Carta abierta a Francisco, cinco años en el Vaticano

abril 2, 2018

Francisco,

Permite que te tutee, como lo haría con aquel que un día te llamó para seguir su camino. Como me ocurre ya con demasiada frecuencia, no había pensado hacerte destinatario de esta carta. De nuevo, algo se cruzó en el camino, e hizo que cambiara los planes iniciales.

Estos días, las noticias daban cuenta de que hace cinco años fuiste elegido Papa. De forma casual, me encuentro un escrito que dirigiste a un grupo de sindicalistas reunidos en el Vaticano. Soy de los que aprendió de tu compatriota, Indio Juan, que no hay nada casual. Me parecieron signos de los tiempos que justificaban escribir esta carta. Además, la Semana Santa es momento propicio para reflexionar, sacar conclusiones y  enmendar errores.

Estos cinco años han sido muy duros para la inmensa mayoría de los habitantes de este planeta. Soy sindicalista y me he sentido interpelado por algunas de las peticiones, tal vez debería decir súplicas, que planteas en tu escrito.

Dices que los sindicalistas tenemos que ser expertos en solidaridad, que esa es nuestra vocación, para pedirnos, a continuación, que nos cuidemos de tres tentaciones. La primera, la del individualismo colectivista, es decir, de proteger sólo los intereses de sus representados, ignorando al resto de los pobres, marginados y excluidos del sistema.

Completamente de acuerdo, Francisco, un sindicato no es otra cosa que la clase trabajadora, cuando se organiza. Pero defender a los trabajadores, pegados al terreno, no puede terminar convirtiéndonos en los gestores del “cómo va lo mío”, olvidando a los pobres, marginados, excluidos. Permitiendo que haya quienes se nos quedan al borde del camino, cada vez más lejos.

Aquellos a los que el uruguayo Galeano llamaba los Nadies; a los que aquel francés de la Martinica, Frantz Fanon, denominó los condenados de la tierra y para los que Pablo Freire construyó su pedagogía de los oprimidos. Los pobres de obispos como Casaldáliga, o Hélder Cámara.

Lorenzo Milani, al que rendiste homenaje y oración ante su tumba en la aldeita de montaña llamada Barbiana, donde construyó su escuela parroquial para aquellos campesinos pobres y al que despejas el camino hacia la beatificación, los llamaba los últimos. Siguiendo las ideas de aquel Lorenzo, fui maestro, sin titulación alguna, para las chavalas y los chavales de mi barrio, expertos en fracaso educativo y abandono escolar.

El dictador Francisco Franco aún vivía y aquello que hacíamos parecía una tarea subversiva. La Carta a una Maestra, escrita colectivamente por Lorenzo Milani con sus alumnos de Barbiana y su Carta a los jueces (cuando le procesaron por defender a los objetores de conciencia), creo que han terminado insuflando en mí la idea de escribir cartas como ésta, siempre respetuosas en el fondo, irreverentes a veces en las formas

De él aprendí que cuando una persona elige el magisterio, el sacerdocio, el sindicalismo, la política, cuidar la salud de la gente, está eligiendo algunas de las profesiones más digas. Que el corporativismo es enemigo de cada una de estas profesiones. Que defender, educar, representar, curar, cuidar las almas, no consiste en instalarse como clase dirigente y nuevamente privilegiada. Me parece magnífica y oportuna tu reflexión. Sindicato viene del griego diken (hacer justicia) y syn (juntos). Sindicalismo es justicia y solidaridad.

Tu segundo mensaje es no menos sugerente. Mi segundo pedido es que se cuiden del cáncer social de la corrupción. Haces referencia a esos sindicalistas que entran en connivencia con los empresarios y los políticos, abandonando a su suerte a las personas, sus empleos y sus condiciones de trabajo.

Un comportamiento no muy distinto de aquel que Naguib Mahfuz nos describe en su Epopeya de los Miserables, cuando habla de los líderes de sus barrios populares, siempre tentados y a menudo seducidos por el dinero y el poder. Tú lo habrás visto en algunos príncipes de tu iglesia, yo también en algunos príncipes de la clase obrera. Por eso me parece tan importante ese grito que terminas lanzando, El mundo y la creación entera aguardan con esperanza a ser liberados de la corrupción. Sean factores de solidaridad y esperanza para todos. ¡No se dejen corromper!

La tercera petición a los sindicalistas es que no se olviden de su papel de educar conciencias en la solidaridad, el respeto y el cuidado. La crisis del trabajo, la crisis del medio ambiente necesitan políticas públicas e instituciones que cultiven virtudes sociales como la solidaridad global, que se me hace otra manera de describir el internacionalismo proletario, la solidaridad internacional.

Esa solidaridad global que debe permitirnos escapar del individualismo feroz, del consumismo insaciable, de los mitos del progreso material indefinido y de la realidad de un mercado sin reglas justas. Por eso terminas realizando un llamamiento  a poner en marcha acciones concretas, con mirada de trabajadores, que abran los caminos que conduzcan a un desarrollo humano integral, sostenible y solidario.

Suscribo punto por punto cada una de tus peticiones. Tal vez, me da por pensar, la causa de esta coincidencia se encuentra en que, salvadas las distancias geográficas y temporales, tú y yo hemos compartido momentos de dictaduras, transiciones, ilusiones, esperanzas, decepciones, desesperación, amargura, derrotas y unos pocos triunfos que, tan acostumbrados como estábamos a perder, se nos hacían increíbles y hasta desconcertantes. Algún día, en privado, espero poder decirte literalmente cómo lo expresa por aquí, nuestra gente.

Tus palabras a los sindicalistas me hacen concebir alguna esperanza de que aún es posible construir una Confederación de las Almas (o de las islas y los valles), parecida a la que el Doctor Cardoso planteaba a Pereira, en el hermoso libro de Antonio Tabucchi. Algo que mi hijo preferiría formular al estilo Star Wars, Soy uno con la fuerza, la fuerza está conmigo.

La esperanza de que las gentes sencillas seamos capaces de imponernos a la barbarie, la violencia y la opresión; vencer el individualismo, el egoísmo exacerbado, al fundamentalismo como ideario vital y la corrupción como sistema. Abrir las amplias alamedas a la solidaridad global, al respeto a las personas, a la dignidad de cada vida en el planeta.

Nadie está libre de caer en las tentaciones sobre las que alertas a los sindicalistas. Esas tentaciones son, con frecuencia, norma de comportamiento y ley de vida para muchos detentadores del poder y del dinero y forman parte de la cultura que intentan imponer en el mundo. Pero es cierto que, desde un compromiso religioso, o sindical, caer en esas tentaciones supone renunciar a cuanto ha dado sentido a nuestras vidas y ha dado valor a nuestros sacrificios.

Francisco, nacido porteño con el nombre de Jorge Mario Bergoglio, he conocido a muchos compatriotas tuyos. Buena gente que vivía su exilio junto a mí. Grandes profesionales, cada uno en lo suyo. La guitarra, o el periodismo; la fotografía, o la escena; la fisioterapia, o la edición. Muchos se quedaron, otros volvieron cuando la dictadura terminó y las circunstancias lo permitieron. Pasados los años, aunque ya no nos veamos, esas mujeres y esos hombres, forman parte de mí, de mi forma de ser y de entenderme. Todas y todos tenían un encanto especial. Esa magia que también tú tienes y que debe ayudarnos a ser, a comprender, a entendernos.

Con afecto,

Francisco Javier López Martín

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La guerra de las pensiones

marzo 6, 2018

Hace unas semanas escribí sobre las movilizaciones de los pensionistas frente al Congreso de los Diputados. Titulaba el artículo Los pensionistas toman la calle. Advertía que dejar que las cosas se pudran para justificar el desmantelamiento de las políticas públicas, es una estrategia suicida, cuando quienes reclaman soluciones son más de nueve millones de personas que comienzan a estar hartas y que no están dispuestas a apechugar con la carga del abandono de las políticas de protección social.

Esta semana, los mayores han vuelto a la calle de forma aún más masiva y, mientras esto ocurre, el gobierno sigue enviando a su ministra más rociera a entonar la cantinela de que la crisis ha sido benévola con nuestro mayores, que total no han perdido tanto poder adquisitivo y que les preocupa mucho el futuro de las pensiones.

Pero la cruda realidad es que, desde la reforma de las pensiones del PP en 2013, las subidas anuales de las pensiones son cada vez más miserables. El 0´25% de subida de este año no tiene nada que ver con el crecimiento de la inflación del año anterior, ni con las previsiones para finales de 2018.

Vivimos en un país que crece a ritmos de entre el 2 y el 3 por ciento. Ya se encarga el gobierno de explicar lo bien que nos va económicamente. Nuestra Constitución, esa que va a cumplir 40 años, esa misma que el gobierno no ve motivos para cambiar, la que establece claramente que Los poderes públicos garantizarán mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica de los ciudadanos durante la tercera edad.

Sin embargo,los pensionistas ven menguar su poder adquisitivo. Tienen que cubrir las necesidades de sus familias, laceradas por el paro y condenadas a la precariedad laboral y vital. Ven subir los precios de los productos y consumos básicos, como la luz o el gas, muy por encima de su pensión.

Pero es que, además, elementos esenciales de protección social, como la Sanidad, o la Atención a la Dependencia, los Servicios Sociales, se han resentido duramente con los recortes del gobierno durante la crisis y agudizan el empobrecimiento real, no sólo de las rentas, sino de la vida cotidiana de nuestros mayores.

Ahora que se avecinan el 8 de marzo y la Huelga feminista convocada en toda España, conviene resaltar que la famosa brecha salarial alcanza en las pensiones dimensiones escandalosas, a causa de la discriminación a la que se han visto sometidas las mujeres cuando han conseguido acceder a un empleo. Por eso la cuantía de sus rentas se encuentran lastrada por cotizaciones más bajas a la Seguridad Social y amplios periodos sin trabajar, lo cual da lugar a pensiones mínimas, cuando no se ven condenadas directamente a Pensiones No Contributivas, que obligan a muchas mujeres a vivir con menos de 400 euros al mes.

Mientras tanto, la banca y las aseguradoras privadas (basta leer las declaraciones recientes de la Presidenta de las organizaciones aseguradoras, UNESPA), redoblan sus cantinelas y para que lluevan los recursos de las pensiones sobre su cartera de negocios. La justificación es que el sistema de pensiones es insostenible. Pero lo verdaderamente imposible es conseguir que la Seguridad Social obtenga los recursos necesarios para mantener las pensiones actuales y futuras, cuando la reforma laboral del PP ha propiciado que el empleo que se crea sea temporal, a tiempo parcial y mal pagado. Así, las cotizaciones a la Seguridad Social crecen mucho menos que el empleo.

Sin trabajo decente, sin salarios dignos, con bonificaciones que cargan sobre los ingresos de la Seguridad Social todo tipo de políticas de apoyo a la creación de cualquier tipo de empleo; sin recursos suficientes para perseguir el fraude en la contratación, lo normal es que no haya recursos suficientes.

Hay muchas cosas que se podrían hacer para que los recursos procedentes de las cotizaciones sociales aumentaran hasta cubrir las necesidades actuales. Estamos a tiempo de prevenir y afrontar el futuro. Pero el gobierno parece haber tirado la toalla y cedido a las presiones privatizadoras que profundizan el deterioro de la protección social.

Deberían de entender, aunque no lo harán, que las maniobras de distracción tienen un tope y que las personas mayores están alcanzando su límite de tolerancia. La guerra de las pensiones puede tener un coste impagable para un gobierno que arrastra ya una pesada mochila de incompetencia, casos de corrupción y puertas giratorias que demuestran que, lejos de defender los intereses de la mayoría, ejerce de portavoz y adalid de los intereses de los más ricos y poderosos.


Desprotección de las personas en paro

febrero 8, 2018

Hubo un momento, al principio de la crisis, allá por el año 2010, en el que el porcentaje de personas que se encontraban protegidas por alguna prestación por desempleo alcanzaba el 78,4 por ciento. Aquel tiempo en el que el gobierno socialista de Zapatero, intentaba aplicar recetas que inyectasen dinero en las economías familiares para animar el consumo, e iniciar la senda de la recuperación económica.

Esa política conducía, entre otras cosas, a que la tasa de cobertura por desempleo fuera elevada. Más de tres de cada cuatro personas paradas contaba con algún ingreso para asegurar su suficiencia económica y su autonomía personal. Hubo algunos meses en los que la cobertura por desempleo alcanzó el 80 por ciento. Cuatro de cada cinco personas paradas percibía alguna prestación económica.  Sin embargo eso iba a cambiar pronto.

En primer lugar, porque la crisis iba a ser extraordinariamente larga. Era una crisis atípica, sin precedentes. Y, sobre todo, porque los gobiernos europeos se embarcaron en una cadena de recortes y ajustes que alargaron el sufrimiento y  deterioraron la calidad de vida de la ciudadanía. Una política a la que el nuevo gobierno de mayoría absoluta del PP se apuntó de inmediato. Dos huelgas generales no consiguieron torcer este designio de los dioses del Olimpo bruselense, en connivencia con los pedestres semidioses monclovitas.

Las consecuencias sobre la sociedad y la política aún están por sentirse en toda su extensión y profundidad. Pero algunos de sus efectos ya son visibles en los comportamientos electorales y en determinados fenómenos como el racismo, el rechazo a la acogida de refugiados, o el resurgir de la ultraderecha.

La crisis ha destruido mucho empleo, es cierto. Las altas cifras de paro amenazan con perpetuarse como una realidad que nos acompañará durante muchos años más, por no decir para siempre. El desempleo se convierte en paro de larga duración y luego en paro de muy larga duración para muchas  personas y colectivos. Nuestros jóvenes huyen del país. Los mayores de 40 años, lo tienen bastante más difícil.

El hecho es que el porcentaje de personas cubiertas con alguna prestación por desempleo se encuentra ahora en un raspado 58,6 por ciento, Y esto, teniendo en cuenta que, al tratarse de personas que llevan años en el paro, sólo tienen ya derecho a percibir una ayuda asistencial, hasta el punto de que esas ayudas alcanzan ya al 57 por ciento de quienes cobran algún dinero del desempleo. La caída de la cobertura durante los últimos ochos años ha sido brutal.

Mientras la Ministra de Empleo sigue loando los pírricos triunfos gubernamentales en materia de creación de empleo, sigue obviando algunas propuestas que los sindicatos han planteado reiteradamente durante la crisis. A la vista de las limitaciones del PAE (Programa de Activación para el Empleo), sería urgente pensar en las personas paradas de larga duración, poniendo en marcha medidas como un Plan de Choque para la Recuperación de las personas paradas que llevan años hundidas en el desempleo.

Otra medida, para evitar la pobreza y la exclusión social de las personas paradas, sería la implantación de la Prestación de Ingresos Mínimos, que viene siendo sometida al ninguneo gubernamental, pese a haber sido tramitada en el Congreso de los Diputados como Iniciativa Legislativa Popular, tras recoger los sindicatos los centenares de miles de firmas necesarias. Una prestación que podría alcanzar a 1´9 millones de personas desempleadas y que podría ser costeada simplemente con recuperar esos 13.600 millones de euros que se han perdido en gastos por desempleo, a causa de los recortes del PP.

Si de verdad el gobierno cree que estamos saliendo de la crisis y creando empleo, éste sería, además, un gasto transitorio que permitiría animar la recuperación económica, crear empleo y reducir el paro. Una prestación que iría reduciendo su cuantía, por lo tanto.  Un gasto que evitaría la situación insostenible de muchas familias que llevan soportando la lacra del desempleo, durante largos años. Lo que no es de recibo es seguir mareando a las personas y a las organizaciones que las representan social y laboralmente.


En el homenaje a los de Atocha

enero 31, 2018

Como cada 24 de enero el Auditorio Marcelino Camacho, con sus cerca de mil butacas, se llena para la entrega de los Premios anuales de la Fundación Abogados de Atocha. Muy de mañana, depositamos coronas de flores en el cementerio de Carabanchel, donde se encuentran enterrados Francisco Javier Sauquillo y Enrique Valdelvira. A continuación llevamos otra corona de flores al cementerio de San Isidro. Hacemos un recorrido entre los magníficos mausoleos levantados por familias de renombre y acabamos depositando la corona en la tumba de la familia Orgaz, donde descansa Luis Javier Benavides. Muy cerca se encuentra la tumba del Padre Llanos, al que tanto admiraba.

El cuarto de los abogados descansa en Salamanca y el compañero que trabajaba en el despacho, como administrativo, aquel que entregó aquella misma mañana del 24 de enero de 1977 un bolígrafo Inoxcrom a Alejandro Ruiz-Huerta, el bolígrafo que desvió, horas más tarde, la trayectoria de la bala que hubiera acabado con su vida, Angel Rodríguez Leal, descansa en su pueblo conquense de Casasimarro.

Pero iba diciendo que el Auditorio, como cada año, se encontraba lleno. En las primeras filas, los representantes institucionales de la Asamblea de Madrid, del Ayuntamiento de la capital, de otros municipios y de otras instituciones cercanas a la Fundación, como el Colegio de Abogados de Madrid, o el Consejo General de la Abogacía. Entre el público muchos de quienes fueron compañeros, o siguieron el camino de los de Atocha.

Veo a Enrique Lillo, fraguado en mil batallas legales, la última de ellas la de torcer el brazo de la todopoderosa multinacional Coca-Cola ante los tribunales.

Más abogados y abogadas, como Patri (al que casi nadie conoce como José Luis Núñez) o como Paca Sauquillo y Cristina Almeida. El Comandante Otero, de la UMD. Representantes de la Confederación de CCOO, encabezados por Unai Sordo. Hay bastantes jóvenes, pero es día de diario, de estudio y de trabajo y hay muchos mayores. Por allí andan Salce Elvira, Juanjo del Aguila, Paquita, Victor Díaz Cardiel, Agustín Moreno, Paco Hortet. Un niño llora en brazos de su madre.

Tras la inauguración a cargo del Secretario General de CCOO de Madrid, Jaime Cedrún, este año incorporamos al acto la novedad de la entrega de los premios de narrativa joven Abogados de Atocha. Hemos recibido ejemplares de toda España y de numerosos países latinoamericanos. El reconocimiento a los de Atocha desborda nuestras fronteras y su modelo de defensa pacífica de los derechos laborales y sociales tiene muchos seguidores por todo el mundo.

En esta ocasión, la ganadora del certamen de relatos viene de Cantabria, con un hermoso relato sobre una niña palestina titulado Hasta luego Futuro y el segundo y tercer premios, han llegado desde Madrid y Granada, con narraciones que hablan de igualdad y memoria. Los podéis leer en la página web de la Fundación.

Luego llega el momento de los saludos. En representación del Consejo General de la Abogacía, nos dirige la palabra Victoria Ortega y, como Decano del Colegio de Abogados de Madrid, José María Alonso. Son ellos quienes nos recuerdan que los Abogados de Atocha son referencia obligada en el mundo del derecho. No sólo en España. El 24 de enero, precisamente en recuerdo de los de Atocha, ha sido elegido por la Asociación Europea de Abogados Demócratas como Día del Abogado Amenazado.

Ya os conté que los Premios Abogados de Atocha de este año han recaído en Pepe Mujica y en Reporteros Sin Fronteras. Sólo reseñar que Mujica no puede viajar desde Uruguay hasta Madrid en pleno invierno español. Ya le entregaremos el premio cuando venga en primavera. Mientras tanto, manda un vídeo con una hermosa intervención de agradecimiento. Alfonso Armada, Presidente de Reporteros Sin Fronteras resalta la importancia de unir la defensa de la justicia, con la libertad de expresión y de información.

Si algo quiero retener en el recuerdo de este acto son, precisamente, algunas referencias reiteradas en las intervenciones, ponen en evidencia que la calidad del Estado de Derecho se asienta en el derecho a la defensa, por incómoda e ingrata que sea la tarea de hacer que nadie sea más que nadie ante la justicia. Quiero retener, también, esas gotitas libertarias, a las que alguien aludió, que representaban los jóvenes abogados laboralistas y vecinales de Atocha. Gotas de futuro, mucho más que herencia anclada en el pasado.


Atención al ciudadano

enero 31, 2018

Es frecuente que nuestros políticos anuncien su intención de gobernar de forma cercana a las personas. Cada vez con más frecuencia anuncian la creación de un servicio integral, oficina, departamento, página web, canal, red, de atención a cualquier tipo de reclamación, queja, felicitación, o sugerencia de la ciudadanía. No es necesario ni que te pases por una ventanilla, con el engorro que supone sacar un número, guardar cola hasta ser atendido, atenerse a un horario. Basta navegar a cualquier hora del día o la noche por los siderales mundos internautas para que los problemas encuentren un cauce de solución. Este tipo de iniciativas, puestas en marcha por ministerios, organismos, ayuntamientos, consejerías, empresas públicas y privadas, comunidades autónomas, tienen mucho éxito mediático. Se inauguran por primera vez, se inauguran los primeros datos del número de personas atendidas por el servicio en su primera semana, su primer mes, su primer semestre, o su primer año. Se inauguran las primeras evaluaciones y se reinaugura el servicio, mejorado gracias a las sugerencias de los propios ciudadanos y ciudadanas. No necesitas contratar personal de ventanilla especializado. Un solo funcionario, contratado y hasta una empresa subcontratada por una contrata privada del servicio público en cuestión pueden dar buena cuenta de lo acaecido, con muy poco coste y mucho beneficio para el responsable político de turno.

Caso Práctico: Diríjase a una de esas páginas, correos, redes, oficinas, servicios, con una sugerencia, reclamación, o queja. Lo de la felicitación siempre tendrá buena acogida. Recibirá inmediatamente un mensaje automático de que ha llegado a buen puerto y en menos de un mes recibirá respuesta. Antes del mes compruebe si recibe una respuesta similar a esta: Le agradecemos que haya utilizado el Sistema de Sugerencia, Reclamaciones, Felicitaciones y Quejas de (aquí el nombre de tal o cual organismo). En relación con su solicitud, le informamos que a través de este sistema sólo se tramitan las sugerencias, reclamaciones y felicitaciones relativas al funcionamiento de los servicios prestados por (aquí, de nuevo, nombre del organismo). Tras esta amable introducción, te indicarán las muchas ventanillas, registros físicos, registros telemáticos, dirección del callejero, o de correo electrónico, teléfonos, oficinas, páginas web, a las que deberás dirigirte si de verdad quieres resolver el asunto. Eso sí, exponiendo los hechos en los que fundamenta su pretensión, así como aportando las pruebas que estime oportunas para la defensa de sus derechos e intereses. Imagino que se refiere a los derechos e intereses de las personas que justifican la creación y mantenimiento del susodicho Servicio. Eso sí, todo viene debidamente firmado por la Subdirección correspondiente. La Dirección pocas veces se deja ver en estas cuestiones de poca monta y se ve que se reserva para casos de más enjundia.

Tras la prueba, amable lector, o lectora, ya me cuentas los resultados.


Los pensionistas toman la plaza

enero 31, 2018

Esta semana pasada los pensionistas han salido a la calle. En Madrid se concentraron ante el Parlamento. Eran tantos que la Carrera de San Jerónimo quedó cortada y la Plaza de las Cortes estaba a rebosar. Algunos diputados salieron también a la calle a escuchar la voz de nuestras personas mayores, convocadas por CCOO y UGT.

Esto de salir a la calle es como un termómetro. Para que nuestras personas mayores hayan comenzado a salir por miles a la calle algo debe de estar pasando. España es así. Todo el solar patrio parece una engañosa balsa de aceite y quien gobierna piensa que puede seguir igual sin hacer nada de nada. Todo parece estar tranquilo.

Hasta que, de pronto, sin previo aviso, el malestar acumulado estalla. Nadie sabe muy bien por qué. Las calles se llenan. Los gobernantes se asombran. Ven conspiraciones por doquier. Echan la culpa a la oposición que calienta la calle porque huelen elecciones. Hacen de todo, menos ponerse a pensar en los motivos del estallido.

Lo cierto es que a cualquier persona decente le daría por pensar que, tal vez, la crisis está siendo demasiado larga y tremendamente dura para las personas. Tomaría en consideración que la falta de revueltas callejeras sólo se explica porque las familias actúan en España como paraguas protector para los jóvenes que no encuentran empleo, o para los hijos que pierden su trabajo y no encuentran nada durante meses y hasta años. Para los nietos, que tienen que seguir estudiando y comiendo, gastando ropa y rompiendo zapatillas de deportes.

Ahora llegan los economistas de postín y anuncian que nuestros pensionistas no son los más damnificados de la crisis. No deberían quejarse tanto porque han mantenido el “poder adquisitivo” mejor que sus hijos o sus nietos. No toman en cuenta, esos sesudos economistas, que adulan al gobierno y a los poderosos, que son esos pensionistas los que han corrido a tapar los agujeros familiares que ha ido dejando abiertos el gobierno.

Esos pensionistas que cobran, como media, menos de 920 euros al mes. Para los que la pensión más frecuente es de poco más de 650 euros. Los que ven que la revalorización de su pensión nunca supera el 0´25 por ciento, cuando la riqueza del país crece un 3. Que la mitad de los pensionistas no llega al miserable Salario Mínimo Interprofesional. Que casi uno de cada cuatro pensionistas vive bajo el umbral de la pobreza y que casi la mitad de los 9 millones de pensionistas ayudan a sus familias durante la crisis.

Los economistas que no vieron venir la crisis, se aplican ahora a espolear al gobierno para que tome decisiones sobre unas pensiones “insostenibles”. Y ese gobierno, servicial con los poderosos, se apresta a participar en el juego. La última propuesta-sonda, preparatoria del camino, consiste en plantear que la persona que se va a jubilar elija el periodo de cálculo pudiendo contabilizar toda la vida laboral. Eso beneficiaría hoy a algunos, pero perjudicará a casi todos en el futuro.

Es la hora de preguntar a nuestro gobierno si empezamos a negociar medidas que harían posible sostener las pensiones, en el marco del Pacto de Toledo. Medidas como incrementar las cotizaciones sociales, mientras la crisis persista; incrementar las bases máximas de cotización; equiparar las bases medias de cotización de asalariados y autónomos; financiar con impuestos determinadas prestaciones que ahora paga la Seguridad Social, como las de supervivencia; que el Estado pague los gastos de Administración de la Seguridad Social, como hace con cualquier ministerio; o combatir la economía sumergida, el fraude en las contrataciones y cotizaciones a la Seguridad Social.

Medidas como éstas, contribuirían a elevar los ingresos anuales de la Seguridad Social en más de 70.000 millones de euros, lo cual mejoraría la financiación de nuestro gasto en pensiones, teniendo en cuenta que no llegamos al 12 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB), cuando la mayoría de países europeos de nuestro entorno está ya dedicando en torno al 15 por ciento a pagar pensiones.

El gobierno elige. Dejar que las cosas se pudran para justificar el desmantelamiento de las políticas públicas, o defender a más de nueve millones de personas que comienzan a estar hartas y que no están dispuestas a apechugar con la carga del abandono de las políticas de protección social. Si de verdad la crisis se está superando, nuestros pensionistas lo tienen también que notar. Las pensiones de hoy y las de mañana son sostenibles, si nos lo tomamos en serio.


Carta abierta a Méndez de Vigo

enero 16, 2018

My country, right or wrong

Carl Schurz

My mother, drunk or sober

Chesterton

My country, right or left

George Orwell

 

Iñigo,

Permite que te tutee. A fin de cuentas tenemos prácticamente la misma edad, año arriba, año abajo. Sólo hemos coincidido, personalmente y que yo recuerde, una vez. Creo que fue cuando el Congreso de los Diputados decidió colgar el cuadro de El Abrazo, de Juan Genovés, símbolo de la Transición española, en el vestíbulo de uno de sus edificios en la Carrera de San Jerónimo.

Creo recordar que hiciste un discurso centrado en la tesis de que el ciclo que abrió Picasso con el Guernica en 1937, concluye con El Abrazo de Genovés en 1976. Momento, según dijiste, en el que fuimos capaces de separar lo principal de lo accesorio y ponernos de acuerdo, abriendo una larga etapa de convivencia democrática.

Una convivencia de 40 años en la que el cuadro descansó el sueño de la memoria incómoda, en los sótanos del Museo Reina Sofía (pese a nuestras quejas reiteradas), hasta que las necesidades del guión político hicieron necesario  reivindicar un estilo de hacer política que terminó por coincidir con nuestras reivindicaciones.

Allí, en el cuadro, están unos españoles dándose un abrazo, junto a los retratos de los reyes eméritos, los de nos nuevos reyes y los bustos de los Presidentes de la República Niceto Alcalá Zamora, Manuel Azaña y de quien luchó con más ahínco por el derecho al voto de la mujer, Clara Campoamor.

Y, sin embargo qué vidas tan diferentes la tuya y la mía, ministro. Tu árbol genealógico hunde sus raíces en personajes como el Marqués de Cubas y va estableciendo transversales de parentescos cruzados con las casas aristocráticas de media España, que fueron sembrando racimos de títulos. Los de Cubas, los Aldama, los de Atarfe, Areny, Arcentales  y hasta el condado pontificio de Santa María de Sisla.

Pese a lo prolijo y abundante de las ascendencias y descendencias, hasta una baronía de Claret ha llegado hasta ti y terminaste casando con la nieta de los marqueses de  Bolarque, e hija del marqués de Albayda. Mis raíces son, al menos, tan largas como las tuyas, pero deben ser más hondas y no  tan expuestas a la luz.

Los tuyos, tu familia y tu gente eran monárquicos. Los míos debieron serlo poco. En la casa de tu abuela trabajó un tiempo, no  mucho (un día te contaré por qué), mi madre, como parte de lo que llamaban el” cuerpo de casa”. Lavaba ropa y planchaba, en una casa donde se servía el “té de la gallina”, reunión de señoras en la cual, en sonadas ocasiones, aparecía Carmen Polo de Franco. Ya tu abuelo había sido ayudante de cámara de Alfonso XIII y participó en el alzamiento del 36, falleciendo en combate. Mis abuelos también fueron a la guerra, en el otro bando y pagaron con la vida y con la cárcel su osadía.

Tu padre llegó a ayudante, o asistente, del dictador. A su boda, en San Jerónimo el Real, asistieron Carmen Polo, Ramón Serrano Suñer, Girón de Velasco.  El mío era cantero, albañil, portero y se casó en el pueblo por el mismo tiempo que el tuyo, por lo cual, siendo tú y yo primogénitos, nacimos año arriba o abajo.

Mi padre murió, como el tuyo, a principios de los 80. Tú has realizado la carrera de derecho y te has desenvuelto como profesor, europarlamentario, secretario de Estado, ministro. Yo hice magisterio, que era la carrera de los hijos tontos de los ricos y los hijos listos de los pobres. Luego Geografía e Historia en la UNED y soy maestro del ministerio que hoy diriges.

Pasas por pertenecer a los sectores ultracatólicos del PP, junto a  los Trillo, Guindos, Báñez, Morenés, o Tocino. Amante de las obras de beneficencia. Yo ya no sé bien ni lo que soy. Si de alguna iglesia he de ser, elijo la de los pobres y de la liberación. También un poco socialista, comunista, libertario, republicano… un laberinto por el que he tenido que aprender a transitar, vaya. De esa amalgama que tus ancestros llamaban de la “cáscara amarga”. Tus formas son educadas, las mías no tanto, no siempre. Por lo demás, imagino que intentas ser feliz, a tu manera, como yo lo intento, a la mía.

Henos aquí, Iñigo, tú al frente del ministerio de mi oficio, en un momento en el que hay que redefinir la educación para los próximos treinta, o cuarenta, años. Eso que todos llamáis el Pacto Educativo, del que dependerá que tengamos, o no, en el futuro, una educación para la libertad y la igualdad que actúe como pilar de la democracia.

La crisis ha destrozado buena parte de los compromisos adquiridos durante la transición democrática. La corrupción ha hecho el resto, promoviendo cesiones de suelo, prebendas y ayudas para centros privados concertados, frecuentemente de ideología neoconservadora. Las prácticas neoliberales en lo económico, han producido  un uso y abuso de la educación entendida como negocio y adoctrinamiento. Por eso el Pacto no puede ser un trágala, una aceptación de los recortes y las desigualdades que se han apoderado del sistema educativo.

Tal vez suscribieras la máxima de Carl Schurz y seguro que los dos nos acogeríamos a la divisa de Chesterton. Yo, por mi parte, estoy dispuesto a adoptar la posición de Orwell y aparcar nuestras vidas tan diferentes, la tuya y la mía, portadoras de las vidas de los tuyos y los míos, si de lo que se trata es de hacer que quienes vienen detrás de nosotros, crezcan educados en libertad y en igualdad. Nada más, Iñigo, pero tampoco nada menos.

Dale una vuelta estas Navidades.