Con mi barrio no se juega

marzo 10, 2019

Vengo de aquellos lejanos tiempos en los que la rebeldía juvenil de unos barrios recién llegados a la democracia constitucional, se topó de bruces con la ofensiva del tráfico de drogas que desquició cabezas y destrozó cuerpos. Vimos a niños iniciándose en el pegamento, como si fueran alevines en proceso de entrenamiento para pasar al canuto, el caballo, la coca.

Aquellas drogas, especialmente la heroína, se llevaron por delante a la generación de la Movida, causando más víctimas que una guerra y más muertes que todos los atentados terroristas juntos, muchas más que los accidentes anuales de tráfico o en el trabajo.

Las madres, las asociaciones vecinales, intentaron cortar aquella ruleta rusa que jugaba con la vida y la muerte de nuestros jóvenes, no siempre con éxito y teniendo que soportar el dolor de muchas vidas perdidas en los rincones más tenebrosos y apartados de los barrios.

Los ricos y altos ejecutivos jugaban con la coca, que terminó extendiéndose como una mancha hacia los lugares de diversión juvenil. Se nos llenó el diccionario coloquial de nuevos términos como éxtasis, speed, crack, que requerían un pastillero completo, mezclado con alcohol y tabaco para quemar las noches del bakalao y sus numerosas rutas. Lee el resto de esta entrada »

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Cantautores de la libertad

marzo 10, 2019

Dos acontecimientos me han incitado a escribir sobre los cantautores. El primero de ellos, la entrega de los premios anuales que intentan mantener viva la memoria de aquellos abogados jóvenes, defensores de la libertad y el derecho, que fueron acribillados a balazos, hace más de 40 años, en el despacho laboralista de Atocha, 55. Los premios han recaído este año en el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio y en los Cantautores y Cantautoras por la Libertad.

El segundo acontecimiento, el concierto de Paco Ibáñez, conmemorativo de aquel que, hace 50 años, celebró en el Olympia de París, en plena descomposición de una dictadura que, tal vez por ello, endurecía la represión. Ese año era arrojado desde un séptimo piso, el estudiante de Derecho Enrique Ruano, mientras se encontraba detenido por la Brigada Político-Social, la policía política del franquismo.

Tuve el honor de hacer la entrega del premio Abogados de Atocha al Colectivo de Cantautores, representado por Luis Pastor y Manuel Gerena. Dos piedras lanzadas en la laguna de nuestras memorias. Nos recuerda Gianni Rodari en su maravilloso libro La piedra en el estanque, que la memoria funciona así. La piedra provoca ondas concéntricas en la superficie del agua que afectan, con mayor o menor fuerza, al pequeño barquito de papel y hasta a la barca del pescador. Lee el resto de esta entrada »


Carta abierta al Padre Francisco

noviembre 18, 2018

Querido Francisco,

No escribo tu nombre real, para que nadie se anime a incordiar tu retiro, alejado de la trivial, mustia y frívola vida mundanal en la que nos hemos ido aventurando, como sin darnos cuenta. Me acordé de ti, cuando andaba embarcado en la recopilación de artículos para ese singular libro-recuerdo sobre el Bicentenario de Carlos Marx, que unos cuantos iluminados decidimos echar a andar, sin mucha esperanza de que pudiera terminar viendo la luz, a la vista de lo exiguos que fueron los primeros resultados de nuestra cosecha.

Pensé que, entre las invitaciones a escribir sobre el de Tréveris, faltaba una dirigida a alguien que pudiera pensar sobre Marx y la Religión, Marx y Dios, o el Infinito y Marx. No sé, una reflexión que fuera un poco más allá de la conocida referencia de que la Religión es el opio del pueblo. Una cita que, por otra parte, no era originaria de Marx y Engels, sino que ya había sido esbozada por pensadores anteriores como Kant, Feuerbach, o Heine, entre otros. De hecho, Engels estudió, en algún momento, el papel de las ideas religiosas como sustentadoras de no pocas revoluciones.

Me apetecía que alguien hablara en el libro del camino recorrido por los seguidores de Marx, hasta llegar a la Teología de la Liberación, pasando por Rosa Luxemburgo, Gramsci, el diálogo marxismo-cristianismo, Mariátegui, o el Padre Llanos y sus jesuitas del Pozo del Tío Raimundo, los curas obreros, con sus flamantes carnés del Partido Comunista y de las CCOO.

Recordé aquel tiempo, relativamente lejano, en términos de una vida humana, cuando fui tu alumno. Días en los que bajabas a Villaverde en una vieja Vespa, para echar una mano al párroco de la iglesia del Pino, alojada en unos sótanos que, pasados los años, han sido gimnasio y abandono. Todos recordamos siempre a ese puñado de maestros que dejaron su huella en nosotros.

Conservo aún uno de aquellos cuadernos en los que tomaba apuntes de tus enseñanzas de Filosofía y Ética. En una de sus páginas apunté algo  sobre el compromiso, Nada de contemporizaciones y oportunismo en este mundo. Seguir aquellos principios te ha obligado a renunciar a cargos, privilegios, a la orden religiosa a la que pertenecías. Me animé a pedirte que  escribieras un artículo para el libro.

Declinaste la invitación y me lo explicaste, pidiendo comprensión. Llevabas más de ocho años en lo que denominabas bendita “soledad” en un pueblo de la costa, jubilado, e intentando reponerte de las demandas judiciales que políticos y constructores habían interpuesto contra ti. El presunto delito consistía, básicamente, en haber aceptado el reto de ser  alcalde de una rica localidad, e intentar poner un poquito de orden en los mangoneos inmobiliarios.

Aún no habían estallado los escándalos de las tramas urbanísticas en ayuntamientos, ni la Gürtel, la Púnica, ni decenas de casos similares. El dinero circulaba, la riqueza fluía, los maletines y las bolsas de basura cargadas de fajos pasaban de unas manos a otras, los bolsillos se llenaban y todo el mundo prefería hacer la vista gorda. Quien se oponía amenazaba con matar la gallina de los huevos de oro. El rey debe morir para que todos sigan viviendo. Hermoso el  libro de Mary Renault, construido sobre el mito de Teseo.

Me contabas que te fuiste para liberarte de todo y de tantos que habían agotado una vida que tan sólo quería ser honesta y comprometida. Que te habías desvinculado de todas las colaboraciones profesionales, sociales, vecinales, políticas, partidarias, sindicales, que te unían al pasado. Desde tu terraza contemplas el mar y las estrellas. En la terraza cuidas tus plantas, te entregas a la lectura y, cada vez con más frecuencia, te dedicas a imaginar qué habrá sido de los alumnos y las alumnas a los que diste clase. Qué será de sus vidas.

Me recuerdas, salvadas de nuevo las distancias de un tiempo relativo que siempre termina por conducirnos al infinito, a aquel Jaime Gil de Biedma que, hastiado de un viejo país ineficiente, al que consideraba, algo así como España entre dos guerras civiles, aspiraba a vivir en un pueblo junto al mar, poseer una casa y poca hacienda y memoria ninguna.

Y, pese a tu negativa a escribir el artículo, pese a vivir en ese pueblo junto al mar, te molestas en contarme que, El Manifiesto Comunista me convenció de que la única felicidad, a la que el ser humano puede aspirar, está en esta vida y no en otra transcendente. También que el ser humano ha de dejar de contemplar e interpretar la Naturaleza y el Mundo  como grandiosa creación de Dios (secular mito, leyenda y superstición) y convertirse en artífice, creador, transformador de la naturaleza, del mundo y de su propia vida, construyendo su propio destino y futuro.

Francisco, lo intentaste. Arriesgaste con tu decisión y empeño. Acabaste pagando un precio demasiado alto. Tu destino, o el del del Alcalde de Seseña, Manuel Fuentes, debieron hacernos reflexionar como ciudadanía y debieron llamar a la puerta de la conciencia de los partidos. Las bases económicas de nuestras haciendas municipales se sustentaban en la gestión del suelo y eso había contaminado todo, corrompiendo a demasiadas personas, instituciones, empresas.

Quienes hoy se muestran agraviados, ofendidos y escandalizados, bien pueden acabar mañana imputados. El cinismo y la hipocresía se van adueñando del paisaje árido y yermo a marchas forzadas, abonando la tierra patria para que fructifiquen en ella las malas hierbas del populismo y del neo-fascismo que se nos viene encima.

Te pedí permiso para publicar tu carta en forma de artículo, cambiando nombres y referencias personales. Aceptaste. Hoy aquel artículo figura en el libro Dígaselo con Marx. Su título, Bendito Marx, y la firma, Padre Francisco, Fraile y Maestro jubilado, fueron elegidos por los editores. En todo lo demás, he procurado ponerme en tu lugar, meterme en tu piel, comprender qué clase de mundo te ha conducido hasta la bendita soledad. Tentadora y laboriosa soledad.


La doctrina Casado

octubre 18, 2018

Me remite Antonio Rato, uno de los abogados de la estirpe de los de Atocha, un correo con algunas opiniones sobre el asunto de los títulos de Casado. Parte de algunas consideraciones sobre el desprestigio generalizado de la universidad, allá por los años 50, en sus tiempos de estudiante.

Tiempos, nos recuerda Antonio, en los que los titulares de las cátedras universitarias se encontraban en el exilio y los nuevos titulares no daban la talla, ni el nivel, exigibles. Tiempos en los que era de buen tono tener recomendaciones. Se presumía abiertamente de ello y no pocos sacaban a pasear, a las primeras de cambio, el consabido, ¡Vd. no sabe con quién está hablando!

Con 800 alumnos en el Aula Magna (porque alumnas sólo había 4),  no es extraño que los estudiantes fueran autodidactas, aprendieran casi de por libre en la biblioteca y se presentaran en las aulas para realizar los exámenes, o en todo caso para asistir a unas cuantas y poco habituales clases prácticas. Eran frecuentes los aprobados generales, o los aprobados selectivos.

Le asombra a mi amigo Rato (Antonio, no el otro), que hayan vuelto a algunas universidades, como la Rey Juan Carlos, esos modernos aprobados selectivos y discrecionales, esos aprobados generales, esa falta de aprecio por los claustros, la enseñanza oficial a la carta y de por libre.

Con todo, lo que más le asombra a nuestro compañero abogado es la pasividad del Tribunal Supremo a la hora de juzgar la concesión de títulos académicos en los que llaman la atención las facilidades pasmosas con las que se obtuvieron y que los vacían de contenido. Pese a todo lo cual, el Tribunal, a la vista de hechos tan evidentes, tan siquiera se atreve a declararlos títulos nulos.

Dicho de otra manera, Casado y algunas y algunos de sus compañeros y compañeras, que reconocieron haber obtenido el título sin haber hecho curso alguno, ni asistir a clase, podrán exhibir tranquilamente estos títulos en su currículum, acumulando méritos que falsearían cualquier selección de candidatos. Ahí quedan el mérito y la capacidad, reconocidos en nuestra Constitución, a la hora de obtener un puesto de trabajo.

El Tribunal no los declara nulos, ni mucho menos delictivos, cuando los hechos probados y reconocidos, me recuerda Antonio Rato, son subsumibles, de forma inconcusa, en el artículo 399 del Código Penal. Es decir, que los hechos son constitutivos de delito sin ningún tipo de duda.

El artículo viene a decir que, quien en el ejercicio de sus funciones comete falsedad, alterando documentos, o requisitos; o simula un documento en todo o en parte; o inventa la intervención de personas que no han intervenido, o las palabras de quien no dijo tales cosas; o falta a la verdad en la narración de los hechos, podrá ser condenado de 3 a 6 años de prisión, multas de 6 a 24 meses y a la inhabilitación de 2 a 6 años.

Habrá quien diga ahora que Casado no era funcionario, ni empleado público, ni  autor material del delito. Pero, es entonces cuando Rato nos recuerda que, o bien fue inductor, o cuando menos encubridor con beneficio personal de tales hechos. Aquí entra en acción el artículo 301, del mismo Código Penal, que castiga como encubridor a quien utilice bienes sabiendo que éstos tienen su origen en una actividad delictiva.

Devolver el prestigio a los títulos de posgrado. Recuperar la reputación de la Universidad. Resarcir a quienes han sido víctimas del engaño, al haber visto vulnerado su derecho a ostentar un título conseguido con esfuerzo personal y coste económico, exige reconocer que Casado ha participado, con el grado de responsabilidad que se determine, en el caso máster.

No puede existir una justicia para robagallinas y otra para robamillones. Prisión para unos y vías de fuga para otros. Se encarcela al político que se enriquece cobrando comisiones mientras se deja libre a quien las paga para obtener concesiones que le enriquecen ilegítimamente.

En procesos como el de las tarjetas black, los altos directivos que más gastaron se van de rositas, en otros casos quien roba niños resulta absuelto y si viene al caso y es necesario se inventa la doctrina Botín. Nunca he creído que todas y todos seamos iguales ante la ley. Ahora, a la vista de la doctrina Casado y los argumentos esgrimidos por Antonio Rato, sobradamente conocidos en los ámbitos jurídicos, aún menos.

Imagino que serán suposiciones mías, viejos rencores, pertinaces rencillas y envidia personal de lo bien que les va a algunos ante la justicia, mientras que otros sienten todo el peso, cada vez menos ciego, de la ley.


Pensionistas y tanques

mayo 3, 2018

No acaba la Semana Santa, tiempo de reflexión y de tregua, momento para coincidir en las procesiones, en los lugares de vacaciones, en los parques y jardines de los barrios, cuando las tertulias sacan de nuevo a paseo el futuro de nuestras pensiones.

Otra vez el tenaz y persistente formato televisivo de unos cuantos pensionistas que hablan de sus necesidades y de la miseria que supone sobrevivir con una pensión baja, percibiendo cada año una subida ridícula y de la imposibilidad de cubrir las mínimas necesidades propias y de sus familias, siempre necesitadas de la ayuda de los abuelos, en un mundo concebido por individualistas feroces y amantes del egoísmo desaforado.

Luego, tras algunas entrevistas a pie de calle, llega el turno de los tertulianos. Algunos, profesionales bregados en el oficio, saben de todo, en función de lo que han leído para la ocasión y de lo que han escuchado de algunos contactos bien informados. Otros son profesores de universidad y, en ese caso, depende de la universidad y la escuela ideológica, económica, o de pensamiento de la que procedan.

Por último, nunca faltan los representantes de los think tank, los tanques del pensamiento (el nombre ya tiene lo suyo en cuanto a intencionalidad agresiva), que bombardean siempre a favor de obra de los grupos de poder que les sustentan.

Estos personajes declaran la ruina del sistema público de pensiones, mientras venden la idea de que estamos ante un timo piramidal que va a acabar con todos nosotros en muy pocos años y proclaman, cual feriantes y chamarileros, las bondades del sistema pinochetista de pensiones privatizadas en Chile, en el cual las personas jubiladas que consiguen cobrar una pensión, terminan recibiendo menos de la mitad del salario que percibían estando en activo.

Es entonces cuando intervengo, a través de una red social, para denunciar, como ya lo he hecho en alguno de mis artículos, que estamos ante una campaña orquestada y organizada, que pretende dejar en manos de intereses privados, esencialmente aseguradoras y entidades financieras, fondos de pensiones, fondos de inversiones, la gestión de nuestras pensiones.

Y es entonces cuando cientos de personajes que no conozco, de nombres ficticios e impostados (esos que llaman trolls), con perfiles ridículos y fotos cargadas de banderas y monstruos, arremeten contra mí. Sindicalista, subvencionado, mariscador, desinformado, burócrata, analfabeto y cosas así es lo más bonito que ponen en sus comentarios. Si veo que son personas, lo dejo estar. Al menos dan la cara y desvelan, en toda su crudeza, las limitaciones que impone la naturaleza en algunos seres humanos. Si son trolls organizados, los bloqueo.

Goebbels ya afirmaba, Una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad. Y más adelante teorizaba que La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas.

Los 11 principios de propaganda del lugarteniente de Hitler han vuelto a ser reformulados desde una perspectiva más moderna y vinculada al tremendo desarrollo de los medios de comunicación, por parte de Noam Chomsky, que los ha traducido en la formulación de 10 Estrategias de la Manipulación Mediática.

Estrategias de distracción del personal. Otras dirigidas a crear primero los problemas para ofrecer luego sus soluciones. Las pensiones, o el alargamiento brutal de la crisis, son parte de esta forma de obligar a aceptar recortes. Y hay que hacerlo poquito a poco, gradualmente. A veces el sacrificio se difiere, como el famoso factor de sostenibilidad de las pensiones, que no se aplicó al principio de la reforma de las pensiones del PP, pero que ya se nos viene encima con sus rebajas.

Si además nos tratan como a niños. Si consiguen tocar nuestras emociones. Si logran que nos creamos mediocres y hasta culpables. Si utilizan todos los medios del Big Data para conocernos mejor de lo que nosotros mismos nos conocemos. Entonces están muy cerca de conseguir sus objetivos. Esos que nunca nos revelan.

Se da además la circunstancia de que quienes encabezan estas posiciones en todo tipo de foros, son los retoños que Esperanza Aguirre y su Carajillo Party fueron regando con mamandurrias, dándoles cancha en Telemadrid, y trabajo en las universidades públicas o privadas a su servicio, o en fundaciones ad hoc bien financiadas, utilizando su omnímodo poder al frente del gobierno y de los cuantiosos recursos de la Comunidad de Madrid.

Un buen número de personajes que han utilizado abundantemente los recursos  públicos para crear think tank privados, bien relacionados con sectores ultraliberales de otros lugares del planeta. Aquellos personajes paniaguados que prestaron el sustento ideológico para intentar acabar con los sindicatos y que ahora intentan atemorizar a unos pensionistas que, hartos ya de estar hartos, van tomando las calles y gobernando el destino de sus votos.


Reglamento de lecturas infantiles

abril 2, 2018

Acudes a una Biblioteca Pública (para el caso es igual que la titularidad de la misma corresponda a una Comunidad Autónoma, o a un Ayuntamiento). En la familia tenéis un carnet de adulto y otro carnet infantil para tu hija, que cuenta con el preceptivo permiso paterno para ser emitido. Incluso te han pedido que autorices los criterios y límites con los que la menor de edad puede acceder a los servicios internet en la biblioteca. Hasta aquí todo perfecto.

Si tu hija quiere leer a Federico García Lorca y visita, sola, o contigo, la Sala Infantil, encontrará a varios Federicos “para Niños” y algún ejemplar de otros libros del autor que hay que leer en las escuelas, o institutos. El Romancero Gitano, por ejemplo. Suelen ser los bibliotecarios y bibliotecarias, los que indagan con diligencia y por iniciativa propia, estos extremos sobre las lecturas obligadas, en los centros educativos de su entorno.

Sobre la mesa de exposiciones de la Sala encontrarás una selección de posibles lecturas infantiles, entre las que encontrarás títulos como El bosque de los enamorados, Intenta enamorarte, El amor según Venus, El piano embrujado, El bosque de tus ojos, Enamorada de un friki (cito títulos inventados sobre variaciones de otros reales, no menos atractivos, desde el punto de vista de su interés pedagógico, educativo, psicológico, o sociológico).

Ahora bien, el problema surge si quieres que tu hija lea ese mismo Romancero Gitano, pongamos por caso, en esa hermosa y reciente edición de 2017 a cargo de Mil Coeditores y Blur Ediciones, en la que  ilustradores, fotógrafos, diseñadores, artistas, han puesto su granito de arena para ilustrar poemas cargados de vida y alegría, al tiempo que de atormentado amor y dramatismo. Esa edición que se encuentra, por un aquel, en la Sala de Adultos, pero no en la Infantil, o Juvenil.

Si quieres que tu hija lo lea, el bibliotecario o bibliotecaria de turno, que cuenta, por cierto con una excelente preparación y una vocación incuestionables, te entenderá perfectamente, pero se verá obligado a aplicaros el reglamento de las bibliotecas públicas que explicita, claramente, que los carnets infantiles o juveniles, sólo pueden acceder, sobre todo a efectos de préstamo, a libros ubicados en la sala correspondiente a dicha categoría. No es una ley, ni un decreto, ni una ordenanza. Es un reglamento. Y, como bien dijo Romanones, haz tú la ley y déjame a mí el reglamento.

Puedes desgañitarte explicando que eres la madre (o el padre) de la niña y razonando que la Declaración Universal de los Derechos Humanos deja bien claro que los padres tienen derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos, o que la Declaración de los Derechos del Niño insiste en que la responsabilidad de la Educación incumbe, en primer término, a los padres. Y hasta que nuestra Constitución viene a remachar en el mismo clavo, insistiendo en que los poderes públicos tienen que garantizar este derecho. Frente a un reglamento, no hay derecho que valga.

Al final el bibliotecario o bibliotecaria, entenderá perfectamente que tienes razón y si te pones muy pesada (o pesado), hasta te ofrecerá alguna solución a su alcance, tal como que te lleves en préstamo ese Romancero Gitano “de diseño”, con tu carnet de adulto. O bien, hará una excepción y os prestará el  libro con el carnet infantil, tras tomar nota del DNI de la madre como autorizante de la vulneración formal del reglamento.

Amablemente te informarán del lugar donde puedes consultar el reglamento y hasta de los responsables a los que te puedes dirigir para trasladar tus sugerencias y quejas. La respuesta habitual será que te entienden, te agradecen tu interés, pero no es responsabilidad suya. Tal vez te sugieran dirigirte a otros servicios, o responsables de servicio.

Una situación como la descrita no tiene que ver con la voluntad del bibliotecario, o bibliotecaria, ni con la tuya propia y se produce cada día, gobierne quien gobierne en la Comunidad Autónoma y en el Ayuntamiento, al margen del color de los partidos de gobierno y oposición, e independientemente de las leyes que regulan la actividad biblioteconómica y hasta los derechos de las madres y padres sobre la educación de sus hijas e hijos.

Al final, en las bibliotecas (como ocurre en tantos derechos sociales), lo que tú piensas, o lo que piensa la bibliotecaria, importa poco. Termina siendo un reglamento, elaborado, copiado, fusilado, transcrito, o plagiado de otros reglamentos, en algún oscuro despacho, el que decide cosas como lo que leerá y qué no podrá leer, tu hija (o tu hijo) en una biblioteca.


La posverdad de la conciliación

noviembre 29, 2017

Recientemente la organización empresarial CEOE presentaba un informe titulado Perspectiva empresarial sobre la conciliación de la vida laboral y familiar. Me parece un caso práctico ejemplar sobre la utilización de la posverdad que merecería estudio en las facultades de Ciencias de la Información, Psicología, Sociología, Economía y Administración de Empresas, por citar sólo algunas. Cómo informar, crear un relato, una tendencia, sin tomar en cuenta los hechos objetivos. A base de apelar a las emociones, creencias, deseos, e intereses particulares.

El Informe de CEOE parece funcionar como venda preventiva frente a las ocurrencias de Rajoy y su ministra de empleo de imponer las 6 de la tarde como referencia general de finalización de la jornada laboral, mediante una ley.

Comienzan diciendo los empresarios que una ley como la que plantea el PP no es realista y que ni tan siquiera es aplicable. Que las leyes no cambian la vida y que estas cosas hay que regularlas a través de la negociación colectiva. En principio, estoy bastante de acuerdo.

Luego afirman que las medidas más utilizadas para conciliar, en estos momentos, pueden producir más perjuicios que beneficios, puesto que interrumpen ”carreras laborales”, reducen periodos de cotización y disminuirán las pensiones futuras. Reclaman subsidios y ayudas (procedentes de los Presupuestos generales del Estado, por supuesto), que incentiven la natalidad y compensen a los empresarios (y a las familias de los trabajadores, de paso) los gastos generados por la conciliación.

La prensa destaca que la CEOE pide que se desgraven fiscalmente los costes de contratar “cuidadoras” (para atender a los mayores), “canguros” (para atender a la infancia) y servicio doméstico (para atender indistintamente), y que se amplíen (ellos llaman flexibilizar) los horarios de las guarderías (no hablan de escuelas infantiles, sino de guarderías).

Por último, no podía faltar, un llamamiento a la importancia de la incorporación de la mujer al trabajo, la corresponsabilidad en el ámbito doméstico, o la  plena implicación de los hombres en las tareas del hogar. Cosas del marketing y la posverdad.

Es cierto que el modelo social y económico que nos han creado impide en la práctica cerrar las actividades económicas a las 6 de la tarde por ley. Pensemos en los “modernos” desarrollos urbanísticos alrededor de grandes centros comerciales, en los que es obligatorio coger el coche y acercarse al centro comercial para cualquier compra. Hasta los domingos y festivos permanecen abiertos hasta las 10 de la noche y más allá en el caso de los restaurantes y bares.

Con unos empresarios que no han sido capaces de negociar (ni han querido), un Acuerdo Marco para la Negociación Colectiva, porque les viene mejor la aplicación directa de la reforma laboral del PP, veo difícil que quieran recorrer la senda de negociar acuerdos sobre igualdad y conciliación, salvo casos de fuerza mayor, en grandes empresas.

En cuanto a las desgravaciones fiscales de “canguros”, cuidadores  y servicio doméstico, o la ampliación de horarios de guardería, dejan bien a las claras que no van a hacer nada y que dejan todo en manos de que el Estado se haga cargo de subvencionar a las familias para que ellas hagan lo que puedan.

La conciliación, olvidan intencionadamente, depende de la calidad del empleo, su estabilidad y su correcta regulación. Un ejemplo, no llegan al 8 por ciento los hombres con contrato a tiempo parcial, mientras que en las mujeres el porcentaje es de más del 25 por ciento. Más del 70 por ciento de estos contratos precarios, ultraflexibles, de libre disposición de la jornada a la carta, son para mujeres. A eso no se le puede llamar “carreras laborales”.

En conclusión, mientras los empresarios prefieran la precariedad de estos contratos y otros similares, ya se pueden fijar por ley horas de finalización de jornada, o desgravar a las familias que contraten “canguros”. Ya se pueden ampliar horarios de guardería. La misión de conciliar seguirá siendo imposible.

Es sólo un ejemplo. Pero vamos, si CEOE quiere negociar la organización del trabajo, planes sectoriales o de empresa, convenios colectivos, o acuerdos nacionales que hablen de igualdad y conciliación, seguro que la clase trabajadora y sus representantes sindicales, estarán encantados. Mientras tanto, mejor callar, que decir obviedades, o posverdades.