Mejorar salarios para salir de la crisis

septiembre 11, 2017

El Ministerio de Empleo va anotando en su Registro de Convenios Colectivos el incremento salarial medio pactado, pero ese dato no siempre coincide con la realidad. Existen otras fuentes, fundamentalmente publicadas por el Instituto Nacional de Estadística (INE), como la Encuesta Trimestral de Coste Laboral, la Encuesta Anual de Coste Laboral, o el Índice de Coste Laboral Armonizado. La Encuesta de Población Activa (EPA), indica los deciles salariales y la Contabilidad Nacional informa de la remuneración de los asalariados. El INE ha preparado un nuevo indicador, el Índice de Precio del Trabajo (IPT) para completar la información salarial que permitan conocer la variación del salario en nómina entre periodos, La Agencia Tributaria también informa sobre las retribuciones medias y vidas laborales.

Todas estas fuentes nos cuentan una misma historia reciente. La moderación y el recortes de los salarios han sido muy intensos a lo largo de toda la crisis económica que nos ha sacudido, tanto en retribuciones por cada persona que trabaja, como en cada hora trabajada.

Al principio de la crisis, en 2008 y 2009, las retribuciones aumentan porque las indemnizaciones por despido son contabilizadas en ese momento. Luego, a partir de ese momento, las pérdidas son generalizadas. Hablamos de medias, por supuesto. Porque si miramos los tramos salariales, son los salarios más bajos los que pierden en torno a un 15 por ciento entre 2007 y 2011 y, de nuevo, otro 15 por ciento entre 2011 y 2014.

Las personas trabajadoras menos cualificadas, o con empleos peor pagados, son quienes más han perdido en esta crisis. Y eso tiene que ver con dos factores. El primero, el impresionante número de personas desempleadas dispuestos a encontrar un empleo en cualquier condición y con cualquier salario y, en segundo lugar, la menor implantación sindical en estos sectores de alta rotación laboral.

El PP gobernante ha apostado desde el principio por esta devaluación de los salarios, para recomponer los beneficios empresariales. No pudiendo devaluar la moneda, o imprimir más dinero, se han ajustado milimétricamente a la parte más dura de las recetas anteriores aplicadas para salir de las crisis, cuando no había euro por medio, ni autoridad monetaria europea. El entusiasmo con las recetas de recorte impuestas por Merkel ha hecho el resto. Nuestra tasa de paro se ha disparado a los niveles más altos de Europa.

El instrumento aplicado fue una nueva reforma laboral impuesta que ha aumentado la devaluación de los salarios producida por la crisis. A partir de esa reforma del PP, casi todos los segmentos de retribuciones han perdido poder adquisitivo, a excepción de los salarios más altos que, aunque no retroceden, se congelan.

A partir de la reforma laboral de 2012, se aprueban, además, menores indemnizaciones por despido, desaparecen los salarios de tramitación, se crea un nuevo contrato para empresas de menos de 50 trabajadores con periodos de prueba de un año, se elimina la autorización previa necesaria para proceder a despidos colectivos y se amplían las causas de despido.

La reforma laboral ha tenido dos medidas negativas añadidas. La primera la que permite que los salarios puedan ser reducidos por el empresario unilateralmente. Si los salarios de los nuevos trabajadores se han reducido por efecto del abultado desempleo, a partir de ese momento también lo hacen los de los más antiguos en la empresa. El efecto salarial ha sido devastador.

La segunda medida ha supuesto una intromisión del gobierno en la negociación colectiva, a favor del empresariado. El gobierno ha rebajado la cobertura de los convenios colectivos y ha facilitado el descuelgue de los mismos por parte de los empresarios, además de imponer la prevalencia del convenio de empresa sobre el de sector.El gobierno ha apostado descaradamente por que la crisis la paguen los trabajadores y trabajadoras de este país y ha cerrado las puertas a la posibilidad de que la clase trabajadora se beneficie en modo alguno de la recuperación económica.

Es lo que ya está ocurriendo en estos momentos. Los beneficios empresariales se recuperan paulatinamente, pero el empleo que se crea es temporal, a tiempo parcial y precario. Los salarios no recuperan poder adquisitivo y las organizaciones empresariales no parecen muy dispuestas a alcanzar acuerdos salariales, que permitirían un aumento de la demanda interna.

Acabamos de conocer, por ejemplo, que el gobierno ha dejado que se agote la vigencia del programa PREPARA, sin proceder a su renovación, reforma, o al menos prórroga, abandonando a su suerte a las personas desempleadas que han agotado todas las prestaciones por desempleo, lo cual da buena cuenta del desinterés, cuando no desidia, por cubrir las necesidades mínimas de quienes más necesitan del Estado y de su protección.

El PP ha conseguido que superemos la recesión sin salir de la crisis. Un aumento de la riqueza, sin un reparto equilibrado de la misma. El abandono de aspectos esenciales de las políticas públicas. Estamos ante un error de bulto, porque mayores los beneficios de unos pocos, sin un reparto equitativo y equilibrado, sólo incrementa las desigualdades, multiplica los focos de conflicto y nos instala en una crisis social y política de carácter permanente.

Si a este panorama desolador le añadimos la corrupción estructural instalada en nuestro país, que ha deteriorado la confianza de la ciudadanía de forma irreparable en el corto plazo, podemos intuir la dimensión del trabajo que tenemos por delante. Por alguna parte hay que empezar. Los tiempos han cambiado y no admiten las viejas prácticas y las añejas recetas de la imposición.

No sería malo que una clase política interiorizada y alejada de las personas y una clase empresarial instalada en los fáciles beneficios, a costa de deteriorar los salarios y el empleo, se aviniesen a negociar el futuro de este país repartiendo las cargas y los beneficios. La calidad del empleo y los salarios.

No sería malo que dejasen de hacerse los suecos, o los sordos, o los indolentes. No sería malo que entendieran que, cuando la vía se acaba, sólo el tonto sigue adelante, sin inmutarse, como si nada.

 

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Es el momento de pasar a la ofensiva

enero 12, 2017

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El titular no es mío. Es una frase sacada de una intervención de Nicolás Sartorius, durante la reciente presentación del libro Toda España era una cárcel, escrito por Rodolfo Serrano. Reflexionaba Nicolás sobre la situación actual del país cuando afirmaba que “es el momento de pasar a la ofensiva”, aclarando que es tiempo de “apretar las clavijas a patronal y Gobierno”. Y explicaba que “si CCOO no impulsa los cambios no lo van a hacer otros”.

Me parece una reflexión muy apropiada para los momentos que corren. De forma generalizada, del Rey abajo casi todo el mundo, anuncia que la crisis ha terminado. Es cierto que esta visión, interesadamente optimista, del futuro que se avecina topa con planteamientos como el de Varufakis, el ex ministro de Finanzas griego, para el cual “la crisis no ha terminado, sólo ha cambiado sus síntomas”.

Una idea en la que abunda Owen Jones, que opina que los causantes de los desastres  actuales cuentan ya con una ultraderecha pertrechada para acometer y gobernar un escenario en el que “la última crisis económica no ha terminado del todo mientras que una nueva podría estar a punto de surgir”.

Acaba de comenzar el año y nos alcanza la noticia de la muerte de Zygmunt Bauman. Un hombre que nos ayudó a entender una parte de las características del nuevo mundo que se avecinaba. Un mundo instalado en la “modernidad líquida”, que exige la aceptación de la incapacidad de la política para gobernar la economía, los mercados, los poderes económicos.

Según Bauman, este divorcio entre el poder y la política genera un nuevo tipo de parálisis, socava la capacidad de acción política que se necesita para abordar la crisis y mina la confianza de la ciudadanía en el cumplimiento de las promesas de los gobiernos. De ahí que la crisis actual sea, al mismo tiempo, una crisis de la capacidad de acción, una crisis de la democracia representativa y una crisis de la soberanía del Estado.

Cuando asistimos asombrados a fenómenos como el ascenso del populismo en Europa, en Estados Unidos, en otros lugares del planeta. Cuando comprobamos cómo la corrupción institucional e institucionalizada termina por no tener grandes costes electorales, deberíamos tomar en cuenta este divorcio entre poder real y política y el desapego, la desconfianza de las personas en la posibilidad de que alguien tenga la capacidad de solucionar sus problemas, por mucho que ese alguien haya sido elegido democráticamente.

En un mundo líquido, el Estado Social, reconocido por Constituciones como la Alemana o la Española; el Estado del Bienestar, construido tras la II Guerra Mundial y el surgimiento de los bloques del Este y de Occidente, parece que ya no tienen sentido. Son sustituidos por el Estado de Crisis. Porque la crisis, con sus inseguridades, sus incertidumbres y sus miedos, se convierte en la forma de vida.

Es John Berger, otro de nuestros imprescindibles, fallecido poco antes que Bauman, estas mismas Navidades, quien refleja esta sensación generalizada de inseguridad, hartazgo, desapego, no exentos de cierta solidaridad mutua, de la siguiente manera: “En un día  cualquiera, cuando nada sucede, cuando la crisis que se anuncia hora tras hora ya es una vieja conocida, cuando los políticos se presentan a sí mismos como la única alternativa a la catástrofe, las personas intercambian miradas al cruzarse unas con otras para cotejar si los demás entienden lo mismo cuando murmuran: así es la vida”.

La crisis no ha terminado. La crisis se ha instalado entre nosotras y nosotros. Pero, lejos del fatalismo al que quieren conducirnos, a la aceptación sin resistencia del Estado de Crisis, seremos nosotras y nosotros quienes decidamos rendirnos ante sus evidencias, o imponer nuestras propias realidades en el centro de la política, la economía, la cultura y la convivencia social. Es nuestra decisión. Y me parece que está tomada, porque nadie se resigna, para sí y para los suyos, a vivir en el miedo, en la incertidumbre constante, en un mundo entendido como cárcel, en un empleo concebido como esclavitud.

Es cierto que los datos económicos ponen de relieve que la recesión, las pérdidas económicas, han pasado. Seguimos en crisis, continúa la amenaza, pero el movimiento de la economía, por insano que sea, produce una cierta sensación de recuperación económica, al menos. Cuando el dinero se mueve, los de bajo respiramos y los de arriba estudian los nuevos pelotazos que pueden acometer.

Han sido muchos años de crisis, desde 2008 y estamos en 2017. Años de cierres empresariales, de ajustes de plantillas, de pérdidas salariales, de recortes de derechos laborales y de deterioro de los derechos sociales. De pérdidas de recursos en educación, sanidad, o servicios sociales, de retrocesos en pensiones y atención a la dependencia, de aumento de la pobreza y abandono de quienes han perdido todas las fuentes de ingresos.

Parece evidente que frente a la inactividad privada, debiera haber sido la inversión pública la que moviera la economía, aunque fuera transitoriamente. Y sin embargo, la Unión Europea, al dictado de Merkel, hizo todo lo contrario. Los ajustes, los rescates, los recortes han endurecido la crisis y la han prolongado.

Admitamos, no obstante, que existe un respiro, cuando menos transitorio, en la economía. Eso debe traducirse y tener efectos sobre las personas. Especialmente sobre quienes han padecido de forma brutal los efectos de la crisis en forma de paro y pérdidas de protección social. Por eso el 15 de diciembre, el sindicalismo de clase, nos movilizamos en toda España y el 18 de diciembre en una gran Manifestación en Madrid bajo un lema: Por las personas y sus derechos. Por las personas reales, por los derechos garantizados.

Avisamos que era sólo el principio. El primer paso. Vamos a la ofensiva por el empleo estable, por el salario digno, por la salud y seguridad en el trabajo, por la formación de los trabajadores y trabajadoras en las empresas, por la igualdad sin discriminaciones inaceptables. Vamos a la derogación de las reformas laborales impuestas y del artículo 315.3 del Código Penal, que castiga a un huelguista con más años de cárcel que a un violador, o a un ladrón de los dineros públicos.

Vamos a las batallas por la sanidad pública, gratuita, universal. A la defensa de la enseñanza pública de calidad. A asegurar las pensiones y la atención a la dependencia de nuestros mayores. La protección a las personas desempleadas. Una Renta Mínima Garantizada para cuantos carecen de rentas.

Vamos a disputar el reparto de las rentas, también en la fiscalidad. Porque no puede seguir ocurriendo que la fuente fundamental de los ingresos del Estado sean las rentas del trabajo, mientras que las rentas del capital cuentan con todos los mecanismos para terminar eludiendo sus responsabilidades en la aportación de los recursos necesarios para el sostenimiento de la actuación protectora del Estado. Vamos a defender la decencia del empleo, la libertad, la dignidad de nuestras vidas.

Y, para no ocultar nada, conviene dejar claro que vamos a esta ofensiva, desde la unidad sindical y desde la alianza con las fuerzas políticas y sociales dispuestas a dar el paso de la indignación a la propuesta y la movilización organizada y abierta. Su Estado de Crisis no es una patria para nosotras y nosotros. Merecemos algo más y vamos a conquistarlo. Es momento de pasar a la ofensiva.

Francisco Javier López Martín


LA EDAD SILENCIADA

septiembre 29, 2014

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Se acerca el 1 de Octubre, Día Internacional de las Personas Mayores. Un buen momento para reflexionar sobre uno de los errores más brutales que estamos cometiendo como país. El abandono a su suerte de las personas mayores. El silencio al que estamos sometiendo a las generaciones que construyeron lo que hoy somos.

Ya sé que uno de los problemas más graves de este país es la amenaza cierta de condenar a toda una generación de personas jóvenes a afrontar un futuro de precariedad laboral, desempleo, bajos salarios y falta de estabilidad para sus vidas, entre otros daños colaterales. Lee el resto de esta entrada »