1001 EL ORGULLO Y LA COMPASION

diciembre 26, 2013

 

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El pasado 19 de Diciembre, en el Auditorio Marcelino Camacho de CCOO de Madrid, se celebró un acto conmemorativo del 40 aniversario del Proceso 1001, en el cual intervinieron Ignacio Fernández Toxo, Secretario General de CCOO, Jaime Cedrún, Secretario General de la Unión de Madrid, unos cuantos de aquellos compañeros que fueron juzgados en dicho proceso, un grupo de jóvenes sindicalistas y Josefina Samper, la esposa de Marcelino Camacho.

Quisiera haber podido acompañar a Santisteban, Acosta, Saborido, Sartorius, Zamora, en el acto. Pero quiso la suerte,mala en este caso, que tuviera que pasar la tarde junto a mi madre, en el hospital. Fernando Soto tampoco pudo estar presente en el acto, también postrado por una enfermedad.

Los números parece que eligen a sus destinatarios. El 46664 eligió a Mandela para convertirlo en el hombre que representaba la lucha por la libertad. Luego Mandela, el preso 466 del año 64, eligió ese número para convertirlo, en referencia en la lucha contra el SIDA en todo el planeta. El 1001 eligió a los Diez de Carabanchel, aquel 20 de Diciembre de 1973, para convertirlos en el símbolo de la lucha de la clase trabajadora española contra el franquismo. Algo de milenarismo medieval, de final de un mundo y advenimiento de otro, parece acompañar esa famosa cifra 1001.  

Un final que anunciaban y anticipaban Marcelino Camacho, Eduardo Saborido. Nicolás Sartorius, Francisco García Salve, Miguel Ángel Zamora, Pedro Santisteban, Luis Fernández, Francisco Acosta, Juan Muñiz Zapico, Fernando Soto. Diez hombres detenidos en un convento de monjes oblatos de Pozuelo de Alarcón, el 24 de Junio de 1972, que representaban la llegada de otra España que daba la espalda a la dictadura y deseaba democracia y libertad.

Las Comisiones Obreras se habían ido convirtiendo desde su nacimiento, en las minas y en los tajos, a mediados de los años cincuenta, en un referente inevitable de la lucha por la libertad. La lucha por los derechos laborales y sociales era, sin duda, la amenaza más peligrosa para el régimen franquista. Una grieta que iba debilitando cada vez más el muro de la dictadura. Una amenaza que quisieron conjurar con la detención de la cúpula de las Comisiones Obreras reunida en un convento.

Y los números eligieron el 1001 para identificar el proceso abierto contra el sindicalismo en  libertad. Con la mala suerte, también en este caso, de que el juicio dio comienzo el mismo día en que la banda terrorista ETA perpetró el asesinato del Almirante Carrero Blanco, el Presidente del Gobierno de la Dictadura. La consecuencia es que las condenas fueron desproporcionadas, si es que la proporción pudiera ser predicable de cualquier régimen dictatorial.

Escribo estos pensamientos en unos días navideños, en los que mi madre se encuentra en el hospital, aquejada por problemas respiratorios. Problemas que también padece en estos momentos Fernando Soto y que le impidieron estar presente en el homenaje a los sindicalistas juzgados en el proceso 1001.

Escribo tras recorrer ese azaroso camino de las urgencias hospitalarias del 12 de Octubre. Un camino sembrado de camas esparcidas por los pasillos, que rodean los mostradores. De sillones en los que cientos de pacientes esperan, en los rincones, el diagnóstico. Salas de observación, hacinadas, de donde salen hacia sus domicilios, o hacia las plantas del hospital.

Y en mitad de ese hospital de campaña, esas gentes que, sobrecargadas de trabajo, mermadas en sus efectivos, sus recursos y hasta sus salarios, siguen desplegando una sonrisa y prodigando un tratamiento cortés a cada paciente

Lugares para la paciencia y la solidaridad. Lugares para la desesperación y la compasión. Pienso en mi madre. Pienso en Fernando Soto. Pienso la compasión, la solidaridad, el apoyo mutuo. Pero pienso, también, en la traición que supone aliviar la conciencia, eludir la mucha o poca responsabilidad que podamos tener, intentando olvidar, supliendo la injusticia con caridad.

Un lujo que no pudieron, no supieron y sobre todo no quisieron permitirse aquellos que un 24 de junio decidieron acudir a la cita con su detención y con un juicio incierto. Aquellos que un día, a contracorriente, decidieron organizarse contra la injusticia. Viejos conocidos de  la policía franquista que desafiaron sistemática y organizadamente las prohibiciones impuestas.

Han pasado 40 años. tras la muerte del dictador llegó la Transición hacia la democracia y una Constitución que acaba de cumplir 35 años. La crisis que estamos viviendo está poniendo a prueba muchos de los mecanismos, las instituciones, los usos y costumbres, los malos usos y malas costumbres, adquiridos. Han cambiado los tiempos, pero la injusticia, la desigualdad, los recortes de las libertades conquistadas, siguen  jugando sus bazas y van ganando la partida.

Hoy, aquellos Diez de Carabanchel, los que fueron juzgados en el proceso 1001, siguen atrayendo nuestro orgullo, nuestra voluntad de ser, nuestra capacidad de organización, para defender a los pueblos de las ansias depredadoras de los mercaderes. Porque como le gusta recordar a Nicolás Sartorius, los derechos no se heredan y hay que defenderlos cada día.

Francisco Javier López Martín.

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APROXIMACION A LOS PROBLEMAS DE LA FORMACION PROFESIONAL PARA EL EMPLEO

diciembre 23, 2013

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El 31 de diciembre de 2010 concluyó la vigencia del IV Acuerdo de Formación Continua. Desde entonces el acuerdo se ha visto prorrogado aprovechando la normativa existen que dotaba de cierta estabilidad al mismo RD 395/2007, pese a la conciencia generalizada de la necesidad de revisar en profundidad el modelo.

La crisis económica, los cambios de gobierno, la inestabilidad política y social que se ha generado, han impedido que la necesidad se convierta en proceso de negociación y búsqueda de un acuerdo político y social. Sin embargo la necesidad persiste y se convierte, cada día, en más acuciante.

Conviene aclarar que, cuando hablamos de Formación Profesional para el Empleo, nos estamos refiriendo a la organización y gestión del subsistema de Formación para el Empleo, cuyos recursos proceden de la cuota que empresas y trabajadores depositamos en la seguridad social, unos recursos que,  en plena crisis, suponen 1860 millones de euros, en el presente año.

Los cambios que se han producido son brutales y la conciencia de los problemas que aquejan al sistema es general. Para empezar, casi seis  millones de personas paradas, han hecho que la mayoría de los recursos para formar a personas trabajadoras, se dediquen a formar personas desempleadas. La formación profesional para el empleo desarrolla así el principio de universalidad, donde empresas y trabajadores ocupados ejercen la solidaridad con aquellas personas que han perdido su empleo o no lo encuentran.

Ahora bien, este principio de universalidad, debe producirse sin perjudicar el reciclaje y la mejora de la cualificación de las personas ocupadas, lo cual tiene efectos siempre positivos sobre la viabilidad y futuro de las empresas. Eso sólo puede conseguirse incrementando con recursos del Estado, destinados a políticas activas de empleo, los fondos recaudados por la cuota de formación, no podemos olvidad tampoco que la cuota también financia la formación del colectivo autónomo que no cotiza por formación.

Otro problema proviene de la falta de conexión entre los dos ministerios que tienen competencias en materia de Formación. La Educación de adultos, la Formación Profesional, la Formación Universitaria, son competencia del Ministerio de Educación. La Formación Profesional para el Empleo depende del Ministerio de Empleo. La desconexión entre ambos departamentos y los recursos propios del subsistema de Formación para el Empleo, procedentes de la cuota de formación, han contribuido a alimentar este aislamiento y crear comportamientos endogámicos en el subsistema.

No es un fenómeno exclusivo de la formación para el empleo, porque ocurre en otros ámbitos, pero sería malo negarlo. No tiene, además, explicación alguna que los centros públicos de formación profesional, centros de adultos, universidades, dependientes de los departamentos de Educación, no participen activamente en la formación de personas trabajadoras, ya sean ocupadas o desempleadas. Es un derroche inaceptable e incomprensible.

Otra distorsión procede del incompleto desarrollo del Estado Autonómico, que carece de instrumentos propios de un Estado Federal. Me explico. De los 1860 millones de la cuota, algo más de 1000, van a parar a las Comunidades Autónomas. A partir de ahí las Comunidades ejecutan programas formativos que, en muchos casos, no respetan el carácter finalista de la cuota para la formación.

Se han producido numerosas sentencias del Tribunal Constitucional, que reconocen que el Estado puede y debe establecer normativa para ordenar la utilización de los recursos que transfiere y tambien para reanualizar los fondos no gastados, pero no se hace y la consecuencia inmediata es que, una vez transferidos los recursos y tras la justificación de que se han aprobado los fondos (no es necesario tan siquiera justificar que se han pagado los mismos), poco más sabemos. La autonomía no debería estar reñida con sistemas integrados de información, gestión, evaluación, compartidos. Instrumentos con los que cuenta un Estado Federal, pero de los que carecemos en España.

Otro elemento que llama a la preocupación es la gestión de la formación bonificada. Esta línea de bonificación debería, en principio, permitir que las empresas, entendidas como empresarios y trabajadores utilizasen la cuota a cambio de realizar formación específica, adaptada a las necesidades de la empresa. Sin embargo, con un tejido de pequeña empresa y microempresa, la bonificación ha producido muchos problemas.

Miles de empresas (las llamadas entidades organizadoras), se han especializado en gestionar bonificaciones a las pequeñas empresas. El incumplimiento de la obligación de informar a la representación legal de los trabajadores no es infrecuente y el control de las irregularidades y abusos en bonificaciones, muy difícil. Hay países, como Inglaterra, donde sistemas similares han levantado escándalos por fraudes millonarios.

Al final, la Fundación Tripartita, de la que forman parte el gobierno, empresarios y sindicatos, termina gestionando menos del diez por ciento de los recursos de la cuota, 181 millones de euros, repartidos en programas de centros, sectoriales, intersectoriales, autónomos, economía social, jóvenes. Una dispersión difícilmente comprensible.

La formación sectorial, fruto del acuerdo entre empresarios y sindicatos, se articula en torno a cerca de 90 Comisiones Paritarias, nacidas de la negociación colectiva de convenios sectoriales o de acuerdos de formación en algunos sectores. Una dispersión poco útil para diseñar procesos formativos realmente útiles.

Es verdad que la gestión de la Fundación Tripartita cuenta con numerosos controles administrativos, de la Inspección de Trabajo, de la intervención, del Tribunal de Cuentas y de los tribunales de justicia. Pero los problemas descritos dificultan la eficacia y la eficiencia del conjunto del subsistema en el cumplimiento del objetivo de garantizar la formación continua de los trabajadores y trabajadoras.

Soy maestro. No me considero un experto en formación para el empleo. He llegado a esta responsabilidad hace poco menos de un año. El subsistema de formación para el empleo es muy complejo, donde conviven intereses encontrados, con reglas propias, que hacen aconsejable no entrar en el mismo como un elefante en cacharrería.

Mis opiniones admiten, sin duda, matizaciones y correcciones. Pero he hablado con mucha gente y creo que no me encuentro muy alejado de la realidad en la descripción de los problemas que sitúan la formación para el empleo en un punto muerto, al borde del precipicio.

Dejaré para una segunda entrega, un avance de posibles soluciones. Pero creo que para realizar el intento hay que tomar en cuenta que, si queremos revisar el modelo y corregir sus problemas, no hay soluciones mágicas. Además, reconocer los males, no debe significar que tiramos por la borda los logros conseguidos, que no son pocos. No todos coincidimos en las propuestas para solucionarlos. El clima político tampoco ayuda. Pero merece la pena intentarlo y, en todo caso, constituye una auténtica irresponsabilidad mantener este estado de cosas, a la espera de que el paso del tiempo solucione, por si solo, los problemas.

Francisco Javier López Martín

Secretario Confederal de Formación de CCOO


AQUELLOS JOVENES DEL 14-D

diciembre 14, 2013

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Me pilló aquel 14-D con 31 años. Lo que hoy sería ser joven, no lo era en 1988. No son sólo cambios culturales los que se han producido. Son, también, cambios económicos y sociales los que han conducido a un estado de juventud prolongada. Siento que siempre he ido un paso por delante de ese estado. Siempre un año por delante de las ampliaciones de la edad para sacar el abono joven.

Para cuando las CCOO y la UGT decidieron convocar la Huelga General del14-D  yo no era joven, por más que, técnicamente, hoy pudiera serlo. Para esas fechas había hecho la famosa mili, había obtenido el título de Profesor de EGB. había dado clases durante diez años en el colegio de la Unidad Vecinal de Absorción de Villaverde, en Ubrique, en Leganés. Tenía dos hijas de 5 y 3 años.

Pocos podían pensar que aquella Huelga General era la primera batalla de una larga guerra de resistencia contra las reformas laborales impuestas, contra la precarización de los contratos de trabajo, contra el abaratamiento de los despidos, contra la conversión de nuestros jóvenes en mano de obra barata, temporal, precarizada.

De la misma forma que pocos podíamos entender que un gobierno socialista, que había llegado al poder seis años antes, aglutinando esperanzas de cambio, fuera el autor de semejante despropósito. Y, sin embargo, lo era. Quienes deberían haber culminado la transición política, afrontando la transición de un poder económico heredero del franquismo, repartiendo la riqueza de forma más equitativa, se habían dejado abducir por la fascinación del poder y de la riqueza.

Tan intactos quedaron los poderes económicos, que el gobierno de Aznar encontró el terreno abonado para inflar esa burbuja inmobiliaria y financiera que destrozó nuestro modelo de crecimiento y dejó abiertas de par en par las puertas para que la crisis llegara y se instalara entre nosotros para muchos años.

Por lo pronto, aquel 14-D, una generación nacida a principios de los 60 reclamaba su puesto en la sociedad. Ahí estaban, en los sindicatos, en los  centros de estudio, en las empresas. En las inmediaciones de la Huelga General organizaron impresionantes manifestaciones contra un futuro que les estaban pergeñando a traición.

Francisco Moreno, era uno de aquellos jóvenes. Secretario de Juventud de CCOO planteaba así, diez meses después de la Huelga, en el diario El País, las reivindicaciones juveniles planteadas en la Propuesta Sindical Prioritaria.

LA PROPUESTA SINDICAL PRIORITARIA, UNA APUESTA CON LOS JOVENES

No descubrimos nada nuevo al afirmar que los jóvenes constituyen el sector más afectado por el desempleo y por condiciones de trabajo en precario o sumergidas, viéndose obligados a contemplar su futuro como una realidad oscura o incierta. Situación de la que los jóvenes son bastante conscientes, como demostraron antes y durante el 14-D, obligando al Gobierno a guardar el PEJ (Plan de Empleo Juvenil) en algún cajón de la Moncloa. Pero para algunos lumbreras del Gobierno parece como si aquella participación juvenil no les hubiera afectado, y vuelven a la carga con los argumentos de siempre: la negociación colectiva es un freno para la contratación de jóvenes, debido a los salarios “tan altos de entrada”.Esto es lo que nos venía a decir el ministro de Economía, en un estudio publicado recientemente. Cabría recordarle que la naturaleza de los empleos a los que acceden los jóvenes se caracteriza por ser los menos cualificados, sin posibilidades en muchos casos de promoción y, por tanto, los peor pagados. Casi un 70% de los salarios de los jóvenes están por debajo del SMI.

No, los costes salariales no son la causa de la falta de inserción laboral del joven. Además, desde el Gobierno, ya se han encargado de facilitarles a los empresarios mano de obra barata, rompiendo el principio de a igual trabajo, igual salario, estableciendo un salario mínimo diferente para los jóvenes de 17 años y otro distinto para los de 16, enmascarando la antigua figura del aprendiz, cuando el Estatuto de los Trabajadores no plantea ninguna diferenciación por cuestión de edad y obliga al empresario a pagar por la prestación de un trabajo igual el mismo salario. Por tanto, no es la negociación colectiva un freno, más bien ésta corrige las desigualdades que se producen y que el Gobierno alimenta con sus decisiones.

Otro argumento del Ministerio de Trabajo es el de la falta de experiencia profesional. Si la inexperiencia profesional fuese un obstáculo, ¿por qué casi 500.000 jóvenes que trabajaron alguna vez hoy no encuentran un puesto de trabajo, y ¿por qué los empresarios no reconocen las titulaciones profesionales? Tenemos que empezar a desmitificar esta supuesta barrera de la inexperiencia profesional. Aunque reconozcamos la necesidad de aumentar la formación profesional, ésta, por sí sola, no resolverá el problema, debido al desfase existente entre la demanda de trabajo y las colocaciones que se ofertan. Y además el actual sistema de formación es absolutamente ineficaz, como reconocen los propios jóvenes en un estudio que estamos realizando en las escuelas-taller y casas de oficio.

En la actualidad las dos únicas fórmulas de contratación para jóvenes son las de prácticas y formación que se han visto desvirtuadas en su aplicación, convirtiéndose en la inmensa mayoría de los casos en otra vía de contratación en condiciones de precariedad.

Medidas concretas

Es partiendo de todo lo anterior donde cabe situar la Propuesta Sindical Prioritaria, una propuesta que recoge las demandas más sentidas por los jóvenes, desarrollando ese derecho reconocido en la Constitución, de un empleo digno y de calidad e intentando acabar con ese sentimiento de resignación al que nos conduce la política de empleo gubernamental, aquello de que más vale esto que nada. Considerando a los jóvenes ciudadanos de segunda clase y aspirantes a los trabajos más precarios.

Con la Propuesta Sindical Prioritaria, CC OO y UGT pasamos de la denuncia a la alternativa, en una palabra, pasamos a la ofensiva, ofreciendo cauces de solución al fenómeno del desempleo juvenil y sus consecuencias. Integrando en la propuesta medidas de formación, empleo y prestaciones.

Medidas tales como:

– Elaboración de un plan de choque de formación profesional para aquellos sectores de jóvenes que provienen del fracaso escolar.

– Garantizar dos años de preparación profesional para los jóvenes, con una reforma de la formación profesional que asegure una calidad en la formación y responda a las necesidades del sistema productivo.

– Establecer un servicio público de información y orientación profesional, coordinando lo formativo con lo laboral.

– Establecer un sistema único de certificaciones y homologaciones profesionales que reconozcan la experiencia y la formación profesional adquirida.

Elaborar una normativa clara para las escuelas-taller y casas de oficios, que conviertan a éstos en experiencias útiles.

Revisar las modalidades de contratación en prácticas y para la formación que realmente sirvan para lo que fueron creados general empleo.

– Establecer topes porcentuales máximos de jóvenes con contrato en prácticas y de formación en función de las plantillas de trabajadores fijos, discriminando positivamente en favor de su transformación en indefinidos.

– Extender la cobertura por desempleo a los jóvenes parados de larga duración.

– Establecer un salario Social para aquellas situaciones no cubiertas por el desempleo, en las que se encontrarían un colectivo juvenil amplio y marginado socialmente.

– Promoción de viviendas públicas de alquiler que den respuestas a las necesidades sociales de un gran número de ciudadanos, entre ellos jóvenes.

La PSP, pues, se sitúa en la realidad del presente, proyectándose hacia un horizonte optimista, renovando el compromiso adquirido con los jóvenes tras el 14 D, y donde la participación es fundamental para que esta apuesta se abra camino.

Francisco Moreno era Secretario de Juventud de CCOO aquel 14-D


MANDELA: DE TERRORISTA A HYPSTER

diciembre 12, 2013

mandela y camacho

Quisiera haber escrito este artículo cuando me enteré de la muerte de Nelson Mandela, pero me fue imposible. Además las televisiones se inundaron de Mandelas y Madibas. Los periódicos se llenaron de obituarios y artículos de opinión unánimemente laudatorios. Las redes sociales de trend topic. Los medios se ubicaron en Johanesburgo, con viajes organizados a Soweto o a Robben Island. Sus funerales se colmataron de mandatarios de todo el mundo, dispuestos a hacer su gimnasia matinal en los mejores hoteles y posar ante las cámaras formulando pretenciosas declaraciones alabando al hombre que acababa de morir.

La Merkel se negó a asistir a los funerales, tal vez porque no eran los suyos. La reina de Inglaterra y el rey de España, por los problemas de salud de la monarquía.  El primer ministro israelí por no hacer gastos. El Dalai Lama por las buenas relaciones de Sudáfrica con China. El Presidente chino vaya usted a saber por qué. El presidente de Uruguay por la edad y la presidenta argentina por prescripción médica. El Papa Francisco porque ha delegado en Dios y él no se ve en esos saraos.

Este Papa Francisco, de entre los que han podido elegir no asistir, me parece, con todo, el más coherente. Porque sonroja ver y escuchar a algunos de los personajes que han desfilado por la tribuna de invitados del estadio de Johanesburgo. “el funeral de Mandela hará más emblemático al estadio donde ganó España”, ha declarado el inefable Rajoy, arrimando el ascua a su sardina.

Una de dos, o este mundo está necesitado de héroes, o Mandela se ha convertido en el paradigma del buen rollito posmoderno, aún mucho antes de fallecer. O las dos cosas a la vez. Porque conviene recordar que este Rolihlahla Mandela, al que su maestra rebautizó como Nelson, del clan Madiba, de la etnia Xhosa, nacido de familia real, hizo honor a su nombre de pila, que significaba algo así como tirar de la rama del árbol, el alborotador, el rebelde. El que huyó de su casa y aprendió las luchas de los mineros y la resistencia de los indios. El que estudió derecho y, sin terminar la carrera comenzó a defender a su pueblo. El que se involucró en política con sindicalistas y comunistas  del Congreso Nacional Africano, hasta llegar a dirigir la lucha armada del Comando Lanza de la Nación, antes de ser detenido y condenado a cadena perpetua. El que cumplió 27 años de cárcel. El  que se negó a renunciar a la lucha armada a cambio de la libertad. “¿Qué libertad se me ofrece, mientras sigue prohibida la organización de la gente? Sólo los hombres libres pueden negociar. Un preso no puede entrar en los contratos”. El que dirigió el proceso de negociaciones que condujo al fin del apartheid.

El Premio Nobel de la Paz y el primer Presidente negro de Sudáfrica. El amigo de Gadafi y de Castro, lo cual le valió abucheos en Miami. El jefe de la organización que Inglaterra, la ONU, los Estados Unidos, catalogaban como terrorista y comunista hasta 2008. El que tenía cuadros de Lenin y Stalin en su casa, en los años 50. El que abandonó la no violencia para abrir un frente armado. El hombre sin el cual la democracia hubiera sido imposible en Sudáfrica. El que gustaba de codearse con la alta sociedad y, durante su mandato como Presidente, no abordó el problema del SIDA. El que después se comprometió con los activistas que luchaban contra la enfermedad, aun a costa de enfrentarse a su sucesor en la presidencia. El que unió a blancos y negros hasta hacerles sentirse parte de una misma patria.

Mandela, Madiba para los suyos. Un hombre como todos los hombres. Con las virtudes de los hombres y las contradicciones que les acompañan. Pero un hombre bueno, que no es exactamente lo mismo que un buen hombre. Un hombre que aconsejó a Clinton, durante el escándalo Lewinsky, “Mandela me dijo que perdonó a sus opresores porque de no hacerlo, ellos lo habría destruido. Él me dijo: ‘Ellos tomaron ya todo lo que me pertenecía. Tomaron mis mejores años, que no viese a mis niños crecer, mi unión matrimonial, abusaron de mí física y mentalmente. Podían tomar todo excepto mi mente y mi corazón. Esas cosas tendría que darlas yo y decidía no dárselas.’  ‘Ya tuvieron 27 años… No les voy a dar más que eso. Y dejé ir al odio’. Para concluir afirmando: “Haces esto no para los demás, sino para ti. Si no abandonas el odio, te carcome el alma.”

Perdonar, que no olvidar. Esa es la grandeza de Mandela. Junto a ese carisma personal que mantuvo intacto durante toda su vida. El que transmitía seguridad y confianza a los suyos, porque cargaba sobre sus espaldas el dolor y la lucha de todo un pueblo y porque ese compromiso tenía un precio insalvable, pagado con 27 años de cárcel y un alto coste personal. “No abandonaré Sudáfrica, no me rendiré. Solo con penurias, sacrificio y acción militante se puede conquistar la libertad. La lucha es mi vida. Seguiré luchando por la libertad hasta el fin de mis días.”

Por eso resulta bochornosa esa crónica edulcorada de los funerales de Mandela. Ese buen rollito hypster. Esa conversión de Mandela, Madiba para los suyos, en un icono de la posmodernidad estética, del buenismo, la genialidad, la “autenticidad” mediática, el negro blanco. Un producto exclusivo para camisetas fabricadas en la India por niños de ocho años. Del espectáculo, nos queda el despliegue de mandatarios de todo el mundo, un Obama dando la mano a Raul Castro, un Obama flirteando con la primera ministra danesa, el abucheo al Presidente de Sudáfrica, a cargo de su propio pueblo. Al final va a resultar que lo más auténtico del acto se encuentra en el dolor de todo un pueblo por la pérdida y su incertidumbre hacia el futuro. Al final, junto a tanto mandatario en la tribuna, el interprete de signos que traducía a su aire, utilizando arbitrariamente los gestos, reinventando los discursos (bien porque era simple y llanamente un impostor, bien porque sufriera un “brote esquizofrénico”, como él mismo afirma), se ha convertido en el cronista real de un episodio de sinsentido que será recordado en los anales del esperpento. Un interprete que, actuando como espejo privilegiado, en el callejón del Gato, nos devolvía la imagen deformada, pero real de lo que estábamos viendo, entre atónitos y despavoridos. El mundo está desnudo. El mundo está necesitado de gente honesta, de héroes de carne y hueso.

Dicho todo lo cual, Hasta siempre Mandela, Madiba para los tuyos. Seguiremos tus pasos, aprenderemos de ti, nos guiará tu ejemplo. Y suerte, mucha suerte, gentes buenas de Sudáfrica.

Francisco Javier López Martín


FORMACIÓN PARA EL EMPLEO. UN MODELO AL BORDE DEL BLOQUEO.

diciembre 9, 2013

formacion para el empleo

Vivimos un tiempo de ideas simples, lecturas cortas, imagen impactante y realidades virtuales.  Las cosas a veces no son simples, ni cortas, ni impactantes, ni caben en un dispositivo electrónico.

El riesgo es que el simplismo se apodere de todo y terminemos sustituyendo el debate por la tertulia, las ideas por las consignas, las propuestas por ocurrencias.

En el campo de la formación esto tiene un peligro muy grande, porque si algo persigue la formación es saber leer, interpretar y transformar realidades complejas, y hacer sencillo lo complejo no es lo mismo que convertirlo en simplismo.

No he llegado hace mucho al campo de la Formación para el Empleo.  He llegado cuando habían ya caducado los IV Acuerdos de Formación para el Empleo y todo el mundo hablaba de los V Acuerdos, pero sin abrir una negociación real sobre el tema.  Pronto comprendí que no era tan simple, porque la Formación para el Empleo constituye un sistema dentro del Sistema de Formación, que se ha visto golpeado en profundidad por la crisis.

Nada volverá a ser igual en este país tras la crisis y negociar unos V Acuerdos de Formación para el Empleo no puede traducirse en una renovación sino en un cambio en profundidad del modelo de formación.  Y no porque el modelo no haya funcionado, sino porque ya no puede sobrevivir en las nuevas condiciones de nuestro mundo empresarial y laboral, si quiere ser útil a las personas y a las empresas.

No tienen razón los que afirman que el modelo se ha agotado, pero sí que el modelo puede bloquearse.  No tienen razón los que afirman que hay poco dinero, pero sí que los recursos existentes son mejorables y están mal distribuidos.

Me explico. Los Fondos de Formación para el Empleo proceden de la cuota de formación que la Seguridad Social recauda de las empresas y las nóminas de los trabajadores.  Más de 1850 millones de euros en los peores años de la crisis.  Ahí no se contabilizan la educación de adultos, ni la Formación Profesional, ni la educación universitaria.

Los recursos no son pocos, pero como se gestionan de forma territorialmente dispersa y desarticulada, en cuanto a las responsabilidades de cada Administración, perdemos buena parte de la eficacia. La descoordinación existente entre la Administración Educativa y la de Empleo, dificultan poner orden en la Formación Profesional española, que podría enriquecerse de la suma de esfuerzos compartidos.

De los más de 1850 millones recaudados por el Estado en cuota de formación de empresarios y trabajadores, más de la mitad acaban en las Comunidades Autónomas.  Son fondos finalistas, es decir, sólo se pueden gastar en formación, sin embargo ya hay sentencias de los tribunales, incluido el Tribunal Constitucional, que ponen de relieve la laxitud con la que muchas Comunidades Autónomas aplican estos fondos a otros fines no estrictamente formativos, sin los controles sociales exigibles.

En cuanto al resto de la cuota, una parte muy importante de más de 600 millones va a bonificaciones de las empresas y Permisos Individuales de Formación.  Lo que cada empresario paga en cuotas puede ser recuperado si la empresa pone en marcha programas de formación.  Lo que en principio parece positivo, se convierte en un campo de minas, si comprobamos las ocasiones en que el empresario incumple el deber de informar a los representantes de los trabajadores.

Si añadimos que el tejido empresarial español está compuesto por pequeñas empresas y microempresas, el campo para las irregularidades y picarescas de todo tipo está abonado.

Al final, la tan traída y llevada Fundación Tripartita, siempre en el punto de mira insidioso de algunos medios de comunicación, no gestiona más del 10% de la cuota de formación, 180 millones de euros. 180 millones que van a programas para formar jóvenes, parados, ocupados, autónomos en ámbitos sectoriales e intersectoriales.

Me llama la atención que periódicos de tirada nacional, acostumbrados  a recibir subvenciones autonómicas y a bonificar cursos de todo tipo, se dediquen a atacar el sistema de formación para el empleo, que tantos dineros deja entre sus manos.  Pero esto es otro cantar y de los cursos de chino mandarín impartidos por una empresa periodística con cargos a dineros de una Comunidad capital y otras lindezas ya hablaremos en otro momento.  Téngase en cuenta que no hay ayudas o subvenciones que cuenten con tantos controles internos como las gestionadas por la Fundación Tripartita, que incluyen inspecciones internas y externas como las de la Inspección de Trabajo, Tribunal de Cuentas, o intervención del Estado.

Por lo pronto, retengamos que empresarios, sindicatos y Gobierno, tenemos la obligación de utilizar unos recursos escasos siempre, pero no pocos, de una forma más ordenada.

Porque el derecho a la Educación y a la formación permanente a lo largo de toda la vida, son dos derechos constitucionales de la ciudadanía, además de ser una necesidad de las empresas, si quieren tener futuro y la mejor inversión que nuestro país y cualquier país puede realizar en tiempos de crisis.

No abordar este reto significaría permitir que los hilillos que surgen de las fisuras del sistema vayan alimentando el chapapote de la crisis económica, de empleo, social y política que nos devora.  Significaría permitir que el subsistema de formación para el empleo se bloquee sine die.

Francisco Javier López Martín


la tierra de los nadie 74 “aprendo a liar ….

diciembre 7, 2013

foto: Fran Lorente

Aprendo a liar tabaco picado y me asombro
de la torpeza de mis dedos en el empeño.
Rebeldía del papel y temblor de las manos,
relación inestable de la tierra y el humo
.

Francisco Javier López Martín
Del poemario “La tierra de los nadie” ganador del Angel Urrutia Iturbe VII Poesia Lehiaketaren Irabazleari, Lekumberriko Udaletxeak


35 AÑOS: UNA CONSTITUCION EN LA ENCRUCIJADA

diciembre 5, 2013

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Los años transcurridos, cuando acaban en cero, o cuando acaban en cinco, llaman al recuerdo, a la conmemoración. Convocan la memoria, la evocación del tiempo transcurrido, el camino andado, el momento que fue y el que está por venir. Pueden convertirse en un jetztzeit, al más puro estilo Walter Benjamin. Un tiempo del ahora, que rompe el curso continuo de los acontecimientos, cargado de energía y dispuesto a dar un salto hacia el futuro. Pueden convertirse, que nadie se ofenda (que anda el personal muy crispado), en momentos revolucionarios, cargados de transformaciones profundas.

35 años de Constitución Española, no son una cifra tan redonda como 25, o 50, pero bien podrían constituir un tiempo-ahora, como me recordaba recientemente Jesús Montero, al comentar un artículo mío sobre Camus y rememorar los 25 años transcurridos desde la Huelga general del 14-D. Y sin embargo, atenazados como estamos por una crisis económica, de empleo, política y social, nadie parece excesivamente interesado en conmemorar la Constitución. Como si pensáramos que hacerlo puede aún empeorar la ya irrespirable situación.

El país parece entregado a la autoinmolación en aras de satisfacer a los más ancestrales demonios, que nos han devorado, cada cierto tiempo, a lo largo de nuestra historia, obligándonos a largos, duros y costosos procesos de renacimiento y reconstrucción, emergiendo de las cenizas.

La eterna derechona inclemente, que transigió a regañadientes con el advenimiento de un régimen constitucional, ha encontrado en la crisis, la coartada perfecta para desmontar la igualdad  aún incipiente e imperfecta que, con tanta persistencia y sacrificio, hemos ido construyendo. Vuelve por sus fueros el nacionalcatolicismo a las escuelas y se extinguen las becas y ayudas a los estudios. Vuelve Torquemada a perseguir el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo, sobre su embarazo. Vuelven a expoliar los recursos de todos, para ponerlos a los pies del dios mercado, al servicio de los intereses privados. Vuelven nuestros mayores a la indigencia y la soledad. Vuelve la justicia a ser de pago. Vuelven los jóvenes, más preparados que nunca, a hacer las maletas y emigrar al extranjero. Y los que se quedan, serán la primera generación que viva peor que la anterior, desde hace muchas décadas. Porque de eso se trata. La precariedad, la temporalidad, lo efímero, la inseguridad como forma de vida y horizonte de futuro. La modernidad de diseño que nos deparan.

Vuelve la criminalización de la protesta. Vuelve la hipocresía del empresario “buen salvaje”, que explota hasta el hastío a sus trabajadores y recoge alimentos para los mismos trabajadores que acaba de despedir, ahora convertidos en pobres que aguardan en la cola de la beneficencia. Vuelven las organizaciones de caridad, que no de justicia, que suplen temporal y precariamente, el hueco dejado por unos servicios públicos debilitados.

Vuelven los ataques al sindicalismo. Si un despacho de abogados negocia un ERE en nombre de la empresa y cobra sus abultados honorarios, estamos ante profesionales. Si los abogados y economistas del sindicato intervienen y cobran un pequeño porcentaje que nada tiene que ver con los costes de los despachos “profesionales”, están robando a todos los ciudadanos.

Si la editora de El Mundo, o de La Razón, o de ABC, organizan cursos para altos ejecutivos, a 3000, a 6000 euros, y los bonifican con recursos de todos los trabajadores extraidos de la Fundación Tripartita, y obtienen cuantiosas subvenciones y tapan sus agujeros financieros sangrando a Ministerios, a Comunidades Autónomas, Ayuntamientos, Universidades, el silencio es absoluto.

Si los sindicatos organizan cursos, mucho más modestos, pero más pegados a las necesidades formativas de los trabajadores, de las personas paradas y del común de los mortales, son ladrones y ocupan portadas en esos mismos periódicos. El silencio es absoluto, entre otras cosas porque perro no come perro. Entre otras cosas, porque una corte de tertulianos bien pagados y alimentados, viven de despotricar, contra los sindicatos y contra la izquierda, en las tertulias de las mismas televisiones que propiedad de esos mismos grupos editores de los periódicos. Televisiones que les han sido concedidas por amigos bien situados en la política. Amigos que tendrán su puesto asegurado en los consejos de administración, cuando decidan utilizar la puerta giratoria que conecta la política con la empresa.

Y no quiero decir, con todo esto, que los sindicatos y la izquierda, hayamos hecho todo bien en este país. La burbuja inmobiliaria, que trajo la ley del suelo del inefable Aznar, era mucho más que una burbuja de especulación inmobiliaria. Era especulación bancaria, Era fijar precios a la carta. Era con IVA o sin IVA. Era tener derechos sin deberes. Era depredar el territorio, las costas, los espacios protegidos. Era envilecer a las personas. Era espejismo de crecimiento sin fin. Era pelotazo infinito. Era consumo descabellado. Era vivir a crédito.

Decía mi padre, que vivió y murió en la pobreza, Que no me pongan donde haya. A lo largo de la ultima década y media, todo parecían oportunidades y el que no las aprovechaba, podía pasar por tonto. También habrá habido sindicalistas que han picado ese anzuelo. No conozco, sin embargo, nadie que se haya hecho rico y haya amasado fortunas en el sindicato. Pero si alguno ha incurrido en ilegalidades, merece pagarlo. Estoy seguro de que cuando echemos cuentas de la locura que vivió este país y las consecuencias que trajo consigo, podremos comprobar que los sindicalistas aportaron una ínfima parte de esa locura.

Quienes hoy deterioran lo público, la sanidad pública, la enseñanza pública, los servicios sociales, las pensiones. Quienes hoy atacan a los partidos políticos, a los sindicatos, a las instituciones públicas, degradando su credibilidad, preparan el asalto al Estado, para apropiarse de lo que es de todos, en beneficio de intereses privados. Sin control alguno, sin testigos.

Con todo, la Constitución que construyeron quienes hace 35 años asumieron la responsabilidad de acabar con una dictadura, en un momento de crisis económica mundial que devoraba empleos, salarios, empresas, tiene poco que ver con la corrupción, con la destrucción de derechos laborales y sociales, con el paro, con las tensiones políticas, con el robo de lo que es de todos para ponerlo a los pies de los mercaderes,con la fractura social que se está generando.

Más bien al contrario, releer la Constitución, que comienza definiéndonos como un Estado Social y Democrático de Derecho, puede ayudarnos a tomar conciencia de ese tiempo-ahora que nos toca vivir. Un tiempo que rompe la secuencia de los últimos 35 años y nos sitúa ante el despeñadero, o ante la voluntad de negociar un nuevo contrato social que asegure los derechos sociales y de ciudadanía, sin los cuales no hay país, no hay patria, no hay futuro. Hoy, la Constitución es nuestra última esperanza.

Francisco Javier López Martín