El papel de lo público en la Formación para el Empleo

mayo 28, 2018

Mi experiencia en materia de formación para el empleo es limitada y se encuentra muy condicionada por la crisis económica y los efectos de las políticas de recortes aplicadas por el gobierno. Pero, a base de darle algunas vueltas al asunto de la formación de los trabajadores y trabajadoras en nuestro país, he llegado a la conclusión de que uno de los problemas de la Formación para el Empleo reside en que, desde sus comienzos, fue concebida como un instrumento separado de la administración educativa y exclusivamente vinculada a las políticas de empleo.

Los centros de formación profesional, los centros de educación de las personas adultas, o las universidades, han pintado siempre muy poco, tendiendo a nada, en el subsistema de formación para el empleo, que ha creado sus propias redes de formación, de espaldas al sistema educativo.

La crisis ha supuesto un aumento del paro y, en consecuencia, un deterioro brutal de los recursos dedicados a Formación Profesional para el Empleo (que se nutre de la cuota de formación que pagan empresas y trabajadores), que ha obligado a revisar en profundidad el funcionamiento del subsistema. Sin embargo ,en las reformas sin consenso, hasta las mejores intenciones acaban diluidas. Termina por reorganizarse el negocio, sin aportar soluciones reales.

Cuando la crisis cede paso a la recuperación, el empleo crece, se recauda más cuota de formación, comprobamos que el sistema se ha reorganizado para establecer los nuevos cauces a través de los cuales unos recursos cada vez mayores, fluyen por nuevas vías… hacia los mismos bolsillos. Eso sí, con menos intermediarios.

A la manera más clásica y lampedusiana, todo ha cambiado para que nada cambie. La formación se hará en función de las necesidades de las empresas de formación y las administraciones competentes, con un peso ínfimo de las necesidades reales de empresas y trabajadores. Creo, sinceramente, que la crisis no ha supuesto una oportunidad para corregir en profundidad los males del sistema de formación permanente de trabajadores y trabajadoras en nuestro país.

Un buen ejemplo práctico es el fracaso de uno de los empeños sindicales, ante la reforma planteada por el gobierno, que consistió en abrir las puertas a una mayor participación de los centros educativos públicos en la formación de las personas trabajadoras, incluyendo reservas específicas de recursos para este tipo de centros y facilitando que los centros públicos sean considerados como proveedores directos de formación desde la propia administración.

Al final ni las Comunidades Autónomas, ni el Gobierno Central, han hecho gran cosa, salvo honrosas excepciones, como el caso de las Islas Baleares, por abrir  esta vía de participación de los centros públicos de formación, que permitiría enriquecer el conjunto del sistema y vincular más al Ministerio de Educación con eso que se denomina subsistema de Formación para el Empleo, dependiente, en exclusiva, del Ministerio de Empleo.

Un sistema que ha olvidado que la formación es un derecho personal a lo largo de toda la vida y, además, una necesidad para el futuro de las empresas. Tal vez si hubiéramos aprovechado la crisis para revisar en profundidad nuestro sistema productivo, tendríamos una oportunidad de detectar nuevas necesidades formativas. Desgraciadamente no ha sido así y Mariano Rajoy ha preferido esperar a que la marea creciente de la economía libere al barco varado.

El problema es que volvemos a la construcción y el turismo, como motores de la economía. Volvemos al endeudamiento de las familias, a los servicios inmobiliarios. A la hostelería, el comercio, la pizza, la hamburguesa y mucho amazon, mucho reparto a domicilio en bicicleta, llueva, nieve, o aunque el sol derrita las aceras.

Empleo precario, temporal, mal pagado, sin derechos y hasta sin contrato, que para eso se ha inventado un falso empleo autónomo. Se ha puesto en marcha un empleo de baja cualificación. Se han promocionado contratos de formación sin formación real. Becarios que terminarán pagando  por trabajar y aprender algo en una cocina.

Cuando yo era un niño había una serie televisiva de médicos que condujo a toda una generación a engrosar las listas del paro sanitario. Pronto nos sobrarán cocineros, cantantes y sastres, además de aspirantes a youtuber, probadores, o diseñadores, de videojuegos, diseñadores de robots.

Cando los gobiernos no gobiernan, no evalúan, analizan, proponen, negocian, empujan, o tiran del carro, el mundo sigue girando y el país continúa funcionando, pero la selva se adueña del paisaje urbano. Todo funciona, pero bajo la ley de la selva, que suele ser la ley del más fuerte.

Lo público, lo de todas y todos, también en la formación, tiene que recuperar su papel de gobierno, de facilitar la participación, de orientación, de hacer posible la igualdad de oportunidades y la libertad real de las personas.

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Carta abierta a los habitantes de Lebu (Chile)

mayo 9, 2018

Queridos habitantes de Lebu,

Escribo esta carta para agradecer la concesión del Premio Literario Gonzalo Rojas Pizarro, que el jurado ha decidido concederme en ésta su XV edición. Hace poco más de mes y medio recibí un correo electrónico del Coordinador del Concurso, Jaime Magnan, informándome del fallo del jurado.

De acuerdo con el Acta suscrita por el jurado de este apartado, publicada en el transcurso de este día, me complace notificar que su trabajo “Sagrada Familia”, registrada con el Nº 333, firmado con el seudónimo Dios, se ha ungido Primer Lugar en nuestro certamen. A continuación, Jaime, tras felicitarme, me informaba que el acto de entrega de premios tendría lugar el 4 de mayo.

Pocas cosas me hubieran llenado de más orgullo que poder compartir con vosotras y vosotros ese momento. Algunas circunstancias personales me impedirán hacerlo. Por eso me comprometí con Jaime a enviar un vídeo, que pudiera ser proyectado en el acto.

Vayan primero las presentaciones. Soy el hijo de una criada nacida en un  pueblecito toledano, cercano a Talavera de la Reina llamado Mejorada y de un cantero de un pequeño pueblo de la Sierra de Guadarrama llamado Collado Mediano.

Los padres de la criada, de nombre Sara, tuvieron que huir de las tropas franquistas, que en el año 36 del siglo pasado, avanzaban imbatibles hacia Madrid. Tras combatir en aquella Guerra entre hermanos, tuvieron que pagar con cárcel haber dirigido las Juventudes Socialistas Unificadas del pueblo, que ocuparon la Casa del Cura y convirtieron la iglesia en un Salón de Baile, instalando en el mismo un aparato infernal llamado radio.

En cuanto al padre de Francisco, el cantero, al que todos conocían como Paco y al que apodaban Charivari, partió a la Sierra a defender la República de Trabajadores, amenazada por las tropas sublevadas. Mis hijas (tengo dos hijas y un hijo aún adolescente), han descubierto en un apunte del Archivo Histórico de Salamanca (el dedicado por la dictadura a fichar a masones y comunistas), que mi abuelo pertenecía a la Unión General de Trabajadores (UGT), al Partido Comunista de España (PCE) y se alistó en el Quinto Regimiento, aquel al que perteneció el poeta Miguel Hernández. Desapareció, mi abuelo, en el confuso final de la Guerra y nadie sabe dónde descansa su cuerpo. Si en un erial, una trinchera, o un campo de concentración francés.

Yo crecí rodeado de silencio y miedo. Los niños no teníamos que saber estas cosas. Cualquier comentario fuera de la casa podía traer malas consecuencias. Mejor no saber. Mejor callar. Mejor que la memoria no llegara a alcanzarnos y devorarnos. Aunque nadie nos lo dijo nunca, sabíamos que éramos hijos de perdedores.

Al final, mis padres acabaron en Madrid, en un barrio del Sur más profundo, llamado Villaverde. Allí me hice maestro antes de estudiar magisterio. Luego me licencié en historia, para intentar explicarme y explicar tanta oscuridad, desmemoria, pasado oculto, vidas escondidas y humilladas. Y me di cuenta de que la existencia de aquellas gentes que habitábamos en el Sur, estaba llena de enormes cantidades de polvo de misterio y no podía ser explicada sólo con investigaciones históricas. Por eso comencé a escribir artículos, pequeños ensayos, un libro sobre el Primero de Mayo en Madrid, poemas y relatos en La Tierra de los Nadie.

No soy un profesional de la escritura. Soy maestro de profesión y sindicalista de las Comisiones Obreras de España. Escribo a ratos perdidos. Algunas noches envío un relato, algunos poemas, a concursos literarios y así he ido recibiendo premios en lugares como las cuencas mineras asturianas, o el Voces del Chamamé en Oviedo; en el pueblecito de Sopó, ubicado en el Departamento de Cundinamarca, Colombia; en Lima, provincia de Buenos Aires; en Hervás, un pequeño pueblo del Valle del Ambroz, al Norte de Cáceres; o en Lekunberri, un pueblecito navarro a mitad de camino entre Pamplona y San Sebastián.

Premios que nunca tienen grandes dotaciones económicas. A veces conllevan la publicación de los poemas, o de los relatos. Para mí son grandes premios. Para mí es suficiente premio el que un jurado me haya leído y haya sentido que algo en mi escrito le  hacía vibrar.

Cuando recibí el correo de Jaime, debo confesarlo, lo primero que hice fue adentrarme en internet para ver dónde se encontraba Lebu. Pronto me di cuenta de que escribiendo sobre las gentes de mi Sur, había llegado, como a través de un agujero de gusano, a otro Sur, en la frontera araucana. Un Sur minero, pescador, centro comercial y turístico, azotado también por el paro y las necesidades sociales.

Luego, me dediqué a repasar la andadura de Gonzalo Rojas y leer algunos de sus poemas. Premio Reina Sofía de Poesía, Premio Nacional de Literatura, Premio Cervantes. Colaborador del gobierno de Salvador Allende. Exiliado. Pero, sobre todas las cosas, maestro, educador, alfabetizador de los trabajadores por los parajes de Atacama.

A mis 16 años, decidí ser maestro. Cuando yo tenía 16 años, aquel experimento de socialismo en democracia y libertad que venía de Chile, fue aplastado por las botas militares y, cuantos vivíamos bajo la bota militar de un dictador estepario, aprendimos a tocar la guitarra tarareando clandestinamente a Violeta Parra y a aquel Victor Jara, al que siempre nos representábamos en el Estadio Nacional de Santiago.

Creímos que se cumpliría la profecía de Allende y que nuestras grandes alamedas podrían abrirse de nuevo, para dejar pasar a hombres y mujeres libres, cuando otros militares, con claveles en la bocana de sus fusiles, se alzaron contra nuestra vecina dictadura salazarista, en Portugal, aquel 25 de Abril del año siguiente.

Todo fue, sin embargo, más complejo, más arduo, bastante más complicado. Las dictaduras siempre dejan un rastro de sangre y víctimas, muy difícil de limpiar. Una degradación de la condición humana, muy difícil de recomponer. Construir una sociedad mejor no es empeño fácil en esas condiciones. Ni en Chile, ni en Argentina, ni en Colombia, ni en España.

Y, pese a todo, ahí seguimos intentándolo. Muchas gentes decentes, humildes, sencillas, respetuosas, que tan sólo queremos una educación que nos haga iguales, una sanidad que cuide nuestras vidas, unos servicios públicos que atiendan nuestras necesidades esenciales, un trabajo y unas pensiones que nos permitan satisfacer las necesidades de nuestras familias. Sólo queremos pensar, hablar, escribir, festejar, crear, vivir, en libertad.

Gracias por el premio que me habéis concedido. Un premio que me alcanza como un compromiso, un contrato y que vincula mi vida con las vuestras. Para lo bueno y para lo malo. Y más allá de cualquier muerte que pretenda separarnos.

Un fuerte abrazo,


El Madrid del Primero de Mayo

mayo 9, 2018

 

Vamos, poquito a poco, avanzando hacia los 130 años de celebración del Primero de Mayo en Madrid, desde aquella primera vez, allá por 1890. El Congreso Socialista de París había decidido en 1889 convocar el Primero de Mayo en todo el mundo. Una jornada de lucha y reivindicación, en recuerdo de la huelga y movilizaciones de Chicago, en la que los trabajadores que exigían la jornada de 8 horas, habían sido reprimidos brutalmente por la policía y cinco de sus líderes fueron ejecutados, tras un juicio sin garantías.

Hace 20 años se me ocurrió escribir un libro en el que el recorrido anual de la manifestación del 1º de Mayo en Madrid, se convirtiera en una disculpa para la reflexión sobre nuestra historia. Así nació el Madrid del 1º de Mayo, que ya acumula tres ediciones, prologadas por el sindicalista Rodolfo Benito, el periodista Rodolfo Serrano y el arquitecto Eduardo Mangada.

La manifestación del Primero de Mayo arranca en una glorieta de Atocha, presidida por la imponente Estación de Atocha, con su cubierta a modo de casco de barco invertido. El ferrocarril permitió a Madrid dejar de ser una capital cortesana, para convertirse en una ciudad industrial, productiva, comercial. La circunvalación ferroviaria desde la estación de Príncipe Pío, donde llagaba el carbón leonés, hasta Atocha, pasando por las estaciones de Imperial y Peñuelas, actuó como motor que permitió la modernización de Madrid. En las inmediaciones el Hospital de San Carlos, actualmente Museo Reina Sofía, el Ministerio de Fomento, o el Museo Etnológico.

Inmediatamente, la manifestación se adentra en el Madrid científico que concibió Carlos III, creando el Observatorio Astronómico, el Real Laboratorio de Química (actual Museo del Prado) y el Jardín Botánic,o donde exhibir las especies botánicas llegadas desde todo el imperio. En las Puertas del Jardín Botánico se concentraron, el domingo 4 de Mayo de 1890, 30.000 trabajadores, para manifestarse por el Prado y Recoletos, hasta la sede de Presidencia, para entregar a Sagasta sus reivindicaciones. En las inmediaciones se encuentra la sede de CCOO de Madrid, los Jerónimos, los centenarios hoteles Ritz y Palace, el Congreso de los Diputados.

Recorre luego, la manifestación el Paseo del Salón del Prado, presidido por Neptuno en un extremo y por Cibeles en el otro, sin olvidar que el centro del mismo se encuentra la desconocida fuente del dios Apolo, rodeado de sus musas. Un lugar concebido para descongestionar el centro y dotar a la Corte Madrileña de un lugar de paseo y recreo, en lo que, hasta entonces, era un lugar de huertas, poblado cada atardecer por bribones, espadachines y pícaros.

En Cibeles, tras sobrepasar el edificio que los madrileños denominaron Nuestra Señora de las Comunicaciones, actual sede del Ayuntamiento de Madrid, la comitiva del 1º de Mayo comienza a subir calle Alcalá arriba hacia la Puerta del Sol, flanqueada por el urbanismo burgués de los grandes bancos, incluido el Banco de España, las compañías de seguros, y los centros sociales de la burguesía decimonónica y de principios de siglo XX, como el Círculo de Bellas Artes, el anglófilo New Club, o el rancio Casino de Madrid.

Y llegamos, por fin, a la Puerta del Sol. Mientras se pronuncian los discursos, el manifestante puede emprender algunas reflexiones sobre este lugar en el que, al lanzar una piedra, conmienzan a moverse olas concéntricas en toda la laguna de España. Ese punto central del rompeolas de todas las Españas.

Allí están las primeras obras de Carlos III, para sentar las bases del Estado Moderno. La Casa de Correos (actual Presidencia de la Comunidad de Madrid) y, a sus espaldas, la Casa de Postas. Muy cerca el Ministerio de Hacienda, que fue concebida como Casa de Aduana, fuente de ingresos por los impuestos al comercio.

En la Puerta del Sol se desencadenó el 2 de Mayo y allí se encontraba el Mentidero de la Villa, donde el pueblo despachaba las últimas noticias y espiaba a los pasajeros de las carrozas cortesanas, que se encaminaban hacia El Salón del Prado. Allí se concibieron los Pasajes Comerciales y un nuevo rico maragato construyó las Casas del Cordero, tras ganar la lotería y allí se proclamó la II República.

Hay guías del Madrid medieval, de los Austrias, los Borbones, de Galdós, de la Restauración, de los Reyes Católicos, un Madrid literario, otro musulmán y otro mágico. También hay un Madrid del Primero de Mayo,  que recorremos en manifestación cada año, en cuyos edificios, paisajes y rincones se encuentran las claves de las transformaciones de una ciudad capital inacabada, que siempre resiste y que puede ser derrotada, pero nunca vencida.


Derecho a la dependencia

mayo 9, 2018

Corría el año 2006 y el gobierno de Zapatero conseguía aprobar en el Congreso (pese a las reticencias vergonzantes del PP) la que conocemos como Ley de Dependencia que, en realidad, se llamaba de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia. No era una ley de tantas. Venía a cubrir una de las grandes carencias de nuestro sistema de servicios sociales con respecto a los países avanzados de la Unión Europea.

El propio nombre de la ley es toda una declaración de intenciones. Nacemos completamente dependientes y, a lo largo de toda nuestra existencia, vamos consiguiendo ganarnos la vida por nosotros mismos y la capacidad de gobernar nuestras propias decisiones. Pero esto no ocurre así siempre, ni en todos los momentos de nuestras andadura personal. Desgraciadamente la suficiencia económica y la autonomía personal, son derechos nominales, que están lejos de ser aplicados con carácter universal.

La protección por desempleo debería cumplir la misión de asegurar recursos a cuantas personas han perdido su puesto de trabajo. Un sistema de rentas mínimas, debería permitir que quienes carecen de recursos, pudieran obtener unos ingresos mínimos garantizados. Un sistema de pensiones públicas debería asegurar la suficiencia económica para quienes han culminado una vida laboral y abren las puertas a una nueva etapa de su vida, eso que se conoce hoy como la tercera edad y, antes, llamábamos la vejez.

Sin embargo, las carencias y recortes en las prestaciones por desempleo, con la justificación de la crisis económica, ha hecho que muchas personas desempleadas se hayan visto privadas de recursos para atender a sus necesidades y las de sus familias. Las rentas mínimas viven en la dispersión, con leyes autonómicas variadas y variopintas, pero sin el paraguas de una reglamentación estatal que armonice y establezca unos mínimos para toda la ciudadanía española.

Las pensiones públicas, aún con su carácter estatal, sufren el acoso de quienes pretenden deteriorarlas de tal manera que se justifique la entrada de la iniciativa privada en el reparto de los cuantiosos recursos que las empresas y los trabajadores depositan en la caja única de la Seguridad Social. Tan sólo las movilizaciones de pensionistas a lo largo y ancho de la geografía española, parece que pueden contribuir a cambiar algo en la lógica aplicada por el PP hasta este momento.

En cuanto a la Atención a las situaciones de dependencia, los análisis y valoraciones realizados con motivo del cumplimiento de sus diez primeros años de su aplicación, dejan bastante claro que fue una ley que nació sin financiación garantizada, lo cual ha permitido que los gobiernos del  PP hayan reducido sustancialmente los recursos anuales para las personas dependientes.

De otra parte se ha obligado al sistema de servicios sociales a centrar el grueso de su esfuerzo en la gestión administrativa de la dependencia, impidiendo un desarrollo integral de sus funciones y obstaculizando la superación del papel asistencial, que les venía asignado desde los negros tiempos del franquismo.

Otra de las carencias esenciales, me parece que tiene que ver con la inexistencia de una real articulación de lo social con lo sanitario. Pongamos un ejemplo, si una persona dependiente tiene que ser ingresada en un hospital, no existen cauces establecidos para intercomunicar la atención hospitalaria y poshospitalarial, con la teleasistencia, la ayuda a domicilio, o los propios servicios sociales. La coordinación de la atención sanitaria con la social, brilla por su ausencia.

La participación social y la evaluación son otras dos carencias a las que los análisis de la  ley hacen referencia. Son dos carencias generalizadas en la políticas públicas españolas, que también aparecen en este caso. El despotismo de los gobiernos de turno, que se sienten legitimados por la exclusiva fuerza de los votos que obtiene cada cuatro años, para hacer y deshacer a su antojo y las prácticas de inaugurar, reinaugurar y volver a colocar ceremiosamente cada piedra, sin pararse a medir nunca la eficacia, la eficiencia, o el grado de satisfacción de las personas, forman parte del panorama de la política española, sin que nadie se pare nunca a evaluar.

Los tiempos están cambiando. La crisis parece que ha cedido el paso a una lenta, desigual e inestable recuperación. Los recortes deben ceder su protagonismo a la inversión. Las personas reclaman su protagonismo y políticas que atiendan sus necesidades. Los males de la dependencia, deben encontrar remedio cuanto antes. Porque si grave es la racanería del gobierno con las pensiones, aún más grave es el abandono mezquino al que se somete a las personas dependientes, que han conseguido un nuevo derecho por ley, pero se ven obligadas a demostrar continuamente que son merecedoras de ese derecho.

Los derechos se reivindican  y un día se conquistan, no son regalos, ni se suplen con beneficencia. La dependencia es un derecho y no una concesión graciable que hay que mendigar. Es la dignidad de las personas lo que está en juego.


Luis Montes, un defensor de la vida

mayo 9, 2018

No entiendo a quienes defienden la vida hasta justo antes de nacer y, de nuevo, en el preciso momento antes de morir. Todo lo que hay en mitad de esos dos instantes, les trae totalmente sin cuidado. No les preocupa si hay suficientes escuelas infantiles, si la desnutrición infantil aumenta, si la sanidad pública se deteriora, si el abandono escolar crece, si nuestro trabajo es paro, o moderna esclavitud, si las familias salen como pueden al paso de la imposibilidad de conciliar la vida laboral y personal.

No les preocupan tampoco nuestras pensiones, ni si la atención a la dependencia funciona, o si morimos en un hospital, entre terribles dolores. Al grito de Dios lo quiere, reconvertido por los ultraliberales en El mercado lo exige, han convertido a las personas en producto que se compra, se vende y es perfectamente intercambiable y hasta sustituible si un robot suple su papel en la producción.

No creo que haya una mano negra que decida estas cosas en un oscuro despacho y que toda la humanidad siga el camino allí decidido. Pero sí creo que hay creadores de tendencias que marcan el camino no escrito de la humanidad y de los pueblos.

Una de esas tendencias, la de convertir las necesidades de las personas y el papel del Estado (desarrollado a través de sus diferentes expresiones administrativas), en negocio puro y duro, se impuso en Madrid, con fuerza inusitada, a partir del golpe de estado triunfante del Tamayazo, en las elecciones autonómicas de 2003. Seguimos sin saber quiénes fueron los impulsores de ese golpe y quiénes lo financiaron, pero sí sabemos quiénes fueron los beneficiarios económicos y políticos del mismo.

Y también conocemos que el primer frente de batalla abierto por los impulsores de la tendencia ultraliberal y privatizadora se desencadenó en Madrid en el año 2005, cuando, bajo la presidencia de Esperanza Aguirre, el entonces Consejero de Sanidad, Manuel Lamela, salido de las huestes de Rodrigo Rato en el Ministerio de Economía, decidió dar crédito a denuncias anónimas cursadas contra los doctores Luis Montes y Miguel Angel López, a los que se acusaba de haber asesinado a 400 pacientes a golpe de sedaciones, en el hospital Severo Ochoa de Leganés.

Se abrieron comisiones de investigación, expedientes, procesos judiciales. Se alentó una campaña de difamación en algunos medios de comunicación. En defensa de los profesionales, convocamos movilizaciones de todo tipo, manifestaciones, concentraciones, paros, marchas, actos públicos. Al final, de los 400 muertos, se pasó a 73 y de ahí a malas prácticas, hasta que los tribunales terminaron cerrando el caso con  el sobreseimiento. La acusación no tenía razón, ni podía ser demostrada.

Pero ya estábamos en 2008 y, a estas alturas, el verdadero objetivo del gobierno Aguirre ya se había cumplido con creces. La imagen de la sanidad pública había sufrido un golpe terrible a manos de quienes tenían la obligación de preservarla y defenderla. De nada valían ya los sobreseimientos, ni que luego, el portavoz del gobierno de Aznar, Miguel Angel Rodriguez, fuera condenado al pago de 30.000 euros, por “delito continuado de injuria grave realizado con publicidad” contar el doctor Luis Montes.

Para entonces Lamela y su sucesor, Juan José Güemes, también extraído de las mesnadas de Rodrigo Rato y yerno del todopoderoso Carlos Fabra, ya habían tomado carrerilla para convertir Madrid en el campo experimental de todas las formulas de privatización hospitalaria ensayadas en España y fuera de nuestras fronteras: Fundaciones, empresas públicas, empresas privadas concertadas, empresas mixtas.

Alguna entidad financiera, una constructora y una gestora de la sanidad privada, o un empresario bien situado en la órbita de Aguirre (así ocurrió con el entonces presidente de la patronal CEIM), se hicieron con estos nuevos hospitales que nacían con financiación pública y beneficios asegurados.

Luego llegaron las concesiones de los colegios concertados, las autopistas radiales, los peajes en sombra, las Escuelas Infantiles, las universidades privadas, la Ciudad de la Justicia, el Canal de Isabel II, la jibarización del proyecto de Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, el destrozo de Telemadrid entregada a productoras privadas, el caprichito del golf en las instalaciones del Canal. Eran ya los tiempos de Granados e Ignacio González.

Hoy leo que Luis Montes ha muerto de un infarto, a los 69 años, cuando viajaba hacia Molina de Segura, para intervenir en un acto, como Presidente de la Asociación Derecho a Morir Dignamente. Compartí con él pancartas y actos en defensa de su profesionalidad y la de sus compañeros del hospital Severo Ochoa, en defensa de la sanidad pública frente a las agresiones privatizadoras de Aguirre y sus cachorros.

Hoy, Manuel Lamela es famoso por su participación en empresas sanitarias especializadas en gestionar recursos públicos, volvió con Rato a la empresa Cibeles (Bankia) y se encuentra bien situado en cada operación de la sanidad privada para aumentar su presencia en la gestión y el control de todo tipo de servicios públicos sanitarios.

Hoy, Juanjo Güemes, después de dimitir como Consejero de Aguirre, tras las concesiones de servicios sanitarios públicos a empresas privadas que luego le ficharon, se encuentra muy bien cotizado por su experiencia privatizadora, dirige Centros de Emprendedores del IES Business School, del que es vicepresidente económico y sigue formando parte de numerosos consejos de administración.

Mientras siguen a lo suyo quienes defienden la vida sólo antes de que el ser humano nazca y abanderan la prolongación de dolorosos e irreversibles procesos de enfermedad. Mientras siguen triunfando quienes hacen de la vida un producto y de la sanidad pública un negocio. Se nos ha marchado un hombre decente que defendía el derecho a vivir y morir dignamente. Luis Montes, el nombre de un defensor de la vida que no olvidaremos.


De dictadura a democracia, de la mano de Pedro

mayo 3, 2018

Siempre he querido ser Cronista de la Villa de Madrid, ese cuerpo selecto del que han formado parte personajes como Mesonero Romanos, Ramón de la Cruz, Fernández de los Ríos y ahora Pedro Montoliú, junto a Ruth Toledano, o Carmen Iglesias. Lleva Pedro toda su vida de periodista, volcado en la información local, como sabiendo que lo local, en Madrid, termina circulando por los mentideros de toda España.

Ha escrito Pedro muchos artículos con oficio y muchos libros sobre Madrid, con vocación. Sobre Madrid en la Guerra Civil, en la posguerra, la Dictadura y, ahora, El Madrid de la Dictadura a la Democracia. Pero también se ha detenido en el Madrid de la Ferias, el de las Fiestas y Tradiciones, el de hoteles como el Palace. Ha recorrido Madrid con sus novelas y ahora se apresta a abordar la Transición, el Madrid de la República, o el de los Años Veinte.

Qué mejor que la Sala 1001, de CCOO de Madrid, para que el Ateneo 1º de Mayo realizara la presentación del libro Madrid, de la Dictadura a la Democracia. No tiene el empaque del Ayuntamiento de Madrid, donde Pedro ya había presentado el libro junto a Manuela Carmena. Pero el Proceso 1001 contra los Diez de Carabanchel, la cúpula de las CCOO, detenida  en una reunión clandestina en el convento de los Oblatos de Pozuelo de Alarcón, allá por 1972, trae en el nombre y en las imágenes que llenan sus paredes, un esbozo de los muchos recuerdos que Montoliú desgrana en su libro, que abarca el Madrid de los años sesenta y setenta.

Sé lo que cuesta escribir un libro sobre Madrid. Sólo lo he intentado una vez, cuando escribí El Madrid del Primero de Mayo. Cientos de fichas repletas de anécdotas, historias, urbanismo, arquitectura, fenómenos sociales, acontecimientos, leyendas, personajes públicos y otros que son anónimos hasta que escribes sobre ellos.

Al final hay que quitar, cortar, ordenar, mantener, ampliar, en la búsqueda de un resultado equilibrado. Las más de 600 páginas que componen el libro de Pedro Montoliú llevan detrás el esfuerzo de más de 200 horas de grabaciones transcritas. Un libro que funciona como un puzle. Podrías leerlo página tras página, de atrás hacia adelante, desde el final hasta el principio, o saltando entre capítulos siguiendo tu interés.

En el camino de su lectura me he encontrado en mitad de muchos paisajes que he conocido, tal como eran en aquellos años, rodeado de los personajes que transitaban por ellos. Aquel scalextric de Atocha, cuando lo estaban montando. Los barrios donde he vivido, Embajadores, Villaverde, Orcasitas. Las asociaciones de vecinos, cuando eran de cabezas de familia, en las que he militado. Los tranvías en los que me encantaba subir. Las chabolas en las que he dado clases. Las estafas, como la de la Nueva Esperanza, en cuyas garras mis padres estuvieron a punto de caer.

Las acampadas a las puertas de Barreiros en huelga, junto a los de CCOO. Las manifestaciones por las subidas de los precios y la carestía de la vida. Y otras por los hospitales, los institutos, los colegios. El 1º de Octubre en construcción. La UVA de Villaverde (Unidad Vecinal de Absorción) donde fui maestro durante cuatro cursos en el colegio San Roque. Los atentados de ETA, los secuestros del GRAPO, el FRAP.

He conocido a Lola González Ruiz, novia de Enrique Ruano, el estudiante asesinado por la policía y luego mujer de Francisco Javier Sauquillo, uno de los abogados asesinados en Atocha, en aquel atentado donde ella acabó herida y con una sonrisa rota que la acompañó toda la vida.

Casi sobre cada imagen evocada por Pedro en el libro, ya sea persona, o paisaje, tendría un recuerdo, una anécdota. El libro funciona como un GPS para nuestra frágil memoria en la que se diluyen  los momentos, el cómo, el cuándo, con quién. Este Madrid, de la Dictadura a la Democracia, es un libro necesario, imprescindible, escrito por un cronista, historiador, notario, periodista.

En un tiempo de devaluación del trabajo y del esfuerzo de estudio personal, Pedro Montoliú vuelve a demostrarnos que es posible escribir una tesis doctoral, digerible, amena, impactante y, a la vez, sólida. Creo que hay que leer este libro poquito a poco, eligiendo tu recorrido, abriendo nuevas puertas para conocer cuanto el autor nos va sugiriendo en cada párrafo, porque, a la manera de Walter Benjamin, Pedro no necesita decir nada, sólo mostrar. Mostrarnos tal como fuimos.


Contratos de formación que no forman

mayo 3, 2018

En un intento del gobierno por salvar la imagen de desgobierno de la formación veo a la Ministra de Empleo presentar algunas medidas que aparecen en el Proyecto de  Presupuestos Generales del Estado que Montoro ha presentado en el Congreso.

Cuenta la ministra que quiere poner en marcha un Bono de Formación de 430 euros durante 18 meses para aquellos jóvenes que suscriban un contrato de formación y aprendizaje. No queda la cosa ahí. También piensa conceder una bonificación en las cuotas empresariales de 3.000 euros/año, durante 3 años, para aquellos empresarios que transformen en fijos estos contratos.

De nuevo me temo que estamos ante la política de reinaugurar, sin reflexionar sobre los problemas de los cimientos sobre los que se pretende construir. Se fomenta e incentiva económicamente, un contrato sobre el que pesan serias sospechas de ser tan sólo una fórmula de financiación del fraude y la precariedad laboral, con dinero de todas y todos.

El propio Servicio Estatal Público de Empleo (SEPE) reconoce con sus datos que este contrato es utilizado en la mitad de los casos para formar camareros, peones, limpiadoras y dependientes de comercio. Un contrato que ha permitido durante los años de la crisis contratar a cientos de miles de jóvenes de forma barata, bonificada, precaria, sin compromiso alguno de estabilidad y con escasos, a veces nulos, niveles de formación.

Tan sólo cuando los sindicatos forzamos que se pusiera coto a abusos como el hecho de que la formación fuera inexistente en muchos casos, o se limitara a un sistema de cursillos a distancia, en el que te mandan unos materiales sin control de calidad y luego ya te apañas, hizo que algunos empresarios de pymes dejaran de ver negocio fácil y seguro en este tipo de contrato y su número se ha reducido desde casi 175.000 en 2014, hasta los menos de 50.000 en 2017.

Aquí hay una diferencia sustancial entre la pequeña empresa y la gran empresa. En el caso de las microempresas, son las asesorías, consultoras y gestorías que les llevan las cuentas, las nóminas, o los contratos, las que les aconsejan las fórmulas más baratas y precarias de contratación laboral y hasta les orientan en cómo suscribir un contrato de formación, con el mínimo compromiso de formación y el máximo beneficio de retorno económico. Negocio para la empresa, para la consultora y para las empresas de formación, que cobran por alumno “formado”. Todos ganan, menos el joven, o la joven, que trabaja en precario y sin formación que merezca tal nombre.

En el caso de grandes y medianas empresas, que cuentan con una política de personal y de cualificación propias, la situación es distinta y se pone más el acento en la formación que acompaña a este tipo de contratos y en terminar convirtiendo en personal fijo a algunos de estos jóvenes, al acabar el periodo de formación.

Así las cosas y aunque parezca una paradoja, el contrato de formación y aprendizaje consigue integrar más y mejor a nuestros jóvenes, cuantas menos bonificaciones y ayudas económicas recibe la empresa. Parece extraño, pero lo que ocurre realmente es que, cuando hay dinero de por medio, algunos empresarios usan y abusan de este contrato, obteniendo beneficios económicos de las ayudas y sin compromiso alguno de transformarlo en fijo. Sin embargo, con unas ayudas más ajustadas y requisitos formativos asegurados, es un contrato que se utiliza para formar y cualificar a las trabajadoras y trabajadores jóvenes que la empresa termina contratando de forma más estable.

Seguir insistiendo en inyectar dinero a esta modalidad de contrato, sin corregir sus problemas, sólo contribuye a  empeorar las cosas. Además, con una situación de ingresos insuficientes en la Seguridad Social, entre otras cosas por el empleo precario y temporal que se está creando, a causa de la reforma laboral, creo que no conviene seguir abusando de desgravaciones, bonificaciones y regalos fiscales a las empresas, a costa de bajar los ingresos de la Seguridad Social, tan necearios para el pago de las pensiones. Sobre todo cuando esas ayudas ni forman, ni crean  puestos de trabajo, ni estabilizan el empleo de nuestra juventud.

A estas cosas las llaman en el Gobierno Formación Dual, pero bien saben gobiernos como el de Alemania que esas políticas tienen poco de formación, ni de relación entre centros de formación y empresa. Habrá que seguir esperando tiempos de más sensatez y menos propaganda.