Maestro Angel Llorca

noviembre 29, 2017

Paseo una mañana de domingo por las proximidades de los viejos cuarteles de Daoiz y Velarde. Los mismos cuarteles que sirvieron de improvisado hospital de campaña, cuando los atentados del 11-M convirtieron las vías de los trenes que conducen a Atocha en una amalgama de hierros y sangre de centenares de personas. Nunca esas paredes, que fueran cuarteles y talleres del ejército, dejarán de ser lugar de memoria, recuerdo, homenaje y dolor.

La Nave-Teatro Daoiz y Velarde, se encuentra abierta y en su interior se ha instalado una Exposición sobre Angel Llorca, el maestro que soñó la República desde el Grupo Escolar Cervantes. Doy una vuelta leyendo los paneles y contemplando las fotos que ilustran la vida y la obra de Ángel Llorca. Materiales procedentes del legado de documentos, libros, fotografías, que los herederos entregaron a la asociación Acción Educativa, quien creó una Fundación para mantener viva su labor pedagógica vinculada con las ideas educativas de la Escuela Nueva y de la Institución Libre de Enseñanza, de Giner de los Ríos.

El último tercio del siglo XIX y el primero del siglo XX son tiempos convulsos, fuera y dentro de España. En este contexto, al calor de las ideas liberales, reformistas, regeneracionistas, socialistas, libertarias, o krausistas, se desarrollan, en Europa y América, movimientos de renovación de la enseñanza, que pretenden superar la escuela Tradicionalista y abrir puertas y ventanas de las aulas, para que el aire fresco de las familias, de la ciencia, de los campos y el rico interior de cada niño y cada niña, trabajando en grupo,  inunden los centros educativos.

De aquellas ideas surgen experiencias como la Escuela Libertaria de Yasnaia, Poliana, de Tolstoi, en Rusia; las Escuelas de Munich, de Kerschensteiner, en Alemania; la Escuela Laboratorio de John Dewey en Chicago; la Escuela del Hermitage de Decroly, en Buselas; la Maison del Petits de Claparède, en Suiza; el Método de Proyectos, de William Kilpatric, en Estados Unidos; la Casa de los Niños de María Montessori, en Italia; la École Nouvelle de Cousinet en Francia; Summerhill, de Alexander S. Neill, en Inglaterra; la Colonia Gorki, de Anton Makarenko, en la Unión Soviética; la Imprenta en la Escuela, de Celestin Freinet, en Francia. Y éstas son sólo algunas de las experiencias europeas más significativas.

Llorca nació en 1866. Inició su labor como maestro en Elche. Su trabajo allí mereció el Premio de Honor y la Medalla de Oro de la exposición escolar de Bilbao, de cuyo jurado formaban parte Miguel de Unamuno, o Bartolomé Cossío.

A los 44 años recibió el encargo de la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, presidida por Ramón y Cajal, de viajar por Europa y estudiar la enseñanza en Francia, Bélgica, Francia, Italia. Luego le encargarán organizar viajes de maestros por esos países, para conocer sus sistemas educativos. Todas estas experiencias sustentarán su labor como director del Colegio Público Cervantes desde 1916 a 1936, año en el que se jubila el 25 de julio, con 70 años.

Pese a la jubilación, a la vista del desastre de la Guerra Civil, organiza una residencia infantil en el Colegio Cervantes y, más tarde, crea en Perelló (Valencia) un internado para niños y niñas evacuados. Terminada la Guerra, vuelve a Madrid. Es depurado como maestro, pierde su pensión y sus obras son prohibidas  Muere en diciembre de 1942.

Estas gentes aprendían y ensayaban nuevas metodologías para la educación española. Partían de los intereses de sus alumnos para extraer de ellos lo mejor de sí mismos. Implicaban a toda la familia en el proceso educativo. Mostraban, sin imponer. Provocaban la curiosidad y facilitaban el aprendizaje.

Organizaban sus clases, conferencias, veladas con las familias, salidas al campo, cine, comedores, bibliotecas, viajes educativos en familia para conocer otros lugares. Participaban en intercambios con el extranjero. Crearon las misiones pedagógicas. Promovían obras de teatro, conciertos, escuelas nocturnas para personas analfabetas. Acudían a cursos y congresos nacionales e internacionales para intercambiar, aprender, mostrar sus experiencias.

Pocos hicieron tanto como los maestros y las maestras de la República para que la libertad, el respeto, el bien público, el desarrollo personal, la democracia, fueran la base sólida de nuestra convivencia y nuestro futuro. Pocos sufrieron, como ellas y ellos, los efectos de las pasiones desbocadas, de la guerra y el negro futuro que se apoderó de España durante décadas. Recuperar su memoria, hablar, escribir sobre ellos, es tanto como aprender a convivir.

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La posverdad de la conciliación

noviembre 29, 2017

Recientemente la organización empresarial CEOE presentaba un informe titulado Perspectiva empresarial sobre la conciliación de la vida laboral y familiar. Me parece un caso práctico ejemplar sobre la utilización de la posverdad que merecería estudio en las facultades de Ciencias de la Información, Psicología, Sociología, Economía y Administración de Empresas, por citar sólo algunas. Cómo informar, crear un relato, una tendencia, sin tomar en cuenta los hechos objetivos. A base de apelar a las emociones, creencias, deseos, e intereses particulares.

El Informe de CEOE parece funcionar como venda preventiva frente a las ocurrencias de Rajoy y su ministra de empleo de imponer las 6 de la tarde como referencia general de finalización de la jornada laboral, mediante una ley.

Comienzan diciendo los empresarios que una ley como la que plantea el PP no es realista y que ni tan siquiera es aplicable. Que las leyes no cambian la vida y que estas cosas hay que regularlas a través de la negociación colectiva. En principio, estoy bastante de acuerdo.

Luego afirman que las medidas más utilizadas para conciliar, en estos momentos, pueden producir más perjuicios que beneficios, puesto que interrumpen ”carreras laborales”, reducen periodos de cotización y disminuirán las pensiones futuras. Reclaman subsidios y ayudas (procedentes de los Presupuestos generales del Estado, por supuesto), que incentiven la natalidad y compensen a los empresarios (y a las familias de los trabajadores, de paso) los gastos generados por la conciliación.

La prensa destaca que la CEOE pide que se desgraven fiscalmente los costes de contratar “cuidadoras” (para atender a los mayores), “canguros” (para atender a la infancia) y servicio doméstico (para atender indistintamente), y que se amplíen (ellos llaman flexibilizar) los horarios de las guarderías (no hablan de escuelas infantiles, sino de guarderías).

Por último, no podía faltar, un llamamiento a la importancia de la incorporación de la mujer al trabajo, la corresponsabilidad en el ámbito doméstico, o la  plena implicación de los hombres en las tareas del hogar. Cosas del marketing y la posverdad.

Es cierto que el modelo social y económico que nos han creado impide en la práctica cerrar las actividades económicas a las 6 de la tarde por ley. Pensemos en los “modernos” desarrollos urbanísticos alrededor de grandes centros comerciales, en los que es obligatorio coger el coche y acercarse al centro comercial para cualquier compra. Hasta los domingos y festivos permanecen abiertos hasta las 10 de la noche y más allá en el caso de los restaurantes y bares.

Con unos empresarios que no han sido capaces de negociar (ni han querido), un Acuerdo Marco para la Negociación Colectiva, porque les viene mejor la aplicación directa de la reforma laboral del PP, veo difícil que quieran recorrer la senda de negociar acuerdos sobre igualdad y conciliación, salvo casos de fuerza mayor, en grandes empresas.

En cuanto a las desgravaciones fiscales de “canguros”, cuidadores  y servicio doméstico, o la ampliación de horarios de guardería, dejan bien a las claras que no van a hacer nada y que dejan todo en manos de que el Estado se haga cargo de subvencionar a las familias para que ellas hagan lo que puedan.

La conciliación, olvidan intencionadamente, depende de la calidad del empleo, su estabilidad y su correcta regulación. Un ejemplo, no llegan al 8 por ciento los hombres con contrato a tiempo parcial, mientras que en las mujeres el porcentaje es de más del 25 por ciento. Más del 70 por ciento de estos contratos precarios, ultraflexibles, de libre disposición de la jornada a la carta, son para mujeres. A eso no se le puede llamar “carreras laborales”.

En conclusión, mientras los empresarios prefieran la precariedad de estos contratos y otros similares, ya se pueden fijar por ley horas de finalización de jornada, o desgravar a las familias que contraten “canguros”. Ya se pueden ampliar horarios de guardería. La misión de conciliar seguirá siendo imposible.

Es sólo un ejemplo. Pero vamos, si CEOE quiere negociar la organización del trabajo, planes sectoriales o de empresa, convenios colectivos, o acuerdos nacionales que hablen de igualdad y conciliación, seguro que la clase trabajadora y sus representantes sindicales, estarán encantados. Mientras tanto, mejor callar, que decir obviedades, o posverdades.


Día del niño y trabajo infantil

noviembre 29, 2017

En las inmediaciones de la conmemoración del Día Universal del Niño, parece que la CEOE (la organización de una parte de los empresarios españoles) ha presentado un informe en el que afirman que la conciliación de la vida laboral y familiar pasa por medidas como la desgravación fiscal a las familias de los gastos ocasionados por contratar servicio doméstico, “canguros” y personas que cuiden de nuestros mayores.

También les parece oportuno ampliar los horarios de las guarderías para que puedan cubrir los horarios del padre y de la madre. Y, de paso, que les compense el Estado los gastos ocasionados por tener que facilitar la conciliación.

Hablan de “guarderías”, un concepto que parecía desterrado desde que se pasó a una visión más educativa del asunto y se prefirió hablar de “escuelas infantiles”. Sea como sea, parece que los empresarios no están dispuestos a que la famosa conciliación pase por negociar con sus trabajadores la reorganización del trabajo en la empresa, hasta poner las necesidades productivas a la altura de las necesidades personales y familiares de las personas.

Cada día tengo más la impresión de venir de un viaje interestelar y haberme quedado varado en el tiempo del maestro forjado a caballo entre una dictadura que moría y una democracia que pugnaba por nacer, pero que aún no se había decantado en Constitución.

Lo más avanzado que se estudiaba, en aquellos días, en las Escuelas de Magisterio, era a Lorenzo Luzuriaga, o a María Montessori, algo de Piaget, Decroly, Dewey, Pestalozzi. Vaya, que fue una tarea paralela, o posterior, lo de estudiar a Giner de los Ríos y su Institución Libre de Enseñanza, o las Escuelas Racionalistas de Ferrer i Guardia.

La pedagogía de la liberación de Paulo Freire, o el Lenguaje Total, de Francisco Gutiérrez, muy influenciados por la Teología de la Liberación en Latinoamérica. La sociedad desescolarizada de Ivan Illich. Celestin Freinet, Gianni Rodari, Francesco Tonucci.

La pedagogía libertaria que nos llegaba de Tina Tomassi, Carlos Díaz, o Félix García. Las experiencias de Orellana, Fregenal de la Sierra, Summerhill, Paideia, Rosa Sensat. Sin olvidar a Makarenko, Tolstoi, la educación vista con los ojos de Antonio Gramsci, o la Escuela de Barbiana de Lorenzo Milani y su hermosa Carta a una Maestra.

España se llenaba de movimientos de renovación pedagógica y sindicatos, asociaciones de padres (luego de madres y padres), que defendían la escuela pública y organizaban cursos, jornadas, encuentros, escuelas de verano. Educar para la libertad, la igualdad, la democracia que comenzaba su andadura. Fue un tiempo en el que el debate, el diálogo, la convivencia y hasta la armonía entre las corrientes más diversas, nos parecían posibles.

Han pasado cuarenta años desde entonces. Son muchos los profesores, maestros y educadores, que siguen bebiendo de estas fuentes, enriquecidas por nuevos pensadores que llegan hasta Zygmunt Bauman y su Educación Líquida, hasta J.M. Coetzee y su hermoso homenaje Las manos de los maestros, pasando por los modernos pedagogos que reflexionan sobre la utilización de las TIC en la educación.

Con todo, la gran transformación no viene del campo de la pedagogía, sino que parece venir de la incorporación de la productividad, la eficacia, la eficiencia, a la enseñanza. El miedo a un futuro que siempre iba a ser mejor, pero que por primera vez se nos aparece mucho más negro que el pasado. Y nuestros hijos, nuestras hijas, no pueden perder el tren hacia el negro horizonte, pertrechados con las mejores armas.

Los padres hemos ido asumiendo a la fuerza la precariedad de unos empleos líquidos, en una sociedad líquida, regida por una política líquida, que nos conducirá hacia unas difuminadas pensiones. La vida se nos escapa aceleradamente de las manos. A la carrera. Siempre a la carrera.

Nuestra infancia madruga tanto como sus padres. Los abuelos (o las cuidadoras, o las canguro) llevan a los nietos al colegio, les dan de comer (o comen en los colegios), los llevan a actividades extraescolares (inglés, baloncesto, tenis, robótica, música, natación, danza, futbol, atletismo…). Cada tarde se prolonga hacia el infinito. Deberes, cena, a dormir. Hasta el día siguiente. Los sábados competición, partido. No se puede decir que nuestra infancia no sea productiva desde el principio en ese trabajo de prepararse  para ser competitivos mañana.

Cuando hablamos de explotación y trabajo infantil pensamos en los niños que fabrican productos de marca en una maquila mexicana, o en una fábrica textil de la India. Tal vez deberíamos pensar si nuestros hijos no son casos prácticos de trabajo infantil. De hecho realizan largas jornadas de trabajo en simuladores de vida precaria.

No hay más remedio si queremos prepararlos para el futuro, decimos los padres. A nuestros hijos les gusta, socializan, se relacionan, aprenden cosas útiles, argumentamos para justificar el exceso. En fin, no quisiera verme en la piel de esos pequeños que ya ni protestan, porque han aprendido que las cosas son así y no merece la pena protestar. Son así y hasta hemos aprendido a que nos guste que así sean. El día que no podamos más explotaremos en una de esas revoluciones (a veces contrarrevoluciones) primaverales, naranjas, verdes, quincemayeras, nacionalistas, o nacionales. Así de pirandelliano todo, Así es (si así os parece).

Y ahora llegan los empresarios y nos dicen que papá Estado nos pague algo de lo que gastamos en cuidadoras, canguros y servicio doméstico. Y que las guarderías alarguen sus horarios al servicio de las jornadas de trabajo. Pronto pedirán colegios 24 horas. Internados para hijos de familias pobres con trabajo precario.

Se acerca el 20-N y no lo digo por recordar a muertos, ni por activa, ni por pasiva (no hay mayor desprecio que no hacer aprecio), sino para extender la preocupación por los vivos.  El 20-N fue declarado, por las Naciones Unidas, desde 1954, Día Universal del Niño. En la misma fecha de 1959 se aprobó la Declaración Universal de los Derechos del Niño y en 1989 la Convención de los Derechos del Niño. Imagino que también de la niña.

Este año cae en lunes, día de vuelta al trabajo y al cole, o al instituto. La preocupación por la vida de nuestros niños y niñas, su educación, su libertad, sus derechos, sus necesidades de afecto, sus horarios, sus jornadas, su ocio, su “trabajo”, debería de merecer una reflexión, siquiera breve. Se lo merecen porque parafraseando a mi querida Paquita, son pequeños, pero no son gilipollas.


La patria de la infancia

noviembre 29, 2017

Me pide el director de Madrid es Noticia que escriba periódicamente un artículo breve, de actualidad política nacional o madrileña, en una tribuna de opinión. Le he dado vueltas y creo que no hay nada más importante en la actualidad que la conmemoración del Día Universal del Niño y de la Niña, el próximo 20 de noviembre. Una decisión adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, allá por 1954.

Ya sé que hay otros asuntos virales, pero mucho menos trascendentes, porque el futuro de nuestro país y de nuestro planeta tendrá mucho más que ver con esos 300.000 niños soldados que hoy combaten involuntariamente en decenas de conflictos armados por todo el planeta. Ellos en primera línea de fuego. Ellas como esclavas sexuales, cocineras, escudos humanos, o en ataques suicidas.

El mundo del mañana tendrá que ser construido también por esos 170 millones de niñas y niños víctimas del trabajo infantil. Los 250 millones en edad escolar, pero que no van al colegio. De los 300 millones que viven en áreas degradadas y altamente contaminadas. Ese futuro que no verán muchos de esos 385 millones que viven en la pobreza más extrema. Que no verá ninguno de los 8.500 niños y niñas muertos cada día por desnutrición severa (160 millones de niños que sufren raquitismo y 42 millones padecen sobrepeso).

En fin, creo que no quedaría bien que el próximo 20 de Noviembre soltáramos un donativo y volviéramos a hablar de Cataluña. Creo que ese día sería bueno que pusiéramos las banderas entre paréntesis y pensáramos en lo más importante que nos traemos entre manos aquí, en Nueva York y en Bombay: los derechos pisoteados de centenares de millones de niños y niñas en nuestro planeta.

Si lo pensamos un poco, este planeta es la única patria que tenemos. Y dado el carácter infinito del universo, deberíamos considerarlo casi una patria chica. Aunque, tal vez, tenga razón Einstein cuando decía que hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro.


El futuro tiene cara de Niños y Niñas

noviembre 29, 2017

Las Naciones Unidas han ido aprobando, a lo largo de su historia, la celebración de Días Internacionales, Mundiales y hasta Universales sobre muy diferentes temas. El más conocido mundialmente es el Día Internacional de los Derechos Humanos. Hay otros, como el Día Internacional para la eliminación de la Violencia contra la Mujer y el 8 de marzo, que adquieren especial importancia en aquellos países, como España, en los que, pese a los esfuerzos de la sociedad, no hay manera de acabar con la lacra de la discriminación, la desigualdad y la violencia contra las mujeres. Existen otros, sin embargo, como el de las Viudas, que pocos podrían identificar. En España, Días como el de Nelson Mandela, adquieren gran reconocimiento, mientras que otros pasan desapercibidos.

Son tantos ya los Días, Semanas y Años declarados que pueden pasarnos desapercibidos. 2017 es, por ejemplo, el Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo. Es verdad que son demasiados días, pero es que en este mundo hay muchos más problemas que los que ocupan los 365 días del calendario.

Sin ir más lejos, acabamos de terminar la Semana Internacional de la Ciencia y la Paz. Tan sólo en la última semana se conmemoraban el Día Mundial de la Diabetes, el Día Internacional para la Tolerancia, el Día Mundial de la Filosofía, el Día en Recuerdo de las Víctimas de los Accidentes de Tráfico y el del Retrete, que bien pudiera parecer día menor, pero que veríamos de otra manera si nos encontrásemos entre esos 2.500 millones de personas que carecen de baño, retrete, ducha, agua y saneamiento básico en sus viviendas.

El caso es que el 20-N, las Naciones Unidas conmemoran el Día Universal del Niño y de la Niña y no quisiera que pasase desapercibido. Sobre todo porque, aunque suene a obviedad, de los niños y niñas de hoy dependerá el futuro de mañana, la calidad de nuestras vidas y de la vida en el planeta, los empleos, las pensiones que cobraremos los ancianos de turno, los afectos que circulen por el mundo. Vaya, que ellos y ellas son el futuro que espera.

El Día en cuestión cae en lunes. Mal día. Aún así, podemos dedicar un tiempo, ese día, o el de antes, o el de después, o cualquier otro día, a pensar en los más de 160 millones de niños y niñas que padecen desnutrición crónica en nuestro planeta. Los 168 millones que sufren el trabajo infantil. Los 18.000 niños y niñas que mueren cada día por causas que podrían evitarse, como diarreas, malaria, neumonía. Los 250 millones que no van al colegio. Todo ello, por no profundizar en la brutal situación de 300.000 niños y niñas soldado.

Si no queremos ir tan lejos, si nos quedamos en España, tampoco faltan motivos para la reflexión sobre nuestra infancia. Tal vez menos dramáticos, pero preocupantes, en un país que presume de formar parte de la Unión Europea. Casi uno de cada cuatro niños españoles no consigue el título de educación obligatoria. El Abandono Escolar Prematuro afecta al 20 por ciento de nuestros jóvenes. Claro que nuestro país dedica un punto porcentual menos de su Producto Interior Bruto (PIB) que la media europea a centros educativos. Un 3´7 por ciento en España, frente al 4´7 por ciento en la media europea.

Pero el problema no es sólo educativo. Uno de cada tres niños y niñas se encuentra en riesgo de pobreza y exclusión social en España. Y eso también tiene explicación cuando comprobamos que nuestro país dedica un 1´3 por ciento de su PIB a ayudas a la familia y la infancia, cuando la media europea es del 2´3 por ciento y países como Francia dedican un 2´5 y un 3´7 por ciento en el caso de Dinamarca. Obviamente, en estos países, la pobreza infantil es casi inapreciable. Sólo Rumanía y Bulgaria hacen menos esfuerzo que nosotros en Europa.

El Día Universal del Niño se conmemora en el mundo desde que así lo decidiera la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1954. A la vista de los datos parece evidente que no sobra ninguna reflexión, ningún esfuerzo, para superar esta situación, fuera y dentro de nuestro país.

Para afrontar el próximo 20-N propongo comenzar reflexionando sobre una frase de la pedagoga y educadora italiana María Montessori: El niño, con su enorme potencial físico e intelectual, es un milagro frente a nosotros. Este hecho debe ser transmitido a todos los padres, educadores y personas interesadas en niños, porque la educación desde el comienzo de la vida podría cambiar verdaderamente el presente y futuro de la sociedad.

Personalmente no soy tan optimista. La humanidad se ha mostrado muy capaz de derrotar las mejores voluntades, dilapidar los mayores medios y recursos y  prescindir de las personas más válidas, impidiendo esos cambios reales del presente y del futuro de nuestras sociedades. Esto ocurre no sólo en política, sino en economía y en otros muchos ámbitos de la sociedad. Sin embargo, hay problemas ante los que no cabe ser escépticos sin dejar de sentirte humano. Y éste de los derechos humanos de los niños y las niñas en este país, cada vez más pequeño, en el que se ha convertido nuestro planeta, es uno de ellos.

 


Erradicar la pobreza y la miseria

octubre 25, 2017

Ya sé que andamos muy entretenidos con ese inmenso árbol que ha crecido en mitad del camino y que no sabemos cómo sortear para continuar andando entre el bosque. Anda el país dándole vueltas al tronco del independentismo catalán, que alimenta sus raíces gracias a la inestimable cooperación del gobierno de Mariano.

El resultado es que los nacionales han redescubierto las esencias patrias con tonificantes gritos guerreros como el inimitable ¡A por ellos, Oé! Al tiempo que entonan el nuevo himno nacional ¡Que viva España! De vez en cuando, por poner en práctica las ideas, se les va la mano, o se les va de las manos, y se lían a porrazos en las terrazas de los bares, antes o después de un partido de futbol. Otras veces intentan quemar una bandera que no les arde en condiciones y en otros momentos intentan sembrar el caos a base de palos en algún acto nacionalista.

Un paréntesis, para evitar confusiones en torno al mejor intérprete del himno nacional, un tal Manolo Escobar, andaluz de nacimiento, charnego en Badalona, internacional de oficio y fallecido en Benidorm, conviene recordar la anécdota de López Bulla, el que fuera Secretario General de CCOO de Cataluña, quien cuenta que en los duros años de la dictadura franquista, cuando abordaban al cantante para solicitar ayuda para los detenidos en alguna huelga, en una manifestación, en una reunión clandestina, Manolo sonreía y contestaba, Aquí estamos pa lo que haga falta” y, consciente de su fama, terminaba diciéndoles, Decidme si hay que hacer algunas gestiones. Cierro el paréntesis.

Por su parte, los independentistas, conscientes de las tremendas limitaciones de un ideario nacionalista, que tantos desastres ha sembrado por el mundo y en la vieja Europa, se han lanzado, con buen oficio, a la escenificación de la socorrida obra dramática (unas veces comedia y otras tragedia), de la construcción de Arcadia, la república de Platón, o la de Utopía, el Reino de los Cielos, la Ciudad del Sol, la Nueva Jerusalén, o la Nueva Atlántida. Lo llaman INN (Independentismo No Nacionalista). Es imposible vivir en esta España busquemos refugio en una utopía, aunque termine en distopía.

El caso es que mientras Mariano y Carles dirigen la función, en Barcelona y en Madrid, hay cosas que se nos escapan entre los dedos. Asuntos a los que habíamos comenzado aprestar atención han desaparecido de la agenda política y de la escena social.

Este 17 de octubre se conmemoraba el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza. Cada año un buen número de organizaciones sociales organizan actos para ratificar un compromiso de la sociedad y reivindicar soluciones de los gobernantes. Se presentan informes sobre la situación de la pobreza en el mundo y en España. Se organizan manifestaciones, actos. Este año no faltan motivos, pero el día ha pasado mucho más desapercibido.

Vivo en Madrid. Según CCOO hay 84.000 pobres más que hace un año, en mi Comunidad. Una de cada cinco personas vive bajo el umbral de la pobreza. Son 280.000 los niños y niñas pobres, lo cual supone más de uno de cada cuatro en la Región capital de España. Más de 380.000 trabajadores y trabajadoras, que cobran un salario mensual, viven en situación de pobreza. Trabajar ya no te saca automáticamente de la pobreza. Una de cada dos familias monoparentales es pobre.

La pobreza ya no es la consecuencia de vivir en familias con problemas y desestructuradas. Ana González, la responsable de Política Social y Diversidad de CCOO de Madrid, advierte que hoy la pobreza convive con nosotros de forma cotidiana y corremos el riesgo de que se asuma como “algo normal”. Efectivamente, no podemos asumir como normales los recortes y el deterioro programado de la protección social. Hechos como que antes de la crisis la cobertura por desempleo fuera de más del 41 por ciento y hoy esa cobertura no llegue al 25 por ciento.

Imagino que esta situación, con ligeras variables, es similar en los lugares que, como Madrid, ostentan las rentas más altas de España, como el País Vasco o Cataluña. Y estoy seguro de que la situación será notablemente peor en otras Comunidades con rentas mucho más bajas. El aumento de las desigualdades es el gran drama de sociedades como la española.

Somos mucho más vulnerables de lo que parece. Entrar en la pobreza es muy fácil, pero salir de ella es muy difícil. Por eso es esencial que la sociedad permanezca alerta y que los poderes públicos se sientan forzados a hacer cuanto está en sus manos, utilizando los recursos necesarios, para erradicar la pobreza de nuestra sociedad.

Convendría que, mientras estos juegan a ser nacionales, aquellos a ser nacionalistas y los de más allá buscan una identidad independentista no nacionalista, delegaran las responsabilidades de gobierno de la res pública en un puñado de buenas y voluntariosas gentes que se ocuparan de cosas prosaicas como erradicar la pobreza económica y la miseria cultural “en un viejo país ineficiente, algo así como España entre dos guerras civiles”.


Soy mayor, pero no gilipollas

octubre 11, 2017

Ya sé que habría que hablar de Cataluña de nuevo. De la disparatada espiral de despropósitos desencadenados por la inacción política de Mariano Rajoy durante años y su exceso de ejercicio de la fuerza de última hora, que han conducido a que un referéndum ilegal se convierta en un espectáculo bochornoso de violencia callejera en las páginas de los diarios internacionales. Y de la estrategia nacionalista que camina de triunfo en triunfo mediático hasta la derrota final. Porque, no nos engañemos, en un escenario como el diseñado por Mariano y Carles, todo son derrotas y todas y todos somos derrotados, en Cataluña y España.

Me parece que hay temas, menos mediáticos, pero que no pueden pasar desapercibidos. Hemos iniciado la semana conmemorando, el 1 de octubre el Día Internacional de las Personas de Edad. Las Naciones Unidas, explican que la Asamblea General decide estas fechas para “sensibilizar, concienciar, llamar la atención, señalar que existe un problema sin resolver, un asunto importante y pendiente en las sociedades para que, a través de esa sensibilización, los gobiernos y los estados actúen y tomen medidas, o para que los ciudadanos así lo exijan a sus representantes”.

Esto último es lo que CCOO y UGT han querido hacer, iniciando el 30 de septiembre las Marchas a Madrid por unas pensiones dignas. Porque el problema de nuestros mayores tiene mucho que ver son la suficiencia económica para vivir dignamente en su entorno y eso es algo que el Estado español no garantiza ni de lejos.

La crisis ha servido de disculpa para que los gobiernos de Mariano Rajoy hayan puesto en solfa el Pacto de Toledo, adoptando medidas para que las pensiones pierdan poder adquisitivo año tras año. Para ello se inventaron una ininteligible fórmula de revalorización de las pensiones, cuyo resultado es que las pensiones no suben más de un 0´25 por ciento cada año.

La mitad de nuestros pensionistas no alcanza el Salario Mínimo Interprofesional. El 40 por ciento de los pensionistas viva por debajo del umbral de la pobreza, o que la pensión media, en España, sea de poco más de 900 euros y la pensión más extendida de 650 euros al mes.

La crisis ha sido especialmente dura en los países del Sur de Europa, como España. Países en los que la solidaridad familiar ha contenido los peores efectos sobre las personas. Hasta el punto de que cuatro de cada diez pensionistas han tenido que soportar la carga de sostener las economías familiares durante estos años.

Nueve millones de personas dependen de su pensión para vivir. Las pensiones, desde este punto de vista, aportan vertebración de los territorios que componen España, equilibrio entre generaciones y cohesión social.

La mayor amenaza contra el futuro del sistema de pensiones procede de la inacción del gobierno para garantizar el futuro del sistema público de pensiones, pese a las demandas, alternativas y propuestas formuladas por las organizaciones sindicales.

Día sí, día también, entidades financieras, aseguradoras, fundaciones dependientes de ellas, expertos de pago y demás intereses económicos privados, anuncian el fin del sistema de pensiones público y su sustitución por sistemas privados de capitalización, fracasados allí donde se han implantado, ansiosos por hincar el diente a los cuantiosos recursos que los trabajadores y trabajadoras depositamos, en la Seguridad Social.

Lo dijo muy claro mi amiga Paquita, en un programa de televisión, Tengo 91 años, pero no soy gilipollas. Nuestras personas de edad, nuestras personas mayores, necesitan seguridad sobre la viabilidad futura del sistema público de pensiones. Sobre la mejora de las pensiones mínimas. Sobre un mecanismo de revalorización de las pensiones que impida pérdidas de poder adquisitivo. Sobre el futuro del sistema de Seguridad Social, que ha funcionado y sigue funcionando y sobre el que los sindicatos han propuesto medidas que permitirían incrementar sus ingresos en más de 70.000 millones de euros anuales.

Rajoy puede seguir instalado en su cada vez más insostenible dolce no far niente. Pero lo ideal sería que escuchara los problemas de quienes han comenzado a marchar hacia Madrid. El día 9 se manifestarán por las calles de la capital. Luego volverán a sus casas. Pero no van a tolerar un silencio por respuesta, ni un No como solución a sus problemas. Y no sólo por ellos, sino porque saben que las pensiones futuras dependen de su lucha de hoy.