Paca Aguirre, poeta de nuestra sangre

diciembre 3, 2018

Francisca Aguirre, Paca para cuantos la conocemos, acaba de recibir el magnifico reconocimiento del Premio Nacional de las Letras 2018. Poeta y no poetisa, como las llaman quienes buscan encasillar a las mujeres poetas en un mundo de sensiblería y ñoñería, muy alejado de la realidad de creación literaria que protagonizan las escritoras en nuestro tiempo.

Hace bien poco, leía un artículo que ponía de relieve la discriminación de la mujer, también en el mundo de la cultura y la creación poética. La presencia de mujeres en los jurados de premios de poesía se limita al 15 por ciento en las últimas décadas. Porcentaje que ha aumentado al 21 por ciento en los últimos diez años.

La divulgación, publicación, acceso a premios, de nuestras poetas sigue siendo un problema de poder acumulado por una serie de personajes que dominan y controlan el mundo literario, sostiene la autora del estudio. Una situación que va cambiando, pero muy lentamente.

El premio concedido a Paca Aguirre, precedido en 2011 por el Premio Nacional de Poesía, por su poemario Historia de una anatomía, viene a reconocer toda una trayectoria de creación poética que ha producido 11 poemarios y una reciente recopilación de su obra completa bajo el título Ensayo General.

El propio título da buena muestra de un trabajo poético marcado por la voluntad de experimentar con la palabra, para descubrir, el dolor, la pobreza, el exilio, la represión, la muerte, el vacío, la miseria del tiempo que le ha tocado vivir. Un tiempo que nació republicano, primero, dictatorial durante cuarenta años y finalmente democrático.

Los miembros del jurado destacan que Francisca Aguirre es la más machadiana de la generación de mediados del siglo pasado. Valoran su lucidez, su conciencia, su capacidad de mantener viva la memoria. No en vano, una de las primeras conciencias de Paca Aguirre proviene de aquel momento en el que atraviesa la frontera Francesa, camino del exilio, en 1939, cuando su padre le cuenta que marchan al destierro por el mismo lugar donde cruzó Antonio Machado.

Nació, Paca, en Alicante. Hija del pintor Lorenzo Aguirre, formado, al principio en su tierra y luego en Madrid y París. Su obra pictórica fue galardonada con numerosos premios repartidos por toda la geografía nacional. Tras aprobar una oposición para formar parte del Cuerpo General de Policía, durante la República, se mantuvo fiel al gobierno legítimo de la misma al estallar la Guerra Civil.

Al finalizar la contienda, se vio obligado a exiliarse en Francia. Volvió a España tras la invasión alemana, pensando que huía de la muerte nazi y terminó siendo ejecutado por los franquistas, en la cárcel de Porlier, en 1942. De aquellos tiempos recordará, más tarde, que “el hambre te vuelve loca. Yo me acuerdo”.

Con Paca Aguirre hemos compartido momentos inolvidables, casi siempre junto a su esposo, el también poeta Félix Grande. Nunca ha faltado a las citas en las que las trabajadoras y trabajadores hemos necesitado sentir la solidaridad, la compañía, el apoyo del “mundo de la cultura”.

Recuerdo su firma, junto a la de Félix, en aquel Manifiesto  que exigía la preservación del patrimonio natural, histórico y cultural de la Sierra de Guadarrama y su conversión en Parque Nacional. No faltaron tampoco en el homenaje que rendimos, en el Auditorio Marcelino Camacho, a uno de los más firmes defensores de la Memoria Histórica, Gervasio Puerta.

Allí estaban, en aquella Noche y Día contra la Reforma Laboral  que CCOO y UGT convocamos, en las inmediaciones del Congreso de los Diputados,  el 24 de mayo de 2012. Ese año en que convocamos hasta dos Huelgas Generales, el 29 de marzo y el 14 de noviembre. Son tan solo tres de los muchos momentos que la pareja poética nos regaló.

Paca Aguirre nunca quiso formar parte de clubs, conciliábulos, tertulias, generaciones, círculos, sociedades, ni colectivos poéticos. La he encontrado, sin embargo, en muchas ocasiones, participando en actividades organizadas por el sindicato, o en las tertulias literarias de nuestro Ateneo 1º de Mayo. Leyendo sus poemas, presentando sus nuevos libros, explicando el sentido de su poesía.

Con motivo de la concesión del Premio Nacional de Poesía, preparamos un homenaje en el Auditorio Marcelino Camacho, en el que participaron muchas y muchos de sus amigas y amigos como Manuel Rico, Juan Carlos Mestre, Julieta Valero, o Margarita Almela, junto a Félix y su hija Guadalupe, también poeta, entre otras muchas personas venidas de la poesía, la música, el teatro. Gentes de la cultura, amigas y amigos de la vida.

Paca Aguirre es nuestra poesía. La valentía de la mujer que escribe “para no andar a gritos y para no volverte loca”. Combatiente contra la desigualdad, contra la discriminación entre mujeres y hombres, ricos y pobres. Defensora incansable de la vida y la libertad. Paca Aguirre, una mujer que merece sobradamente el reconocimiento que recibe, con el Premio Nacional de las Letras, porque su poesía está hecha de la sangre que recorre nuestras venas.

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25N Contra la violencia de género

diciembre 3, 2018

Me invitaron los compañeros y compañeras de Castilla y León a participar, en Burgos, en una mesa redonda para reflexionar sobre las relaciones del movimiento feminista con el sindicalismo y con el resto de movimientos sociales. Acompaño a dos ponentes de lujo: Begoña San José y Paula Guisande.

Begoña comenzó en el trabajo doméstico, la contrataron más tarde en la fábrica Osram, militó en las clandestinas CCOO y en el PCE. Es detenida, despedida, se incorpora al Movimiento Democrático de Mujeres. Fue la primera Secretaria de la Mujer de CCOO de Madrid, en 1976 y de CCOO de España desde 1977, inaugurando así la andadura legal del sindicalismo español.

Estudia derecho, se prepara las oposiciones de Secretaria de Ayuntamiento y con ello se gana la vida. Dedica su tiempo al movimiento feminista y ha ocupado cargos como el de subdirectora de la Dirección General de la Mujer, o Presidenta del Consejo de la Mujer de Madrid.

Paula Guisande, por su parte, no se queda atrás. Ha sido Secretaria de Juventud, más tarde asumió también las Relaciones Internacionales en CCOO de Madrid y es actual Secretaria de Política Social y Movimientos Sociales de la Confederación de CCOO.  Tiene raíces en Italia, Francia, España, Brasil, Argentina y seguro que olvido algún país más. Acaba de traspasar esas raíces a un precioso niño. No hace ascos a nada porque como mujer y sindicalista, todo le interesa y todo le preocupa.

Qué pintaba yo en la intersección del futuro que hunde sus raíces en el pasado, con la memoria que se proyecta hacia adelante. La mesa tenía toda la pinta de convertirse en un agujero de gusano que me podía tragar en Burgos y devolverme en cualquier punto del espacio, o del tiempo, conocido o no. Os dais cuenta de que, en este aspecto, casi todos los hombres somos iguales. Desconcierto, cuando no miedo, de afrontar el reto y el papel que inevitablemente tenemos que asumir en el debate de la igualdad. No hay escapatoria.

Creo que es ese miedo el que justifica la mayoría de las operaciones de maquillaje, encubrimiento y falsificación de las políticas de género. Ese fraude generalizado, esa adulteración, que se produce gracias a procedimientos de utilización de clichés y espacios comunes que, funcionando como los repetitivos mantras, adormecen las conciencias y perpetúan la desigualdad, la discriminación y la violencia.

En estos días. en los que nuestra querida poeta (nunca ñoña poetisa) Paca Aguirre, ha recibido el Premio Nacional de las Letras, he leído, en este mismo diario, la noticia sobre un estudio que da cuenta de que poco más del 20 por ciento de los jurados de premios de poesía, son mujeres. Y eso se traduce en un desequilibrio, también en los premios concedidos. Se da el caso de un editor, asiduo miembro de jurados poéticos, que afirma que, por cada mujer regular de poesía, hay cinco hombres buenos. Como bien precisa la autora del estudio, Nieves Álvarez, la cuestión de base, es la lucha por el poder.

La discriminación, la desigualdad, la violencia, forman parte también del mundo de la cultura. De hecho, movimientos como Me Too, iniciado para denunciar el acoso, la agresión, la violencia de género, ha prendido en el mundo desde el microcosmos de las actrices de Hollywood.

Una vez más, la discriminación y la violencia se demuestran trasversales, interclasistas, multiprofesionales, multirraciales. Se producen en las clases bajas y entre las élites. Ocurre, que esa violencia, esa discriminación, adquieren tintes más trágicos, dolorosos y dramáticos, cuando convergen sobre la mujer de clase trabajadora, en riesgo de exclusión, perteneciente a una minoría étnica. Porque la desigualdad siempre empeora las cosas, muestra la peor cara de la condición humana.

Alguien argumentará que después del 8M nada volverá a ser igual y será verdad. Y alguien traerá a colación el consabido ungüento amarillo, que todo lo cura y nos explicará, por enésima vez, la importancia de la educación y será sólo una media verdad. Yo veo a las y los profesionales de la educación hablar, educar, practicar, enseñar igualdad. Es en los medios de entretenimiento más que de comunicación, en la sociedad, en las redes sociales, hasta en los videojuegos, también en las familias, donde siguen resistiendo atrincherados los estereotipos, modelos y comportamientos machistas.

Este 25 de Noviembre, volveremos a ratificar el compromiso de acabar con la violencia de género. Pero no lo conseguiremos si las mujeres y los hombres no enfrentamos las consecuencias de una cultura capitalista, globalizadora, competitiva y patriarcal, que nos condena a recluirnos en la trampa de las identidades aisladas y enfrentadas unas contra otras.

La unidad de lo diverso y plural, desde el respeto de nuestras identidades, siempre me ha parecido una apuesta segura y debe situarse por encima de cuanto nos ha separado y nos separa, si queremos que la cultura de la libertad, la igualdad, la solidaridad, impregne nuestras vidas de hoy y las de quienes nos sobrevivan mañana.


ARTEfacto en el vecindario

diciembre 3, 2018

De un tiempo a esta parte se ha desencadenado un intenso debate vecinal, en algunos barrios de Madrid, en torno al desarrollo de unos proyectos que se denominan ARTEfactos. Parece ser que el Ayuntamiento de Madrid ha contratado a una empresa para diseñar una serie de edificios que incorporen viviendas sociales para colectivos desfavorecidos, espacios comunes para quienes vivan allí y usos dotacionales para el barrio. Los barrios elegidos parece que son Carabanchel, San Blas, Valdebebas y, recientemente, se presentó uno de estos proyectos en Retiro.

La verdad es que me ha costado entender el concepto y desvanecer las reticencias que me suscita el riesgo de que la idea acabe por crear guetos. Hay quienes los denominan, despectivamente, comunas. He buceado en internet y he intentado aclararme a qué se refieren los autores del proyecto y qué nos proponen con los ya famosos ARTEfactos.

De entrada, parece que plantean una intervención urbanística que sintetiza arte y habitabilidad, edificios donde vivir que funcionen bien internamente y que se relacionen provechosamente con el entorno. El edificio como mucho más que una colmena de jaulas incomunicadas hacia el interior y aisladas del espacio exterior. La idea, en principio, no parece mala.

En realidad, creo que esta forma de entender el urbanismo debería impregnar cualquier proyecto de desarrollo de la ciudad. Nos evitaría muchos problemas de barrios invivibles, como muchos de los que se están desarrollando en las grandes ciudades. Una suma inmensa de individualidades aisladas, mal comunicadas, con deficientes transportes públicos, en entornos feos, artificiosos, sin los servicios mínimos necesarios y dependientes de un gran centro comercial en las inmediaciones.

Dicho esto, creo que el arte de la política consiste en combinar el egoísmo de cada uno de nosotros, que buscamos lo mejor para nosotros y para los nuestros, con la necesidad de colaborar, cooperar, ser solidarios, si queremos conseguir una convivencia en libertad, con niveles aceptables de seguridad y servicios públicos de atención de nuestras necesidades sociales, educativas, sanitarias, de desplazamiento, en un medio saludable.

No es fácil, porque ambos extremos no siempre están equilibrados, ni los intereses de mi egoísmo coinciden con los del tuyo. Informar, formar, debatir, vencer resistencias a los cambios, negociar, buscar equilibrios entre intereses muy diversos y concepciones muy plurales, es la misión de cualquiera que quiera liderar y gobernar las comunidades.

Pensar nuestros desarrollos urbanísticos en términos de desarrollo de ARTEfactos, creo que merece la pena si queremos conseguir espacios urbanos más habitables, más respetuosos con el medio ambiente, que promuevan la convivencia, la cooperación, la solidaridad.

Ni quienes se oponen a los ARTEfactos son fascistas, como he visto definirlos a alguno en las redes sociales, ni los impulsores y defensores del proyecto son perroflautas podemitas y carmenitas, como veo que afirman quienes se sitúan enfrente. Tal vez hemos comenzado mal. Como improvisando sobre la marcha. Sin información adecuada, ni suficiente. A veces no se han calculado bien ni los usos dotacionales que el Plan General de Ordenación Urbana otorgaba a los suelos sobre los que se querían construir viviendas sociales.

Tal vez hemos comenzado la casa por el tejado, en lugar de poner los cimientos para nuevos modelos de convivencia. Puede que haya que abrir las puertas a una participación real de la vecindad en la definición de los nuevos barrios y en la remodelación de aquellos otros que se han ido degradando, las dotaciones y equipamientos que quiere tener, cómo queremos vivir y convivir. Tal vez merece la pena que abandonemos los tópicos y lo intentemos. Eso sí que es hacer las cosas con arte.


Carta abierta al Padre Francisco

noviembre 18, 2018

Querido Francisco,

No escribo tu nombre real, para que nadie se anime a incordiar tu retiro, alejado de la trivial, mustia y frívola vida mundanal en la que nos hemos ido aventurando, como sin darnos cuenta. Me acordé de ti, cuando andaba embarcado en la recopilación de artículos para ese singular libro-recuerdo sobre el Bicentenario de Carlos Marx, que unos cuantos iluminados decidimos echar a andar, sin mucha esperanza de que pudiera terminar viendo la luz, a la vista de lo exiguos que fueron los primeros resultados de nuestra cosecha.

Pensé que, entre las invitaciones a escribir sobre el de Tréveris, faltaba una dirigida a alguien que pudiera pensar sobre Marx y la Religión, Marx y Dios, o el Infinito y Marx. No sé, una reflexión que fuera un poco más allá de la conocida referencia de que la Religión es el opio del pueblo. Una cita que, por otra parte, no era originaria de Marx y Engels, sino que ya había sido esbozada por pensadores anteriores como Kant, Feuerbach, o Heine, entre otros. De hecho, Engels estudió, en algún momento, el papel de las ideas religiosas como sustentadoras de no pocas revoluciones.

Me apetecía que alguien hablara en el libro del camino recorrido por los seguidores de Marx, hasta llegar a la Teología de la Liberación, pasando por Rosa Luxemburgo, Gramsci, el diálogo marxismo-cristianismo, Mariátegui, o el Padre Llanos y sus jesuitas del Pozo del Tío Raimundo, los curas obreros, con sus flamantes carnés del Partido Comunista y de las CCOO.

Recordé aquel tiempo, relativamente lejano, en términos de una vida humana, cuando fui tu alumno. Días en los que bajabas a Villaverde en una vieja Vespa, para echar una mano al párroco de la iglesia del Pino, alojada en unos sótanos que, pasados los años, han sido gimnasio y abandono. Todos recordamos siempre a ese puñado de maestros que dejaron su huella en nosotros.

Conservo aún uno de aquellos cuadernos en los que tomaba apuntes de tus enseñanzas de Filosofía y Ética. En una de sus páginas apunté algo  sobre el compromiso, Nada de contemporizaciones y oportunismo en este mundo. Seguir aquellos principios te ha obligado a renunciar a cargos, privilegios, a la orden religiosa a la que pertenecías. Me animé a pedirte que  escribieras un artículo para el libro.

Declinaste la invitación y me lo explicaste, pidiendo comprensión. Llevabas más de ocho años en lo que denominabas bendita “soledad” en un pueblo de la costa, jubilado, e intentando reponerte de las demandas judiciales que políticos y constructores habían interpuesto contra ti. El presunto delito consistía, básicamente, en haber aceptado el reto de ser  alcalde de una rica localidad, e intentar poner un poquito de orden en los mangoneos inmobiliarios.

Aún no habían estallado los escándalos de las tramas urbanísticas en ayuntamientos, ni la Gürtel, la Púnica, ni decenas de casos similares. El dinero circulaba, la riqueza fluía, los maletines y las bolsas de basura cargadas de fajos pasaban de unas manos a otras, los bolsillos se llenaban y todo el mundo prefería hacer la vista gorda. Quien se oponía amenazaba con matar la gallina de los huevos de oro. El rey debe morir para que todos sigan viviendo. Hermoso el  libro de Mary Renault, construido sobre el mito de Teseo.

Me contabas que te fuiste para liberarte de todo y de tantos que habían agotado una vida que tan sólo quería ser honesta y comprometida. Que te habías desvinculado de todas las colaboraciones profesionales, sociales, vecinales, políticas, partidarias, sindicales, que te unían al pasado. Desde tu terraza contemplas el mar y las estrellas. En la terraza cuidas tus plantas, te entregas a la lectura y, cada vez con más frecuencia, te dedicas a imaginar qué habrá sido de los alumnos y las alumnas a los que diste clase. Qué será de sus vidas.

Me recuerdas, salvadas de nuevo las distancias de un tiempo relativo que siempre termina por conducirnos al infinito, a aquel Jaime Gil de Biedma que, hastiado de un viejo país ineficiente, al que consideraba, algo así como España entre dos guerras civiles, aspiraba a vivir en un pueblo junto al mar, poseer una casa y poca hacienda y memoria ninguna.

Y, pese a tu negativa a escribir el artículo, pese a vivir en ese pueblo junto al mar, te molestas en contarme que, El Manifiesto Comunista me convenció de que la única felicidad, a la que el ser humano puede aspirar, está en esta vida y no en otra transcendente. También que el ser humano ha de dejar de contemplar e interpretar la Naturaleza y el Mundo  como grandiosa creación de Dios (secular mito, leyenda y superstición) y convertirse en artífice, creador, transformador de la naturaleza, del mundo y de su propia vida, construyendo su propio destino y futuro.

Francisco, lo intentaste. Arriesgaste con tu decisión y empeño. Acabaste pagando un precio demasiado alto. Tu destino, o el del del Alcalde de Seseña, Manuel Fuentes, debieron hacernos reflexionar como ciudadanía y debieron llamar a la puerta de la conciencia de los partidos. Las bases económicas de nuestras haciendas municipales se sustentaban en la gestión del suelo y eso había contaminado todo, corrompiendo a demasiadas personas, instituciones, empresas.

Quienes hoy se muestran agraviados, ofendidos y escandalizados, bien pueden acabar mañana imputados. El cinismo y la hipocresía se van adueñando del paisaje árido y yermo a marchas forzadas, abonando la tierra patria para que fructifiquen en ella las malas hierbas del populismo y del neo-fascismo que se nos viene encima.

Te pedí permiso para publicar tu carta en forma de artículo, cambiando nombres y referencias personales. Aceptaste. Hoy aquel artículo figura en el libro Dígaselo con Marx. Su título, Bendito Marx, y la firma, Padre Francisco, Fraile y Maestro jubilado, fueron elegidos por los editores. En todo lo demás, he procurado ponerme en tu lugar, meterme en tu piel, comprender qué clase de mundo te ha conducido hasta la bendita soledad. Tentadora y laboriosa soledad.


Mi nombre entre los nombres

noviembre 4, 2018

Tenía pensado escribir este artículo sobre alguno de los temas que me preocupan. Sobre El fascismo que viene, o tal vez sobre La vida con filosofía. Sin embargo, una noticia ha trastocado mis intenciones y me ha incitado a adentrarme, una vez más, en un asunto espinoso, de aquellos de los que nunca sales bien parado, porque a muchos incomoda, a otros contraría y a no pocos duele.

Un medio de comunicación ha publicado una noticia sobre un supuesto homenaje de la “vieja cúpula” de CCOO a uno de los condenados por las tarjetas Black, antes de que entre en la cárcel. Sólo dan el nombre de dos de los asistentes y uno de ellos soy yo, lo cual me llena de cólera, simplemente porque no es verdad.

Ya he vivido episodios parecidos, cuando han confundido mi nombre, Francisco Javier López Martín, con el del compiyogui zalzuelero y yernísimo de Villar Mir, Javier López Madrid, también implicado en el asunto tarjetas. Como cada vez que esto ocurre, me toca desencadenar una campaña en todas las redes a mi alcance, hasta que el medio correspondiente, espero que sólo desinformado y no malintencionado, termina corrigiendo la noticia.

Así ha ocurrido también ahora. Disculpas privadas y rectificación pública de la noticia. Nada de esto merecería más atención y ya me parece hasta mucha. Avatares de la vida en el solar patrio. Si lo traigo a colación es por dos comentarios que he recibido, uno público y otro privado. El público, viene de toda una profesora de universidad con alguna responsabilidad en CCOO. Viene a decir, Bueno, seguramente es porque tú eras uno de sus amigos, sindicalmente me refiero. Los que no nos gustó nunca no figuramos en ninguna quiniela.

El mensaje privado, tampoco daré nombres, me dice, Javier, disculpa, creo que al contrario, lo mejor es no darle mayor difusión… es lo que buscan y la estrategia de las “fake news” es esa, entre mentiras y desmentidos, marcar la agenda informativa y que se siga hablando para que las redes lo amplifiquen al máximo.

En el primer caso, el comentario me parece, cuando menos, desafortunado. Cuando pertenecemos a una organización y personal, o colectivamente, alguien que forma parte de la misma se ve implicado en un asunto como el de las black, no creo que la frivolidad de la mofa, la burla y la guasa sirvan de mucho. Bien lo saben las personas que trabajan en universidades, acosadas por el desprestigio general que han sembrado quienes han utilizado la institución en beneficio propio.

En el segundo caso, agradezco la opinión, cargada de sentido común, si atendemos a la estrategia de la tensión y el debate crispado que utilizan algunos medios como ariete, abusando de los mejores principios propagandísticos de Goebbels, según los cuales la mentira repetida mil veces, adquiere apariencia de verdad.

Yo, en esto, me he fiado siempre del consejo que un buen día Burroughs le dio a Patty Smith, Crea un buen nombre, mantén limpio tu nombre, no lo comprometas, no te preocupes por hacer mucho dinero, o ser exitosa. Preocúpate por hacer un buen trabajo, tomar las decisiones correctas y proteger tu obra. Y si creas un buen nombre, finalmente ese nombre será su propia moneda.

Pues bien, pese a la mofa de la señora profesora y el prudente consejo del segundo compañero, lo único que tengo, lo único que he construido a lo largo de todos estos años, allá donde me haya tocado estar, lo único con lo que he salido de cada cargo o responsabilidad, lo único con lo que me terminaré yendo del tiempo que me quede, es mi nombre, limpio y libre. He cometido errores, sin duda, pero nunca me cegó el dinero, ni el poder.

Dicho lo cual, quiero también contaros que algunos de quienes hoy están en la cárcel por las tarjetas black, han compartido conmigo momentos muy duros para los trabajadores madrileños. Desde la primera gran huelga general del 14-D, hasta el NO a la Guerra, el 11-M y la T-4 de Barajas. Desde la lucha de SINTEL en la Castellana, hasta la de Coca-Cola en Lucha.

Desde las miles de viviendas protegidas entregadas por la cooperativa VITRA, en silencio, sin escándalo alguno, hasta la defensa cerrada contra la ofensiva contra lo público de la beneficiaria del Tamayazo, que comenzó con el brutal ataque a los profesionales del Hospital Severo Ochoa de Leganés. Allí dieron comienzo todas las mareas y la dura confrontación contra el neoliberalismo que puso pica, hizo nido y se fortificó en Madrid.

Cómo no voy a sentir dolor, cuando esas personas ingresan en la cárcel. Tal vez algunos creyeron que en los despachos de Cajamadrid, o de Bankia, comenzaban a formar parte de la élite financiera, ignorando que nunca seremos uno de los suyos, como ellos nunca serán uno de los nuestros. Ignorando que la justicia suya y la nuestra tienen poco que ver. Pese a su ceguera aparente, sabe quien tiene que acabar en prisión y quién no.

Cómo no voy a sentir dolor si forjé parte de lo que soy junto a ellos y algo de mí, sin duda, guardarán dentro. Si conozco a sus mujeres y a sus hijos. Algunas de sus virtudes y sus defectos. Cómo no sentir que una parte de mí está hoy en prisión. No me pidáis que me alegre su desgracia.

No, no he ido, ni iré, a homenajes, ni despedidas. No juzgo a los que van, ni a quienes los organizan, ni a quienes los rechazan. Tampoco a los que guardan silencio para no verse salpicados. Pero no puedo dejar de pensar en aquel Napoleón, tan bien descrito por Bernanos, que, recluido y abandonado en Santa Elena, presumía de haber sabido aprovecharse de los imbéciles, cuando la verdad es que fueron los imbéciles quienes se aprovecharon de él, primero como incondicionales bonapartistas y más tarde, engendrando sobre su ruina humana, un nacionalismo patriotero que les permitió blindar su posición social y su riqueza.

Es cuanto os puedo contar en 1001 palabras.


7 Octubre, Trabajo Decente: Cambiar las reglas

octubre 18, 2018

En el año 2008 la Confederación Sindical Internacional (CSI-ITUC) convocó la Primera Jornada Mundial por el Trabajo Decente (JMDT). La convocatoria partía de la convicción de que no puede existir una vida decente si el trabajo no lo es también. Una certeza que ha conseguido unir a las organizaciones de trabajadores, sociales, religiosas, culturales, en torno al 7 de octubre de cada año.

Fue hace casi veinte años, cuando el director de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), de la que forman parte organizaciones empresariales, sindicales y representantes de los gobiernos, presentó una primera Memoria sobre el Trabajo Decente, en la que acuñó el término.

El concepto de Trabajo Decente hace referencia al trabajo que ofrece oportunidades para que las personas puedan ganarse la vida, tener un salario digno, realizar una actividad productiva en condiciones de libertad, seguridad, respeto a la dignidad humana y con derechos laborales y sociales.

Tenemos derecho al trabajo, a las oportunidades de empleo, a la protección social, a negociar nuestras condiciones laborales en el marco del diálogo social y la negociación colectiva. Sin ello no será posible acabar con la pobreza, no podremos asegurar que las personas alcanzan un desarrollo integral, no tendremos una sociedad cohesionada en torno a valores como la libertad y la igualdad.

Cada año, en más de 100 países del mundo, se reivindican las conquistas sindicales y un desarrollo que distribuya las rentas y que no beneficie exclusivamente a los privilegiados. Se reclama el fortalecimiento de los derechos y libertades democráticas, junto al reconocimiento de cuantas personas han dedicado su vida a este esfuerzo de mejorar la vida de todas y todos.

Este año la JMTD se ha marcado un objetivo, un lema global: Cambiar las reglas. Vivimos en un mundo en el que el 65% de los países excluyen a los trabajadores de la legislación laboral, el 85% vulnera el derecho de huelga, en cuatro de cada cinco países se deniega el derecho a la negociación colectiva, total o parcialmente y son muchos los lugares del planeta en los que se limita la libertad de expresión y reunión de los trabajadores, se ven sometidos a amenazas, violencia, detenciones, encarcelamiento, o son asesinados impunemente.

Por eso hay que cambiar las reglas. Reglas que fomentan el desorden, que favorece los intereses de los poderosos, mientras actúan sistemáticamente en contra de los trabajadores y trabajadoras. Reglas que aumentan la desigualdad y producen inseguridad, debilitan la libertad y el propio sistema democrático. Abusos como los de Coca-Cola, Amazon, o Ryanair, desbordan las fronteras de un solo país, imponiendo sus designios y sus normas a los gobiernos nacionales, para preservar su inmenso negocio.

Varias son las amenazas que se ciernen sobre nuestro futuro, en el conjunto del planeta. El poder ilimitado de las corporaciones económicas, la reducción de los espacios democráticos en los que podemos decidir sobre nuestras vidas y nuestro futuro, la incapacidad, cuando no el desinterés, de los gobiernos para corregir la situación aplicando legislaciones que refuercen los derechos y la igualdad.

Y, sin embargo, no todo está perdido. Frente a los retrocesos, los recortes y la aceptación de la lógica perversa de un mundo en acelerado retroceso, algunos países han demostrado que se pueden introducir medidas para reducir la brecha salarial de género, dignificar el trabajo de quienes prestan servicios a las personas, proteger contra la violencia de género, recuperar derechos sociales.

Algunos gobiernos han demostrado que se puede dirigir, gobernar, hacer política, escuchando a los pueblos, a las organizaciones sociales, a las organizaciones sindicales. Las reglas, las normas, las leyes, pueden ser elaboradas y aprobadas pensando en la vida de las personas, en lugar de poner la vida al servicio de los grandes intereses empresariales. El 7 de Octubre saldremos a las calles para cambiar las reglas, que es otra manera de decir, para darle la vuelta a la tortilla.


Cuídate de los guardianes de los dioses

octubre 18, 2018

Uno de los primeros premios de  narrativa que gané me lo concedieron por escribir un cuento que se titulaba La Academia Club Social. El jurado del Certamen Voces del Chamamé, presidido por el poeta y novelista asturiano Javier García Cellino, me entregó el galardón en el Salón de Actos del Diario Nueva España, en Oviedo.

Cada vez que pienso en aquello, hace ya más de 20 años, se me ocurre pensar que hoy aquel cuento que me llenó de tanto orgullo, no hubiera merecido un premio, sino, tal vez, un procesamiento judicial y hasta una condena.

Leo, en este diario que acoge mi blog, un artículo titulado 9 (+1) canciones que ya se metieron con el rey antes de Valtònyc y no pasó nada. Desgraciadamente, hoy sí pasa algo. Canciones así serían constitutivas de delito de amenazas, calumnias y/o injurias graves a la corona. Leo también que un juez procesa al actor Willy Toledo por insultar a Dios y a la Virgen María, acusado de cometer un delito contra los sentimientos religiosos.

No siento especial admiración personal ni artística por el uno, ni por el otro, pero me parece que cuanto les acontece sólo contribuye a alimentar una fama que, de otro modo, no hubieran conseguido. Vean si no, cómo el actor se arroja en brazos de Teresa de Calcuta, a la que define como una de las mayores criminales que han pisado este planeta, para seguir explotando el filón.

Y es que hay cosas que pasan ahora y que no pasaban antes. Las leyes son las mismas, pero han sido retocadas y reconvertidas sutilmente, de forma que la justicia las interpreta de otra manera y la libertad va siendo recortada, cediendo paso a la condena, la cárcel y el miedo.

Hemos entrado en un tiempo de caza de brujas del que nadie puede sentirse libre. Ha pasado con los sindicalistas que un buen día van a la huelga y terminan por ser acusados de impedir el derecho al trabajo en día de huelga. Y pasa ahora con personajes públicos que la emprenden con Dios, la Virgen Santísima, o con los Reyes.

Debimos comenzar a temernos lo peor cuando Javier Krahe tuvo que sentarse ante un juez pos haber publicitado la receta para cocinar un crucifijo. Juicios tengas y los ganes. Menos mal que, en este caso, el juez terminó por estimar que nuestro Brassens familiar y de andar por casa, sólo quería ejercer su libre expresión artística, ciertamente con burla, sátira, provocación y crítica de la religión, pero sin intento de ofender.

En tiempos del dictador, al que algunos llaman aún Caudillo por la gracia de Dios, la blasfemia era delito. Durante la incipiente democracia dejó de serlo. Ahora no lo es, pero cualquiera puede denunciarte por considerar ofendidos sus sentimientos religiosos. El resultado es el mismo, y a veces peor, que durante el franquismo.

El caso es que cuando escribí el cuento, ganó el premio y fue publicado en un libro recopilatorio. Nadie objetó nada, ni en privado, ni en público, ni mucho menos ante los tribunales. Sin haberlo pretendido entonces, el cuento me parece hoy premonitorio.

Sin darme cuenta lo llené de protagonistas en las fronteras que separan lo ilegal y viciado, de lo soberbio y glorioso. Jóvenes en el escabroso mundo de la pederastia, la prostitución, la homosexualidad. Jueces, personajes corruptos. Y, para colmo, un molesto e inesperado ¡Me cagüen Dios! a bocajarro, en la primera página. Para no haberlo planeado, el relato toca todos los palos y pisa todos los charcos.

El caso es que entonces no sentí miedo ni preocupación alguna. Hoy, sin embargo, cuando el relato ha sido reeditado en un libro que recopila una decena de cuentos premiados, siento la extraña sensación de estar jugando a la ruleta rusa, el temor de que alguien pueda sentirse ofendido en cualquiera de sus creencias y hasta en alguna de sus no  creencias.

O yo era más joven, inconsciente, e indocumentado, o las cosas eran distintas y menos complicadas hace veinte años. O tal vez disfrutábamos de una libertad en expansión que, poco a poco, como sin darnos cuenta, hemos ido perdiendo a manos de inquisidores de todos los colores.

Lo que es peor, lo hemos dejado estar, les hemos permitido hacer, hemos preferido callar. Esos pequeños silencios que, cuando menos lo esperas, nos dejan en manos de monstruos. Nuestros propios monstruos. Guardianes de reyes y dioses.