17 Octubre, menos pobres, menos iguales

octubre 18, 2018

Nicolás Sartorius, vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas, me remitió una invitación para asistir, en el Consejo Económico y Social, a la presentación del Informe sobre Desigualdad en España, en su tercera edición, que cuenta en esta ocasión con la colaboración de las Fundaciones Largo Caballero y 1º de Mayo.

Más allá de los datos que  aparecen en el Informe, accesible en la página web de la Fundación. Más allá de sus análisis sobre la estructura de rentas en nuestro país, las diferencias territoriales, de empleo, edad, sexo, o nivel formativo. Por encima de las consideraciones sobre el papel de los sistemas de protección social y su debilitamiento  durante la crisis, quisiera detenerme en unas cuantas conclusiones, muchas de las cuales han sido destacadas a lo largo de la presentación.

La pobreza es casi siempre relativa. En la mayor parte del mundo  una familia con 800 euros al mes no puede ser considerada, ni mucho menos, pobre. En España, con esos mismos ingresos, una familia puede ser pobre y vulnerable. En Francia, esa familia podría ser incluida en la categoría de pobreza severa. Por lo tanto, ser pobre no sólo tiene que ver con la cantidad de ingresos absolutos, sino con lo que puedes hacer con tus rentas. Siempre somos pobres, como dice un amigo, comparado con qué.

Es cierto que el nivel de rentas en un entorno puede ser uno de los primeros indicadores, pero eso sólo mide nuestra capacidad de comprar bienes o servicios. Es cierto que en un mundo-consumo este factor es determinante. Pero quedarnos ahí sería anodino y superficial. Por eso se utilizan hoy otras formas de medir la pobreza, como el Coeficiente de Gini, que valora cualquier forma de distribución desigual.

El Indicador AROPE (At-Risk-Of Poverty and/or social Exclusion), ha sido desarrollado y es cada vez más utilizado en la Unión Europea. Toma en consideración el factor de las rentas, pero sin olvidar la vivienda, las vacaciones, alimentación,  movilidad, empleo, entre otros. Por su parte, las Naciones Unidas cuentan con el Indice de Desarrollo Humano y el Indice de Pobreza Humana, más centrado en las carencias y privaciones que sufren las personas en cada país.

La crisis que hemos atravesado ha convertido las desigualdades en un fenómeno estructural. La recuperación no permite que las desigualdades se reduzcan. Ese ha sido uno de los efectos que ha producido la crisis financiera que se desencadenó con Lehman Brothers, que resultó no sólo financiera, sino que terminó por pudrir la economía mundial, doblegar la política y emponzoñar las relaciones sociales.

La crisis ha descalabrado y descabalado la democracia. Los rescates han debilitado a la política en su capacidad de redistribuir la riqueza y repartir las cargas. El ultraliberalismo del menos Estado, del más dejar hacer a quienes pueden hacer y el más dejar pasar el deterioro de la vida de la mayoría de la población, ha debilitado lo público, lo de todos, cuanto garantiza la cohesión social. Convendría rastrear por ahí el surgimiento de populismos y movimientos de ultraderecha.

La reforma laboral ha supuesto un mazazo a la capacidad de los trabajadores y las trabajadoras organizados en sindicatos de conseguir la redistribución de la riqueza allí donde se produce, en el seno de las empresas. El poder adquisitivo del salario se ha reducido y las diferencias salariales se han agudizado entre hombres y mujeres, temporales y fijos, jóvenes y mayores. El fenómeno de trabajar y ser pobre se extiende. La precariedad se ha convertido en ley de vida.

Hay quienes, desde los propios poderes económicos internacionales, avisan de que un aumento de las desigualdades terminará perjudicando las propias posibilidades de la economía, que es tanto como decir que los ricos serán devorados por su propia avaricia. Es el mismísimo Fondo Monetario Internacional quien avisa de que el aumento de la brecha social en un país provoca un freno para el crecimiento económico.

Perdidos como andamos en los escándalos de nuestros políticos, personales y colectivos, no queda tiempo para tomar en consideración que la libertad y la igualdad son las dos caras de la misma moneda. No existe la una sin la otra. Es imposible. Se llenan los políticos la boca de una España de personas libres e iguales. Pero son pocos los que trabajan de verdad a favor de la igualdad de oportunidades y muchos los que en nombre de la libertad condenan a demasiada gente al trabajo indecente y la vida en miseria.

Y precisamente ahora que nos encontramos en el entorno del 17 de octubre, Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza y cuando el 7 de octubre pasado hemos renovado nuestro compromiso con el Trabajo Decente, sería bueno que cualquiera que gobierne, o quiera gobernar este país, firme un contrato con la ciudadanía para que la libertad y la igualdad se conviertan en principios rectores de su actividad de gobierno. Un contrato para que la pobreza y la brutal desigualdad desaparezcan de España.

Es una bonita bandera y una causa patriótica que merece todo ese esfuerzo que se dilapida en ejercicios inútiles y estériles de banderías nacionales y nacionalistas, que sólo generan odio, confrontación y el triunfo de las bajas pasiones.  Porque no es de recibo que una de cada cinco personas en España sea pobre, mientras que, en plena crisis, el número de ricos aumenta. No es admisible que, tras la crisis, salir de la pobreza sea más difícil y la brecha de la desigualdad sea más insalvable.

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Muertos de hambre

octubre 18, 2018

Recibimos decenas de vídeos y eso que llaman GIF, más o menos graciosos, llamativos, impactantes, virales. No suelo abrirlos porque, en los tiempos que corren, hacerlo requeriría un tiempo del que no dispongo. Sin embargo, hago una excepción con los que me envían algunos amigos, a los que atribuyo la capacidad de sorprenderme con imágenes, o ideas, que me hacen ver las cosas de otra manera.

Tras mantener una conversación telefónica, uno de esos amigos me manda un video realizado por Elio González y Rubén Tejerina, titulado Muertos de hambre. Seis minutos de monólogo, en los que Elio despliega algunas ideas en defensa del arte y los artistas, acompañadas de sugerentes imágenes en blanco y negro.

Me gustaría que lo vierais y por eso no pienso destriparlo, ni mucho menos hacer spoiler. El video comienza transcribiendo el comentario de alguien sobre las enseñanzas artísticas. No dan el nombre del comentarista, imagino que para que no cargue públicamente con su desafortunada opinión durante el resto de su vida.

Viene a decir el personaje en cuestión que, Las investigaciones médicas aumentan la esperanza de vida (medible). Nuevos métodos en ingeniería reducen costes, distancias, tiempos, etc. (medibles). La I+D incrementa el PIB y el empleo. Que un chalado pinte cuatro rayas en un cuadro, o que un flipado componga un pasodoble, no aporta nada de forma objetiva, o medible. El mundo va a seguir igual sin su aportación. No les necesitamos.

Imagino que el pobre hombre, no se me ocurre que una mujer tenga tan escaso aprecio por la vida y sus manifestaciones, se siente perjudicado y golpeado por el hecho de que la investigación haya sido una de las primeras víctimas de los recortes de Rajoy, hasta el punto de que hayan casi desaparecido de la faz mesetaria las investigaciones médicas, los nuevos métodos en ingeniería y eso que él llama I+D y que otros denominan Investigación, Desarrollo, e innovación (I+D+i).

No me extraña que Elio comience su monólogo contando una sugerente anécdota, en la que uno de sus amigos se ve obligado a responder a una pregunta de su padre en la que se interesa por saber a qué se dedica el inseparable colega de su hijo. El joven responde que es actor y añade que le gusta la poesía, la fotografía y ha realizado algún video. El padre corta inmediatamente la conversación, Vamos, un muerto de hambre.

La opinión no es muy distinta de la de un pariente mío, que no duda en ubicar a los artistas en la categoría de cigarras. Se supone que el resto de los mortales son hormigas, ya ve usted. Lo cierto es que los artistas, no sólo en España y no sólo en estos tiempos sin historia, han sido casi siempre unos muertos de hambre.

Mira por dónde, he ido a tener dos hijas artistas, aunque no siempre pueden ganarse la vida como tales y se ven obligadas a buscar otras formas de sustento. Pagan con doble esfuerzo su osadía, como las cigarreras pagaban el atrevimiento de ser trabajadoras, mujeres y libres. Va a terminar siendo cierto que el arrojo de robar el fuego de los dioses, puede terminar convirtiéndonos en ángeles caídos, o Prometeos encadenados.

Es muy difícil creer que podemos innovar algo, investigar, introducir algo nuevo, sin forjar, fomentar y valorar la creatividad en todas sus formas. La de una actriz, la que explota en la danza, en la música, en las imágenes, en los colores, en un poema, en un cuento, un relato, seductor y fascinante. No todo es medible y objetivo, ni en el momento de nacer, ni en el de morir, ni en cuanto nos ocurre en el breve recorrido entre ambos mojones.

Mientras aquí descuidamos la formación y el empleo decente. Mientras promovemos el ideal perverso de los falsos autónomos, precarios y mal pagados, a los que enseñamos a aceptar la explotación, en otros países de Europa cuidan a sus artistas, recompensan la imaginación y premian a sus creadores.

Al final nuestros jóvenes terminan por buscar acogida allí donde les ofrecen oportunidades y aprecian su trabajo. Nuestra juventud ha huido de España al ritmo de 100.000 al año. Muchos eran titulados medios y superiores, otros eran artistas. Acabamos haciendo nido allí donde nos quieren. Allí donde nos dan una oportunidad.

Un país como Bélgica, cuenta, por ejemplo, con un Estatuto del Artista, que permite compatibilizar periodos de actividad y obtención de recursos, con otros momentos en los que no hay trabajo remunerado, o un proyecto se encuentra en una fase de creación. Acreditando un nivel anual de actividad e ingresos puedes compaginar el cobro de una prestación con otros momentos en los que ingresas dinero fruto de tu trabajo.

En España estamos dando los primeros pasos para elaborar un Estatuto del Artista que regule desde la fiscalidad, hasta los gastos de formación, la protección laboral, o el derecho a una jubilación que sea compatible con la  actividad creativa.

Esperemos que este camino no quede en nada, porque de que este barco llegue a buen puerto, depende que mañana tengamos un país más innovador y creativo. Depende que nuestra cultura nos ayude a interpretar y a convivir con el misterio de nuestra vida  y que quienes la defienden cada día, dejen de ser unos muertos de hambre.


Cuídate de los guardianes de los dioses

octubre 18, 2018

Uno de los primeros premios de  narrativa que gané me lo concedieron por escribir un cuento que se titulaba La Academia Club Social. El jurado del Certamen Voces del Chamamé, presidido por el poeta y novelista asturiano Javier García Cellino, me entregó el galardón en el Salón de Actos del Diario Nueva España, en Oviedo.

Cada vez que pienso en aquello, hace ya más de 20 años, se me ocurre pensar que hoy aquel cuento que me llenó de tanto orgullo, no hubiera merecido un premio, sino, tal vez, un procesamiento judicial y hasta una condena.

Leo, en este diario que acoge mi blog, un artículo titulado 9 (+1) canciones que ya se metieron con el rey antes de Valtònyc y no pasó nada. Desgraciadamente, hoy sí pasa algo. Canciones así serían constitutivas de delito de amenazas, calumnias y/o injurias graves a la corona. Leo también que un juez procesa al actor Willy Toledo por insultar a Dios y a la Virgen María, acusado de cometer un delito contra los sentimientos religiosos.

No siento especial admiración personal ni artística por el uno, ni por el otro, pero me parece que cuanto les acontece sólo contribuye a alimentar una fama que, de otro modo, no hubieran conseguido. Vean si no, cómo el actor se arroja en brazos de Teresa de Calcuta, a la que define como una de las mayores criminales que han pisado este planeta, para seguir explotando el filón.

Y es que hay cosas que pasan ahora y que no pasaban antes. Las leyes son las mismas, pero han sido retocadas y reconvertidas sutilmente, de forma que la justicia las interpreta de otra manera y la libertad va siendo recortada, cediendo paso a la condena, la cárcel y el miedo.

Hemos entrado en un tiempo de caza de brujas del que nadie puede sentirse libre. Ha pasado con los sindicalistas que un buen día van a la huelga y terminan por ser acusados de impedir el derecho al trabajo en día de huelga. Y pasa ahora con personajes públicos que la emprenden con Dios, la Virgen Santísima, o con los Reyes.

Debimos comenzar a temernos lo peor cuando Javier Krahe tuvo que sentarse ante un juez pos haber publicitado la receta para cocinar un crucifijo. Juicios tengas y los ganes. Menos mal que, en este caso, el juez terminó por estimar que nuestro Brassens familiar y de andar por casa, sólo quería ejercer su libre expresión artística, ciertamente con burla, sátira, provocación y crítica de la religión, pero sin intento de ofender.

En tiempos del dictador, al que algunos llaman aún Caudillo por la gracia de Dios, la blasfemia era delito. Durante la incipiente democracia dejó de serlo. Ahora no lo es, pero cualquiera puede denunciarte por considerar ofendidos sus sentimientos religiosos. El resultado es el mismo, y a veces peor, que durante el franquismo.

El caso es que cuando escribí el cuento, ganó el premio y fue publicado en un libro recopilatorio. Nadie objetó nada, ni en privado, ni en público, ni mucho menos ante los tribunales. Sin haberlo pretendido entonces, el cuento me parece hoy premonitorio.

Sin darme cuenta lo llené de protagonistas en las fronteras que separan lo ilegal y viciado, de lo soberbio y glorioso. Jóvenes en el escabroso mundo de la pederastia, la prostitución, la homosexualidad. Jueces, personajes corruptos. Y, para colmo, un molesto e inesperado ¡Me cagüen Dios! a bocajarro, en la primera página. Para no haberlo planeado, el relato toca todos los palos y pisa todos los charcos.

El caso es que entonces no sentí miedo ni preocupación alguna. Hoy, sin embargo, cuando el relato ha sido reeditado en un libro que recopila una decena de cuentos premiados, siento la extraña sensación de estar jugando a la ruleta rusa, el temor de que alguien pueda sentirse ofendido en cualquiera de sus creencias y hasta en alguna de sus no  creencias.

O yo era más joven, inconsciente, e indocumentado, o las cosas eran distintas y menos complicadas hace veinte años. O tal vez disfrutábamos de una libertad en expansión que, poco a poco, como sin darnos cuenta, hemos ido perdiendo a manos de inquisidores de todos los colores.

Lo que es peor, lo hemos dejado estar, les hemos permitido hacer, hemos preferido callar. Esos pequeños silencios que, cuando menos lo esperas, nos dejan en manos de monstruos. Nuestros propios monstruos. Guardianes de reyes y dioses.


Tarifazos

septiembre 30, 2018

Llevamos un mesecito en el que día sí, día también, alguien anuncia que vamos a pagar máximos históricos por el precio de la luz. Me llaman desde TeleSur en Ecuador, para pedirme opinión sobre estas noticias que siembran alarma y confusión también más allá del océano. Les dirijo hacia quien puede darles una opinión más cualificada que la mía. Doctores tiene la iglesia que puedan explicar qué está pasando en esta España con los precios de la luz.

Unas veces nos explican que la justificación se encuentra en los costes que tiene para las eléctricas la emisión de CO2 en las centrales térmicas. Otras veces la culpa la tiene la subida de los precios  del gas, el petróleo, o el carbón. Hasta alguien acusa al agua de contribuir a la subida de los precios de la electricidad, en función de una cosa que llaman “coste de oportunidad”. Y eso que, este año, no ha sido particularmente seco.

En este país las eléctricas se apañan para justificar subidas de los precios de la energía, hasta recurriendo a la mala gestión de las energías renovables, que termina por encarecer los costes finales. He leído a  quien pretende demostrar que, cuanta menos inversión en renovables, menos coste final de la electricidad.

Para terminar de arreglarlo, hay que sumar el impuesto del 7 por ciento sobre la producción de energía, que acabamos pagando los consumidores, o los sobrecostes artificiales que introduce el sistema de fijación de precios, según el cual pagamos toda la electricidad al importe más alto que se haya pagado ese día. Las eléctricas nunca pierden. El Estado tampoco.

No es extraño que España, sin tener el mayor PIB de Europa, ni los salarios más altos, encabece los precios de la electricidad en la UE. Si tomamos en cuenta los impuestos, nuestro país se sitúa tan sólo por detrás de Dinamarca, Alemania, Bélgica, o Irlanda. Sin embargo, antes de impuestos, nuestro país se encarama a la primera posición.

Si no se quieren tocar los ingresos del Estado vía impuestos, ni se quiere racionalizar el sistema de fijación de precios, perjudicando los ingresos de las grandes y todopoderosas eléctricas, sólo cabe incrementar la publicidad y la propaganda. A ello se han lanzado con una campaña de difusión del bono social eléctrico. Un bono que podría haber beneficiado a 5´5 millones de familias, pero que sólo ha sido solicitado por algo más de 600.000 y que han terminado disfrutando poco más de 300.000. Incluso muchas personas que venían disfrutando del anterior formato de bono social, se han perdido por el camino, al exigirles un engorroso mecanismo de renovación.

He visto que en muchos debates se acusa a la falta de información de la escasa incidencia de esta medida. Dudo que el problema resida ahí. Me temo que muchas de esas familias que podrían acogerse a las categorías de consumidor vulnerable, vulnerable severo, o en riesgo de exclusión social, desisten ante la necesidad de tener que demostrar, mediante cuantioso papeleo y no pocas esperas, que pertenecen a una de esas castas sociales marginales en las que pretenden encasillarlos. Me indigna ver a tantas personas mayores en esta carrera de obstáculos.

El Estado dispone de toda la información necesaria para renovar un bono social para adaptarlo a los nuevos requisitos, o para detectar a posibles nuevos beneficiarios. Todos los datos sobre las unidades familiares, empadronamientos, rentas, pagos de impuestos, pensiones y hasta estados de salud, niveles educativos y prestaciones sociales, están en su poder y es bien sabido que la Administración no tiene que pedir al administrado nada que ya obre en su poder. Eso, además de que terminan siendo las eléctricas las que gestionan datos privados de sus clientes, que nada tienen que ver con el servicio.

Hay, seguro, otras maneras de hacerlo, de informar, asesorar, facilitar, ayudar. Lo que es seguro es que tanta humillación no es necesaria, De verdad.


Almas rebeldes, alzadas del suelo

septiembre 30, 2018

La Comisión de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal ha organizado un curso sobre el presente de la juventud en nuestro país y me invitan a participar en una mesa redonda para debatir si otra política económica es posible para los jóvenes. No sé si ser optimista, o pesimista, a la vista de la inoperancia manifiesta y las malas prácticas económicas de nuestra clases política y empresarial, cada vez menos diferenciadas y más intercambiables.

En una larga marcha de casi cuarenta años, el neoliberalismo y la crisis han conseguido que el miedo impere en el planeta, adueñándose de los pueblos, conduciéndonos a la desesperanza y la aceptación de un pensamiento único que impone la consumación de la historia y el final de cualquier posibilidad de cambio, o alternativa. Ya no hay, según estos personajes, otros mundos posibles. El único mundo que podemos concebir y permitirnos es el del mercado y sus libres mercaderes. Esa es la realidad y hay que ser realistas, parecen decirnos.

Georges Bernanos ya nos alertaba hace décadas, en ese hermoso libro titulado Los grandes cementerios bajo la luna, en el que da buena cuenta de la represión brutal del franquismo desde los primeros momentos de la Guerra Civil española, Me ha parecido siempre que el optimismo es la coartada astuta de los egoístas, preocupados por disimular su crónica satisfacción sobre ellos mismos. Son optimistas para librarse de tener miedo de los hombres, de sus desgracias.

No seamos, así pues, optimistas autocomplacientes. Lo cual no nos impide ser rebeldes, a la manera que nos enseñó Albert Camus, De los resistentes es la última palabra. Cumplimos cincuenta años de aquel Mayo del 68, que se vivió no sólo en París, sino en muchos otros lugares de Europa y del planeta (no olvidemos Estados Unidos, o la plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco). La frase de Herbert Marcuse, Seamos realistas, pidamos lo imposible, marcó el camino de la necesaria rebeldía frente a la imposición, cuando no desatada violencia, del poder.

No olvidemos tampoco que los tanques del Pacto de Varsovia aplastaban, hace también medio siglo, la Primavera de Praga. Aquel golpe brutal no acabó con las ansias de libertad, sino que destrozó definitivamente la credibilidad de la Unión Soviética y preparó la caída de los muros y los regímenes del Este. El mismo año 68 en el que Luther King caía abatido en Menphis. Murió el hombre, pero el Movimiento de los Derechos Civiles siguió adelante.

Fue Nelson Mandela, del que conmemoramos los 100 años de su nacimiento, quien nos animó también a tomar buena nota de que, Siempre parece imposible hasta que se hace. Y él lo demostró en Sudáfrica, pese a arrastrar 27 años de cárcel a sus espaldas.

Con todo, el más duro, frente al falso optimismo y el realismo impuesto, vuelve a ser Georges Bernanos, Le realisme c´est la bonne conscience des salauds. Traducido viene a significar que, El realismo es la buena conciencia de los bastardos. Un término, les salauds, que también he visto traducir a alguien como, los hijos de puta.

Más allá del realismo, del optimismo, o del pesimismo, creo que todas y todos tenemos una obligación en estos momentos. Tomar conciencia, como lo hizo Antonio Gramsci, que falleció tras más de diez años de persecución y cárcel, bajo el régimen fascista de Benito Mussolini, El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en este claroscuro surgen los monstruos. Frente al dominio todopoderoso e implacable de esos monstruos, no nos queda otra posibilidad que mantener la rebeldía, porque, cada alma que se alza, eleva al mundo.

Dejo, a quien lea este artículo, la elección de quién haya pronunciado por primera vez esta frase, que he visto atribuida al ya citado Bernanos, a Gandhi, a Élisabeth Leseur y a François de Rochefoucauld. A fin de cuentas, sea cual sea tu elección, habrá merecido la pena.


Formación de capital humano en la Formación Profesional

septiembre 30, 2018

Cuando los políticos quieren diluir los siempre complejos y complicados asuntos humanos, tras una vaga cortina de sucedáneos nominalistas, hablan por ejemplo de la formación de capital humano. Evitan así tener que mirar a los ojos a nadie. Las personas, convertidas en capital son siempre más manejables. Dónde va a parar.

El problema es que son seres humanos los que intervienen en la mayoría de las actividades económicas, por más que los famosos algoritmos vayan permitiendo que sean las máquinas las que copien el pensamiento humano y tomen decisiones sobre cada vez más asuntos personales.

En materia de formación de los formadores y de manera especial de los formadores en la Formación Profesional, esto no es tan fácil. Necesitamos docentes, formadores, mujeres y hombres, se entiende, comprometidos y muy competentes, si queremos que la calidad, el prestigio y la adecuación de la formación a las personas y a la actividad productiva, sean cada vez mejores y la capacidad de respuesta a los cambios, cada vez mayor, más flexible y más rápida.

Por lo menos parece que es lo que pretende conseguir Europa en un periodo corto de tiempo, partiendo de una realidad dispersa, en la que hay países que lo ensayan casi todo para mejorar y otros que ni están ni se les espera. En general, cuando hablamos de Formación del Profesorado, tenemos que partir del hecho de que, en Formación Profesional, las funciones y hasta los lugares donde se forma son diversos.

Existen profesores de asignaturas de carácter general, otros que imparten asignaturas más teóricas pero específicas de la Formación Profesional, los que enseñan en talleres materias prácticas y, por último, aquellos formadores que orientan, o tutorizan y acompañan a los aprendices, o estudiantes, en sus procesos formativos en las empresas. No siempre existe regulación clara de la formación inicial que necesitan, los sistemas de acceso, titulación necesaria, periodos de aprendizaje y prácticas, adquisición de competencias pedagógicas para el ejercicio de la docencia, funciones, o formación permanente de cada uno de estos colectivos.

En nuestro caso ya sabemos que, pese a las reiteradas declaraciones de buenas intenciones sobre la necesidad de prestigiar la Formación Profesional para que cumpla el papel de dotar de profesionales a nuestras empresas y de fomentar una formación profesional “Dual”, es muy poco lo que hemos avanzado, por más que cada Comunidad Autónoma se haya apresurado a aprobar su propia normativa en materia de Formación Dual.

El descontrol es aún mayor cuando comprobamos que, en nuestro país, conviven dos subsistemas de formación profesional, dependientes de dos ministerios distintos (Educación y Empleo), en los que la regulación de la docencia son absolutamente distintas, hasta el punto de que un profesor en Formación Profesional para el Empleo, bien puede ocurrir que no pudiera ejercer en el ámbito de la Formación Profesional del Ministerio de Educación y viceversa. Baste comprobar las dificultades de los centros de formación profesional públicos (incluidas las Universidades) para realizar programas formativos en el ámbito dependiente del Ministerio de Empleo.

Imaginemos un panorama en el que conviven normativas sobre Formación Profesional Dual de cada Estado, más las de cada Comunidad Autónoma, cada una de su padre y de su madre, añadiendo los lugares donde no hay normativa específica, para hacernos una idea de las dificultades no sólo nacionales, sino internacionales, de poder equiparar procesos de formación y hacer viable el reconocimiento de la cualificación de cada trabajador y trabajadora en todo el territorio y facilitando su movilidad por toda Europa.

Parece claro, a estas alturas, que la FP merece una oportunidad en nuestro país. Me suena bien, aún sin conocer el proyecto, que el Gobierno haya presentado a las organizaciones empresariales y sindicales un borrador de Plan Estratégico de Formación Profesional. A la espera de que se haga público, deseo que este Plan parta de la necesidad de implicar a los empresarios y a los sindicatos, promoviendo la cooperación de las empresas, los trabajadores, las universidades, los centros de formación profesional, públicos y privados, los ayuntamientos, a las Comunidades Autónomas. Y, sobre todo, que sea capaz de implicar, ilusionar y prestigiar la docencia en la Formación Profesional.

En un mundo altamente competitivo, a veces no está bien visto cooperar, trabajar de buena fe, sumar esfuerzos, transferir e intercambiar conocimientos y buenas prácticas, salvo que se haga para derribar a un tercero. Y, sin embargo, es lo que hay, es lo que toca, es lo único que nos puede sacar del atolladero y el retraso que España mantiene en este campo. Somos un país cuya formación parece un valle en V, en el que una disminuida y desprestigiada Formación Profesional discurre al fondo del mismo, entre dos impresionantes moles de infracualificación y sobrecualificación que lo avasallan todo.

Estamos a tiempo de darle una oportunidad a la sensatez. Luego, si quieren, que lo llamen formación de capital humano.


Máster en Villaverde

septiembre 30, 2018

Me llega a través de una red social, Hola Javier. No te acordarás de mí, pero mis padres se sacaron el graduado contigo hace un montón de años. Un abrazo. No, claro que no me acuerdo de él. En la foto de su perfil no parece que llegue a los cuarenta años y, a decir verdad, si sus padres se sacaron el graduado conmigo, eso debió de ocurrir hace más de 35 años. Tampoco el perfil incorpora apellidos, ni otra ubicación que un genérico, Madrid.

No puedo dejar ahí la cosa. Como no me sigue, me apresuro a seguirle yo y le envío un mensaje, también público, Pues un orgullo seguir a su hijo después de casi 40 años. Cómo se llamaban? Siguen bien? A lo cual el joven contesta, Jajajaa, sí. Son Rafa y Magdalena, de la librería Cumi. Doy nombres, aunque no es mi costumbre, porque la conversación es publicada y pública y no a través de mensaje privado. Espero que no se molesten por ello.

Ha saltado esa chispa eléctrica de conexiones neuronales que permite el recuerdo. Localizados. Villaverde Alto, finales de los años 70. Colegio San Roque de la Unidad Vecinal de Absorción. Renace la alegría de volver a un tiempo perdido en un paisaje conocido, que aún no ha desaparecido. Me apresuro a contestarle, Claro, alguna vez los he visto por el barrio. Pero no airees mucho lo de la obtención del graduado. No sea que alguien piense que era un máster de la Rey Juan Carlos y comience a investigarlo. Qué tiempos aquellos de estudios nocturnos gratuitos. Dales un abrazo muy fuerte!

A grandes trazos, la situación educativa durante la Transición dejaba mucho que desear. Eran muchas las mujeres y los hombres del barrio que trabajaban en las industrias y servicios, en la construcción, sin haber terminado la enseñanza “elemental”. Muchas madres y padres del colegio no habían conseguido el “graduado escolar” y lo necesitaban para encontrar un trabajo, mantener su empleo, o mejorar en el mismo. Había, además, pocos centros de educación de personas adultas.

En ese momento el Ministerio de Educación puso en marcha un programa extraordinario para cursar el graduado escolar, por las tardes, impartidos por profesorado de EGB, en horario extraescolar, para personas que carecieran del título. Los sindicatos pusimos el grito en el cielo, porque significaba aceptar realizar horas extraordinarias mal pagadas, sin crear nuevos puestos de trabajo.

La queja era lógica y el programa duró poco. Los Centros de Educación de Personas Adultas fueron creciendo y asumiendo el tremendo reto que tenía el país en la cualificación de su ciudadanía. Pero, en ese tiempo, en aquel Colegio San Roque de Villaverde, un buen número de madres y padres del Centro se sacaron el Graduado Escolar.

Venían cada tarde, aunque sus trabajos y sus obligaciones, a veces lo impedían. No existía el online, ni tan siquiera era un programa a distancia. Fuimos duros en la formación y flexibles con los exámenes. No regalamos nada. Les entregamos lo que era suyo. Lo que les reconocía una Constitución recién aprobada.

Rafa y Magdalena, entre ellos. Como buenos soñadores montaron una librería y mal que bien la han mantenido hasta este momento en el que se acercan a la jubilación, según me cuenta su hijo. Y cuando se jubilen, su hijo quisiera seguir con el proyecto de una de las librerías que aparece con cinco estrellas en los buscadores. El problema es que tanto esfuerzo da malamente para un salario.

Como bien me cuenta al final de nuestra conversación en las redes, que también es posible mantenerlas, Nos cuesta pagar la cultura, pero para otras cosas no nos duele tanto derrochar. Ahora, cuarenta años después de aquellos hechos, cuando han llovido títulos de máster por los sembrados de la representación política, empiezo a añorar aquellos tiempos en los que la democracia incipiente nos acuciaba y provocaba para mejorar nuestra formación, nuestros trabajos, nuestras vidas y las vidas de los nuestros.