Probado: Luis el “Cabrón” es Luis Bárcenas

octubre 30, 2017

Dice la Fiscalía Anticorrupción que ha quedado acreditado y probado que Luís el Cabrón es Luís Bárcenas, el extesorero, exgerente y exsenador del PP. Y que en el PP había una caja “B” opaca. Y que no su grupo municipal, sino el susodicho partido, se ha lucrado de la Gürtel. Y que todo este desparramo no ha beneficiado al Estado ni a los españoles.

Andamos sin embargo, tan entretenidos en el jugueteo que se traen Mariano y Carles, que no prestaremos mucha atención a una noticia que, por sí misma, daría lugar a la convocatoria inmediata de elecciones anticipadas en muchos de los países de nuestro entorno.

Un escándalo no muy diferente al vivido en Italia en la década de los 80 del siglo pasado, en torno al Banco Ambrosiano, ligado al Banco Vaticano y bien relacionado con la logia masónica P2 y hasta con elementos de la mafia. Escándalo que tuvo continuidad en los 90, cuando se desencadenó Tangentópolis, un proceso de investigación al que se dio el nombre de Manos Limpias (no confundir en modo alguno con ese engendro sometido ahora a investigación y procesos judiciales en España).

Las corruptelas, corrupciones, sobornos, comisiones y mordidas generalizadas que se destaparon dieron lugar a más de 1200 condenas de responsables empresariales y políticos y condujeron al hundimiento político de la Democracia Cristina y el Partido Socialista de Bettino Craxi.

La maraña de la justicia hizo que peces gordos como Berlusconi o Craxi fueran un día condenados, luego absueltos. Más tarde fueron declarados prescritos algunos de sus delitos. Entre medias se beneficiaron de la inmunidad parlamentaria y por último se acogieron al “Decreto Salvaladrones”, aprobado por un gobierno presidido por el propio Berlusconi, que evitaba la cárcel para este tipo de delitos.

Se me hace a mí que esto de la corrupción forma parte de la idiosincrasia nacional de algunos lugares de Europa, al sur de los Pirineos y los Alpes. En España parece venir de largo. Un buen número de magistrados romanos destinados en Hispania durante un tiempo (pretores, cuestores y demás) acababan a su vuelta a la capital del imperio en cárceles romanas, incapaces de justificar los orígenes de su rápido enriquecimiento.

No en vano el género picaresco es una invención española y buena parte de sus héroes accidentales deambulan por las calles de la capital económica de la península, a mediados del siglo XVI. Madrid era la Corte, pero Sevilla gobernaba el mundo. Al menos el Nuevo.

Esa Sevilla a la que llegaban los barcos cargados de oro y plata de las Indias y en la que buscaban acomodo y supervivencia Rinconete y Cortadillo, Guzmán de Alfarache, el Buscón llamado Don Pablos, la hija de la Celestina, o el Burlador de Sevilla, que no es más que un pícaro por otros medios. Hasta el Diablo Cojuelo recala en Sevilla y el pobre Lázaro de Tormes, se nos aparece doblemente pobre perdido por derroteros salmantinos y toledanos mientras suspira, sin atreverse a decirlo, por emprender camino hacia Sevilla.

El mismísimo Don Quijote, que nunca traspasó la frontera de Sierra Morena, ni nunca entró en Sevilla (aunque sí lo hizo en Barcelona), se topa por los caminos con la presencia recurrente de la ciudad. Su puerto hacia las Indias, su poderío y sus gentes, los personajes que conoció Miguel de Cervantes mientras en Sevilla vivió, se le aparecen al Ingenioso Hidalgo, como destino deseable y como paradigma de la riqueza, el poder, la pobreza de solemnidad y la marginación.

Es verdad que la riqueza americana pasa por Sevilla, enriqueciendo a unos pocos y sembrando migajas entre la numerosa población que allí mora. Pero no es menos cierto que, inmediatamente, el mayor bocado es devorado por aquellos que financian las aventuras de nuestros reyes, ya sean estas aventuras festivas, o guerras continuas. Conquistar todo un imperio para dilapidarlo en disputas interminables entre monarcas de la época y todo por dominar pequeños y ajados territorios europeos.

El españolito malvive y muere pronto en su tierra. Se alista en los tercios para ganar poco y morir joven al modo de Alatriste. O emigra a América para perderse en la inmensidad de las selvas, los valles y los desiertos, como lo hiciera Lope de Aguirre, navegando el Orinoco, en busca de un inalcanzable El Dorado, perdiendo vidas, condenando sus almas y sembrando muerte, dolor y esclavitud a su paso.

Tan solo unos pocos volvieron como ricos indianos, merecedores de reconocimiento general, por la magnificencia de las obras públicas, de caridad y construcción de palacetes que emprendieron y merced a la compra de voluntades que pagaron a buen precio en los pueblos donde habían nacido.

Otros pocos quedaron ricos allá, fortaleciendo las raíces de árboles genealógicos que aún gobiernan los destinos aquellos países, mientras sus descendientes acusan, a quienes nunca hicimos ese camino de ida, ni de vuelta, de haber explotado y masacrado nada menos que todo un continente.

Eduardo Mendoza con su Ciudad de los Prodigios, o Valle-Inclán, con su hija del Capitán dan buena cuenta de cómo asesinatos y hasta directorios militares encuentran acomodo en este país, siempre que se trate de tapar una corrupción generalizada y ventilar el olor a podredumbre cuando ya todo lo impregna.

Visto el desarrollo del culebrón catalán, no es extraño que el mismo día en que Luís Bárcenas resulta desenmascarado como Luís el Cabrón, benefactor de toda su familia política, homologable a nivel estatal con las artes que la familia Pujol desplegaba en Cataluña. Ese mismo día, el drama catalán que se encaminaba a un desenlace trágico, haya girado hacia la comedia, para acabar en melodrama. Retransmitido en directo, en ediciones especiales, exclusivas, monotemáticas.

Y mientras tanto, la vida sigue y todo funciona, más mal que bien, pero funciona. Y, cada día, la ciudadanía se pregunta para qué sirven una política y unos políticos que están como ausentes. Cada vez hay menos diferencia entre los famosos invitados a participar en Gran Hermano y los políticos embarcados en el reality catalán. Es más, el resultado es bien parecido. El país se entretiene, la corrupción pervive, las bajas pasiones afloran en torno a nacionales y nacionalistas, mientras los jefes de Luis el Cabrón y el pujolismo disfrutan de la Gürtell y del tres por ciento, al tiempo que se frotan las manos.

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Los carriles de la vida

octubre 29, 2017

Me gustaría escribir este artículo “objetivamente”, pero bien es sabido que la objetividad de cada cual depende muy mucho del lugar que elige para mirar. Hablar de Paco (oficialmente Francisco) Naranjo, con motivo del libro que presenta esta semana, no puede tener nada de objetivo, porque la amistad es pura subjetividad.

El libro se titula Los carriles de la Vida. El título resulta ineludible porque, según cuenta él mismo, nació debajo de una traviesa negra y alquitranada, contraviniendo las normas más elementales, que dictaban explícitamente que todos los niños debían venir de París, en el pico de una cigüeña. La traviesa en cuestión se encontraba en un lugar llamado Esparragalejo, porque el padre de Naranjo era ferroviario en el cercano apeadero de Proserpina, muy próximo a Mérida.

Avisa la portada que nos encontramos ante un libro de Crónicas de un ferroviario extremeño. Crónicas porque cuanto leeremos es mucho más que un diario de transcripciones aburridas de hechos, acontecimientos y conocimientos personales del autor. Cada breve capítulo recrea momentos, desvela sensaciones, esparce opiniones, disemina anécdotas y evoca en nosotros momentos de nuestras propias vidas.

La verdad del ferroviario, porque eso es lo que ha sido Naranjo, con orgullo, toda su vida. Los dos colectivos más golpeados por la represión franquista tras la guerra civil, le gusta recordar a Almudena Grandes, fueron los maestros y los ferroviarios. Los maestros porque preservaban la cultura para las nuevas generaciones. Los ferroviarios, porque en sus viajes por toda España, transportaban los libros, los panfletos, las enseñanzas de los maestros.

La verdad del extremeño que nunca se sintió charnego en el Madrid que le adoptó y donde se convirtió en un experto en comunicación, mucho antes de que llegaran los “media expert” y se percató de las posibilidades de internet antes de que aparecieran como una novedad los Community Manager.

Paco Naranjo es  ejemplo de trabajador autodidacta, en una España en la que abundan los analfabetos funcionales, con título a cuestas y cargo público, o privado, en ristre. Claro que ha cursado estudios profesionales, pero ha aprendido lo primordial de cuanto sabe por sus propios medios. Fijándose en los mejores, leyendo a los imprescindibles, escribiendo comunicados de prensa, extrayendo lecciones de los momentos vividos, asistiendo a actos culturales, aunque para ello tuviera que disfrazarse de figurante romano en una obra del Teatro Clásico de Mérida.

Si un día, un investigador de las sociedades pasadas (uno de esos que no se fija sólo en los acontecimientos y sus protagonistas  oficiales y autorizados), encontrase el libro Los carriles de la Vida de Francisco Naranjo, en una de las traviesas estanterías de una estación bibliotecaria, habría descubierto las vías de acceso a  lo que Unamuno denominaba la intrahistoria de nuestro tiempo.

Por este tren, pasan los más variados personajes. Desde sus padres, hasta Rafael Alberti, Lorca, Miguel Hernández, o Marcos Ana. Por allí transitan su mujer, Isabel y sus hijos, compartiendo vagón con Dolores Ibarruri, con Lola González, o con Cármen Rodríguez, la mujer de Simón Sánchez Montero.

En el tren, de largo recorrido y lenta velocidad, viajan Marcelino y Josefina, en animada conversación con Genovés y en el mismo vagón un tal Antonio que, más tarde, descubrimos que se apellida Gutiérrez. El senador Pepe Alonso, comparte el mismo compartimento, con literas reservadas, con el profesor anarquista Agustín García Calvo, el sindicalista Paco el Cura y el luchador vecinal Paco Caño.

A través de las ventanillas podemos contemplar escenas de la vida del pueblo y de la ciudad. Recordar las tragedias que nos han marcado en el despacho laboralista de la calle Atocha, o en los trenes que llegaban a la estación de Atocha. Descubrir los paisajes de las luchas mineras y bajarse en la estación del Campamento de la Esperanza de SINTEL. En cada andén podemos reconocer a muchas mujeres y algunos hombres que nos han acompañado y que nos siguen acompañando, aunque ya no estén.

El libro de Paco Naranjo partió, como ya quedó dicho, del apeadero de Proserpina y realiza paradas en más de sesenta estaciones. Se encamina ahora hacia la montaña de Príncipe Pío, a la que el lector puede ascender desde la estación y detenerse un momento en el mirador, para allí asombrarse del largo y sinuoso camino que ya ha recorrido nuestro tren. Para sentir, a continuación, la fascinación de unos carriles que se proyectan hacia un horizonte al que nos encaminaremos en el momento en que bajemos de la colina y Paco Naranjo toque el silbato, baje la bandera y dé la señal de partida.


Carta abierta a Paquita

octubre 25, 2017

Paquita,

Te debía esta carta desde que te vi en aquel programa de La Sexta prorrumpiendo aquel contundente, e inmediatamente viral, Tengo 91 años, pero no soy gilipollas. Aquel airado alzarse del suelo me sacudió de golpe y me hizo pensar en la cantidad de actos, asambleas, manifestaciones, en los que hemos coincidido y en todos aquellos en los que tú ya estabas, estás, estarás, cuando yo aún no estaba, en los que ya no estoy, o donde nunca estaré.

Haber sido Secretario General de las CCOO en Madrid me ha traído no pocos sinsabores. Unos previsibles y generalmente llegados de fuera. Otros, de aquellos que, cuando menos te lo esperas, te atrapan desde el interior de las organizaciones. Pero cada uno de ellos se ha visto compensado por decenas de momentos en los que el mundo se ordenaba gracias a la magia de las personas con las que los compartía. Personas cuyos sinsabores y alegrías son muchos y más hondos que los míos. Tú eres una de esas personas.

Hace mucho tiempo que descubrimos, gracias a mujeres como tú, que la historia de los trabajadores españoles era también una historia de trabajadoras que se jugaban mucho en los centros de trabajo y que sostenían a sus familias cuando los hombres eran encarcelados. No era sencillo mantener el tipo cuando faltaba el sustento y la supervivencia dependía de cuanto allegaban la familia y las familias amigas.

Es cierto que aún se cuenta una historia preciosa sobre los 10 de Carabanchel. Esos diez dirigentes de las CCOO que fueron detenidos mientras se reunían clandestinamente en un convento de los monjes oblatos, en Pozuelo de Alarcón. Era el mes de junio del 72 y fueron juzgados en el proceso 1001, justo antes de las Navidades del 73. Precisamente el día que eligió ETA para culminar la Operación Ogro con el asesinato del almirante Carrero Blanco, el hombre de confianza de Franco. No hay mal que por bien no venga, parece que dijo un decaído y achacoso Caudillo.

Las condenas, en aquel juicio, contra pacíficos trabajadores, que sólo defendían la libertad sindical y los derechos laborales, resultaron desmesuradas y la solidaridad internacional, que ya había sido inmensa, se multiplicó, dejando en evidencia la imposibilidad del franquismo de sostenerse como régimen más allá de la desaparición del dictador.

Son historias poco aireadas en estos tiempos en los que parece que hay interés en hacer que creamos que nos regalaron la democracia. Y aún menos recordadas, aún más en la sombra, quedan las mujeres que visitaban las cárceles: las que se entrevistaban con altos cargos franquistas, jueces, policías torturadores; las que mantenían a sus familias al tiempo que asistían a las reuniones con embajadores, cargos eclesiásticos, personajes conocidos y reconocidos en aquellos tiempos.

Es la historia de Josefina Samper, por mencionar tan sólo a la compañera de Camacho, que conseguía sacar tiempo de donde no lo había para confeccionar los famosos jerséis de cuello alto y cremallera, modelo Marcelino. Pero es la historia de tantas otras mujeres, en los centros de trabajo, en los despachos laboralistas, en las casas trabajadoras. Mujeres sin las cuales no existiría el sindicalismo, ni la propia libertad en España.

Entre ellas había una Manuela Carmena, hoy alcaldesa de Madrid; una Begoña San José, defensora incansable de los derechos de la mujer; una María Luisa Suárez, que fundó el primer despacho laboralista en Madrid; la incansable Cristina Almeida; mi inolvidable y divina impaciente Salce Elvira; Dolores Sancho, la esposa de Pedro Patiño, asesinado por guardias civiles en el barrio de Zarzaquemada (Leganés) durante una huelga “ilegal” de la construcción, allá por septiembre del 71.

Son incontables, Paquita, los nombres que deberían de figurar antes o después de los que aquí quedan reflejados. Tú podrías recordarme los de centenares de mujeres  con las que has compartido luchas, alegrías y tristezas, pero no puedo olvidar la triste historia de nuestra amiga, la abogada Lola González Ruiz. Perdió a su pareja, Enrique Ruano, en 1969, al caer desde una ventana, durante un registro domiciliario. La policía política del franquismo habló de suicidio. La familia habló de asesinato.

El 24 de enero de 1977 las balas de un comando fascista, acabaron con la vida de los abogados del despacho laboralista de la calle de Atocha 55. Su esposo, Francisco Javier Sauquillo, murió en aquel atentado. Ella misma resultó herida de gravedad. Las secuelas la acompañaron el resto de sus días. Cada 24 de enero suponía una prueba de dolor para ella. Un momento muchas veces intransitable. Algunos años, durante esos días, permanecía sólo localizable para un estrecho círculo de personas muy cercanas.

Paquita, tienes un año menos que mi madre. Ella nació en 1924 en un pueblecito cercano a Talavera de la Reina y tú en Madrid. Tú fuiste a una escuela republicana y ella no tuvo otros estudios que la vida del campo. La guerra os sorprendió siendo muy niñas y las dos acabasteis en la triste posguerra madrileña. Tú visitabas a tu padre en la prisión y mi madre visitaba a la suya en la cárcel de Ventas. Su padre estaba incomunicado. Habían sido detenidos cuando alguien del pueblo reconoció por la calle a mi madre y la siguió hasta dar con el paradero de ambos. Luego el chivatazo, la detención, la cárcel, las torturas.

En la cárcel de Ventas estaban recluidas las Trece Rosas, que serían ejecutadas en la tapia de la Almudena, por pertenecer a las JSU (Juventudes Socialistas Unificadas). La misma organización que mis abuelos dirigían en el pueblo. Las mismas Trece Rosas, a cuya memoria y recuerdo has dedicado buena parte de tu vida.

Nada es casual, decía mi amigo Indio Juan. Todo en la vida se comporta como un horizonte de sucesos, en la frontera de un agujero de gusano, que termina conectando espacios lejanos más allá de las limitaciones del tiempo presente. Conexiones que dan sentido a nuestras vidas. A tu vida y a la de mi madre. A la de Carmen, Martina, Blanca, Pilar, Julia, Adelina, Elena, Virtudes, Ana, Joaquina, Dionisia, Victoria, Luisa. Trece Rosas y otras trece veces trece mujeres luchadoras, que defienden la vida en cada barrio, en cada empresa, en cada familia.

Lo dicho, Paquita, te debía esta carta. Os debía esta carta.


Erradicar la pobreza y la miseria

octubre 25, 2017

Ya sé que andamos muy entretenidos con ese inmenso árbol que ha crecido en mitad del camino y que no sabemos cómo sortear para continuar andando entre el bosque. Anda el país dándole vueltas al tronco del independentismo catalán, que alimenta sus raíces gracias a la inestimable cooperación del gobierno de Mariano.

El resultado es que los nacionales han redescubierto las esencias patrias con tonificantes gritos guerreros como el inimitable ¡A por ellos, Oé! Al tiempo que entonan el nuevo himno nacional ¡Que viva España! De vez en cuando, por poner en práctica las ideas, se les va la mano, o se les va de las manos, y se lían a porrazos en las terrazas de los bares, antes o después de un partido de futbol. Otras veces intentan quemar una bandera que no les arde en condiciones y en otros momentos intentan sembrar el caos a base de palos en algún acto nacionalista.

Un paréntesis, para evitar confusiones en torno al mejor intérprete del himno nacional, un tal Manolo Escobar, andaluz de nacimiento, charnego en Badalona, internacional de oficio y fallecido en Benidorm, conviene recordar la anécdota de López Bulla, el que fuera Secretario General de CCOO de Cataluña, quien cuenta que en los duros años de la dictadura franquista, cuando abordaban al cantante para solicitar ayuda para los detenidos en alguna huelga, en una manifestación, en una reunión clandestina, Manolo sonreía y contestaba, Aquí estamos pa lo que haga falta” y, consciente de su fama, terminaba diciéndoles, Decidme si hay que hacer algunas gestiones. Cierro el paréntesis.

Por su parte, los independentistas, conscientes de las tremendas limitaciones de un ideario nacionalista, que tantos desastres ha sembrado por el mundo y en la vieja Europa, se han lanzado, con buen oficio, a la escenificación de la socorrida obra dramática (unas veces comedia y otras tragedia), de la construcción de Arcadia, la república de Platón, o la de Utopía, el Reino de los Cielos, la Ciudad del Sol, la Nueva Jerusalén, o la Nueva Atlántida. Lo llaman INN (Independentismo No Nacionalista). Es imposible vivir en esta España busquemos refugio en una utopía, aunque termine en distopía.

El caso es que mientras Mariano y Carles dirigen la función, en Barcelona y en Madrid, hay cosas que se nos escapan entre los dedos. Asuntos a los que habíamos comenzado aprestar atención han desaparecido de la agenda política y de la escena social.

Este 17 de octubre se conmemoraba el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza. Cada año un buen número de organizaciones sociales organizan actos para ratificar un compromiso de la sociedad y reivindicar soluciones de los gobernantes. Se presentan informes sobre la situación de la pobreza en el mundo y en España. Se organizan manifestaciones, actos. Este año no faltan motivos, pero el día ha pasado mucho más desapercibido.

Vivo en Madrid. Según CCOO hay 84.000 pobres más que hace un año, en mi Comunidad. Una de cada cinco personas vive bajo el umbral de la pobreza. Son 280.000 los niños y niñas pobres, lo cual supone más de uno de cada cuatro en la Región capital de España. Más de 380.000 trabajadores y trabajadoras, que cobran un salario mensual, viven en situación de pobreza. Trabajar ya no te saca automáticamente de la pobreza. Una de cada dos familias monoparentales es pobre.

La pobreza ya no es la consecuencia de vivir en familias con problemas y desestructuradas. Ana González, la responsable de Política Social y Diversidad de CCOO de Madrid, advierte que hoy la pobreza convive con nosotros de forma cotidiana y corremos el riesgo de que se asuma como “algo normal”. Efectivamente, no podemos asumir como normales los recortes y el deterioro programado de la protección social. Hechos como que antes de la crisis la cobertura por desempleo fuera de más del 41 por ciento y hoy esa cobertura no llegue al 25 por ciento.

Imagino que esta situación, con ligeras variables, es similar en los lugares que, como Madrid, ostentan las rentas más altas de España, como el País Vasco o Cataluña. Y estoy seguro de que la situación será notablemente peor en otras Comunidades con rentas mucho más bajas. El aumento de las desigualdades es el gran drama de sociedades como la española.

Somos mucho más vulnerables de lo que parece. Entrar en la pobreza es muy fácil, pero salir de ella es muy difícil. Por eso es esencial que la sociedad permanezca alerta y que los poderes públicos se sientan forzados a hacer cuanto está en sus manos, utilizando los recursos necesarios, para erradicar la pobreza de nuestra sociedad.

Convendría que, mientras estos juegan a ser nacionales, aquellos a ser nacionalistas y los de más allá buscan una identidad independentista no nacionalista, delegaran las responsabilidades de gobierno de la res pública en un puñado de buenas y voluntariosas gentes que se ocuparan de cosas prosaicas como erradicar la pobreza económica y la miseria cultural “en un viejo país ineficiente, algo así como España entre dos guerras civiles”.


Ni para viejos, ni para jóvenes, ni para…

octubre 25, 2017

Mi amigo acaba de volver de su merecido puente. Parece que su salida hacia el Sur había sido buena, escalonada, sin demasiados atascos. La vuelta ya ha sido otra cosa. Mientras transitaba por la autovía soportando retenciones, veía cómo un carril adicional estaba habilitado, pero sin circulación. Eso sí, al cabo de unos 50 kilómetros un cartel luminoso indicaba la incorporación del carril vacío al atasco. Ha perdido tan sólo una hora. Se da por satisfecho.

Mañana tendrá que ir a trabajar atravesando una ciudad altamente contaminada. Parece que, por el momento, se han retirado las restricciones al tráfico, pero en cualquier momento la boina sobre la ciudad puede jugarle una mala pasada, teniendo en cuenta que tiene un solo coche, con sus añitos y de matrícula par.

Comenzará su jornada llevando a los críos a la guardería privada, en unos bajos de mala muerte. Menos mal que le han dejado retrasar la hora de entrada al curro a cambio de retardar también la de salida. Su mujer no tiene esa suerte, así que le toca a él llevarlos y luego ella los recoge.

La verdad es que tienen una Escuela Infantil municipal a la puerta de casa, pero entrar en ella es tarea que cada año intentan y nunca consiguen. Las plazas son escasas y siempre hay quien queda por delante en las puntuaciones. Unos porque efectivamente tienen necesidades especiales y otros porque saben administrar sus circunstancias personales, o laborales, para obtener puntuaciones ventajosas. Si no, dice mi amigo, no se explica los cochazos que desembarcan niños y niñas en la guardería.

El caso es que, su niña y su niño, terminan haciendo una jornada más larga que la de sus padres. Así desde pequeños se van acostumbrando a que la vida es dura. Luego vendrán las largas jornadas escolares con complementos de extraescolares y, al final, un trabajo precario, mal pagado y sin horarios fijos. De los de disponibilidad 24 horas.

Con suerte, si tienen buen expediente y currículum, puede que tengan alguna oportunidad en el extranjero. En uno de esos lugares del planeta donde el mérito y la capacidad tienen algún valor y son tomados en cuenta.

Mi amigo acabará su jornada hacia las 6 de la tarde, pero antes de volver a su domicilio tendrá que pasar por casa de su madre a dar una vuelta y comprobar que todo va bien por allí. Su madre es viuda, vive sola y acaba de sufrir una operación, de la que se ha repuesto a fuerza de hacer de la necesidad, virtud.

Intentó que pasase la convalecencia en un hospital de rehabilitación traumatológica, pero, como en el caso de la escuela infantil, las plazas en este tipo de centros son escasas. Recurrió a los servicios sociales del Ayuntamiento, pero tres cuartos de lo mismo.  Las ayudas para casos de urgencia se agotan pronto y lo de las ayudas a la dependencia va despacio y, aún eso, después de presentar un buen número de papeles que hay que recopilar en las más variadas ventanillas. Como si no existiera una bonita ley que explica claramente que la administración no tiene que pedirte aquello que obra en poder de alguna administración.

Al final, mi amigo ha tenido que contratar a una persona que realiza las tareas imprescindibles para que su madre pueda ver atendidas sus mínimas necesidades de aseo, limpieza de la casa, comida. Y todas las tardes, al salir del trabajo supervisa que todo va bien, que su madre resiste, como buena mujer forjada en la posguerra.

El presidente Carles anda entretenido enviando cartas a Mariano, declarando la independencia de Cataluña y dejándola en suspenso y el presidente Mariano se entretiene sopesando la respuesta a Carles, deshojando la margarita del artículo 155 de la Constitución, para luego aplicarlo en diferido, al mejor estilo del despido de Bárcenas.

Mientras esto ocurre, mi amigo piensa que vive en un país lleno de derechos suspendidos y en diferido y que más valdría que estos dos (y sus palmeros) se dedicaran sin tardanza a que las cosas funcionasen. Que nuestras vidas fueran un poquito más fáciles cada día. Que éste fuera un país para niños, para jóvenes, para viejos, para su mujer, para él mismo. No le parece mucho pedir.


Che

octubre 11, 2017

Aprendimos a quererte,

desde la histórica altura,

donde el sol de tu bravura

le puso cerco a la muerte.

Carlos Puebla.

Hasta siempre, comandante

 

Cómo pasa el tiempo. Hace 50 años era yo un niño.Los escasos noticiarios de la época daban cuenta de la muerte del guerrillero Ernesto Guevara, al que llamaban Che. Todo era confuso. Luego fuimos sabiendo que había sido acorralado y capturado por el ejército boliviano en la quebrada del Yuro, con la ayuda de agentes de la CIA y había sido ejecutado en la escuelita de La Higuera.

Pocos personajes resultan hoy tan polémicos como el Che. Su nacimiento en Argentina. Su infancia a caballo entre Buenos Aires y la provincia de Córdoba. Sus estudios de medicina, Sus largos viajes por América Latina. Su enrolamiento en la expedición guerrillera organizada por Fidel Castro en México para liberar Cuba de la dictadura de Batista. La dureza de la lucha guerrillera en Sierra Maestra, en la que su principal enemigo era el asma que combatía a base de voluntad y fumando puros.

El triunfo de la guerrilla, sus cargos en el gobierno de la revolución, sus desencuentros con Fidel y sus consejeros soviéticos. Su huida hacia adelante, emprendiendo aventuras que pretendían extender focos revolucionarios, primero en el Congo y luego en Bolivia.

Bien mirada, la historia del Che es la historia de un fracaso. Tal vez resida en ello buena parte su capacidad de seducción. No tanto sus logros, como el trágico final de su marcha incansable, por tortuosos caminos, en busca de la libertad para los pueblos oprimidos por el imperio que hoy gobierna Trump.

Un imperio para el cual América Latina era patio trasero en el que actuar con total impunidad, apoyando, e impulsando golpes militares, allí donde cualquier gobernante intentara contravenir sus designios. Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Honduras, Brasil, Paraguay, Chile, Argentina, Uruguay, Perú. Toda América Latina sufrió la brutalidad de botas militares pagadas y fabricadas en Estados Unidos.

Su imagen, retratada por Korda, se convirtió en icono equiparable al del fundador del cristianismo. Un ejemplo para jóvenes rebeldes que participan en cualquier  acto de protesta, descontento, o reivindicación. Desde mayo del 68, hasta el 15M. Sin embargo, el Che era un revolucionario, un guerrillero y eso ha suscitado odios exacerbados.

Recuerdo septiembre de 2008, cuando los sindicatos madrileños fuimos invitados por el partido gobernante en Madrid, liderado por Esperanza Aguirre, para asistir a la clausura de su Congreso Regional. La euforia despertada por el discurso de Aguirre, con su reiterado lema de pico y pala (por más que lo más parecido a pico y pala que ha esgrimido Esperanza, es un palo de golf) se vio precedido por la fogosidad del jefe de las Nuevas Generaciones madrileñas, un joven llamado Pablo Casado.

Arrancó aplausos a rabiar y puso en pie al auditorio (yo permanecí sentado), a base de gritar consignas oídas en algún foro exclusivo: ser de izquierdas ya no está de moda, porque son unos carcas y están todo el día con la guerra del abuelo, con el aborto, la eutanasia y la muerte.

Atacó a los sindicatos como parte de este entramado y contrapuso todo ello al carácter “emprendedor”, palabra mágica, de los jóvenes del PP. Los mayores aplausos del público agradecido y el “olé, olé, olé” de la propia Esperanza, surgieron cuando aseguró con vehemencia que los jóvenes del PP idolatran a mártires como Miguel Angel Blanco y no a asesinos como el Che Guevara, como hace la izquierda.

Estuve a punto de abandonar la clausura del Congreso. Permanecí sentado y preferí aguantar el chaparrón, pero salí preocupado por el tipo de juveniles fuerzas de choque que comenzaban a surgir en el PP y que un día llegarían a puestos más importantes, medrando a la sombra de personajes como Aguirre.

50 años son muchos años en una vida. Lo cierto es que personajes de otro tiempo son muy difíciles de juzgar con los ojos de hoy: Espartaco, Nelson Mandela, Juana de Arco, Sandino, Bolivar, Churchil, Zapata, Washington, o el propio Che.

Prefiero recrear la imagen de un joven que se buscaba a sí mismo a lomos de una motocicleta, al tiempo que descubría las venas abiertas de América Latina. A ese hombre, al que los indígenas andinos rezan, ponen velas y veneran bajo la advocación de San Ernesto de La Higuera. Aquellos indígenas que dieron origen a los Nadies de Eduardo Galeano.


Soy mayor, pero no gilipollas

octubre 11, 2017

Ya sé que habría que hablar de Cataluña de nuevo. De la disparatada espiral de despropósitos desencadenados por la inacción política de Mariano Rajoy durante años y su exceso de ejercicio de la fuerza de última hora, que han conducido a que un referéndum ilegal se convierta en un espectáculo bochornoso de violencia callejera en las páginas de los diarios internacionales. Y de la estrategia nacionalista que camina de triunfo en triunfo mediático hasta la derrota final. Porque, no nos engañemos, en un escenario como el diseñado por Mariano y Carles, todo son derrotas y todas y todos somos derrotados, en Cataluña y España.

Me parece que hay temas, menos mediáticos, pero que no pueden pasar desapercibidos. Hemos iniciado la semana conmemorando, el 1 de octubre el Día Internacional de las Personas de Edad. Las Naciones Unidas, explican que la Asamblea General decide estas fechas para “sensibilizar, concienciar, llamar la atención, señalar que existe un problema sin resolver, un asunto importante y pendiente en las sociedades para que, a través de esa sensibilización, los gobiernos y los estados actúen y tomen medidas, o para que los ciudadanos así lo exijan a sus representantes”.

Esto último es lo que CCOO y UGT han querido hacer, iniciando el 30 de septiembre las Marchas a Madrid por unas pensiones dignas. Porque el problema de nuestros mayores tiene mucho que ver son la suficiencia económica para vivir dignamente en su entorno y eso es algo que el Estado español no garantiza ni de lejos.

La crisis ha servido de disculpa para que los gobiernos de Mariano Rajoy hayan puesto en solfa el Pacto de Toledo, adoptando medidas para que las pensiones pierdan poder adquisitivo año tras año. Para ello se inventaron una ininteligible fórmula de revalorización de las pensiones, cuyo resultado es que las pensiones no suben más de un 0´25 por ciento cada año.

La mitad de nuestros pensionistas no alcanza el Salario Mínimo Interprofesional. El 40 por ciento de los pensionistas viva por debajo del umbral de la pobreza, o que la pensión media, en España, sea de poco más de 900 euros y la pensión más extendida de 650 euros al mes.

La crisis ha sido especialmente dura en los países del Sur de Europa, como España. Países en los que la solidaridad familiar ha contenido los peores efectos sobre las personas. Hasta el punto de que cuatro de cada diez pensionistas han tenido que soportar la carga de sostener las economías familiares durante estos años.

Nueve millones de personas dependen de su pensión para vivir. Las pensiones, desde este punto de vista, aportan vertebración de los territorios que componen España, equilibrio entre generaciones y cohesión social.

La mayor amenaza contra el futuro del sistema de pensiones procede de la inacción del gobierno para garantizar el futuro del sistema público de pensiones, pese a las demandas, alternativas y propuestas formuladas por las organizaciones sindicales.

Día sí, día también, entidades financieras, aseguradoras, fundaciones dependientes de ellas, expertos de pago y demás intereses económicos privados, anuncian el fin del sistema de pensiones público y su sustitución por sistemas privados de capitalización, fracasados allí donde se han implantado, ansiosos por hincar el diente a los cuantiosos recursos que los trabajadores y trabajadoras depositamos, en la Seguridad Social.

Lo dijo muy claro mi amiga Paquita, en un programa de televisión, Tengo 91 años, pero no soy gilipollas. Nuestras personas de edad, nuestras personas mayores, necesitan seguridad sobre la viabilidad futura del sistema público de pensiones. Sobre la mejora de las pensiones mínimas. Sobre un mecanismo de revalorización de las pensiones que impida pérdidas de poder adquisitivo. Sobre el futuro del sistema de Seguridad Social, que ha funcionado y sigue funcionando y sobre el que los sindicatos han propuesto medidas que permitirían incrementar sus ingresos en más de 70.000 millones de euros anuales.

Rajoy puede seguir instalado en su cada vez más insostenible dolce no far niente. Pero lo ideal sería que escuchara los problemas de quienes han comenzado a marchar hacia Madrid. El día 9 se manifestarán por las calles de la capital. Luego volverán a sus casas. Pero no van a tolerar un silencio por respuesta, ni un No como solución a sus problemas. Y no sólo por ellos, sino porque saben que las pensiones futuras dependen de su lucha de hoy.