Un año nuevo sobre el viejo Chamartín

enero 23, 2019

Me gustaría comenzar el año de otra manera y no embarcado en el debate sobre la Operación Chamartín. Ese proyecto en el que andan atascados el Ayuntamiento de Madrid, el Ministerio de Fomento, RENFE, ADIF (Administrador de Infraestructuras Ferroviarias), con la necesaria aquiescencia cómplice de la Comunidad de Madrid. Todos a una para dar vía libre a un proyecto siempre polémico, continuamente aplazado y ampliamente cuestionado.

Especialmente desde mediados del año pasado la discusión y hasta el litigio se han abierto en canal. La historia viene de muy lejos. Nada menos que desde hace 25 años. La Estación de Chamartín fue construida hace más de medio siglo en un descampado y, desde entonces, los terrenos de su entorno se convirtieron en preciosa golosina para especuladores.

En 1993 se dio el pistoletazo de salida a la Operación Chamartín, con el objetivo de conectar barrios separados por el ferrocarril, soterrar vías y crear un entramado urbano. RENFE y Ministerio de Fomento decidieron que esta actuación se realizaría, por primera vez, mediante la fórmula de concesión al sector privado, cobrando un canon y privatizando el suelo público para venderlo, alquilarlo, o comercializar los edificios construidos sobre el mismo. Lee el resto de esta entrada »

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Premios Superbache

agosto 14, 2018

Se me ha ido de la mano esto de escribir para Madrid es Noticia. Creo que siguiendo la cabecera del periódico, he ido centrando el contenido de mis artículos en asuntos ciudadanos y vecinales, que tienen que ver con el maltrato al que nos vemos sometidos como ciudadanos o ciudadanas, independientemente del sentido ideológico de quien se encuentre al frente de cada una de las administraciones que tienen algo que ver con nuestra vida cotidiana.

Hace unas semanas me sorprendía que unos buenos amigos y amigas de la Asociación de Vecinos de Cuatro Caminos-Tetuán, tras un largo y arduo proceso de selección de candidaturas, terminaran anunciando la entrega del Premio Superbache 2018, durante un vermú ciudadano, en el marco de las Fiestas Vecinales. Premio que recayó en esta ocasión en el socavón de la Travesía del Pando.

Algo de especial y espectacular debía tener el Superbache ubicado en pleno Paseo de la Dirección, para alzarse con el galardón, cuando se encuentra  rodeado de incontables socavones de tamaño gigante, en un escenario de solares abandonados convertidos en precarios aparcamientos de coches y talleres mecánicos, edificios apuntalados de puertas y ventanas tapiadas. Todo ello a la espera del pelotazo inmobiliario que asedia a toda la zona.

Interesado por el tema, me adentro en internet y me topo con el famoso Superbache de la colonia Benito Juárez que, tras 15 años de abandono por parte de las autoridades municipales de Cancún (México), se ha convertido en atracción turística, adornado por globos, instalación de tirolinas para atravesarlo, juegos vecinales y cantos de mañanitas.

Quienes piensan que la ciudadanía ha perdido ya su sentimiento colectivo. Que las asociaciones de vecinos y vecinas se han convertido en organizaciones instrumentalizadas, al servicio de los partidos de turno, comprueban una vez más que la gente sigue poniendo voluntad e imaginación para reivindicar condiciones dignas de vida.

La iniciativa ha servido para difundir, a través de las redes sociales, los numerosos casos de superbaches que se han ido convirtiendo en parte del paisaje urbano de ese Madrid menos turístico, menos gentificado, pero mucho más popular y humanamente acogedor.

Seguro que otros barrios se animan con iniciativas similares y van sumando, a los superbaches, iniciativas como las supercacas de perro, los supervertederos, los superruidos, o las supercacicadas. Al tiempo.


Rafael, María Teresa y el exilio

diciembre 20, 2017

Estoy cansada de no saber dónde morirme.

Esa es la mayor tristeza del emigrado.

¿Qué tenemos que ver nosotros

con los cementerios

de los países donde vivimos?

María Teresa León

 

Hay quien dice que las redes sociales están sustituyendo a los medios de comunicación como fuente de información habitual. Sin embargo, la mayoría de esas informaciones en las redes nos remiten a medios de comunicación convencionales, con los cuales nos enlazan para leer la noticia detenidamente.

En otros casos, sin embargo, a través de esas redes nos enteramos de cosas que no merecen tratamiento, o como mucho un tratamiento muy escueto en las páginas de los periódicos, las radios, o los informativos televisivos. Así me ha ocurrido, cuando un amigo cuelga, en una de esas redes, un fragmento de  poema de Rafael  Alberti y recuerda que nació en el Puerto de Santa María en 1902, hace 115 años.

Me encanta que alguien conocido, o no, amigo o enemigo, me saque de la rutinaria sucesión de acontecimientos a los que me veo obligado a prestar atención a lo largo del día. Y éste es un acontecimiento de los que caen en mitad de la laguna de la memoria y crea ondas superficiales y hacia el interior.

No da para menos ese porteño, por nacer en el Puerto y por haber pasado aún más tiempo de su vida, 23 años, en Buenos Aires, donde nació su hija Aitana. Allí es donde Alberti veía venir volando un mapa de España que las nubes traían hasta el Paraná. Qué fuentes de inspiración no bebería Alberti en el Rio de la Plata, qué sonidos no escucharía, qué luminosos colores no llenarían sus ojos, qué olores, qué caricias. Hay quien pensará qué maravillosa la vida de este Alberti que luego terminó siendo romano.

Y es, en parte, verdad. Cómo negarlo. La riqueza de los versos de Alberti se nutre de Baladas del Paraná, de la Punta del Este, de los peligros que acechan al caminante en Roma, o de las canciones del Alto Valle de Aniene. Sin embargo, el precio pagado por cualquier emigrante forzoso, por razones económicas, políticas, o de otro tipo, por cualquier exiliado, es siempre demasiado alto.

Basta escuchar a la mujer que le acompañó durante todos estos años de exilio, María Teresa León, Nosotros hemos ido perdiendo siempre nuestras eternidades, dejándolas atrás a lo largo de nuestra vida, siempre con los zapatos puestos para echarnos a andar.

Desde la lejanía de sus eternidades perdidas y la dentellada de sus soledades, a orillas del Paraná o, ya más cerca de España, en su casa del Trastévere, cerca del Tíber, María Teresa, (cuya obra sigue siendo la gran desconocida de la Generación del 27, sin que casi nadie haga gran cosa por recuperarla), vuelve a decirnos que memoria del exilio es la de quien dejó atrás la destrucción de la guerra como la única patria, el último paraíso desolador tras la muerte de las ilusiones y las esperanzas.

¿No comprendéis? Nosotros somos aquellos que miraron sus pensamientos uno por uno durante treinta años. Durante treinta años suspiramos por nuestro paraiso perdido, un paraíso nuestro, único, especial. Un paraíso de casas rotas y techos desplomados. Un paraíso de calles desiertas, de muertos sin enterrar. Un paraíso de muros derruidos, de torres caídas y campos devastados (…) Podéis quedaros con todo lo que pusisteis encima. Nosotros somos los desterrados de España (…) Dejadnos las ruinas. Debemos comenzar desde las ruinas. Llegaremos.

María Teresa descansa en el cementerio de Majadahonda, tras su duro combate contra el Alzheimer, sin que pudiera concluir su Memoria de la Melancolía. Las cenizas de Rafael, marinero en tierra, navegan por fin en la bahía de Cádiz.

Agradezco a ese conocido que me haya traído por las nubes un recuerdo de España. La memoria del exilio de allende y del exilio interior, que me ha permitido reconstruir viejos y nuevos recuerdos, aunque me hagan sentir el tonto de Rafael, en una patria madrastra que vive una amnesia premeditada, una conjura del olvido, una demencia sin edad, que no parece enfermedad, sino proyecto de país.


Maestro Angel Llorca

noviembre 29, 2017

Paseo una mañana de domingo por las proximidades de los viejos cuarteles de Daoiz y Velarde. Los mismos cuarteles que sirvieron de improvisado hospital de campaña, cuando los atentados del 11-M convirtieron las vías de los trenes que conducen a Atocha en una amalgama de hierros y sangre de centenares de personas. Nunca esas paredes, que fueran cuarteles y talleres del ejército, dejarán de ser lugar de memoria, recuerdo, homenaje y dolor.

La Nave-Teatro Daoiz y Velarde, se encuentra abierta y en su interior se ha instalado una Exposición sobre Angel Llorca, el maestro que soñó la República desde el Grupo Escolar Cervantes. Doy una vuelta leyendo los paneles y contemplando las fotos que ilustran la vida y la obra de Ángel Llorca. Materiales procedentes del legado de documentos, libros, fotografías, que los herederos entregaron a la asociación Acción Educativa, quien creó una Fundación para mantener viva su labor pedagógica vinculada con las ideas educativas de la Escuela Nueva y de la Institución Libre de Enseñanza, de Giner de los Ríos. Lee el resto de esta entrada »


El terrorismo no borrará nuestra alegría

septiembre 4, 2017

En mayo del año 2000 asumí la Secretaría General de CCOO de Madrid. Ese año la banda terrorista ETA daba por terminada la tregua indefinida y unilateral que había decretado en septiembre de 1998 y cometió 23  atentados terroristas. Una brutal secuencia de muertes que comenzó con el asesinato del teniente coronel Pedro Antonio Blanco.

Tres atentados se produjeron hasta mayo, entre ellos el de Fernando Buesa y su escolta el ertzaina Jorge Díez y, a partir de ese momento, una cadena de actos terroristas en las que cayeron el periodista López de Lacalle, el concejal Martín Carpena, Juan María Jáuregui, o el exministro Ernest Lluch. Así hasta 23 militares, jueces, empresarios, concejales, guardias civiles, funcionarios de prisiones, ertzainas, mossos de escuadra, trabajadores, políticos, policías nacionales…

La clase trabajadora nunca ha hecho buenas migas con el miedo, con la violencia, con el terrorismo. Bien lo pudimos comprobar durante el franquismo, cuando ETA aprovechó el inicio del juicio del Proceso 1001, contra la cúpula dirigente de CCOO, para asesinar al almirante Carrero Blanco. El odio del franquismo se volcó sobre  los sindicalistas, endureciendo las condenas hasta alcanzar más de 20 años de cárcel en algunos casos.

En esto ETA, como cualquier grupo terrorista, ha preferido siempre el dolor, la muerte, el cuanto peor mejor y no ha dudado en llevarse por delante a los trabajadoras y trabajadores con sus actos.

El propio López de Lacalle, era fundador de CCOO, trabajador de la industria, siempre interesado por la cultura, escritor, periodista. Recuerdo a Santi Bengoa, Secretario General de Euskadi por aquellos días, siempre intransigente con el terrorismo, siempre amenazado por ETA.

Ante cada atentado los sindicatos convocábamos paros en las empresas y minutos de silencio a las puertas de las mismas, en las calles, ante la sede de las principales instituciones. Provocábamos reuniones de todas las fuerzas políticas, sociales, empresariales, sindicales. Organizábamos con decenas de trabajadoras y trabajadores el servicio de orden de concentraciones, manifestaciones. Redactábamos comunicados conjuntos llamando a la unidad, la paz y la libertad.

El Delegado del Gobierno por entonces, el navarro Javier Ansuátegui, llegó a recomendarme que solicitase guardaespaldas o, al menos, un servicio de contravigilancia. En todo caso, que mirase siempre debajo del coche antes de montarme en él. Teníamos miedo y algunas veces miré debajo del coche.

Luego llegó el 11-M de 2004 y el final de ETA era inevitable. Nunca podrían en nombre de unas ideas nacionalistas provocar tanto horror como el fundamentalismo de unos fanáticos religiosos. El asesinato de los ecuatorianos Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio, el 30 de diciembre de 2006, en la T-4 del aeropuerto de Barajas, fue la bocanada final, el punto de no retorno.

La respuesta de los sindicatos, con las organizaciones ecuatorianas y las fuerzas políticas y sociales, fue masiva. Siguieron matando, por inercia, sin sentido, pero ya nadie podía admitir esa lógica infernal de muertes. El final de ETA era cuestión de tiempo, si manteníamos la unidad y la firmeza frente al terrorismo.

La barbarie terrorista desatada el 11-S en Nueva York y el 11-M en Madrid tiene características específicas y distintas. Golpea masivamente. Buscando sembrar el dolor, el miedo, el terror y provocar la reacción violenta no contra los causantes, sino contra cuantos profesan su religión.

El metro de Londres, Charlie Hebdo, la sala Bataclan en París, el metro y el aeropuerto de Bruselas, el paseo de Niza, el mercadillo navideño de Berlín, el Parlamento británico. Decenas de atentados brutales de los heraldos de la muerte en Europa.

Pero no podemos olvidar, que casi nueve de cada diez atentados yihadistas se producen en países de mayoría musulmana y que esas bombas en mercados, barrios populares, cuarteles de policía, mercadillos concurridos, o mezquitas en la hora de la oración, producen centenares de muertes de musulmanes un día sí y otro también.

Vencimos a ETA y venceremos al yihadismo con firmeza y fortaleciendo la unidad de cuantos queremos convivir en libertad, paz, justicia y democracia. Convocaremos concentraciones, manifestaciones, paros, minutos de silencio, en las calles y en los centros de trabajo contra la violencia y el terrorismo. Somos personas trabajadoras. Vivimos de nuestro trabajo. Tuvimos miedo, tenemos miedo. Por nosotros, sí, pero sobre todo por aquellas personas a las que amamos, o con las que convivimos.

Vencimos una vez, volveremos a vencer. No arrebatarán nuestras vidas impunemente. No robarán nuestra forma de vivir, ni nuestra sonrisa, ni nuestra alegría.


Amnistía. Que trata de Sapagna

junio 16, 2017

 

Ay, aquel que le pareciera

que es fácil mi batallar

siquiera por un momento

que se ponga en mi lugar.

(Blas de Otero)

 

Dicen que fue Alberti, quien recordando el poemario de Blas de Otero, Que trata de España, pensó en el mejor título para la exposición que iba a inaugurarse en Milán. Tenía que trasladar la imagen de una España convertida en inmensa prisión, que buscaba en la solidaridad internacional de los sindicatos italianos, el apoyo a una solución democrática para una situación cada vez más insostenible, en la que la falta de libertad condenaba a hombres y mujeres a largas penas de cárcel y hasta a la muerte, por ejercer derechos plenamente reconocidos en cualquier lugar de Europa. Así Rafael Alberti propuso que la muestra llevara el título: Amnistia. Que trata de Spagna.

Cuentan, también, que fueron los sindicatos italianos (la CGIL, UIL, CISL), en colaboración con la organización en el exterior de las CCOO y con la  agrupación de artistas plásticos del PCE, quienes organizaron en marzo de 1972 la Mostra, que incluyó numerosas actividades en Milán y también en Roma. Y cuentan que casi 300 artistas plásticos de España, Francia, Italia, aportaron sus obras. Y que casi 50 poetas y escritores enviaron textos y poemas. Y que muchos cantautores cantaron en Milán o en Roma, a favor de la amnistía para los presos y la libertad en España. Manuel Estaban Marquillas realizó un documental con intervenciones de algunos de ellos a lo largo de la Mostra.

Las obras salieron de España clandestinamente. Pasaron la frontera por Cataluña camufladas en coches o fueron porteadas a través de las montañas de Euskadi y Navarra. Un esfuerzo que merece la pena ser recordado, para entender el despliegue de  voluntad, el riesgo y la capacidad organizativa de la oposición al franquismo en aquellos momentos. Todos sabían que tras la Mostra podían llegar las represalias. Todos asumieron la responsabilidad.

El destino de la venta de las obras de Genovés, de Picasso, del Equipo Crónica, Juan Giralt, o Ricardo Zamorano, entre otros muchos, no era otro que sostener el sindicalismo de las CCOO, que actuaba como punta de lanza de la lucha por la libertad y los derechos. Las CCOO habían ganado las elecciones sindicales, pero no se plegaron a los deseos del Régimen de integrarlas en el sindicalismo vertical. Por lo tanto fueron ilegalizadas y, en aquellos años, casi 10.000 sindicalistas de las CCOO fueron encausados en los Tribunales de Orden Público del franquismo. El mayor número de procesamientos y condenas del franquismo recayó contra militantes de las CCOO. Es difícil entender que alguien sostenga que la democracia se fraguó en unos despachos de personajes notables. Franco murió en la cama, pero el franquismo murió en las calles.

Me comentan que un periodista de esos tan renombrados, prepara una serie documental que conmemora los 40 años de la democracia en España. En ella aparecerán, parece ser, notables políticos, empresarios notables, periodistas notorios y numerosos representantes de los nobles despachos en los que se sentaron quienes pergeñaron la transición española. Pero, al parecer, no habrá trabajadores, ni los de antes, ni los de ahora, ni el mismísimo Marcelino Camacho, al que todos reconocen y al que todos quieren olvidar cuanto antes.

Hace 45 años (hoy lo recordamos en el Museo de la Historia de Madrid, con una exposición, inaugurada por Manuela Carmena y por nuestro secretario general Ignacio Fernández Toxo,  que recupera textos, obras, cuadros, imágenes de la Mostra de Milán), los artistas, la cultura, los poetas, novelistas, periodistas, no eran tan pacatos en reconocer la lucha de las CCOO y su empuje hacia la democracia en este país. Eran otros tiempos. No mejores, desde luego, pero mucho menos mezquinos y miserables con la clase trabajadora de este país, sin la cual la democracia no hubiera nacido.

La exposición Amnistía. Que trata de Spagna se inauguró, por fin, en marzo de 1972. En aquellos días en los que la represión franquista acababa con la vida de dos trabajadores en una manifestación en El Ferrol. En aquellos días en los que Marcelino Camacho salía de una de sus numerosas estancias en la cárcel. Tres meses después, la cúpula de las CCOO sería detenida en el convento de los oblatos de Pozuelo de Alarcón. Permanecerían detenidos para ser luego juzgados en el proceso 1001, cuya celebración coincidió, a finales de diciembre de 1973, con el asesinato del almirante Carrero Blanco y la venganza del franquismo vino de la mano de las desproporcionadas condenas contra los 10 de Carabanchel.

Cuando la Ejecutiva salida del 10 Congreso de las CCOO me encargó asumir la responsabilidad de la Formación Sindical, me pareció que una de las tareas pendientes de nuestra organización era recuperar la memoria de nuestros orígenes, de nuestra actividad incansable por la libertad, la democracia y la dignidad de los trabajadores y trabajadoras de este país. Nicolás Sartorius suele decir que hemos sido los costaleros de la democracia. Los costaleros no salen en la foto de la procesión, como si la Virgen o el Cristo, se desplazaran solos, cuando sabemos que sin costaleros y costaleras no habría procesión.

Me pareció necesario poner en marcha un programa, en colaboración con la Fundación Abogados de Atocha, para que nuestras afiliadas y afiliados pudieran hablar, debatir, escuchar, preguntar, a quienes vivieron aquellos momentos. Hace cuatro años ya no teníamos a Marcelino, recientemente fallecido, ni al asturiano Juan Muñiz Zapico, fallecido en un accidente de coche allá por 1977, el cual da nombre a la Escuela Sindical de CCOO. También había fallecido el vallisoletano Luis Fernández Costilla. Pero seguían junto a nosotros muchos de los 10 de Carabanchel. Eduardo Saborido, Paco Acosta, Fernando Soto, Nicolás Sartorius, Pedro Santiesteban, Miguel Angel Zamora, Francisco García Salve ( el cura Paco).

De quienes sobrevivieron al asesinato de los Abogados de Atocha sólo quedaban entre nosotros Lola González Ruiz y Alejandro Ruiz-Huerta. A lo largo de estos años hemos perdido a Lola y a Fernando Soto. Pero somos una organización joven en la que los protagonistas de la historia, aunque no fueran los protagonistas directos de estos dos hechos, pueden seguir contando las luchas de los trabajadores y trabajadoras en cada Comisión Obrera que se constituía y el trabajo de los numerosos despachos de abogados laboralistas vinculados a las CCOO y al PCE.

Por estos encuentros han pasado, además de los ya mencionados, personas como Manuela Carmena, Cristina Almeida, Francisca Sauquillo, Juan Moreno, Antonio Montesinos, Raul Cordero, Paco Naranjo, Nati Camacho, Hector Maravall, o Pepe Alcázar, junto a compañeras y compañeros de toda España, dispuestos a contar su experiencia en la construcción de las CCOO.

Se han realizado más de medio centenar de encuentros en casi todas las Comunidades Autónomas, en los que cerca de 2000 personas de todas las edades, mayores y jóvenes, hemos podido escuchar las voces de nuestra memoria viva. No un recuerdo del pasado, literal, frío y sin complicaciones. No un pasado que nos esclaviza, sino una memoria que nos interpela y que, como nos recuerda Todorov, tiene un uso ejemplar que “permite utilizar el pasado con vistas al presente, aprovechando las lecciones de las injusticias sufridas para luchar contra las que se producen hoy día y separarse del yo para ir hacia el otro”.

Los actos conmemorativos de la legalización de las CCOO, del 40 aniversario de la Asamblea de Barcelona, de la legalización de los sindicatos, del asesinato de los Abogados de Atocha, de los sucesos de El Ferrol, del Proceso 1001 y ahora de la Exposición Amnistía. Que trata de Spagna, son hitos en ese esfuerzo para reivindicar nuestro protagonismo en el presente. No queremos ser presos de nuestro pasado, sino actores de nuestro futuro. Pero somos conscientes de la vigencia de las palabras de George Orwell: “Quien controla el pasado, controla el futuro. Quien controla el presente, controla el pasado”. En esa batalla, la alianza de las fuerzas del trabajo y de la cultura, hoy como ayer, seguirá siendo el elemento esencial de nuestra construcción del presente y nuestra proyección hacia el futuro.

 

Si me muero, que no me mueran antes

de abriros el balcón de par en par.

Un niño, acaso un niño está mirándome

el pecho de cristal.

(Blas de Otero)

 

Francisco Javier López Martín

Secretario de Formación CCOO

 


Un amigo llamado Andrés Ocaña Rabadán

junio 6, 2017

El problema de internet es que ahí está casi todo. Sin embargo nuestra capacidad es limitada y las cosas importantes pueden pasarnos desapercibidas, o simplemente puede pasar que no encontremos el camino para descubrirlas. Eso me ha ocurrido con la noticia sobre Andrés Ocaña Rabadán, el que fuera alcalde de Córdoba, fallecido en el mes de marzo. Una noticia que ha tenido mucha repercusión en los medios locales de Córdoba, y en las ediciones andaluzas de algunos grandes periódicos y agencias, pero muy poca en medios nacionales.

Me he entregado a la lectura de noticias sobre obituarios, biografías, reconocimientos, homenajes, minutos de silencio, banderas a media asta, funeral, presencias, declaraciones e intervenciones de la Alcaldesa de Córdoba, Julio Anguita, Rosa Aguilar y hasta del canónigo de la catedral, Fernando Cruz-Conde, quien reconoció su amistad y el hecho de “dejar como legado un ejemplo de concordia, de reconciliación y de paz, cuando hoy algunos quieren resucitar viejos odios y rencores”, para concluir que “Andrés trabajó por un mundo más justo”.

No conozco casi nada sobre esta etapa de la vida de Andrés Ocaña. Hace casi 35 años que le conocí y sólo pude compartir con él un curso escolar, en un lugar y en un momento que nadie menciona en su biografía. Luego, tan sólo creo haberle visto en un par de ocasiones y recuerdo que mantuve con él una correspondencia epistolar intensa, cuando aún no existía internet. De todos es sabido que, cuando la red se introduce en nuestras vidas, las conexiones intranscendentes tienden a ocuparlo todo, a multiplicarse de forma proporcional al abandono de las relaciones necesarias, que terminan siendo soterradas por tanto escombro innecesario.

Sin embargo, siempre he tenido la sensación de que con Andrés podría retomar en cualquier momento una conversación allí donde la hubiéramos dejado, gracias a la ley de la relatividad de la amistad, que curva el tiempo, en función de la intensidad de la vida compartida. Una ley no demostrada, pero que se cumple indefectiblemente con determinadas personas. Muy pocas en la vida, es cierto.

Esa conversación no podrá ser ya retomada, o tal vez sí. En cualquier caso vuelve a cumplirse otra de las leyes de la vida, en este caso formulada por Paul Bowles: “Debido a que no sabemos cuándo moriremos, pensamos en la vida como un pozo inagotable. Sin embargo, todo pasa sólo un cierto número de veces y, en realidad, muy pocas. ¿Cuántas veces más recordarás una tarde de la niñez, una tarde que se volvió una parte tan profunda de tu ser, que no concibes la vida sin ella? Tal vez cuatro o cinco veces más. Tal vez ni siquiera eso. ¿Cuántas veces más verás salir la luna llena? Tal vez veinte. Sin embargo, todo parece ilimitado”.

Era el mes de septiembre de 1982. Andrés y yo tomábamos posesión como maestros en el colegio Reina Sofía de Ubrique (Cádiz). El venía de Córdoba para asumir su primer destino definitivo. Yo venía de Madrid. El tenía un hijo pequeño, menudo, risueño, al que habían llamado Alvaro. Yo iba a tener mi primera hija, que terminó naciendo en febrero del año siguiente, en el hospital de Ronda (Málaga), a la que llamamos Inés.

Andrés creo recordar que venía del MC (Movimiento Comunista) y yo venía de la CNT y acababa de afiliarme al PCE. Andrés militaba sindicalmente en USTEA, un sindicato profesional y progresista de la enseñanza y yo iba camino de pedir mi primer carnet de CCOO, precisamente en el pequeño local ubriqueño de CCOO de Andalucía.

Nada más llegar, contacté con Pepe Solano, cuyo nombre completo era José García Solano,  el responsable del PCA en Ubrique y me vi embarcado en la organización de la campaña de las Elecciones Generales de Octubre del 82, aquellas que trajeron un gobierno socialista y produjo la debacle de la UCD y del Partido Comunista, conducido aún por Santiago Carrillo. Aquello  abrió  una crisis interna que terminó produciendo la escisión del carrillismo y, tras el Referendum de la OTAN y múltiples ensayos de convergencias, al surgimiento de Izquierda Unida.

Pero esto no había llegado aún y, allí, en Cádiz, donde Rafael Alberti había sido diputado, cediendo luego su escaño al líder campesino Francisco Cabral, el Partido presentaba a José Luis Núñez, El Patri, uno de los abogados antifranquistas más conocidos del Partido, como cunero. La suerte estaba echada y, pese a las pegadas de carteles, actos, repartos de propaganda, etc., el revolcón fue monumental.

Hablamos mucho Andrés y yo de aquel fracaso. A fin de cuentas éramos forasteros y compartíamos inquietudes políticas, educativas, generación, ratos libres y circunstancias familiares. Así comenzó Andrés a acercarse al Partido. Yo diría que más que al Partido a las gentes del Partido. Pepe Solano, Pepe Rivas, Pepe Muñoz. Esas gentes que se ganaban la vida  fabricando petacas, carteras, bolsos, manualmente, en casa, ayudados por las tardes por sus hijos, encargados de dar cola al cuero. O en la construcción, o en el campo, o en el mejor de los casos, trabajando en una caja de ahorros.

Andrés podría haber sido uno de aquellos maestros de la Segunda República. Preparaba meticulosamente sus clases. Daba largos paseos. Dibujaba mapas del pueblo y de la Serranía de Ubrique, con los que luego trabajaba con sus alumnos. Se interesaba por su vida y por la de sus familias. Investigaba sobre la historia del pueblo y lo descubierto lo ponía a disposición de quienes asistían a sus clases. Esas cosas, maneras, formas y actitudes que el magisterio de la transición intentaba recuperar de sus predecesores republicanos. Desconfiaba de la burocracia que comenzaba a imperar en el sistema educativo, intentando medir, uno a uno los objetivos y obligando al profesorado a rellenar interminables formularios.

Pasaron los meses, pasó la primera gran huelga de defensa del trabajo de los petaqueros y sus familias. La impresionante manifestación nocturna que convocó a todo el pueblo en defensa de la dignidad de la industria. El invento de la marca Ubrique, que aún hoy figura en cada producto fabricado allí. Y llegó el tiempo de las elecciones municipales del 83.

Comenzamos a elaborar programas electorales, convocando asambleas ciudadanas para ver qué necesitaba el pueblo. Educación, por supuesto, pero también urbanismo, vivienda, salud, servicios sociales, transportes, medio ambiente. Éramos maestros. De todo sabíamos un poco, aunque no fuéramos expertos. Y lo que no se sabe se aprende, o se pregunta a quien sabe. Imprimíamos los programas en una multicopista vieja que se atascaba constantemente y los encuadernábamos a mano. Alquilamos un pequeño local en el barrio del Carril, en lo más alto del pueblo. Organizamos asambleas barrio a barrio, plaza a plaza, en colegios, en locales municipales. A golpe de megafonía instalada en un viejo coche. Inundando las callejuelas de canciones de Carlos Cano.

A Andrés y a mí nos propusieron encabezar las listas, pero los dos sabíamos que estábamos allí de paso. El volvería pronto a Córdoba y yo a mis barrios del Sur de Madrid. Allí quedarían los Pepes, sus mujeres, sus hijos e hijas y otros tantos. Los verdaderos protagonistas de la historia del pueblo. Nosotros podíamos echar una mano, escribir, hablar, organizar actos, pero ellos debían ser quienes jugaran el partido que se avecinaba.

El PCA, que había sacado poco más de 400 votos en las elecciones generales, duplicó sus resultados en estas municipales, celebradas pocos meses después. Pasamos de uno a dos concejales, que sumados al tirón del PSOE, permitieron un cambio de gobierno, con un alcalde socialista, gobernando con dos concejales comunistas.

Ahora, cuando soporto durante días el peso de la noticia del fallecimiento de Andrés, sin que se me vaya de la cabeza, sabiendo que su muerte, o mi supervivencia, son sólo una cuestión de azar. Ahora, me pregunto cuánto de aquellos días siguió vivo en Andrés y en mí. Cuánto de aquellas gentes retuvimos dentro de nosotros, para que Andrés se comprometiera en la política municipal y llegase a ocupar la alcaldía de Córdoba, en los mismos años en que yo me adentraba en la tarea de dirigir las CCOO de Madrid.

Leo y releo sobre sus andanzas, sus batallas, sus derrotas, sus momentos duros, los reconocimientos y pienso que Andrés, como casi todos nosotros, como yo mismo, siguió siendo aquel joven maestro, republicano, de izquierdas, padre de un niño llamado Alvarito, comprometido con quienes más lo necesitaban. Pienso que fue eso lo que le permitió seguir cumpliendo años siendo el mismo hombre honesto y lo que le hizo enfrentarse a aquel corrupto que, harto de no poder comprarle con maletines llenos de dinero, decidió crear un partido para combatirle abiertamente. Conozco más amigos alcaldes que han seguido su misma suerte en Villaviciosa o en Seseña. Los Sandokanes y los Poceros eran sólo variantes del mismo tronco podrido que ha dado sus peores frutos en España.

Y lo pienso así porque, cuando miro las fotos que aparecen en los obituarios de este profesor de tan sólo 62 años, mi amigo Andrés Ocaña Rabadán, sigo reconociendo su sonrisa limpia y esa mirada que juzga , a quien mira, con un punto de ironía, con  firmeza, pero con todo el afecto de un buen maestro. Tenía pendiente con él una conversación que ya no podrá ser, o tal vez sí. En un mundo más justo.

Francisco Javier López Martín

Secretario de Formación CCOO