Los dos Madrid del Coronavirus

abril 3, 2020

-Madrid, Madrid, ¡Qué bien tu nombre suena! Rompeolas de todas las Españas. La tierra se desgarra, el cielo truena, tú sonríes con plomo en las entrañas.

Machado está dándole vueltas a estos versos mientras León Felipe y Rafael Alberti perseveran

(ya van dos veces que han venido a insistir en el asunto)

en el intento de convencerle de que debe salir cuanto antes de la capital sitiada y sometida al ensayo de los aterradores bombardeos,

(cuando ya se hayan ensayado en España van a ejecutarse sobre otras muchas ciudades de Europa). Habían perdido un poeta en Granada y no querían perder otro en Madrid.

-Sálvese quien pueda, sálvese quien pueda, están cayendo bombas en Madrid.

Lo está cantando Albert Pla ante un Guernica que cumple 80 años, no ahora, hace un par de años, o tres.

Hay un Madrid, ahora mismo, que combate cuerpo a cuerpo, vida a vida, contra bombas de racimo, contra un ejército bien organizado, un nuevo ejército de tácticas novedosas, desconocidas hasta ahora, en rápida expansión, ni siquiera lo podemos matar, no es una armada de seres vivos, sino miles de millones de moléculas con armaduras grasientas, dispuestas a invadir nuestras células y transformarlas en nuestras enemigas. No lo podemos matar, si no se desintegra él mismo. Eso sí podemos facilitárselo. En esa batalla andamos de seres vivos contra mutantes.

Madrid de nuevo en el centro de todos los conflictos, de todas las batallas, las que tuvimos que librar y casi siempre perder, la que libramos ahora y que ganaremos, porque la vida siempre gana, las que vendrán y que aún ni imaginamos. Lee el resto de esta entrada »


Para que yo pese sobre el suelo

marzo 25, 2020

Una de las primeras consecuencias de la aplicación de medidas para retrasar la expansión de la pandemia del coronavirus ha sido la suspensión, cancelación, aplazamiento de actos públicos y sociales, reuniones de todo tipo que incluyan la presencia de personas que puedan transmitir el virus, o que puedan sufrir sus peores consecuencias.

Esta misma semana habría asistido al acto de recuerdo de las víctimas de los atentados terroristas del 11-M que cada año celebramos junto a la estación de Atocha, al lado de los impresionantes cabezones de la nieta de Antonio López, el genial pintor y escultor manchego de paisajes madrileños.

Tendría que haber formado parte del jurado del premio de poesía que lleva el nombre del poeta Andrés García Madrid, getafense de militancia, madrileño de nacimiento, extremeño de raíces, comunista por convicción, concejal por compromiso y de vocación poeta.

Debería haber participado junto a cerca de treinta personas en el Comité de Expertos del Seminario Permanente de Huella Digital organizado por la Fundación Pablo VI, un interesante espacio de reflexión sobre Inteligencia Artificial.

Otro acto comprometido desde hace tiempo hubiera sido la proyección de la película Los Camaradas, de Mario Monicelli, que inauguraba el Ciclo de Cine Tiempos de Historia, Movimientos Revolucionarios del Siglo XX, organizado por las Fundaciones Ateneo 1º de Mayo y Andreu Nin. Un acto que me resultaba especialmente sugerente por varias circunstancias. La primera de ellas el hecho de que junto al 1º de Mayo figure el nombre de un personaje tremendamente atractivo y moderno como Andreu Nin.

Un hombre de orígenes humildes que, con mucho sacrificio de sus padres, llegó a ser maestro. Un joven que comenzó su andadura política en el catalanismo republicano y federalista, para pasar pronto al Partido Socialista y de ahí a la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), en una época en la que los dirigentes sindicales catalanes caían a manos de los pistoleros patronales protegidos por el gobernador militar y civil de Barcelona. En uno de esos atentados fue asesinado Salvador Seguí. De otro similar se libró Andreu. Así comenzaban los felices años 20. Lee el resto de esta entrada »


Carta abierta a Juan Diego

febrero 18, 2020

Juan,

Los compañeros del Instituto de Estudios Sociales de CCOO de Castilla-La Mancha acaban de concederte el Premio Abogados de Atocha. Ya lo han recibido antes periodistas como Rosa María Mateo, escritoras como Almudena Grandes, cantantes como Raimon, juristas como José Antonio Martín Pallín, políticas como Manuela Carmena.

Ya en el año 2015 habías subido al escenario del Auditorio Marcelino Camacho para recoger otro Premio que lleva el mismo nombre y que concede la Fundación Abogados de Atocha, promovida por CCOO de Madrid. En aquel momento el premio no era a título personal. Lo recogiste junto a Concha Velasco, en representación de quienes participasteis en aquella impresionante huelga de actores de 1975.

Tienen fijación estos sindicalistas contigo, la verdad. No sé bien qué les das, qué les has dado, qué reconocen en ti que no vean en otros. Bueno, tal vez sí, algo intuyo. Esa mezcla de dureza y fragilidad, o de fragilidad combatida con la voluntad de ser. Hasta cuando te conviertes en tripulante golpista del Dragon Rapide,  en señorito insufrible y despiadado de los Santos Inocentes, o en el general Armada del 23-F.

Tal vez también el amor mesiánico, redentor y milenarista que buscamos con la misma intensidad de Juan de la Cruz. O la añoranza de aquel primer blanco y negro Estudio 1 en el que triunfaste haciendo teatro televisivo sin descanso.

Te lo has llevado todo, o casi todo. Los Goyas a mejor actor de reparto y protagonista. Los Max, la Concha de Plata en San Sebastián, Viña del Mar en Chile, Málaga, Turia, ACE en Nueva York, Círculo de Escritores Cinematográficos y, cómo no, el de tus compañeros y compañeras de la Unión de Actores, el sindicato de tantas y tantos jóvenes y no tan jóvenes actores, que sobreviven con frecuencia como camareros y que pocas veces consiguen subirse a un escenario y cumplir un sueño. Lee el resto de esta entrada »


Nada es lo que parece

febrero 18, 2020

Creo que fue el ambicioso y calculador Duque de Wellington el que dijo que España es el único lugar del mundo en el que dos y dos no suman cuatro.  Así dicho, por parte de una persona venida del pasado, cargada de autoridad derivada de sus dotes militares y políticas, bien pudiéramos darlo por válido, así sin pensarlo dos veces. Así, sin más.

No seré yo quien desacredite su autoridad pero, aunque sólo fuera por mero entretenimiento, conviene darle unas vueltas al asunto. El propio Wellington, cuyo nombre al nacer era Arthur Wellesley, era un segundón de la nobleza irlandesa, en aquellos tiempos en los que ser irlandés era ser británico, igual que haber nacido en lo que hoy conocemos como Argentina, o Cuba, te convertía en español.

No quito mérito alguno a Wellington, ya suficientemente condecorado en vida con títulos como el de Duque, caballero de numerosas órdenes y hasta primer ministro en su tierra, al frente del partido conservador y más en concreto del ala más conservadora de los conservadores.

Tampoco el inefable Fernando VII, primero Deseado y luego Felón y Narizotas, dejó de agradecer los favores militares prestados, unido con el Duque por el mismo interés en demostrar que los españoles, alzados en armas por su cuenta y riesgo, unidos en torno a las Cortes de Cádiz y las Juntas de Defensa autoproclamadas a diestro y siniestro, no hubieran ganado la guerra de la Independencia sin la ayuda de Wellington.

Fernando le concedió el Toisón de Oro, la Gran Cruz de San Fernando, el Ducado de Ciudad Rodrigo y le nombró Comandante en Jefe de las tropas aliadas contra Napoleón. Vaya, que puso a las tropas españolas bajo sus órdenes. Lee el resto de esta entrada »


Honrar la memoria del futuro

febrero 18, 2020

No es tema menor éste de hacer memoria, recordar, rendir homenaje. Tiene mucho de evocar, invocar y hasta conmemorar. Abundan los homenajes, no demasiado, hay que decirlo, a los más variados personajes, o en torno a fechas significativas, porque en ellas ocurriera algo que cambió las cosas para bien, o para mal. O para bien de unos y para mal de otros.

Homenajes, personajes, fechas, bien pertrechados de charlas y conferencias, textos publicados y republicados, documentales, libros conmemorativos, películas, exposiciones singulares, actos públicos, únicos, minoritarios, elitistas, masivos, exclusivos. En vida, porst mortem.

No me parecen del todo mal, aunque no siempre me terminan de convencer este tipo de eventos. O tal vez me parecen bien, así en general, aunque con más o menos matices, según la ocasión, o mi estado de ánimo, o los ojos con los que los miro. Creo que esta valoración personal tiene mucho que ver con el subjetivismo, la simpatía personal, puede que hasta con la ideología. Sobre todo con la experiencia, lo aprendido, bien o mal aprendido.

Aquel poema de Bertolt Breht, habrá quien lo recuerde y quien nunca lo haya leído. El que habla de aquellos tejedores de Kujan-Bulak, la pequeña aldea fuera de mapa, al Sur de Turquestán, en esa zona exótica del imperio ruso poblada por kazajos, uzbekos, tayikos, turcomanos, o kirguises. Aquellos tejedores que por no hacer un feo, entre temblores de fiebres, a merced del humo de un ferrocarril intermitente, acuerdan realizar una colecta y levantar un busto a Lenin para honrar su memoria.

Sus temblorosas y febriles manos van depositando sus pequeños ahorros de cada día hasta que Gamalev, el soldado del Ejército Rojo, propone gastar ese dinero en petróleo que será vertido en la laguna para acabar con los mosquitos que infectan el pueblo y causan las fiebres. Así lo hicieron y Brecht sentencia que aquellos hombres habían entendido a Lenin y le honraron al tiempo que se beneficiaban. Así se decidió, así se hizo, concluye el poeta.

En una asamblea, esa misma noche, decidieron colocar una pequeña placa en la estación que diera buena cuenta de este peculiar homenaje. Ciertamente no hubo grandes banderas, discursos de autobombo de los comisarios políticos, los alcaldes, los dirigentes del partido, los sumos sacerdotes del culto a la personalidad, los héroes del trabajo, los constructores de la patria. No cantaron sus himnos guerreros los coros del ejército rojo, ni se bailaron las danzas populares a cuenta del siempre presente, desde la lejanía de su imponente mausoleo de la Plaza Roja, el camarada Ivan Ilich Ulianov, alias Lenin. Lee el resto de esta entrada »


Carta abierta a un gobernante sobre Derechos Humanos

enero 6, 2020

Sí, una carta para ti, un gobernante, cualquier gobernante. De cualquier país, en cualquier región del mundo. Podría ser la carta a todos los gobernantes, de hecho lo es, pero me gustaría que la tomases como algo personal y temo que si la recibieras en plural terminases pensando que el asunto no va contigo.

Viene la carta a cuento de un acto reciente en el que he participado, organizado por la Fundación Ateneo 1 de Mayo. Un acto sencillo, para conmemorar la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en el que se entregaron los premios del Certamen Internacional de Relatos Meliano Peraile y el premio juvenil PhotoJob. El primero vinculado a los derechos humanos, el segundo al trabajo decente.

Los organizadores quisieron comenzar el acto con una intervención sobre la situación de los Derechos Humanos en el mundo, a cargo de la socióloga y escritora, Cecilia Denis, activista histórica de Amnistía Internacional. En sus palabras pudimos intuir el panorama desolador de los seres humanos en este planeta. De esas palabras surgió mi necesidad de escribir esta carta.

En un mundo acelerado como el que nos ha tocado en suerte, hoy  nos preocupa el clima, mañana una agresión sexual, ayer los cadáveres que el Mediterráneo va devolviendo a las costas europeas y, a salto de mata, un día sí y otro no, nos asaltan las noticias de conflictos en las calles de Bolivia, Chile, o Ecuador. Y de ahí pasamos a las calles de Barcelona, o a Hong Kong. El orden es aleatorio. Lee el resto de esta entrada »


El Ecuador de los Shuar

octubre 28, 2019

Ya sé que después de escribir sobre fifís, fresas, pirrurris y piojas resucitadas, me había comprometido a hacerlo sobre morenacos, chairos, nacos y mamertos. Pensaba cerrar un corto ciclo que me ayudara a entender mejor una sociedad tan lejana y tan cercana como la del México de nuestros días.

Sin embargo, la vida manda. No hay que dejar de lado las trasversales que se cruzan en el camino. No hay que perder la ocasión de encadenar trayectorias, enlazando unas con otras. Volveré a México, pero ahora tocaba preguntar por wash a un amigo,

-Jo, vaya lío que hay en Ecuador, ¿no? En las televisiones parece que todo está muy revuelto.

-Ya te digo. Y mi hijo pequeño está allí. Con los suhar.

Hizo la carrera en Madrid, un máster en Barcelona, algo así como Antropología y Etnografía. Cuando acabó decidió tomarse un tiempo para practicar lo suyo, en vivo y en directo, en un proyecto de cooperación internacional con los shuar. Cuando eres joven el tiempo es infinito.

Mi amigo se alegró, porque el tiempo del máster en Cataluña se le hizo eterno. Referéndum, manifestaciones, lazos y banderas, trasiego callejero. El chaval contento, envuelto en la estelada de acá para allá. Lo de Ecuador le pareció al principio hasta una liberación. Ahora piensa que nunca se sabe.

No tengo ni idea de quiénes son los shuar, ni qué hace su hijo con ellos, pero para eso está mi amigo,

-Los shuar son una étnia del tronco jíbaro y mi Juan se fue con ellos porque conoció en Barcelona a un amigo ecuatoriano y le puso en contacto con una ONG que tiene proyectos por allí. Ahora, a ver cómo nos lo traemos, además de que no quiere. Lee el resto de esta entrada »