de la percepción interesada de haberse retirado a los cuarteles de invierno, dejando las inmensas y heladas estepas de precariedad laboral y paro en manos de nadie.  La fractura social hace que el malestar se exprese en explosiones intensas, pero pasajeras.

Hace 50 años en París y en otros muchos lugares simultáneamente, los herederos de Lampedusa volvieron a escribir la historia del Gatopardo sobre el principio de que Si queremos que todo continúe como está, debemos hacer que todo cambie. Total, como bien explica el protagonista a alguien que teme las consecuencias de las revueltas, Habrá unos cuantos episodios de tiros inocuos y, después, todo será igual aunque todo habrá cambiado.

Conmemoremos, así pues, de buen grado, sin complejos, sin triunfalismos, este 50 aniversario de los Mayos del 68.