MERECEMOS YA UN BUEN GOBIERNO

junio 29, 2016

javier lopez merecemos un gobierno

Ya hemos vivido las segundas elecciones generales en menos de un año. Sus resultados han sido distintos, pero sus conclusiones son básicamente las mismas. Uno de los aspectos diferenciales con respecto al anterior proceso electoral procede del aumento de la abstención. Era algo cantado, aunque muchos se negaban a verlo.

Es muy difícil mantener la tensión política durante tanto tiempo, desde el 20-D para acá, sin pagar el precio del desencanto en una parte del electorado. Hemos vuelto a índices de abstención superiores al 30 por ciento, similares a los que vivimos en las elecciones generales de 2011, que dieron un aplastante triunfo a la derecha representada por el PP. Y es la izquierda la que, aparentemente, ha sufrido más este desgaste, lo cual, unido a otras circunstancias, ha beneficiado de nuevo a la derecha española.

Quienes no hicieron lo imposible para acordar la gobernabilidad de España, mediante un pacto de investidura, pensando que con ello conseguían una segunda oportunidad para obtener mejores resultados, han comprobado que la segunda oportunidad beneficiaba muy especialmente a quien, cómodamente sentado en su sillón de Moncloa, ha dejado madurar la fruta hasta que ha caído del árbol electoral.

Tras años de recortes perpetrados a base de políticas ultraliberales y neoconservadoras. Tras años de pelotazos, corrupción y mamandurrias, instalados en el centro de las instituciones, conformando un consorcio politicoempresarial, con raices en todas las administraciones. Tras escándalos políticos como el protagonizado en los últimos días por un Ministro del Interior, utilizando las instituciones en beneficio de su propio partido. El resultado es que no hay costes políticos, ni electorales, para quienes han cometido tales desmanes.

Todos son corruptos. Estos que gobiernan también lo son y hasta más. Pero ahí andan salvando España. Ya sé cómo son, pero mejor ellos que otros más impredecibles y que no han sabido fraguar un gobierno estable y necesario. Es lo que parecen haber pensado los votantes del PP y aquellos otros que han decidido que, tras un voto prestado a Ciudadanos el 20-D, es hora de volver al redil de la casa madre.

El PP ha conseguido rescatar 376.000 votos que fueron en las anteriores elecciones a Ciudadanos y captar 313.000 votos nuevos. Con ello ha alcanzado 14 diputados más, casi 700.000 votos más y, con sus insuficientes 137 diputados, asentar la falsa imagen de que tiene derecho a formar gobierno. Aunque esto sea sólo una media verdad, que será posible sólo en el caso de que Mariano Rajoy sea capaz de armar las mayorías necesarias para ello, o al menos suscitar la abstención de muchos otros.

Mientras tanto Unidos Podemos, que habían acariciado el sorpasso al PSOE y hasta soñaba con un supersorpasso al propio PP, ha pagado el crecimiento de la abstención y ha perdido más de un millón de votos, mientras que el PSOE ha perdido más de 100.000. No es un desastre insalvable, ni un hundimiento irreparable. Pero ambas fuerzas deberían ser responsables y reflexionar sobre una campaña desastrosa que no ha conseguido retener el voto, ni generar la ilusión necesaria para impulsar y reforzar el cambio político. El objetivo parecía conseguir, o evitar, el sorpasso, según el caso y no alentar un gobierno de progreso que acabe con la corrupción y restablezca libertades y derechos arrebatados.

Las peleas dentro de la izquierda siempre producen estos efectos. Los vaivenes en las ideas y las propuestas producen estos efectos. Las coaliciones suelen ser buenas, pero cuando no son estratégicas, sino tácticas, forzadas y de última hora, a veces no suman, sino que debilitan la confianza dentro de cada una de las partes coaligadas.

Es cierto que el hastío y el cansancio, el crecimiento de la abstención, el voto del miedo, el voto útil, el Brexit, la bronca electoral, la incapacidad de alcanzar un acuerdo de investidura, han facilitado aún más las cosas para una victoria relativa del PP, que tiene ahora la iniciativa para intentar formar gobierno. El problema es que pocos, por no decir nadie, quieren acompañar al PP, porque aparecer en esa foto no es plato de buen gusto para nadie.

De otra parte, las fuerzas que se han denominado a sí mismas del cambio siguen teniendo una mayoría de diputados y diputadas. Otra cosa es que algunas de esas fuerzas se comporten como agua y aceite y se muestren incapaces de alcanzar acuerdo alguno, como así lo demostraron durante las negociaciones de investidura, tras las elecciones del 20-D. Esa incapacidad condujo a las segundas elecciones, que han terminado beneficiando a las fuerzas del inmobilismo y los recortes.

Así las cosas, uno de los escenarios sería el de repetición de las elecciones. Pero esta posibilidad no debería figurar en el escenario de lo posible, ni sobre la mesa de los partidos políticos. Quienes hemos votado el 26-J hemos decido que, con algunos cambios, las cosas quedan como estaban, pero con un acuerdo aún más difícil, aunque no imposible.

Los sindicatos CCOO y UGT presentamos 20 propuestas a los partidos políticos, que intentaban ser la base para cualquier acuerdo de gobierno que quisiera solucionar los problemas políticos, económicos y sociales de España. Un gobierno que quisiera negociar, con respaldo suficiente, en Europa, los tiempos para cumplir obligaciones y compromisos en materia de deficit público.

Queremos salir de esta crisis, queremos crecer económicamente, pero con un reparto equilibrado de la riqueza disponible. Claro que queremos más empleo, pero no más empleo miseria, mal pagado, sin derechos. No queremos que encontrar un trabajo sea sinónimo de instalarse en la pobreza. Queremos empleos sin desigualdades que están consiguiendo que las mujeres, los jóvenes, los colectivos más precarizados, sean trabajadores y trabajadoras de segunda, de tercera, del final.

Queremos que se asegure el futuro de las pensiones. Para eso negociamos el Pacto de Toledo, que no se convoca de forma regular durante años. Y queremos que nuestras personas mayores se vean atendidas por la ley de Dependencia y no se vean solos y abandonados.

Queremos recuperar derechos sanitarios y educativos arrebatados. Queremos protección de los servicios sociales. Queremos servicios públicos de calidad, con la inversión necesaria, para asegurar nuestra calidad de vida y el Estado del Bienestar.

Queremos un país que potencie la investigación, que proteja el medio ambiente. Un país que restituya los derechos de sus trabajadores, arrebatados por sucesivas reformas laborales y que han hecho que la democracia brille por su ausencia en las empresas y que lo que debería ser un proyecto común se convierta en una dictadura de hecho, en la que el trabajador y la trabajadora tienen poco o nada que decir.

Hay que hacer esto. Y hay que hacer otras cosas que seguro que suscitan el acuerdo mayoritario de muchos partidos elegidos en las urnas. En último lugar en esta relación, pero en el primero en el orden de prioridades, hay que afrontar el combate directo y decisivo contra la corrupción. Hay que afrontar un acuerdo que permita encontrar espacios de convivencia en un marco constitucional que contemple la clave federal.

Son cosas que hay que hacer. Son tareas ineludibles. No seré yo quien diga, indique, aliente, estos o aquellos pactos posibles. Pero quienes quieran ponerse de acuerdo para gobernar este país tendrán que responder a estos problemas, salvo que opten por maniobras de distracción y hasta irresponsabilidades que nos terminen conduciendo a un nuevo proceso electoral, tras el cual, con una mínima participación, alguien pueda presumir de obtener una mayoría absoluta de dos votos contra uno.

El pueblo ha hablado una vez más. Puede que a algunos partidos no les guste cómo han quedado las cosas. Puede que alguien se permita decir que el pueblo es tonto, por votar, por no votar, por votar a otros. Piensen lo que quieran, hagan las valoraciones que les venga en gana. Pero el pueblo ha dicho que quiere un cambio, que quiere acabar con la corrupción, que quiere un buen gobierno que escuche nuestros problemas y trabaje en su solución, sin crearnos otros nuevos de forma artificial, por soberbia o cabezonería.

Tras un largo proceso electoral puede haber quien piense que total sin gobierno también se vive. Algo de razón hay en ello, puesto que un mal gobierno es muchas veces peor que no tener gobierno. A fin de cuentas las instituciones siguen funcionando y cumpliendo sus cometidos. Pero es un espejismo transitorio. Sin gobierno, con un gobierno en funciones, los cambios necesarios no cuentan con respaldo político, leyes, regulaciones, control parlamentario y, al final, tras un tran-tran de inoperancia, la parálisis se apodera de todo.

Por eso, queremos ya un buen gobierno. Nos merecemos ya un buen gobierno.

Francisco Javier López Martín

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LA INTRANSITABLE CARTOGRAFIA DE LOS RECORTES

junio 14, 2016

javier lopez recortesUn reciente informe de CCOO pone de relieve que uno de los peores efectos de la crisis ha sido que los ingresos públicos han disminuido brutalmente. Así, las cuentas del Estado, que se saldaban en 2007 con un superávit de 21.620 millones de euros, arrojaban en 2009 un déficit de 118.237 millones de euros. La caída de los ingresos fue de casi 70.000 millones de euros, pero las rebajas fiscales descontroladas puestas en marcha desde 1994, también tienen mucho que ver.

La solución de los recortes es la más fácil, pero la que más pone en riesgo la estabilidad y cohesión de cualquier país. En las cuentas formales, el gasto de las Administraciones Públicas disminuyó en 30.824 millones de euros entre 2009 y 2014. Pero este dato oculta un desequilibrio más complejo. Así, mientras los intereses de la deuda, el gasto energético, o las pensiones crecieron en 47.000 millones de euros, el resto del gasto público bajó en 78.000 millones de euros (casi 8 puntos del Producto Interior Bruto). Si tomamos en cuenta la inflación acumulada, el gasto público ha caído entre un 21% y un 30%.

Y el golpe no lo han sufrido exclusivamente los empleados públicos en forma de rebajas salariales y pérdida de empleo. Tan sólo en el capítulo de inversiones en transportes hemos perdido 13.000 millones de euros, 4.400 millones en vivienda, 4.000 en inversiones sanitarias y educativas, o 4.600 millones en políticas sectoriales. Las políticas de Investigación y Desarrollo (I+D+i) han perdido en su conjunto más de 1.700 millones.

Esto sólo en las inversiones, porque si miramos el retroceso de la dotación de servicios como la salud y la educación se han gastado, en 2014, 18.400 millones menos que en 2009. Pero se trata de recortes desequilibrados- Mientras la educación pública ve retroceder sus inversiones en un 70%, los conciertos con centros privados caen un 1,2%.

Los gastos con mayor componente social han sido el principal objetivo del PP a lo largo de los últimos años. Ya sea la incapacidad laboral, el apoyo a las familias y la infancia, las políticas sociales de vivienda, la protección del medio ambiente, las políticas sectoriales de impulso a la economía.

En definitiva, una orientación de la política de gasto presupuestario, que nos está colocando en los últimos puestos de la Unión Europea en nuestra capacidad de proteger a las personas y las familias frente a los efectos de la crisis.

Corregir esta deriva de empobrecimiento que fractura cada vez más a la sociedad, sería el trabajo urgente de cualquier Gobierno. Ese Gobierno que lleva ya seis meses sin constituirse y que veremos cuanto tarda en llegar después del 26j. Un lujo, que no deberíamos permitirnos como país, pero que nos estamos permitiendo. Y es que la lógica política no parece tener mucho en común con la lógica de las necesidades de la sociedad. Con el agravante de que en este caso, como en muchos otros, el tiempo solo puede empeorar las cosas.
Francisco Javier López Martín


20 puntos, 20 son… Y si no Chirrín, Chirrán

junio 8, 2016

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Vamos directos a unas nuevas elecciones generales. No tengo ni idea de qué va a pasar en ellas. Puede que se repitan los mismos resultados, con leves variaciones y los partidos se vean en la misma tesitura que hace seis meses, o puede que no. Vaya usted a saber. No conviene hacerse demasiadas ilusiones en uno u otro sentido, porque el voto es caprichoso y se decide en función de tendencias inescrutables que se van generando, diseñando, calando, o no calando, en cientos de miles de personas. Hay quienes dicen que no van a votar, pero luego votan y quienes dicen y hacen lo contrario.

Lo único cierto y verdadero es que quienes tengan que gobernar este país, a partir del 26 de junio, se van a encontrar un país electoralmente exprimido, pero social y políticamente muy activo. Un país dispuesto a perseguir hasta las madrigueras los rastros de la corrupción. Un país y unos paisanos que comienzan a entender que la salida de la crisis sólo es realidad para unos pocos, porque estos mismos pocos han diseñado un futuro de precariedad, temporalidad, bajos salarios, escasos derechos y ningún horizonte de futuro hacia el que dirigir nuestros esfuerzos de supervivencia.

Y no estamos dispuestos a acostumbrarnos a esa realidad, por mucho que la alabe el Presidente de la CEOE, el Gobernador del Banco de España, o cualquiera de aquellos que blindan férreamente sus salarios, sus beneficios y sus pensiones, ante cualquier eventualidad futura. Personajes de éxito que burlan la ley hasta que el escándalo es insoportable, e insostenible. Y aun así es casi seguro que no irán a la cárcel, porque en un país con una justicia diseñada para robagallinas, sólo va a la cárcel ese joven que se gastó 79 euros con una tarjeta falsa.

Hay cosas que queremos que cambien y vamos a empujar para que cambien, sea cual sea el signo (izquierda-derecha, arriba-abajo, acá-allá, colorao-descolorío) del partido, o partidos, que se encuentre (o encuentren) en condiciones de formar gobierno a partir del 26 de junio.

Hay 20 puntos que los sindicatos hemos presentado a los partidos políticos, ante esta nueva campaña electoral. Parafraseando a Carlos Puebla, en su famosa canción… 20 puntos, 20 son/ ni uno menos ni uno más/ Si quieren me los aceptan/ y si no chirrín, chirrán. Ese chirrín-chirrán, por cierto,no se lo tomen a guasa. Allá en Cuba viene a significar que hasta aquí hemos llegado. Que lo nuestro se acabó. Tomen ustedes nota, así pues, de las 20 actuaciones que no admiten demora, dilación, ni escamoteo, a partir del día en que votemos de nuevo.

Esos 20 puntos empiezan por el empleo. Este país necesita un Plan de Choque para crear empleo. A continuación la derogación de las reformas laborales impuestas y no negociadas, porque nos dejan a los pies de los caballos del empresariado. En tercer lugar, basta ya de austeridad para los más y derroche y corrupción para unos pocos. Queremos un Salario Mínimo decente que evite que cada vez haya más trabajadores con empleo y en la pobreza. Y una política fiscal justa, porque aquí sólo pagamos nosotros, los que trabajamos, mientras quienes más tienen dejan limosnas en la Hacienda Pública, a base de deducciones, desgravaciones, bonificaciones y maquinaciones fiscales a las que llaman ingeniería o viaje al paraíso.

En séptimo lugar queremos que haya unos mínimos, un suelo, de gasto social reconocido en la Constitución. Queremos recuperar, consolidar y fortalecer el gasto social, porque ese gasto en servicios sociales, en sanidad, en educación, en pensiones, en rentas mínimas, es lo que construye ciudadanía unida, en torno a un proyecto común. No se puede, decimos en noveno lugar, jugar con las pensiones, hay que recuperar el Pacto de Toledo, que el gobierno del PP ha inutilizado.

Y tras el desastre de la ley Wert, hay que derogar la LOMCE y abrir un diálogo sereno y no partidista sobre la educación. Queremos igualdad entre mujeres y hombres. Y no jugarnos la vida y la salud en el puesto de trabajo. Que la Ley de Prevención de Riesgos Laborales deje de ser papel mojado en muchos lugares.

Para quienes no tienen nada, queremos una Renta Mínima. Y queremos políticas reales de lucha contra la pobreza, la vieja pobreza y las nuevas formas de pobreza. Para ello es necesario reforzar los servicios sociales y que actúen de manera integral. Un buen ejemplo es la necesidad de acabar con el abandono, retraso, infradotación, al que se ha sometido a la ley de Dependencia. Las personas mayores y con alguna discapacidad lo necesitan ya.

Este país necesita invertir en su sistema productivo, en su industria, en la calidad de sus servicios. Y este país necesita defender la calidad de su democracia, acabando con leyes mordaza y artículos como el 315.3 del código penal que conducen a la cárcel a los huelguistas.

Necesitamos un gobierno que diga basta a la indecencia de las políticas de una Europa que no respeta los derechos humanos y los derechos sociales. Dramas como el de los refugiados no pueden formar parte de la memoria de Europa que dejemos a nuestros hijos e hijas. Como necesitamos un gobierno que nos defienda de los excesos que anuncian los tratados de libre comercio, que se negocian de espaldas a la gente y que sitúan las vidas y los derechos por debajo de los intereses de las grandes corporaciones. Y con esto acaban los 20 puntos a los que no vamos a renunciar, sea cual sea el gobierno. Vuelvo a parafrasear a Carlos Puebla…No somos intransigentes/ni nos negamos a hablar/pero aceptan nuestros puntos/ o no hay nada que tratar. Ya saben, que sea cual sea el nombre del partido, o partidos, agraciados con la lotería electoral… 20 puntos, 20 son, ni uno menos, ni uno más. Si quieren me los aceptan. Y si no chirrín, chirrán.

 

Francisco Javier López Martín