Las generales eran un aperitivo

mayo 23, 2019

Las elecciones generales han movilizado el voto en España y han convocado una participación poco frecuente en nuestro país. Las anteriores elecciones habían provocado un vuelco en el destino de los votos y dieron cabida a nuevos partidos que se hacían eco de los cambios políticos, económicos, sociales y culturales que se habían producido a lo largo de las últimas décadas.

De una parte, emergieron quienes supieron recoger los malestares que expresaban las movilizaciones del 15-M. De otra parte, hubo quienes recolectaron la reacción frente a una derecha en la que el poder institucional había generado numerosos fenómenos de corrupción y demasiado volcada en actitudes conservadoras a la hora de asumir realidades como el aborto, el feminismo, la diversidad sexual, o la eutanasia.

De esta forma, a la izquierda del PSOE y en el espacio del centro liberal se hicieron hueco nuevos y pujantes grupos políticos, que parecían querer disputar la primacía al bipartidismo que había dirigido la segunda restauración borbónica durante casi cuarenta años, en una peculiar reedición de los turnos de gobierno de conservadores y liberales. Lee el resto de esta entrada »

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El via crucis de nuestros mayores

mayo 7, 2019

Debo confesaros que siempre he sentido prevención, desconfianza y miedo ante instituciones que tienen la capacidad de dirigir nuestras vidas, controlarlas, arruinarlas, si a mano viene. Deben ser sensaciones arrastradas desde la infancia, o que se generaron a base de meterme en el papel de Jack Nicholson, en una de las mejores actuaciones de su carrera, interpretando a McMurphy, en aquella inolvidable película, Alguien voló sobre el nido del cuco.

Me he topado, cuando ya estábamos embocando los vía crucis y los pasos procesionales, con las imágenes de esa anciana maltratada en una residencia de ancianos y todos mis miedos  vuelven a la carga. Causan sensación, son impactantes, aunque serán pronto olvidadas en este marasmo de conmociones sucesivas en las que se ha convertido nuestra vida, mirando por la ventana de los medios de comunicación.

Mi primera reacción es cargar contra esas dos trabajadoras que vejan y maltratan a una anciana, cuando saben que no podrá quejarse, porque ha perdido su autonomía personal y su capacidad de expresar su malestar. Mi primera reacción es el cabreo contra una dirección del centro residencial, que ha ignorado las quejas de los familiares. Y hasta con el presidente de ese grupo de residencias, que anuncia querellas contra el familiar que ha grabado el agravio, en lugar de presentar investigaciones depuradoras de responsabilidades. Las imágenes son muy duras. La indignación inevitable. Lee el resto de esta entrada »


Sanidad madrileña y experimentos privatizadores

mayo 7, 2019

Madrid no había recibido aún las transferencias sanitarias del Estado y ya el gobierno Aznar estaba privatizando la gestión del la sanidad pública en nuestra Comunidad. Es curioso que Madrid y Valencia hayan sido, bajo los gobiernos de mayoría absoluta del PP, baluartes y adalides de este tipo de operaciones y experimentos privatizadores diversos, que han beneficiado a unos pocos y han terminado perjudicando a la inmensa mayoría de la población.

El Diagnóstico de la Salud y del Sistema Sanitario presentado recientemente por CCOO y la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP) resulta demoledor al respecto. Primero pusieron en marcha la Fundación Pública Hospital de Alcorcón. El siguiente paso consistió en crear una empresa pública. Así, en el año 2002 constituyeron el Hospital de Fuenlabrada, que comenzó a funcionar dos años más tarde.

Esperanza Aguirre llega al poder tras uno de los más bochornosos enredos políticos que haya vivido la política española, que consiguió torcer la voluntad popular expresada en las urnas. Poquito a poco comienza a tramar maniobras privatizadoras, comenzando por desprestigiar la sanidad pública. Lee el resto de esta entrada »


Salud, paro y pobreza en Madrid

mayo 7, 2019

El estado de salud de una población se encuentra condicionado por una serie de factores como la evolución demográfica, los hábitos saludables de vida, la alimentación, o el medio ambiente. Pero no menos importantes son otras circunstancias de las que se habla menos, como el nivel de rentas, la calidad del empleo, los niveles de paro, las desigualdades sociales, los mayores o menores riesgos de pobreza.

Se acercan en la política nacional todo tipo de elecciones y la protección de la salud debería de ser uno de los elementos esenciales a tomar en cuenta a la hora de decidir nuestro voto. Sin embargo hay muchos intereses confabulados para conseguir que la salud se nos olvide y prestemos atención a otras cuestiones coloridas pero inútiles, como la cantidad de bandas rojas y amarillas que debe tener una bandera y hasta el color de unos lazos.

La situación del empleo y las tasas de paro son, por ejemplo, determinantes para nuestra salud, aunque los políticos tiendan a olvidarlo. Hace diez años en Madrid estábamos muy cerca de los 3´1 millones de personas ocupadas y hoy, tras la dura y larga crisis económica y de la tan aireada recuperación, aún no hemos recuperado esas cifras de ocupación. La situación del paro es aún más dramática. Hace diez años el paro estaba en torno a las 210.000 personas. Dos años después el golpe de la crisis hacía crecer el paro hasta las 542.000 personas y hoy, aunque se ha reducido, aún se encuentra en las 456.000 personas, casi un 13´5% de la población. Lee el resto de esta entrada »


La elección de la primavera

abril 5, 2019

Cada año es más difícil determinar el momento en que cambiamos realmente de estación. Dicen que es cosa del cambio climático. Inviernos con trazas de primavera, veranos que tardan en abrirse camino para luego, a última hora, desencadenar tsunamis de calor que se prolongan hasta bien entrado el otoño. Primaveras amilanadas, que van llegando como de prestado, ya florecidas y de repente se congelan entre copos de nieve, antes de dar frutos.

La primavera política nacional baila al ritmo que le marca el clima. Expatriada de sí misma, desatendida por sus cabecillas, menospreciada por los lugareños, arrinconada por quienes han aprendido a imponer su voluntad a golpe de talonario, maletín, sobre, puerta giratoria y correa, eso que en alemán se llama gürtel.

Allá por 1957, en su discurso ante la Academia de Estocolmo, que acababa de concederle el Nobel de literatura, Albert Camus, el incansable defensor de la verdad y la libertad, decía, cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no podrá hacerlo. Pero su tarea es quizás mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Lee el resto de esta entrada »


Profesionales

mayo 9, 2018

Entro en los hospitales, las escuelas, los centros de servicios sociales. Me indigna el deterioro que compruebo a mi alrededor. No son sólo las manos necesarias de pintura que faltan en sus paredes. Es, sobre todo, la masificación que amenaza a cada instante con colapsar en funcionamiento de los servicios que allí se prestan. La imposibilidad de trabajar planificando la oferta y atendiendo las nuevas demandas. La sensación de que la urgencia marca el frenético ritmo de la actividad.

Se deposita en los centros educativos la responsabilidad de formar a futuras generaciones. El cuidado de nuestra salud en los centros sanitarios. Nuestro bienestar personal en los centros de servicios sociales. Y, sin embargo, permitimos que los profesionales sobre los que descansan los bienes más preciados de nuestra existencia, se vean abandonados a su suerte. Consentimos que muchos de esos servicios esenciales para la calidad de nuestras vidas sean gestionados por empresas privadas, cuyo objetivo prioritario no es nuestro bienestar, sino su beneficio económico.

Los formamos durante años y financiamos sus especialidades universitarias en docencia, sanidad, trabajo social. Veo como se esfuerzan por demostrar su profesionalidad cada día. Cómo asisten a cursos de especialización. Cómo tensan sus nervios para no perder  la paciencia y mantener intacta su vocación. Claro que hay quienes han caído en la desidia y en una suerte de muda desesperación. Y claro que hay quienes están ahí porque tiene que haber de todo. Pero eso ocurre en todas las profesiones, sin que por ello nadie convierta la excepción en un estado general de las cosas.

He dedicado muchos años al sindicalismo y he tenido que escuchar, no pocas veces, ese tipo de opiniones que descarga en los sindicatos toda la responsabilidad de los males que sacuden la vida de los trabajadores, muy por encima de  las responsabilidades de los empresarios, o de los gobiernos que legislan sobre los derechos laborales. También he tenido que enfrentarme a esas interpretaciones que convierten al extranjero en el causante de nuestras altas tasas de paro. Las versiones simplonas, pero claras y  entendibles, siempre suelen terminar por imponerse sobre razonamientos coherentes, pero complejos.

Entiendo que, quienes vemos denegado el acceso a un derecho, tenemos enfrente a un empleado público al que le pedimos explicaciones indignadas sobre las causas por las que se nos excluye de unos servicios o prestaciones, a los que considerábamos deberíamos poder acceder. Y, sin embargo, ese empleado público, no es el responsable de lo que consideramos desmanes inadmisibles. No basta con dar cuatro voces en una “ventanilla”, para que nuestros problemas se solucionen.

Compruebo, en muchas ocasiones, cómo esos trabajadores y trabajadoras, conscientes de las lamentables situaciones a las que nos vemos abocados, en no pocas ocasiones, nos animan a presentar reclamaciones, denuncias, quejas. Y compruebo también, en otras muchas ocasiones,  que estas acciones nunca son emprendidas por quienes alzan la voz ante un funcionario pero no dejan constancia escrita, ante ninguna instancia responsable de la buena gestión de los servicios.

Creo que contamos con magníficos profesionales y que merece la pena convertirlos en nuestros aliados en la defensa de derechos tan nuestros y esenciales, como el de la educación,  la sanidad y los servicios sociales. Hemos invertido mucho para formarlos y su trabajo como servidores públicos, es la llave que nos permite vivir como  mujeres y hombres libres e iguales a lo largo de toda nuestra vida.

Su buen trabajo son nuestros derechos.


Derecho a la dependencia

mayo 9, 2018

Corría el año 2006 y el gobierno de Zapatero conseguía aprobar en el Congreso (pese a las reticencias vergonzantes del PP) la que conocemos como Ley de Dependencia que, en realidad, se llamaba de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia. No era una ley de tantas. Venía a cubrir una de las grandes carencias de nuestro sistema de servicios sociales con respecto a los países avanzados de la Unión Europea.

El propio nombre de la ley es toda una declaración de intenciones. Nacemos completamente dependientes y, a lo largo de toda nuestra existencia, vamos consiguiendo ganarnos la vida por nosotros mismos y la capacidad de gobernar nuestras propias decisiones. Pero esto no ocurre así siempre, ni en todos los momentos de nuestras andadura personal. Desgraciadamente la suficiencia económica y la autonomía personal, son derechos nominales, que están lejos de ser aplicados con carácter universal.

La protección por desempleo debería cumplir la misión de asegurar recursos a cuantas personas han perdido su puesto de trabajo. Un sistema de rentas mínimas, debería permitir que quienes carecen de recursos, pudieran obtener unos ingresos mínimos garantizados. Un sistema de pensiones públicas debería asegurar la suficiencia económica para quienes han culminado una vida laboral y abren las puertas a una nueva etapa de su vida, eso que se conoce hoy como la tercera edad y, antes, llamábamos la vejez.

Sin embargo, las carencias y recortes en las prestaciones por desempleo, con la justificación de la crisis económica, ha hecho que muchas personas desempleadas se hayan visto privadas de recursos para atender a sus necesidades y las de sus familias. Las rentas mínimas viven en la dispersión, con leyes autonómicas variadas y variopintas, pero sin el paraguas de una reglamentación estatal que armonice y establezca unos mínimos para toda la ciudadanía española.

Las pensiones públicas, aún con su carácter estatal, sufren el acoso de quienes pretenden deteriorarlas de tal manera que se justifique la entrada de la iniciativa privada en el reparto de los cuantiosos recursos que las empresas y los trabajadores depositan en la caja única de la Seguridad Social. Tan sólo las movilizaciones de pensionistas a lo largo y ancho de la geografía española, parece que pueden contribuir a cambiar algo en la lógica aplicada por el PP hasta este momento.

En cuanto a la Atención a las situaciones de dependencia, los análisis y valoraciones realizados con motivo del cumplimiento de sus diez primeros años de su aplicación, dejan bastante claro que fue una ley que nació sin financiación garantizada, lo cual ha permitido que los gobiernos del  PP hayan reducido sustancialmente los recursos anuales para las personas dependientes.

De otra parte se ha obligado al sistema de servicios sociales a centrar el grueso de su esfuerzo en la gestión administrativa de la dependencia, impidiendo un desarrollo integral de sus funciones y obstaculizando la superación del papel asistencial, que les venía asignado desde los negros tiempos del franquismo.

Otra de las carencias esenciales, me parece que tiene que ver con la inexistencia de una real articulación de lo social con lo sanitario. Pongamos un ejemplo, si una persona dependiente tiene que ser ingresada en un hospital, no existen cauces establecidos para intercomunicar la atención hospitalaria y poshospitalarial, con la teleasistencia, la ayuda a domicilio, o los propios servicios sociales. La coordinación de la atención sanitaria con la social, brilla por su ausencia.

La participación social y la evaluación son otras dos carencias a las que los análisis de la  ley hacen referencia. Son dos carencias generalizadas en la políticas públicas españolas, que también aparecen en este caso. El despotismo de los gobiernos de turno, que se sienten legitimados por la exclusiva fuerza de los votos que obtiene cada cuatro años, para hacer y deshacer a su antojo y las prácticas de inaugurar, reinaugurar y volver a colocar ceremiosamente cada piedra, sin pararse a medir nunca la eficacia, la eficiencia, o el grado de satisfacción de las personas, forman parte del panorama de la política española, sin que nadie se pare nunca a evaluar.

Los tiempos están cambiando. La crisis parece que ha cedido el paso a una lenta, desigual e inestable recuperación. Los recortes deben ceder su protagonismo a la inversión. Las personas reclaman su protagonismo y políticas que atiendan sus necesidades. Los males de la dependencia, deben encontrar remedio cuanto antes. Porque si grave es la racanería del gobierno con las pensiones, aún más grave es el abandono mezquino al que se somete a las personas dependientes, que han conseguido un nuevo derecho por ley, pero se ven obligadas a demostrar continuamente que son merecedoras de ese derecho.

Los derechos se reivindican  y un día se conquistan, no son regalos, ni se suplen con beneficencia. La dependencia es un derecho y no una concesión graciable que hay que mendigar. Es la dignidad de las personas lo que está en juego.