El papel de lo público en la Formación para el Empleo

mayo 28, 2018

Mi experiencia en materia de formación para el empleo es limitada y se encuentra muy condicionada por la crisis económica y los efectos de las políticas de recortes aplicadas por el gobierno. Pero, a base de darle algunas vueltas al asunto de la formación de los trabajadores y trabajadoras en nuestro país, he llegado a la conclusión de que uno de los problemas de la Formación para el Empleo reside en que, desde sus comienzos, fue concebida como un instrumento separado de la administración educativa y exclusivamente vinculada a las políticas de empleo.

Los centros de formación profesional, los centros de educación de las personas adultas, o las universidades, han pintado siempre muy poco, tendiendo a nada, en el subsistema de formación para el empleo, que ha creado sus propias redes de formación, de espaldas al sistema educativo.

La crisis ha supuesto un aumento del paro y, en consecuencia, un deterioro brutal de los recursos dedicados a Formación Profesional para el Empleo (que se nutre de la cuota de formación que pagan empresas y trabajadores), que ha obligado a revisar en profundidad el funcionamiento del subsistema. Sin embargo ,en las reformas sin consenso, hasta las mejores intenciones acaban diluidas. Termina por reorganizarse el negocio, sin aportar soluciones reales.

Cuando la crisis cede paso a la recuperación, el empleo crece, se recauda más cuota de formación, comprobamos que el sistema se ha reorganizado para establecer los nuevos cauces a través de los cuales unos recursos cada vez mayores, fluyen por nuevas vías… hacia los mismos bolsillos. Eso sí, con menos intermediarios.

A la manera más clásica y lampedusiana, todo ha cambiado para que nada cambie. La formación se hará en función de las necesidades de las empresas de formación y las administraciones competentes, con un peso ínfimo de las necesidades reales de empresas y trabajadores. Creo, sinceramente, que la crisis no ha supuesto una oportunidad para corregir en profundidad los males del sistema de formación permanente de trabajadores y trabajadoras en nuestro país.

Un buen ejemplo práctico es el fracaso de uno de los empeños sindicales, ante la reforma planteada por el gobierno, que consistió en abrir las puertas a una mayor participación de los centros educativos públicos en la formación de las personas trabajadoras, incluyendo reservas específicas de recursos para este tipo de centros y facilitando que los centros públicos sean considerados como proveedores directos de formación desde la propia administración.

Al final ni las Comunidades Autónomas, ni el Gobierno Central, han hecho gran cosa, salvo honrosas excepciones, como el caso de las Islas Baleares, por abrir  esta vía de participación de los centros públicos de formación, que permitiría enriquecer el conjunto del sistema y vincular más al Ministerio de Educación con eso que se denomina subsistema de Formación para el Empleo, dependiente, en exclusiva, del Ministerio de Empleo.

Un sistema que ha olvidado que la formación es un derecho personal a lo largo de toda la vida y, además, una necesidad para el futuro de las empresas. Tal vez si hubiéramos aprovechado la crisis para revisar en profundidad nuestro sistema productivo, tendríamos una oportunidad de detectar nuevas necesidades formativas. Desgraciadamente no ha sido así y Mariano Rajoy ha preferido esperar a que la marea creciente de la economía libere al barco varado.

El problema es que volvemos a la construcción y el turismo, como motores de la economía. Volvemos al endeudamiento de las familias, a los servicios inmobiliarios. A la hostelería, el comercio, la pizza, la hamburguesa y mucho amazon, mucho reparto a domicilio en bicicleta, llueva, nieve, o aunque el sol derrita las aceras.

Empleo precario, temporal, mal pagado, sin derechos y hasta sin contrato, que para eso se ha inventado un falso empleo autónomo. Se ha puesto en marcha un empleo de baja cualificación. Se han promocionado contratos de formación sin formación real. Becarios que terminarán pagando  por trabajar y aprender algo en una cocina.

Cuando yo era un niño había una serie televisiva de médicos que condujo a toda una generación a engrosar las listas del paro sanitario. Pronto nos sobrarán cocineros, cantantes y sastres, además de aspirantes a youtuber, probadores, o diseñadores, de videojuegos, diseñadores de robots.

Cando los gobiernos no gobiernan, no evalúan, analizan, proponen, negocian, empujan, o tiran del carro, el mundo sigue girando y el país continúa funcionando, pero la selva se adueña del paisaje urbano. Todo funciona, pero bajo la ley de la selva, que suele ser la ley del más fuerte.

Lo público, lo de todas y todos, también en la formación, tiene que recuperar su papel de gobierno, de facilitar la participación, de orientación, de hacer posible la igualdad de oportunidades y la libertad real de las personas.

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Un Paseo llamado Marcelino Camacho

mayo 28, 2018

Desde hace unos días una calle de Madrid, en el barrio de Carabanchel, lleva el nombre de Marcelino Camacho. El barrio y la calle donde vivió Marcelino durante cincuenta años, en un piso sin ascensor. Tan sólo en los últimos años de su vida, cuando ya no podía hacer el esfuerzo de bajar a la calle y volver a subir, aceptó trasladarse a una vivienda de alquiler, cerca de sus hijos.

Nacía yo, cuando Marcelino, indultado por el régimen franquista, volvía  Madrid, junto a su inseparable Josefina. Poco después comenzaba a trabajar en la Perkins y, desde entonces, sus entradas y salidas de la cárcel, por sus vinculaciones con el incipiente sindicalismo de las Comisiones Obreras que defendían la libertad sindical en España, fueron parte de la vida cotidiana de la pareja.

Las CCOO nacieron en muchos sitios casi de forma simultánea, en el curso de unos pocos años a finales de los 50 y principios de los 60. Hay quien sostiene que ese nacimiento se produjo ese año en el que Marcelino regresó a España, en una mina asturiana, llamada La Camocha.

Para cuando la cúpula de las CCOO es detenida, en el convento de los Oblatos de Pozuelo de Alarcón, en junio de 1972, esas Comisiones Obreras se han ido organizando por sectores y territorialmente y Marcelino Camacho es reconocido ya como cabeza visible del sindicalismo de clase organizado.

Así lo trasladan sus compañeros de cárcel, que han pasado a la historia como los Diez de Carabanchel, los encausados en el Proceso 1001, cuando hablan de la figura de Marcelino. No es un líder elegido, sino un primero entre iguales.

Cuando se produce la Asamblea de Barcelona en el 76, de nuevo en una iglesia y, posteriormente, se toma la decisión de constituirse como sindicato, Marcelino es la voz y la cara más visible de las CCOO.

Desde el primer Congreso de las CCOO y hasta su IV Congreso, celebrado en 1987, en el que decidió dejar la Secretaría General, Marcelino fue reelegido como máximo dirigente de las CCOO. Por el camino, entre 1977 y 1981, fue diputado en el Congreso, por el PCE, en esos tiempos en los que las normas internas aún no estipulaban que, para asegurar la independencia del sindicato con respecto a los partidos, no se podía se responsable sindical y, al tiempo, cargo público elegido en las elecciones.

Primero  vinieron los tiempos que trasladaban al sindicato las fracturas internas del Partido Comunista, dando lugar al surgimiento de un minoritario sector carrillista. Luego llegaron los de la confrontación entre el sector seguidor de Antonio Gutiérrez, el sucesor en la Secretaría General desde 1987 y el sector crítico, que encabezaban Agustín Moreno y Salce Elvira, que pronto contó con el apoyo de Marcelino.

No ha sido tarea sencilla, ha costado décadas, ir limando algunas de las asperezas y tensiones, creadas en este choque de trenes. Muchos compañeros y compañeras han quedado abrasados en el camino de la confrontación, sin que hayan faltado quienes han sabido aprovechar la ocasión de alinearse acá o allá para mantener sus posiciones de poder. En la izquierda siempre hemos sido expertos en disfrazar ambiciones con lustrosas y barnizadas capas de “convicción”.

Pese a todo, el camino se ha recorrido y, cuando menos desde mi experiencia, el debate no ha sido, ni es estéril. La tensión entre la negociación y la movilización, sólo puede resolverse desde el debate libre y abierto y desde el compromiso con las decisiones que se adoptan, sin que nadie renuncie a sus convicciones, ni a sus ideas.

Marcelino fue y siguió siendo, hasta el final de sus días, un hombre convencido de que la unidad no es uniformidad. Que las ideas no se imponen con martillos. Que hay que hablar y negociar siempre. Que arrinconar la minoría y la discrepancia sólo empobrece. Que la movilización democrática, la huelga, la manifestación, la capacidad negociadora, son nuestros mejores instrumentos para defender nuestras propuestas y resolver nuestros problemas. Que somos muchos, muy distintos, muy diversos y, en nuestras ideas, muy plurales.

Por eso Marcelino no es patrimonio de las CCOO, ni tampoco del PCE. Marcelino es de Osma la Rasa (Soria), donde nació, de los frentes en los que combatió, del exilio que eligió para huir de la cárcel, del Carabanchel en que vivió, de la Carabanchel que le encarceló, de las iglesias donde se reunía, de quienes buscaron en él un poco de luz y esperanza de libertad y convivencia democrática. Y claro que también es nuestro, de las CCOO, pero no más nuestro que de cualquier trabajadora, cualquier trabajador, cualquier persona de bien en España.

Merecía una calle Marcelino y hoy tiene un Paseo en su Madrid. El paseo de un hombre que amó la libertad.


Mary Sheley, Prometeo era mujer

mayo 28, 2018

Estos días nos han recordado que un tal Karl Marx nació hace doscientos años en un lugar llamado Tréveris. Los chinos han puesto la guinda del pastel de cumpleaños, regalando a la ciudad alemana una impresionante estatua del filósofo de más de cuatro metros de altura y que pesa más de dos mil kilos.

Es verdad que la conmemoración merece los cientos de actos que, tan sólo en su ciudad natal, se han organizado. No en vano recordamos al pensador que un día nos advirtió que Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo. Las transformaciones que aquella reflexión produjo, han llegado hasta nuestros días con consecuencias positivas y negativas de todo tipo.

Mucha menos repercusión ha tenido otra noticia que, sin embargo, me parece también muy importante. Se cumple también el bicentenario de aquella modesta edición de 500 ejemplares del libro Frankenstein o el moderno Prometeo. Curiosamente no llevaba firma y, no pocos, sospecharon la autoría de Percy B. Shelley. Sin embargo, la segunda edición, publicada tres años después, despeja el nombre del autor, que resulta ser autora, Mary Shelley.

Es bien conocida la historia de aquellos cuatro personajes reunidos en la Villa Diodati, junto al Lago Lemán, cerca de Ginebra, donde Lord Byron, su médico personal Polidori, el poeta Shelley y su pareja Mary Wollstonecraft Godwin, quien más tarde se casará con el poeta y tomará el apellido del esposo.

En una de aquellas frías y lluviosas tardes veraniegas, Byron lanzó el reto de escribir la mejor historia de terror. Lo cierto es que el desafío quedó resuelto sólo a medias, aunque Mary esbozó una idea, a la que iría dando forma más tarde, hasta concluir la primera novela construida sobre los elementos que alimentan los terrores de la humanidad en los tiempos modernos.

¿De dónde sacó aquella jovencita de menos de veinte años una historia tan terrible, que aún representa un horror universal, un terror que nos perturba, doscientos años después de que viera la luz por primera vez? Aquella jovencita que había huido de su padre para unirse a uno de sus alumnos, Percy B. Shelley, era hija de Mary Wollstonekraft, una de las primeras feministas que lucharon por la igualdad. Una mujer que, contra todo pronóstico y corriente,  vivió de su escritura. De su mano salieron relatos, novelas, ensayos, libros de viajes, o para la infancia. Murió al poco de nacer su hija, pero el peso de su obra y de su vida, no murieron con ella.

Pero es que además, el padre de Mary era William Godwin, que ha pasado a la historia como filósofo, precursor y difusor de las ideas anarquistas, pero sobre todo por haber sido esposo y padre de estas dos mujeres llamadas Mary. Con estos antecedentes, con estos progenitores, no es extraño que Mary se adentrase en la narrativa, el ensayo, el teatro, la filosofía, la historia, o la biografía.

No en vano Mary creció, de la mano de su padre, escuchando a todo tipo de pensadores, filósofos, científicos, políticos, escritores. Unamos todos estos ingredientes en la coctelera del Lago de Ginebra, en aquel año sin verano, causado por el invierno volcánico que trajo consigo la erupción del Tambora, en la lejana Indonesia, que produjo cambio climático, pérdida de las cosechas, muerte de los animales y hambre generalizada en el hemisferio Norte.

La soberbia humana, la ciencia, la razón, enfrentadas al desencadenamiento descontrolado de las fuerzas de la naturaleza. El ser humano desafiante frente a un Dios que, lejos de morir, se convierte en espejo que nos devuelve la imagen del miedo que nos invade al comprobar las consecuencias monstruosas de nuestros actos. La ciencia frente a sus límites éticos y morales. La racionalidad, la razón, frente al terror que provoca el propio ser humano.

Aquella joven, que acudía al encuentro ginebrino con un hijo muerto y otro vivo, parecía llevar dentro de sí todas las preguntas que nos formularíamos mucho después, sobre el terror que puede emanar en un mundo de ciencia sin límites. El miedo que nos invade y atenaza en nuestros días, se encontraba ya en aquel primer libro de  ciencia ficción.

No fue fácil la vida de Mary, como si también el monstruo que creó, la persiguiese. Tres de sus cuatro hijos murieron. Su esposo, el poeta Percy B.Shelley murió joven, ahogado, al naufragar su velero en el golfo de La Spezia. Desde entonces dedicó su vida a difundir la obra de Percy, educar a su hijo y a escribir, escribir, escribir, aunque hasta fechas recientes sólo haya sido reconocida por su Frankenstein. Murió también joven, tras vivir sus últimos años aquejada por una larga enfermedad provocada por un tumor cerebral.

Supongo que si las fuerzas de la razón desencadenadas para transformar el mundo, se hubieran visto acompañadas desde el principio por el impulso de la libertad, la necesidad de la cooperación y ese valor de la compasión que Mary Shelley admiraba en las mujeres de su tiempo, nunca hubiéramos dado vida a los monstruos que nos han devorado durante todo el siglo XX y que, con renovada fuerza, atormentan nuestros sueños en el siglo presente.


Las desamortizaciones de nuestros días

mayo 28, 2018

Dicen que todo está inventado. Algunas cosas parecen nuevas tan sólo porque no nos hemos tomado el tiempo de echar la vista atrás, hacer memoria y comprobar que, salvadas algunas circunstancias coyunturales, casi todo forma parte de una espiral que nos devuelve al punto de partida, aderezado con los adornos de la modernidad.

Fueron los ilustrados del siglo XVIII los que achacaron el retraso secular de nuestra agricultura a la existencia de “manos muertas”, que acaparaban tierras y las mantenían improductivas. Con ese nombre de manos muertas designaban fundamentalmente a la iglesia, las órdenes religiosas, algunos nobles terratenientes y los ayuntamientos.

Carlos III, acosado por las revueltas provocadas por el Motín de Esquilache, ya hizo un intento de aplacar a los campesinos pobres, arrendando tierras comunales a bajo precio, aunque la cosa duró poco y terminó teniendo como destinatarios a los labradores ricos. No era una desamortización como tal, pero sentó un precedente.

Más tarde Godoy, antes de acabar el siglo de las luces, realizó la primera desamortización entrando a saco contra bienes de todo tipo de los jesuitas, con permiso papal, por cierto, con el fin de sanear la deuda pública. Luego vinieron los desamortizadores Bonaparte, los de Cádiz que no quisieron ser menos que los ocupantes en este tipo de medidas, los liberales de Riego, los de Mendizábal, los espadones como Espartero y O´Donnell.

Un siglo entero de furores desamortizadores que, dado el peculiar carácter patrio, se tradujeron en que ingentes cantidades de tierras pasaron a manos de los más ricos, sin cambiar la estructura agraria de propiedad de la tierra, en manos latifundistas. En algunos sitios, aunque no en todos, mejoró la producción agraria. Derribando conventos, se crearon algunas plazas en núcleos urbanos congestionados (a José Bonaparte, además de Pepe Botella, se le conoce como Rey Plazuelas). Los ministros de Hacienda de la época sanearon sus cuentas, al menos de momento.

Pero ya sabemos que la política española es de cortos plazos. Los nuevos propietarios buscaron beneficios inmediatos deforestando y causaron un desastre ecológico. Y lo peor de todo fue que los bosques y dehesas de los ayuntamientos, que eran utilizados por el pueblo de acuerdo con normativas municipales que permitían el acceso a pastos, madera y otros bienes comunes, se vieron privados de ellos de la noche a la mañana. Condenados a la pobreza y la miseria. El problema agrario quedó irresuelto y dejó una revolución agraria pendiente que pesó sobre el futuro como uno de los grandes males de España.

Si volvemos al presente, comprobaremos que ya llevamos unas cuantas décadas en las que conservadores, liberales y no pocos progres amantes del poder y del dinero, se empeñan en convencernos de las bondades de las nuevas desamortizaciones de bienes públicos, a favor de los nuevos ricos de nuestros días.

Banqueros, aseguradoras, empresas “especializadas” en la gestión de bienes y servicios, fondos de inversión más o menos buitres, oportunistas, cazafortunas de todo tipo, empresas constructoras, se lanzan a acaparar la gestión de los recursos públicos, los de todas y todos, los comunes, los comunales, en una neodesamortización, con la aquiescencia y la justificación de los propios poderes públicos.

La educación, la sanidad, las pensiones, las autopistas, el agua, las viviendas públicas, los servicios sociales, la seguridad pública, la atención a la dependencia, las políticas de empleo, los servicios funerarios, deportivos, culturales, la formación de los trabajadores. Todo es factible de convertirse en negocio.

Primero se desencadenan campañas de descrédito, a base de recortar los recursos y deteriorar la imagen de un servicio público, se le declara inoperante, improductivo, una “mano muerta” y luego se entrega a la gestión privada, porque quien busca el negocio particular se supone que tiene interés en gestionar mejor.

Al final, quienes necesitan esos servicios públicos se encuentran con que la cartera de prestaciones se recorta, los recursos públicos se debilitan, se introducen fórmulas de copago para financiar una parte de las prestaciones, la calidad no mejora y los costes, que iban a ser más baratos, terminan siendo más caros, los alquileres de vivienda social crecen, terminamos pagando una gestión centrada exclusivamente en el beneficio, costeando las pérdidas y hasta el precio del agua sube.

Las modernas desamortizaciones de los servicios públicos, se mire por donde se mire, son un gran negocio para unos pocos y un mal negocio para la mayoría de quienes más los necesitan.


Carta abierta a los habitantes de Lebu (Chile)

mayo 9, 2018

Queridos habitantes de Lebu,

Escribo esta carta para agradecer la concesión del Premio Literario Gonzalo Rojas Pizarro, que el jurado ha decidido concederme en ésta su XV edición. Hace poco más de mes y medio recibí un correo electrónico del Coordinador del Concurso, Jaime Magnan, informándome del fallo del jurado.

De acuerdo con el Acta suscrita por el jurado de este apartado, publicada en el transcurso de este día, me complace notificar que su trabajo “Sagrada Familia”, registrada con el Nº 333, firmado con el seudónimo Dios, se ha ungido Primer Lugar en nuestro certamen. A continuación, Jaime, tras felicitarme, me informaba que el acto de entrega de premios tendría lugar el 4 de mayo.

Pocas cosas me hubieran llenado de más orgullo que poder compartir con vosotras y vosotros ese momento. Algunas circunstancias personales me impedirán hacerlo. Por eso me comprometí con Jaime a enviar un vídeo, que pudiera ser proyectado en el acto.

Vayan primero las presentaciones. Soy el hijo de una criada nacida en un  pueblecito toledano, cercano a Talavera de la Reina llamado Mejorada y de un cantero de un pequeño pueblo de la Sierra de Guadarrama llamado Collado Mediano.

Los padres de la criada, de nombre Sara, tuvieron que huir de las tropas franquistas, que en el año 36 del siglo pasado, avanzaban imbatibles hacia Madrid. Tras combatir en aquella Guerra entre hermanos, tuvieron que pagar con cárcel haber dirigido las Juventudes Socialistas Unificadas del pueblo, que ocuparon la Casa del Cura y convirtieron la iglesia en un Salón de Baile, instalando en el mismo un aparato infernal llamado radio.

En cuanto al padre de Francisco, el cantero, al que todos conocían como Paco y al que apodaban Charivari, partió a la Sierra a defender la República de Trabajadores, amenazada por las tropas sublevadas. Mis hijas (tengo dos hijas y un hijo aún adolescente), han descubierto en un apunte del Archivo Histórico de Salamanca (el dedicado por la dictadura a fichar a masones y comunistas), que mi abuelo pertenecía a la Unión General de Trabajadores (UGT), al Partido Comunista de España (PCE) y se alistó en el Quinto Regimiento, aquel al que perteneció el poeta Miguel Hernández. Desapareció, mi abuelo, en el confuso final de la Guerra y nadie sabe dónde descansa su cuerpo. Si en un erial, una trinchera, o un campo de concentración francés.

Yo crecí rodeado de silencio y miedo. Los niños no teníamos que saber estas cosas. Cualquier comentario fuera de la casa podía traer malas consecuencias. Mejor no saber. Mejor callar. Mejor que la memoria no llegara a alcanzarnos y devorarnos. Aunque nadie nos lo dijo nunca, sabíamos que éramos hijos de perdedores.

Al final, mis padres acabaron en Madrid, en un barrio del Sur más profundo, llamado Villaverde. Allí me hice maestro antes de estudiar magisterio. Luego me licencié en historia, para intentar explicarme y explicar tanta oscuridad, desmemoria, pasado oculto, vidas escondidas y humilladas. Y me di cuenta de que la existencia de aquellas gentes que habitábamos en el Sur, estaba llena de enormes cantidades de polvo de misterio y no podía ser explicada sólo con investigaciones históricas. Por eso comencé a escribir artículos, pequeños ensayos, un libro sobre el Primero de Mayo en Madrid, poemas y relatos en La Tierra de los Nadie.

No soy un profesional de la escritura. Soy maestro de profesión y sindicalista de las Comisiones Obreras de España. Escribo a ratos perdidos. Algunas noches envío un relato, algunos poemas, a concursos literarios y así he ido recibiendo premios en lugares como las cuencas mineras asturianas, o el Voces del Chamamé en Oviedo; en el pueblecito de Sopó, ubicado en el Departamento de Cundinamarca, Colombia; en Lima, provincia de Buenos Aires; en Hervás, un pequeño pueblo del Valle del Ambroz, al Norte de Cáceres; o en Lekunberri, un pueblecito navarro a mitad de camino entre Pamplona y San Sebastián.

Premios que nunca tienen grandes dotaciones económicas. A veces conllevan la publicación de los poemas, o de los relatos. Para mí son grandes premios. Para mí es suficiente premio el que un jurado me haya leído y haya sentido que algo en mi escrito le  hacía vibrar.

Cuando recibí el correo de Jaime, debo confesarlo, lo primero que hice fue adentrarme en internet para ver dónde se encontraba Lebu. Pronto me di cuenta de que escribiendo sobre las gentes de mi Sur, había llegado, como a través de un agujero de gusano, a otro Sur, en la frontera araucana. Un Sur minero, pescador, centro comercial y turístico, azotado también por el paro y las necesidades sociales.

Luego, me dediqué a repasar la andadura de Gonzalo Rojas y leer algunos de sus poemas. Premio Reina Sofía de Poesía, Premio Nacional de Literatura, Premio Cervantes. Colaborador del gobierno de Salvador Allende. Exiliado. Pero, sobre todas las cosas, maestro, educador, alfabetizador de los trabajadores por los parajes de Atacama.

A mis 16 años, decidí ser maestro. Cuando yo tenía 16 años, aquel experimento de socialismo en democracia y libertad que venía de Chile, fue aplastado por las botas militares y, cuantos vivíamos bajo la bota militar de un dictador estepario, aprendimos a tocar la guitarra tarareando clandestinamente a Violeta Parra y a aquel Victor Jara, al que siempre nos representábamos en el Estadio Nacional de Santiago.

Creímos que se cumpliría la profecía de Allende y que nuestras grandes alamedas podrían abrirse de nuevo, para dejar pasar a hombres y mujeres libres, cuando otros militares, con claveles en la bocana de sus fusiles, se alzaron contra nuestra vecina dictadura salazarista, en Portugal, aquel 25 de Abril del año siguiente.

Todo fue, sin embargo, más complejo, más arduo, bastante más complicado. Las dictaduras siempre dejan un rastro de sangre y víctimas, muy difícil de limpiar. Una degradación de la condición humana, muy difícil de recomponer. Construir una sociedad mejor no es empeño fácil en esas condiciones. Ni en Chile, ni en Argentina, ni en Colombia, ni en España.

Y, pese a todo, ahí seguimos intentándolo. Muchas gentes decentes, humildes, sencillas, respetuosas, que tan sólo queremos una educación que nos haga iguales, una sanidad que cuide nuestras vidas, unos servicios públicos que atiendan nuestras necesidades esenciales, un trabajo y unas pensiones que nos permitan satisfacer las necesidades de nuestras familias. Sólo queremos pensar, hablar, escribir, festejar, crear, vivir, en libertad.

Gracias por el premio que me habéis concedido. Un premio que me alcanza como un compromiso, un contrato y que vincula mi vida con las vuestras. Para lo bueno y para lo malo. Y más allá de cualquier muerte que pretenda separarnos.

Un fuerte abrazo,


Editoriales que duelen, pero ayudan

mayo 9, 2018

Acudo a la manifestación del 1º de Mayo en Madrid. Decenas de miles de personas ocupan las amplias avenidas que discurren desde Atocha, hacia la Plaza de Neptuno, Cibeles y Alcalá arriba, para culminar en la Puerta del Sol. Los organizadores terminan hablando de unas 50.000 personas. Sea cual sea la cifra de manifestantes, lo cierto es que llenaron la Puerta del Sol con creces y llenar esa plaza supone haber reunido a unas 25.000 personas en la manifestación.

En algunas de las intervenciones de los oradores, se hizo mención a la editorial de un importante medio de comunicación, dedicada a los retos que tiene el sindicalismo por delante, en la que se airea que las protestas sociales se canalizan a través de colectivos o grupos que nada tienen que ver con el sindicalismo. Que los sindicatos no dominan ya la protesta y que, además, han perdido influencia institucional.

Que sólo representan a los que tienen empleo y no a los más damnificados por la crisis. Que no se conocen sus propuestas contra la precariedad, la depresión salarial, el paro juvenil, o el de los mayores de 45. Ni las respuestas ante las nuevas formas de negocio, como las digitales. Al tiempo dicen que han perdido capacidad de negociar con gobiernos y patronales.

Algo de injusto hay siempre, es cierto, cuando desde la periferia tertuliana, se juzga el comportamiento de los sindicatos. Pondré algunos ejemplos. Juntar, pongamos, 30.000 personas en una manifestación del 1º de mayo cuesta mucho en Madrid. Con bastantes menos personas concentradas ante un edificio público, convocados por una coordinadora ocasional de un puñado de organizaciones, algunos medios hablarían de gran éxito de convocatoria.

Conflictos como el de Coca-Cola, Amazon, ayuda a domicilio, o el Teatro de la Zarzuela, permanecen casi desaparecidos de los medios, tal vez porque la publicidad no se puede perder. Son conflictos con despidos, temporalidad, precariedad, bajos salarios, juventud, pero pueden afectar a la caja de la que vive el medio de comunicación.

Luego, hay otros conflictos en los que el sindicalismo debe apoyar, pero no ser protagonista principal, como es el caso de la lucha feminista, salvo que esa lucha se desarrolle en las trincheras de la empresa, en cuyo caso, el sindicalismo da la cara hasta el final. Sentencias ganadas por trato discriminatorio contra las mujeres trabajadoras, huelgas y movilizaciones por despidos de mujeres embarazadas, planes de igualdad en las empresas, combate contra el acoso sexual y la violencia de género en los centros de trabajo.

Pero es más. Cuando repaso quiénes encabezan, encuadran, lideran, nutren, cada uno de los movimientos sociales, me topo con compañeras y compañero sindicalistas y también con la convocatoria, o cuando menos el apoyo, de los sindicatos. Ya se trate de refugiados, mujeres, pensionistas, jóvenes, desahucios, carestía de la vida, luchas en defensa del medio ambiente, orientación sexual, o defensa de la sanidad, la educación, los servicios sociales. o una renta mínima garantizada.

Dicho esto, no creo que matar al mensajero sea nuestra mejor opción. Los medios de comunicación, de forma interesada, o no (ese es su problema), son portavoces, trasladan y crean tendencias. Desde el sindicalismo haremos bien en escuchar y reflexionar sobre nuestras carencias en la defensa de los trabajadores y trabajadoras. Haremos bien en pensar qué parte de verdad hay en las críticas que nos dirigen.

Me gusta recordar la anécdota que escuché un buen día de López Bulla, sobre Giuseppe Di Vittorio, cuando este líder sindical se presentó ante sus compañeros de la CGIL (Confederación General de los Trabajadores Italianos) en la FIAT, para reflexionar sobre los motivos por los cuales habían perdido las elecciones sindicales.

Vino a decirles que las maniobras sucias del patrón Agnelli y la complicidad de otros sindicatos cercanos a la empresa, podían tener el 95 por ciento de la responsabilidad de la derrota que habían sufrido, pero ese 5 por ciento restante era responsabilidad del sindicato. Ese 5 por ciento, en definitiva, era para la CGIL el cien por cien de lo que podían resolver. Así lo hicieron, afrontaron su responsabilidad y recuperaron la hegemonía en la FIAT.

Para renovar el sindicalismo hay que hacer mucho más que cambiar las caras, sin remover las viejas prácticas. El debate en libertad, el respeto a los discrepantes y a quienes quedan en minoría, la integración de la diversidad de la clase trabajadora y de la pluralidad de las ideas, la solidaridad, la lucha contra el corporativismo, contra las exclusiones, contra la corrupción y la imposición del aparato, siempre me han parecido elementos esenciales en cualquier organización y, especialmente, en el sindicalismo.

A fin de cuentas un sindicato no es otra cosa que un grupo de trabajadores y trabajadoras que se organizan para defender sus intereses, difundir sus valores y resolver sus problemas. La unidad sin uniformidad, la libertad a tumba abierta, el respeto a las decisiones democráticamente adoptadas, la integración sin exclusiones, son el camino del sindicalismo. Porque los sindicatos no son los únicos actores sociales, pero son muy importantes en nuestras sociedades.


Los rebeldes del 2 de mayo

mayo 9, 2018

Eligió Madrid el 2 de Mayo como día para conmemorar su fiesta como Comunidad Autónoma. Un día de derrota y aplastamiento de la rebeldía de un pueblo que, muchas veces, ha encontrado en Madrid la espoleta que ha encendido España.

Ser la capital no ha concedido a la ciudadanía madrileña privilegios especiales, aunque sí algunos inconvenientes, al ser utilizada como tubo de ensayo, en el que experimentar todo tipo de políticas, negocios, extravagancias y no pocos desmanes. Madrid, siempre ha sido el machadiano rompeolas de todas las Españas.

En no pocos lugares de la geografía nacional se utiliza a Madrid, así, en genérico, como origen de todos los males que políticos regionales de medio pelo y corruptos autóctonos, van sembrando indiscriminadamente por la geografía nacional, olvidando que son esos mismos políticos, corruptos en sus territorios, los que ocupan escaños parlamentarios en Madrid y sillones en los consejos de administración de empresas con sede central en el Foro.

El pueblo de Madrid siempre se ha rebelado contra lo que consideraba injusto. A veces demasiado tarde, y otras veces manipulado por unos u otros intereses espurios y bastardos. Rebeliones generosas y pagando siempre un alto precio por la resistencia.

Madrid se levantó contra Esquilache y sus políticas, que encarecían los productos básicos, beneficiando con ello a los funcionarios golillas y la nobleza arandistas, de marca España, frente a los napolitanos importados por Carlos III. Madrid fue comunero, como sus castellanas amigas y vecinas Toledo, o Segovia. Madrid se alzó el 2 de Mayo de 1808, para impedir que el hijo menor de Carlos IV fuera sacado del Palacio Real por las tropas francesas de Murat, mientras reyes y nobles pactaban con Napoleón a sus espaldas.

Madrid proclamó una República el 14 de Abril de 1931 y la defendió hasta el final de la Guerra Civil. Aquí fueron asesinados los Abogados de Atocha, por defender los derechos y aquí fueron juzgados los sindicalistas de las clandestinas CCOO, en al Proceso 1001. En Madrid se convocaron las más masivas manifestaciones por el NO a la Guerra y poco después padecimos los más brutales atentados que haya vivido Europa, perpetrados por islamistas radicalizados.

Madrid ha sufrido duros golpes y ha sido el escenario de muchas miserias humanas, conspiraciones, corrupciones. Pero siempre ha resistido, ha reaccionado y, como Asturias, no ha dudado en jugarse su futuro, para torcer el destino injusto de unas historias que intentaban ser escritas no sólo sin el pueblo, sino, en muchas ocasiones, contra el pueblo.

A veces las derrotas, como aquella del 2 de Mayo, crean leyendas que anidan en las almas de los pueblos rebeldes que un día gritan No, o Basta, o Libertad. Pasarán políticas de cortos vuelos y políticos insustanciales y Madrid seguirá siendo la patria de los rebeldes que no aceptan la imposición como forma de gobierno, ni la humillación como forma de vida.